domingo, 29 de diciembre de 2024

Love Me, that wat cap 15: Recuerdos parte 2

 



Había pasado tanto tiempo prisionero del Nephilim que ahora el mundo de los mortales le resultaba desconocido, los comprendía aún menos y se le dificultaba hacer su trabajo de tentar y obtener almas. 


De su padre no obtuvo ayuda, asi que se enfrasco en deudas con otros demonios con tal de poder seguir adelante y remontar lo que había dejado atrás, mantener lo poco que le quedaba, pero era difícil. 


Su espíritu estaba roto, pero no quería rendirse aun, si solo pudiera encontrar ayuda, alguien que comprendiera a los mortales, alguien que le enseñara, quien le llevara gentilmente de la mano...


-Oh Mr Hatfield~-suspiró con anhelo, viéndolo bailar con una dama de sociedad. 


Lucian B Hatfield no era un noble, pero sí un gentleman muy adinerado, se movía con facilidad en las altas esferas, a pesar de sus pintas de mestizo y su reputación de hijo bastardo. 


También tenía fama de rufián, de un galante Casanova, un seductor empedernido que predaba en jovencitas ingenuas y viudas desesperadas, se había casado tantas veces como era viudo y, sin embargo, seguía igual de exitoso, porque era demasiado encantador para ser ignorado y la gente a su alrededor perdía el buen juicio y el sentido común. 


Así mismo se movía en el bajo mundo, haciendo negocios con todo tipo de contrabandistas y otros asuntos sórdidos. 


Así se habían conocido, Black Hat, en sus deudas, había estado ofreciendo sus servicios para lo que fuese. 


“-My Dear~, alguien tan encantador y de manos tan finas-le había dicho con voz dulce, tomándole una mano y plantandole un beso-No debería ensuciarlas con estas alimañas-.”


Se hicieron compañeros de negocios, Hatfield tenía las conexiones necesarias y el poder monetario, Black Hat tenía el poder bruto, la capacidad de hacer los sueños realidad, o las pesadillas, si eso se quería. 


Por el momento solo podía cumplir deseos sencillos, eliminar la competencia, manipular unas pocas mentes incautas, pero eso tenia solución. 


“-Lo que necesita todo demonio y patrón que se respete son seguidores, siervos fieles y gente dispuesta a besar el suelo que pisas, My Dear, un culto que te adore y una empresa, una organización, que se expanda con facilidad entre el público, hazte necesitado en todos los aspectos, My Dear, debes crecer como una enfermedad entre las sombras, pero también debes colarte en la vida diaria hasta hacerte indispensable-.”


En ese momento en particular estaban en una fiesta de la alta alcurnia, la crema y nata de la ciudad.

Black Hat siempre había disfrutado ese tipo de ambiente y estaba feliz de poder regresar, aunque fuese solo por la invitación de Mr Hatfield. 


Lo que no le gustaba era verlo bailar y seducir mujeres, le daban celos, algo que nunca había sentido antes. 

Nunca había sido posesivo de nadie, mucho menos de un mortal, pero con Mr Hatfield... SU Mr Hatfield...


Su corazón se estrujaba al pensar que nunca le ofrecería su mano y lo llevaría al centro de la pista, nunca podrían bailar juntos en elegante sincronía. 


Suspiró y se bebió de un trago el contenido de su copa ¿Estaba siendo demasiado obvio? ¿No verdad? Aunque ¿Para qué ocultarlo? 


Por el rechazo, por eso es, sabes bien que no le gustan los hombres, mucho menos uno como tú, roto y usado.


Black Hat sacudió la cabeza, esa voz había aparecido la primera vez que vio al Nephilim y no se había ido, le hablaba con puro veneno, diciéndole cosas que no quería oír. 


Se concentró en verlo bailar ¡Oh, era tan elegante! Se movía con gracia y ligereza, por lo que le había dicho, había practicado ballet de joven y se notaba. 


Los demonios se cortejaban entre sí como aves, bailando, mientras mejor bailarín, más exitoso se era en la conquista, en ese sentido, Mr Hatfield era todo un galán. 


Lucian termino de bailar y beso la mano de aquella dama con galanura y Black Hat sintió profunda envidia y celos nuevamente ¿Por que ellas y no él? ¿Y que estaba envidiando de todas formas? Sabía bien cómo era Hatfield con las mujeres, como las usaba y las descartaba a su antojo, pero aun así, anhelaba algo de ese afecto. 


El hombre se le acercó con una sonrisa, dientes increíblemente blancos, caninos afilados, eso sumado a sus rasgos, le daban cierta apariencia vampiresca. 


-¿Te diviertes? My Dear-le preguntó, voz suave, de esas que daba gusto escuchar. 

-No realmente-negó-Quiero bailar con usted-. 

-Oh, eso sería inapropiado ¿No te parece?-.

-Pero...-.


Black Hat lo miró con ojos caprichosos, como un niño, y Hatfield sonrió con disimulada burla. 

Lucian lo sabía bien, conocía sus sentimientos, sabía que tenía delante a un demonio enamorado, un niño ingenuo y manipulable, pero también muy peligroso. 


Debía jugar con él con cuidado, era como un arma cargada, una bomba de tiempo, debía ser cauteloso, jalar los hilos de su corazón con ternura y firmeza, si daba demasiado o muy poco, corría el riesgo de perder su devoción. 


Amarlo no lo amaría nunca, porque para él Black Hat era una simple herramienta para sus propias ambiciones, además, su corazón estaba encaprichado con alguien más y no había mucho que hacer al respecto. 


-Solo por esta vez, My Dear-. 

Le ofreció su mano y Black Hat la tomó con entusiasmo, sonriente. 


Bailaron ante miradas juzgantes, no solo por ser dos hombres, si no porque uno de ellos no era humano y el otro, por el mero color de su piel, no pertenecía a esa alta sociedad de ricos y nobles. 


-Siento que tal vez estoy arruinando su reputación, Mr Hatfield-.

-Oh, mi reputación es bastante mala de por sí, no te preocupes, las damas me aman igual y los hombres pueden envidiarme tanto como quieran, si los años y estas arrugas no me han hecho perder mi popularidad, mucho menos lo hará un baile contigo, My Dear-rio.  


Black Hat nada más suspiró, se sentía flotar, el toque de sus manos se sentía ardiente, lo amaba. 

Amaba su malicia, su ambición, su inteligencia y elegancia. Amaba todo lo que tenían en común, lo mucho que se parecían, con él se sentía...Seguro. 


¿Cómo sabes que puedes confiar en él? ¿Cómo sabes que no va a traicionarte? 


“¿Por qué lo haría? Queremos las mismas cosas” le contestó en protesta a la voz de su propia mente “Solo debo ser bueno y obediente y no le daré motivos para hacerme daño, si siempre soy valioso y útil, entonces no habrá motivos para que me lastime” 


Así que Black Hat se convirtió en presa de su devoción, era una avecilla en una jaula de oro, cantando obedientemente para su dueño a cambio de migajas. 


Hatfield lo mantenía anhelando, tentándolo con una cercanía que nunca se cerraba, le susurraba al oído, le hablaba pegado a sus labios, lo hacía estremecer con el más leve de los roces, lo embriagaba con su perfume.

Black Hat se encontraba queriendo rogarle por más, por afecto, por amor, por deseos carnales que lo mantenían despierto y frustrado en las noches. 


Pero tanto como lo amaba, temía espantarlo, así que callaba, bajaba la vista y obedecía todas sus peticiones, consiguió para él poder, dinero, estatus, fieles sirvientes y un negocio próspero. 


Sacrifico por él su dignidad y su voluntad con la esperanza de que, un dia, seria amado de regreso, de que un dia seria amado con candor y ternura. 


Hatfield, manipulador como era, aprovechaba esta devoción, sin embargo también era receloso, mantenía a Black Hat bien cerca y, cuando veía a otros hombres interesados en él, le ponía una mano en el hombro y lo acercaba más, señalando al mundo que ese demonio era solo suyo, su propiedad y de nadie más. 


Mientras más crecía el negocio, más Hatfield alejaba a Black Hat de la vista del mundo, dejó de llevarlo a fiestas y reuniones, manteniéndolo como un secreto bien guardado. 


Con el tiempo le prohibió dejar su habitación, lo envenenó con palabras dulces y sobreprotectoras, con pipas de opio y botellas de whisky.


-Todos allá afuera quieren un pedazo de ti, My Dear, aquí estás seguro, asi que solo haz lo que te pido y yo me encargare de lo demás-. 


Y Black Hat obedeció, pasaba sus días como una princesa en la torre, aunque esta vez su encierro era voluntario, hasta donde él lograba entender en el estupor de su mente alterada por las drogas y el amor. 


Cuando todo estaba en la cima, cuando solo quedaba un paso para completar sus logros, Hatfield trajo a alguien a la casa. 


Black Hat lo sintió mucho antes de verlo cruzar el umbral de la puerta, algo pesado, algo que le hacía arder la piel como acero al rojo vivo. 


NEPHILIM


August entró con Hatfield del brazo y le sonrió.


-Cuanto tiempo sin vernos, dulzura-.


Black Hat intentó huir, pero Hatfield se lo impidió. 


-No, no, My Dear, sé obediente y complace a nuestro invitado-le sonrió también. 

Si antes había tenido lujos en esa prisión suya, el Nephilim se encargó de despojarlo de todo, dejándolo con nada más que un colchón en el suelo. 


Era de nuevo su presa y, mientras ultrajaba su cuerpo, Black Hat rogaba por Hatfield en vano, rogó y lloró hasta quedarse sin voz, hasta que su mente estuvo tan quebrada como su cuerpo. 


Te mereces todo esto, algo hiciste, eres despreciable, algo hiciste para que te odie


“Todo lo que he hecho es amarlo”


Hatfield oía sus llantos y se tapaba los oídos, no quería oirlo, no quería verlo, sabía que August era violento, pero... 


Algo tiraba en su corazón ¿Culpa? ¿Arrepentimiento? Tal vez solo eran los celos, porque su corazón caprichoso quería a ese gigante frío y otra parte de él aún consideraba a Black Hat su propiedad. 


El Nephilim era, en parte, una forma de asegurar que Black Hat fuese siempre sumiso, pero..


¿Pero realmente se lo merecía? 


Una noche, cuando todo lo que iluminaba la habitación era la luna llena colándose por la ventana cerrada, Hatfield lo visitó, después de mucho tiempo sin verlo. 


Black Hat estaba hecho bolita en su colchón, vestido con nada más que una camisa raída, se veía pequeño y patético y Hatfield sintió más profundo esa punzada de la culpa. 


El demonio alzó la vista, mirándolo con ojos cansados y maniáticos, como si viera un espectro, una aparición imposible.


-Mr Hatfield- dijo, extendiendo hacia él sus manos temblorosas.


El hombre se le acercó sin decir nada.




Black Hat lo jaló de la ropa y lo obligó a hincarse junto a él en ese colchón fino y sucio. 

El demonio lo miraba con desespero, con desahucio, con ese cansancio propio de alguien que ya había sufrido demasiado y rogaba por un fin inmediato, por misericordia. 


-¿Por qué no me ama?-le preguntó con voz temblorosa-Pude darle el mundo entero si me lo pedía, solo debía quererme, solo un poco-le dijo, clavando las garras en la ropa. 


Y Hatfield no le contestó porque, a decir verdad, no tenía idea de porque no podía amarlo, o al menos quererlo, solo un poco. 


-¿Por qué me entrego al Nephilim? ¿Porque si yo nunca me habría atrevido a desobedecerle?-sollozó contra su pecho.


Y de nuevo Hatfield no tenía una respuesta para él, no tenía razones para su crueldad y su paranoia, tanto como tenía razón para que su corazón prefiriera a August antes que a Black Hat. 


-¿Hice algo mal? ¿Es esto un castigo? ¿Por qué? Si lo único que he hecho es amarle-. 

-Oh, My Dear-Hatfield lo abrazó, apenas tocándolo. 


Por primera vez, quizás desde siempre, ese hombre sintió culpa y arrepentimiento, porque sintió en el fondo de su corazón y el abismo de su alma lo que le esperaba a continuación. 


-Lo amo, y lo odio porque nunca voy a poder dejar de amarlo-dijo Black Hat, apartándose y mirándolo con ira-¡Lo maldigo! ¡Lo maldigo!-le gritó, poniéndose de pie con piernas temblorosas, todo su cuerpo en agonía-¡Lo maldigo para que sus éxitos nunca sean suyos! ¡Para que sea olvidado! ¡Para que su rostro sea oscurecido y su nombre una nota al pie de una página!-. 


Black Hat recitó eso y se cubrió el rostro con las manos, deseando por un llanto que nunca llegaba.

Había allí un sentimiento conocido, un deja vu, como si esa maldición hubiese sido usada antes por él mismo contra aquel hombre. 


Apartó sus manos temblorosas y lo miró con aún más odio que antes.


-¿Qué fue lo que me quito? Mr Hatfield ¿Me quito algo importante? ¿Mi felicidad? ¿Mi corazón?-le reclamó. 


Hatfield seguía ahí hincado, su cuerpo resistiendose a la maldición que le acababan de lanzar, porque su cuerpo ya la conocía y sabía cómo combatirla.


-Lo siento, My Dear-dijo, sincero. 


Black Hat no más se desplomó y se lamentó hasta dormirse. 


Hatfield abrió la ventana y le dio una breve mirada a la luna antes de marcharse.


-Y esa noche me lo llevé, reduje su forma, lo hice pequeño e indetectable para el Nephilim, borre sus recuerdos para aliviar su sufrimiento y...-.

-Y mucho después, él y yo nos conocimos-.

-Así es-.



Los tres ahora estaban en un espacio negro e infinito, el suelo parecia una fina capa de agua sobre un espejo, Flug podia ver su propio reflejo en la superficie. 


Ante él estaba Black Hat, pero en vez de estar de pie sobre esa agua/espejo, estaba hundido hasta la cintura, a su alrededor había figuras, algunas se parecían al propio Black Hat y otras eran espectros de su pasado. 


-Patético-dijo una sombra con la forma de Seto.

-Herramienta-le dijo la sombra de Hatfield.

-Presa-le dijo la alta figura de August. 

-Entretención- dijo una silueta que no podía ser de otro más que Shisui.

-Tirano, comida, abusador, juguete, pesadilla, reemplazo...-. 


La silueta que representaba a Flug murmuraba sin cesar, alternando entre palabras, como si esa relación fuese indecisa. 


-¿Qué esperabas? ¿Realmente creías que algo sin corazon podía amar y ser amado?-le dijo un Black Hat con un agujero en el pecho.


Mientras más hablaban, más se hundia Black Hat en ese liquido negro, en esa brea. 


-Esta es... ¿Su mente?-más que una pregunta era una afirmación, no podía ser otra cosa. 

-Lo es-contestó Shisui con calma-Flug, si se ahoga, es posible que ya no despierte-. 

-¡¿Qué?! ¡Haz algo! ¡Ayúdalo!-.

-Tienes que ser tú quien le de una mano, Flug-. 


Flug se le acercó con pasos inseguros, sentía su propio corazón latir en sus oidos ¿Que debía hacer?


Lo observo un momento, como se hundía sin decir nada, sin protestar... 


Le ofreció su mano, Black Hat la tomó, clavándole las garras y, de un tirón, estaban los dos en esas aguas negras. 


Era muy frío y silencioso y Flug pensó que así debía sentirse en el espacio exterior. 


De alguna forma era pacifico, allí flotando no había dolor, no había nada que ver o en lo que pensar.


¿Así era la muerte?


Black Hat, que ya no lucía como Black Hat si no como Ragna, lo miraba con expresión vacía. 


-¿Me odias?-le preguntó. 

-No, no lo odio-.


Sus voces hacían eco porque no había ningún otro sonido, solo eran ellos dos en ese infinito. 


-Me merezco que me odies-.

-Tal vez...-lo atrajó hacia sí y lo abrazó-Pero yo merezco lo mismo-.


Se quedaron abrazados, flotando en la nada, tal vez podían quedarse así por siempre. 


Pero...


-Si le digo que lo amo ¿Va a creerme?-.

-No-.

-¿Me dejara intentar demostrarle que lo amo?-.


Black Hat se acurruco más en sus brazos, Flug se sentía cálido en todo ese frío. 


-Quiero volver contigo y con mis hijos, pero tengo miedo y estoy cansado-.

-Lo siento...-.

-Si me hieres de nuevo, no te lo perdonare-.

-Esta vez haré las cosas bien-le aseguró.


Compartieron un beso y, en un flash, estaban de vuelta en el mundo real.


Flug se dobló para vomitar en la muy cara alfombra, Black Hat dormía plácidamente y Shisui suspiró con alivio, aun faltaba mucho, pero tal vez habría calma antes de la tormenta. 


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