Mostrando entradas con la etiqueta Cursed. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cursed. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de marzo de 2023

Cursed Cap 7: The Tower (Epilogo)




En aquella vieja torre, ubicada en un bosque solitario, vivían juntos un Nephilim y un Warlock.


El Nephilim, temible gigante, juez inexorable de todo lo corrupto, pensaba para sí mismo “Este Warlock, es mi mascota”


El Warlock, distinguido caballero, poderoso y de ilimitada ambición, pensaba para sí mismo “Este Nephilim, me pertenece” 


Así pasaban juntos sus días, creyendo que el otro era su propiedad.


Así pasarían eternamente sus días, por siempre enredados en un amor tóxico y retorcido. 


Juntos planeaban obtener algo que ambos deseaban. 


Juntos arruinaban sus propios planes, eternamente celosos e inconformes.


Querían lo que no podían tener. 


Se querían el uno al otro. 


No podían tenerse el uno al otro. 


Era un eterno tormento


Era tal la bendición y la maldición de la luna, cruel deidad que velaba sobre los amantes. 


En aquella vieja torre, en medio de un bosque solitario, vivían juntos un Nephilim y un Warlock, siendo uno del otro prisioneros.


Por siempre, para siempre. 






Cursed Cap 6: The Eternity




Flug mordió con ganas la tersa piel de serpiente, como quien prueba con entusiasmo el fruto prohibido. 

Saboreó su sangre con deleite y presionó y jalo hasta arrancarle un trozo, Black Hat gemía de gusto debajo suyo, clavándole las garras. 


-¿Te gusta? Doctor~-.

-El desayuno perfecto-rió.


Rodaron en la cama, abrazados, riendo y retozando en pura dicha. Era todo felicidad, había sido por días, semanas, meses...

El tiempo pasaba para ellos en un suspiro, demasiado concentrados el uno en el otro como para que importara nada más. 


No hablaban de sus sentimientos. Flug temía ser herido y Black Hat temía herir, así que expresaban todo ello en amor físico, en gestos románticos, en días enteros entre aquellas sábanas de seda. 


¡Si solo esa dicha pudiese ser eterna! 


Era lo que ambos deseaban, pero era imposible, así que era otra cosa que nunca se decían. 


Black Hat comenzó a toser de repente y Flug se apartó para darle espacio. El demonio se dobló en el borde de la cama, tosiendo sangre en el suelo. Cada día el dolor crecía. Ese sentimiento, esa felicidad, no eran más alimento para su enfermedad. 


Flug le acarició la espalda, preocupado y en silencio, esperando que esos espasmos horribles cesaran. 

-Le prepare un baño y su té-le dijo cuando, por fin, estuvo más tranquilo.

-Dejale el té a Shisui, bañate conmigo-le sonrió débilmente. 


Obviamente, Flug no iba a negarse a semejante propuesta. 


Se sumergió con él en el agua cálida y perfumada, los vapores le provocaban un leve mareo, pero era agradable. 

Lo abrazó con ternura, protector. 


-Quisiera poder sanarlo-.

-Flug, esto no tiene cura, es lo que es y punto-.

-Lo sé, pero es que... ¿Cómo se enfermó en primer lugar? ¿Cuál es su origen?-.

-Una maldición-dijo secamente-Pero no recuerdo quien ni como, no tengo idea de cómo romperla-.


Flug suspiró, no sabía qué decirle. Le acarició la cabeza, el cabello negro era suave, los cuernos de obsidiana bellos y delicados, su base aun era tierna, como si el demonio aun no hubiese terminado de crecer. 

El doctor sabía que su Jefecito era mucho MUY malvado, pero aun si se preguntaba porque y como alguien era capaz de hacerle semejante cosa, imponer en él una maldición tan cruel.


-Si un día conozco a la persona que le hizo esto, lo voy a viviseccionar-murmuró, abrazándolo con fuerza.

-Jeje...-rió bobamente, complacido-Bueno, tienes mi permiso, Doctor~-.


Incluso guardándose para sí mismos sus sentimientos, eran innegablemente felices, tal vez con eso era suficiente. Black Hat podía soportar el dolor, Flug podía negar el profundo deseo de oír aquellas palabras. 

Quizás, por el momento, eran felices y era suficiente pero...


¿Pero que sería de ellos cuando el tiempo pasara? ¿Que seria de Black Hat cuando Flug ya no estuviese y tuviera que enfrentar él solo la eternidad?


Realmente no querían pensar en ello, se ocuparían de las cosas a medida que pasaran, aprovecharán los años tanto como pudieran. 


Black Hat se quedó mirando el agua, sintiendo la presión en su pecho. Era lo que siempre hacían ¿No es así? Porque ese sentimiento suyo era conocido, había pasado antes, Flug y él, y lo que siempre hacían eran aprovechar los años hasta que se agotaban ¿Era eso? ¿Era ese su eterno tormento? ¿Pasaría la eternidad amando y perdiendo a ese hombre? Eso era, por supuesto, si en aquella ocasión su maldición no lo mataba, tal vez en esta ocasión su pena sería tal que finalmente podría morir, descansar...


Pero, entonces, sería Flug quien se quedaría solo. Condenado a reencarnar y buscar por alguien que no podía volver. 


-Quiero hacerte feliz, Flug-le confesó.

-Ya lo hace-sonrió-No necesito más que usted y estos momentos, no necesita decirme nada, ni darme nada especial-.


Black Hat se acurrucó contra su cuerpo, dejándose querer, un privilegio que no le otorgaba a nadie más. Quería decirle, en verdad quería decirle.


Eran solo dos palabras, pero no podía.


Le aterraba. 


“Te amo” pensó para sí, odiándose por no ser capaz de decirlo. 


Tras eso, ambos bajaron a dar un paseo por el jardín, con la enfermedad de Black Hat aproximándose, pasarían varios días sin poder tomar aire fresco. 


Shisui los observaba, su relación creciendo y floreciendo con tanta facilidad como las rosas que rodeaban la mansión. 

Romper la maldición era tan simple, cosa de viejos cuentos de hadas, eso él lo sabía, pero no podía decirles. Era algo que debían hacer por su cuenta o no daría resultado. 


Esas dos palabras, tan simples, esas que el demonio no podía decir. 


Era todo lo que se necesitaba. 


Los años pasaron tranquilos. El amor crecía, la enfermedad se hacía más cruel, pero eran felices. 


Así como los habitantes de la casa eran dichosos, los habitantes del pueblo se volvían cada día más temerosos y paranoicos. 

Los arbustos de rosas habían cruzado las altas rejas y comenzaban a reptar con sus lianas venenosas hacia el pueblo.

En las noches, de vez en cuando, podían oírse los gritos agónicos de la bestia. 


Les preocupaba que ese ser terminara matándolos a todos. Su unión con el doctor era un secreto a voces, ya se rumoreaba que, el día que él partiera, esa bestia iba a tragarse el mundo. 


El pequeño pueblo sin duda sería el primero, las condenadas rosas la primera señal. El principio del fin. 


Y, además de todo eso, la frustración de cierto demonio musculoso se hacía cada vez más presente. 


Hacía años que no veía al Dr Flug, sabía que estaba vivo, en maléfica unión con ese demonio recluso de la mansión. 


¿Que tenía ese ermitaño que él no? 


Black Hot sabía que ese otro demonio era antiguo y poderoso, al menos lo había sido, pero no había podido averiguar más de él. Aquello era inusual sin duda.


En el Infierno todo era registrado y archivado con cuidado, la historia de todo y de todos estaba escrita para la eternidad y a disposición de cualquiera con rango suficiente, por lo que Hot sabia, solo de dos demonios se había borrado su historia. 


El gobernante del Infierno, el tercer Lucifer, quien había desaparecido en busca de su amado y cuya identidad era protegida por el consejo real.


Y ese demonio de la mansión. 


No había podido averiguar su nombre, ni su edad, ni su rango social. No podía ser mucho mayor que él ¿No es así? Considerando que portaba el sombrero de copa, el símbolo del desaparecido emperador. 

Los demonios más viejos no lo portaban, era cosa solo de demonios “jóvenes” por así decirlo. 


Quizás alguien más inteligente habría conectado los puntos, pero Hot era más músculo que cerebro. Tenía la cabeza demasiado dura y su espíritu era terco como nada. 


-Deberías ir por él, Hot-el hombre ante él sonrió, agitando un vaso de Bourbon. 

-¿Para qué?-inquirió con mal humor.


Llevaba un rato conversando con ese humano, el sujeto era un forastero, le había invitado unas copas, nada fuera de lo inusual. El alcohol le había soltado la lengua y le había hecho hablar de todas esas cosas.


-Porque es lo que deseas-sonrió de nuevo, dientes anormalmente blancos, colmillos puntiagudos-Pensé que los demonios siempre iban por aquello que más desean-.

-Lo hacemos...-.

-Entonces ve, como yo lo veo es todo beneficios, Hot-tomó un sorbo de su bebida y dejó el vaso sobre la mesa con cierta fuerza-Obtienes a tu doctor, vences a un demonio antiguo que sin duda te hará ganar poder y...-miró a su alrededor, el bar lleno de gente temerosa-Estoy seguro de que estas personas están más que dispuestas a vender sus almas a cambio del favor-. 


Black Hot lo consideró unos momentos, bebió de un trago el enorme vaso de cerveza y lo dejó sobre la mesa con estruendo.


-Tienes razón-.

-Lo se-rió-Incluso puedo ayudarte, soy un Warlock-.

-Lo tendré en cuenta-le sonrió y estrecharon las manos.


Hot iba a decirle algo más pero, de un momento a otro, aquel hombre había desaparecido. 


No fue difícil, el pueblo ya lo adoraba, hizo un trato con ellos y reunió un grupo de hombres y mujeres dispuesto a ir con él, formado de ira y miedo, portando rifles y antorchas. 


En la oscuridad de la noche las llamas de las antorchas parecían tener vida propia, avanzando hacia la mansión.

Desde el balcón de su cuarto el demonio observaba, su ceño fruncido. 


-Tu pretendiente viene por ti, Doctor~-.

-Ay, pensé que ya se había olvidado de mí-se cruzó de brazos, fastidiado. 

-Los demonios no olvidamos lo que deseamos, Flug-se apartó del balcón-Vamos a recibir a nuestros invitados-sonrió, malicioso. 

-¿Está seguro?-lo siguió fuera del cuarto y a través de la casa, Black Hat caminaba ligero, con paso firme y las manos tras la espalda-Acaba de recuperarse, no quiero que...-.

-Estoy bien-le dijo con un leve gruñido-Vamos, hace tiempo que no me divierto-ronroneó, sacando una mano de su espalda, mostrando las garras-Hay que ser hospitalarios, Doctor, demostrarles cómo recibimos a los visitantes-cerró su mano con fuerza, como si aplastara un insecto. 


Flug sonrió, divertido y enamorado, le gustaba la idea.  


Fue algo rápido, un breve momento de caos y horror en aquel pueblo tranquilo e inconspicuo. 

Los humanos no eran nada para él, un ademán y eran reducidos a cenizas, a masas sanguinolentas o a la misma nada.

Ese demonio patético tampoco era nada, no más que un estorbo, un insolente estupido atreviéndose a intentar tomar lo que era suyo.

No importaba cuanto su cuerpo se quejara, no importaba cuanto le doliera el pecho, jamás iba a dejar que nadie le quitara lo más importante. 


Y Flug, ciertamente, no quería irse con él tampoco. Luchó con fiereza, con su ingenio y con sus dientes, cuando era necesario. 


¿En qué momento del tumulto Black Hot había terminado por sujetarlo del cuello? No estaba muy seguro, pataleo con pánico al ser separado del suelo, un solo movimiento y Hot iba a partirlo como un palillo. 


-D-dejame...-protestó.

-Vendrás conmigo quieras o no-lo agitó, furioso. 


¡Todo había salido tan mal! ¡Tan jodidamente mal! ¡La mitad del pueblo yacía muerta a su alrededor, la otra mitad ardía en llamas, hombres, mujeres y niños atrapados en sus hogares, consumidos por las llamas!


Ese doctor desquiciado lo había hecho él mismo, todas esas almas desperdiciadas, Hot se había quedado sin nada, con todos muertos antes de cumplir su parte del trato. 


-No-dijo rotundamente, pataleando y arañandole el brazo.

-Ya lo escuchaste, suéltalo-Black Hat se quitó al último humano insolente de encima, le había dado un poco de trabajo, su cuerpo comenzaba a fallarle, pero se mantuvo firme.

-¿Y que si no lo hago?-lo miró, sonriendo al notarlo débil. 

-Llamaré a mi perro guardián-siseó, sonriente, amenazante. 


Hot se tensó, al otro demonio no le tenía miedo, pero a ese sujeto, a ese lobo brujo que le servía tan fielmente, a ese si, le aterraba. 

No sabía que hacer, ya antes había buscado por ese Warlock que le había prometido su ayuda, pero no estaba por ningún lado, quizás había muerto en el incendio o, más probablemente, había decidido no interferir. 


Así que estaba solo.


Furioso, arrojó a Flug al suelo, no dándole a ninguno tiempo de reaccionar. 


Flug sintió varios huesos quebrarse, sus pulmones colapsar. Nada de eso iba a matarlo ¡Oh, pero la agonía! 


-¡Flug!-Black Hat corrió hacia él, tomándolo en brazos-¿Estás bien?-.

-Como huevo estrellado, pero bien-rió, alzando un pulgar.

-Idiota...-lo sostuvo contra su cuerpo, sabía que nada de eso iba a matarlo y, aun así, estaba aterrado de su mortalidad, de su fragilidad, de lo fácil que era perderlo. 


Hot iba a aprovechar ese momento de debilidad, iba a aplastarlos a ambos por atreverse a rechazarlo y humillarlo, pero entonces sintió una presencia detrás suyo...


-Le dije que no interfiriera, Mr Hot-.


Shisui, el perro guardián, el lobo brujo estaba detrás de él. Ya no con su apariencia inocua de joven androgino, sino con la de un lobo enorme del color de la noche. 


Black Hot iba a decir algo, iba a protestar pero, en un instante, lo tragó la oscuridad. 


-Bueno, eso fue un fastidio-Shisui se relamió-¿Están bien?-.

-Viviré-.

-Flug...-.


Black Hat lo abrazaba con mucha fuerza y Flug le correspondió como pudo. Ambos temían lo mismo, ambos temían que un día Flug se iba a marchar y esas palabras nunca serían dichas.


-Lo amo, Jefecito-.


El demonio sintió una puñalada en el pecho, pero la ignoró y, en cambio, sonrió.


-Yo también te amo, Doctor~-.


Iban a compartir un beso, otro momento de dulce dicha, iban a repetir esas palabras incluso, pero en cambio al aire cargado del olor a fuego y muerte, se sumaron los gritos desgarradores de Black Hat. 

Flug, sin poder moverse, miró con horror como el pecho del demonio se abría, el horrible sonido de su carne desgarrándose haciendo eco con sus gritos.

De su pecho abierto salieron las lianas, las espinas. Se rizaron hasta formar un tallo y, como si fuese el capullo de una rosa, en su punta sostenía el corazón de Black Hat, rojo, sangrante. 


La amalgama de vegetación y carne se posó en sus manos y Flug la sostuvo, temeroso e incrédulo, era como un morboso trofeo. La forma de esa maldición horrible de decir “Aqui esta tu premio, te lo ganaste, que lo disfrutes”


Black Hat se desplomó, apenas respirando, su pecho abierto y vacío. 


El pobre doctor se desmayó de la impresión sumada a todo ese dolor físico y, aun así, sus manos seguían sosteniendo la flor/corazón con toda su firmeza y cuidado. 


A Flug solo le llevó un par de horas recuperarse, a Black Hat por otro lado...


El doctor miró con dolor y pena como iba y venía de la inconsciencia, extendiendo débilmente su mano hacia él, intentando alcanzarlo. 

Sostuvo su mano con gentileza, sentándose en la cama. No podía evitar mirar directo al grotesco agujero de su pecho, como no podía evitar oír el latido de su corazón, que ahora “decoraba” el velador junto a la cama. 


Aquello era horrible, Black Hat sufría y debía de estar muerto, pero no tenía el lujo de la muerte, solo le quedaba agonizar. 


¡Oh, no no no! ¡Todo era su culpa! ¡Nunca debió acercarse! ¡Nunca debió decir esas condenadas palabras!


El paso de los días solo empeoró su condición, cada hora que pasaba, cada minuto... 

Flug no podía hacer más que verlo consumirse, pronto no pudo hacer más que dormir y lamentarse en sueños. Ni siquiera dormido podía descansar. 


Shisui lo aliviaba como podía, había vendado su pecho y lo mantenía en un estricto régimen de medicinas y sahumerios que mantenían la habitación siempre con humo perfumado y relajante. 

La cercanía de Flug también parecía darle algo de consuelo. A veces lo llamaba, no muy conciente de si estaba ahí o no y Flug siempre lo besaba con cariño y todo el cuidado del mundo, como si temiese que se fuese a romper. 


El doctor se odiaba a sí mismo, no podía hacer nada por él más que estar ahí y observar como Black Hat iba perdiéndose más y más. 


-Flug...-Shisui lo llamó una mañana-Necesito que vayas a buscar algo por mi-.

-¿No puedes ir tú? No quiero dejarlo solo-.

-Ni yo, pero necesito cambiar sus vendajes y ejecutar un par de rituales, así que debes ir por mi-.


Flug miró al agonizante demonio en la cama, debatiéndose en pesadillas, y suspiró.


-Esta bien ¿Que necesitas?-.

-Ve al prado, ese que divide al pueblo del bosque y trae estas flores-le entregó un dibujo-Fijate que sean las más coloridas ¿Ok?-.

-Ok...-Flug leyó la hoja, un dibujo bastante bien hecho, como una tesis de campo, la pequeña flor con todas su partes y propiedades, quizás en otro momento le habría emocionado un poco-Volveré enseguida-asintió y se marchó sin más. 


El científico cruzó con paso rápido el pueblo desierto, no quedaban más que casas quemadas y animales que hurgaban los escombros en busca de alimento. 

No se arrepentía de nada de eso, se lo habían buscado, podrían haberlos dejado tranquilos y seguir viviendo sus aburridas vidas, pero habían decidido entrometerse. 


Lo peor era que Hot y los pueblerinos habían logrado lo que querían, los habían separado, Black Hat estaba ahí pero no estaba REALMENTE ahí, Flug se sentía cada día más solo y desesperado ¡Oh, si solo pudiese hacer algo para salvarlo! Era capaz de lo que sea, cualquier cosa necesaria para recuperarlo. 


Llegó al prado que había mencionado Shisui, cosa rara era aquella porque, sin importar la época del año, siempre tenía la hierba más tierna y verde y las flores más delicadas y coloridas. 

Flug leyó la hoja de referencia una vez más y fue en busca de las flores, era oportuno que tuviese buen ojo para esas cosas porque la flor en sí no tenía nada de especial a simple vista, pero podía distinguirlas con facilidad de entre el montón por la cantidad de pistilos.


Estuvo así un rato, recogiendo flores y metiéndolas con cuidado en una canasta, la mente ausente, divagando en su futuro, en el de Black Hat...

Incluso si encontraba como sanarlo, no podrían estar juntos por siempre, porque él era mortal y un día lo dejaría solo a sufrir su eternidad. 


El destino para ambos era cruel, tal vez se lo merecían, pero aun así lo encontraba injusto. 


Estaba por irse, su canasta llena a rebosar de pequeñas flores, cuando a sus oídos llegó una dulce vocecita, allí a los lejos había una niña, cabello blanco, ropas blancas y verdes. Cantaba algo familiar y a la vez ajeno.



🎶 En aquella mansión solitaria, vive una bestia de garras afiladas


Puede tragarte entero como una serpiente, por qué no tiene sangre ni corazón caliente. 


Y si te portas mal... ¡Por las noches te visitará!


La bestia tiene espinas en el corazón, un hombre  malo le puso esa maldición.


Si quiere la salvación, un hombre caballero comerlas debe, esa es la condición.


¡Hará lo que pidas! Hasta comer espinas.


¡Se comerá eras!

¡Se comerá penas!


Y así en la eternidad te espera. 🎶


Flug se quedó en trance, escuchandola repetir la canción una y otra vez. Algo hizo ¡Click! en su cabeza, en su memoria, dejó caer la canasta y fue corriendo de vuelta a la mansión. 


-¡Shisui! ¡Ya se como resolverlo!-entró gritando, apenas le alcanzaba el aliento para hablar, le dolían los costados.

-Flug ¿Qué pasa? ¿De qué hablas?-Shisui lo miraba con una mezcla de sorpresa y su calma habitual-Respira, querido, te vas a hacer daño-le acarició la espalda-Cálmate y dime que pasa-. 

-E-es la rima-dijo, intentando recuperar el aliento.

-¿La rima?-alzó una ceja.

-La rima, la que me contaban a mi y a los otros niños del pueblo-asintió-Siempre...Siempre me pregunte porque realmente no rimaba, porque sonaba mal-rió-Creo que...Creo que pasó tanto tiempo, la modificaron tanto, que perdió su significado y...-Flug hablaba rápido y gesticulaba como loco, Shisui nada más lo dejo ser.

-Cuentame que dice la rima, Flug-.

-Habla de Black Hat, de su maldición, de cómo sanarlo-se apartó del brujo y corrió a la habitación del demonio, abriendo la puerta de golpe.


Allí, latiendo sobre el velador, estaba el corazón. Esa flor mórbida que había nacido de su pecho debido a su confesión. 

Flug no dijo nada, simplemente la tomó con cuidado en sus manos y le dio un mordisco. 


Era lo más tierno y dulce que hubiese saboreado nunca, la carne se deshacía en su boca, detrás dejaba un leve tono a amargura. 

Lentamente, con cada mordisco, a su mente llegaban memorias, viejas memorias, suyas y de él. 


Otras vidas, donde se habían conocido y se habían amado. Siempre trágico y difícil era su amor, habían pasado infinitas penas e infinita dicha, habían tenido una familia incluso. 


Con cada bocado más caían sus lágrimas, con cada mordida y cada memoria, más crecían los cuernos en su cabeza, naciendo del cabello pelirrojo y traspasando la bolsa de papel. 


Recordó cada ocasión, cada encuentro y cada despedida, como siempre dejaba a su amado atrás y como siempre volvían a encontrarse. 


Recordó los momentos difíciles, sus momentos de crueldad y sus momentos de ternura. 


Con cada bocado recuperaba las memorias y ganaba los años.


Con cada bocado el pecho del otro sabana y, con cada bocado, Flug se transformaba en un demonio.


Ahora estaban unidos por siempre. Flug se había tragado su corazón, ninguno podía morir mientras el otro viviese.


Los esperaba la eternidad. 


Black Hat despertó sintiéndose como nuevo y, a la vez, más viejo que nunca. Él también recordaba ahora, todas aquellas vidas y momentos con Flug. 

-Mi Doctor~-sonrió, sentándose y ofreciéndole sus brazos.


Flug no dudó en ir a abrazarlo, aunque le dolía la cabeza y le zumbaban los oídos. 


-Mi Jefecito~-. 


No mucho tiempo después, la pareja se encontró junta en un lugar peculiar, había mucha algarabía, eran bienvenidos.


El Infierno los estaba recibiendo con una celebración. Una muy esperada. 


Realmente no les importaba mucho nada de eso. Era cierto que había montones de cosas que poner en orden, ahora que Black Hat había vuelto a su puesto en el trono, pero ya tendrían tiempo...


Literalmente tenían todo el tiempo del mundo.


Se casaron. 


Festejaron.


Se amaron como la primera vez, el recuerdo de tiempos pasados solo aumentaba su pasión. 


Se sentaron ambos en la sala del trono, coronas sobre sus cabezas, manos entrelazadas.


Ahora si, era por siempre, solo los dos.


La eternidad juntos.


-Flug-.

-¿Si? Jefecito-.

-Quiero hijos-.

-Eso puede arreglarse, Jefecito chulo~-.



FIN



viernes, 3 de marzo de 2023

Cursed Cap 5: The Dance




 -¿Seguro que estás bien?-.

-Le pregunto lo mismo-.


Black Hat y Flug paseaban por el amplio jardín trasero, usándose el uno al otro de soporte. La nieve les llegaba hasta los tobillos, amortiguando sus pasos, hacía el caminar un poco difícil, pero estaban disfrutando de su paseo de todas formas. 


-Estoy bien, ya paso lo peor, debería sentirme bien por unos días-.

-Es horrible, lo que tiene-.

-Lo es-.


No se miraban, solo caminaban siempre mirando al frente, sintiendo el corazón del otro latir debido a la cercanía.

Flug tenía un brazo alrededor de su cintura, Black Hat un brazo sobre sus hombros. 


-¿No te duele? ¿Con el frío?-.

-¿Las cicatrices?-Flug suspiró-No, una vez que cierran ya no duelen, las quemaduras a veces, es como si los nervios nunca sanaran del todo en ese caso-.


Black Hat se apartó suavemente, asegurándose de que el otro no iba a caer si lo soltaba del todo, y se acercó a inspeccionar un arbusto de rosas. 


Flug lo observó, las manos elegantes acariciando con delicadeza los pétalos. Sintió envidia de esas flores. 


-Para ser algo que le provoca tanto dolor, en verdad le gustan mucho ¿No es así?-sonrió.

-Adoro el color, el aroma...-el demonio asintió-Además, atenderlas me mantiene ocupado, no hay mucho que hacer aquí encerrado-. 


El doctor se le acercó, le temblaban un poco las piernas, después de todo hacía poco más de un día había perdido la cabeza, literalmente, pero logró llegar hasta él y abrazarlo desde atrás. 


Black Hat se lo permitió, nada más que para darle gusto, se lo merecía después de todo. 


Flug se deleito en la sensación de esa figura delicada, quizás podía conformarse solo con eso, esa cercanía y poco más. 


-Lo quiero, Jefecito-le confesó con un temblor en la voz.

-¿Por qué?-el demonio sostuvo las manos que lo rodeaban con las suyas, el corazón le latía deprisa, de alguna forma sentía miedo. 

-No se-admitió-Pero lo hago y no puedo cambiarlo-. 

-No se si puedo quererte-. 

-Lo sé...-sollozó apenas-Estoy bien con ello-.


Black Hat se giró en aquel abrazo y coló sus manos heladas bajo la bolsa de papel, sintiendo las cicatrices, viejas y nuevas. 


¡Oh, como le aterraba quererlo! ¡No podía! ¡No debía! ¡No quería sufrir! ¡¿Qué sería de él si le daba un lugar en su corazón a ese mortal?! ¡¿Que sería de él cuando ya no estuviese?! ¡Su enfermedad iba a consumirlo! ¡Iba a matarlo! 


Apartó la bolsa solo un poco y le plantó un beso en la mejilla. Flug se estremeció, las manos y los labios helados, eran tan suaves y tan peligrosos a la vez, le provocaban mariposas en el estómago, una sensación de vértigo, quería quedarse y quería huir. 


-No se si puedo quererte, pero puedo tratarte mejor, lo intentaré al menos-.

-Oh, Jefecito-rió-Gracias-no sin cierto temor, le puso una mano en la mejilla, acariciándolo con el pulgar-Quiero besarlo-admitió.

-No~-.

-Ok-.


Retomaron juntos su caminata. Shisui les había recomendado a ambos tomar aire y darle una vuelta a la mansión parecía buena idea. 


-Jefecito...-.

-¿Hn?-.

-¿Puedo quedarme? Incluso si crecen las rosas ¿Puedo quedarme?-.

-Flug...-lo miró-Eres libre de ir venir como se te plazca-.

-Entonces me quedo-rió. 

-Que raro eres-negó-Como quieras, no te voy a detener, pero en verdad no lo entiendo-apartó la nieve de una banca y se sentó, mirando al lago congelado.

-¿El que?-Flug se sentó a su lado y tomó ambas manos ajenas, buscando darle algo de calor.

-¿Por qué quieres quedarte? Este sitio, es muy aburrido, no hay nada que hacer, no es más que una prisión, un lugar al que me descartaron por mi enfermedad-.

-Quiero quedarme porque está usted-sonrió, apretando sus manos-No...No sé explicarlo, es como si hubiese esperado toda mi vida por conocerlo, Jefecito-. 


Black Hat no le dijo nada, simplemente acarició aquellas manos cálidas con las suyas, tan frías como la nieve a su alrededor. 


No podía permitirse quererlo, pero mientras estuviese ahí con él, podía darle una vida cómoda y placentera. 


-Puedo hacer algo, con esto...-liberó una de sus manos y la coló bajo la bolsa, como había hecho antes-Son nuevas, puedo sanarlas, no del todo, pero solo serán líneas en tu piel-.

-No es necesario-se recargó contra su mano-No quiero que se esfuerce, Shisui me dijo que usar sus poderes le afecta-.

-No importa, estaré bien-suspiró-Piensalo ¿Si?-.

-Esta bien, lo pensaré-asintió.


Poco después volvieron al interior de la mansión. Shisui los esperaba con el fuego encendido, chocolate caliente y pastel. 

Se acurrucaron junto al fuego y Flug eligió un libro de la vasta biblioteca para leer en voz alta.


Ambos sentían que aquello era un privilegio.


El demonio, que creía que no merecía amar ni ser amado. El Nachzehrer, quien creía que su amor no era lo suficiente para el otro. 


Flug lo tenía entre sus brazos y, de vez en cuando, dejaba un beso tímido en su mejilla, en el dorso de su mano, en su cuello, apenas un roce. 

Black Hat lo dejaba, no pudiendo evitar ronronear con fuerza, feliz y complacido. 


Shisui no les decía nada, solo aparecía de vez en cuando para ver si necesitaban algo, sonreía ampliamente, le gustaba verlos tan cerca, tan felices. 


Sin embargo con esa nueva rutina, con ese paso en su relación y el transcurso de los días, Black Hat comenzaba a sentirse inquieto.

Quería ser bueno con él, pero no sabía cómo.


-¿No has aprendido nada de mi todos estos años que llevo cuidándote?-.


Shisui estaba con él, atendiendo el jardín. No aquel que rodeaba la mansión, si no uno secreto, en el interior de la misma, donde siempre estaba cálido y crecían todo tipo de plantas extrañas. 


-Aprendí que eres molesto e intrusivo-le siseó.

-Yo también te quiero-suspiró.

-Solo dime que hacer-dijo con fastidio, lanzando una rata muerta al aire y viendo, con una sonrisa, como una flor enorme se la tragaba de un bocado. 

-Podrías admitir tus sentimientos por él y hacer todo esto más fácil-.

-No tengo sentimientos por él-.

-Claro, claro-rodó los ojos y decidió mejor seguirle el juego-Pero lo estas tratando bien, dejándolo estar tan cerca y todo, solo se conocen hace unos meses y ya están tan cómodos juntos-.

-Bueno, eso sí...-admitió, levemente sonrojado, intentando distraerse de ello mientras cortaba hojas secas de una planta-Pero no puedo sentir por él-.

-Entonces finge que lo haces, hazlo feliz, es lo que quieres ¿No?-.

-Si-.

-¿Por qué?-.

-Porque el muy idiota me quiere y casi se mata intentando ayudarme-lo miró-Siento que estoy en deuda con él-. 

-Entonces tratalo como si lo amaras-sonrió.

-No se como-le gruñó-Por eso te pregunto-.

-Como dije, lo has estado haciendo muy bien-rió-¿Qué tal un gesto romántico?-.

-¿Como que?-.

-Una cena y un baile-juntó sus manos con gesto soñador-Si, sería perfecto, ambos vestidos de gala, bailando al compás de una romántica melodía-.


Black Hat nada más asintió, le gustaba la idea.


Shisui lo dejó solo y el terco demonio fue libre de sumirse en sus pensamientos, en su auto impuesta soledad. 


Nunca había dejado a Shisui acercarse, a pesar de que cuidaba de él con diligencia, solo disfrutaba la compañía de las plantas y de los libros.


Acercó su mano a una planta repleta de pequeñas flores, sus finas ramas se agitaban con emoción al sentir su presencia, deseosas de alimento y cuidados. 

Las plantas no pedían por mucho, solo alimento, tierra, algo de sol y agua y a cambio otorgaban belleza, compañía que no reclamaba ni le pedía cambiar, no tenían molestas voces para decirle lo que estaba mal con él.


Black Hat no deseaba cambiar por nadie, ni mucho menos deseaba amar y ser rechazado cuando la otra persona descubriera todo lo que estaba mal, lo roto que estaba, lo irremediablemente malvado y cruel que podía ser. 


No deseaba ni había deseado nunca por compañia, los sentimientos dolían, hacían su enfermedad inaguantable. 


Le aterraba pensar en amar a ese doctor y resultar lastimado, ser rechazado, ser dejado por cosas mejores, ya no podría volver nunca a su soledad, su corazón iba a doler, iba a llorar y sangrar e iba a ser consumido por las rosas. 


¡Oh, pero Flug era tan dulce, tan dedicado y devoto! No solo eso, Flug era como él, sin moral, retorcido, había oscuridad en su ser detrás de esa fachada nerviosa y atenta. 


¡Le gustaba! ¡Oh, cuánto le gustaba! Pero no podía darle un lugar en su corazón, se sentía como un cobarde, temiendole a todo aquello, pero estaba cansado de sufrir, no quería más de ello.


Su dolor se sentía antiguo y eterno, como si hubiese pasado muchas veces, más de las que podía recordar. Había allí el leve recuerdo de una pérdida, de un corazón roto, no quería pasar por ello. 


No de nuevo. 


Y, sin embargo, quería ser bueno con él. Así que le daría gusto, aunque fuese solo un poco. 

Además, la idea de un baile de gala lo complacía. 


En secreto y con discreción, Shisui preparó un banquete, Black Hat los arreglos florales y, juntos, decoraron aquel elegante y enorme salón de fiestas al que nunca se le había dado uso. 


Por primera vez en siglos se abrieron las ventanas, se prendieron las luces. El salón brillaba en todo su gótico esplendor. 


Ahora solo quedaba prepararse ellos mismos, incluyendo Flug, que no sabía nada del asunto.


-Shisui, a donde me llevas, tengo muchas cosas que hacer sabes-le reclamó, intentando soltarse de su agarre, Shisui prácticamente lo arrastraba por los pasillos.

-Esto es más importante...-lo empujó a un cuarto, su cuarto-Date una ducha en lo que elijo algo para ti-.

-¿Qué? ¿Algo de que?-lo miró con pánico.

-Ropa-le sonrió como si nada-Si...-se acercó a lo que parecía otro cuarto dentro del mismo, pero era en realidad un enorme closet-Algo en blanco te quedaría de maravilla- sonreía como un bobo, buscando entre la amplia colección de ropa.


Flug no entendía nada, pero sabía que cuando se trataba de Shisui y sus ideas, era mejor hacerle caso. 


Poco después Flug estaba mirándose al espejo, vestido de elegante blanco, Shisui detrás de él, ajustandole el traje y arreglandole el cabello. 


-Es de un hermoso color-le sonrió, peinandolo hacia atrás.

-Realmente no quiero mostrar mi cara-evadió mirarse a sí mismo, odiaba su reflejo más que a nada. 

-Black Hat estará muy feliz con ello-.

-Aún no se que es lo que...-.

-Flug, solo disfruta de lo que esta noche va a ofrecerte ¿Si?-.


Cuando entro al salon, se sintió como en sueño. Había algo etéreo en ese lugar, era gentilmente iluminado por los candelabros, el techo brillaba con vida propia, simulando el firmamento nocturno. Era tan lúgubre y hermoso, tanto como...

-Black Hat...-Flug no pudo evitar quedarse con la boca abierta.


Black Hat lo esperaba al pie de las escaleras con una mano extendida, luciendo más tentador que nunca, vestia de negro como era habitual, la ornamentada tela se ajustaba deliciosamente a su figura. Lucia distinguido, como un noble, ahí en su perfecta pose de caballero.

Uno que no esperaba por una dama, si no por él. 


-Doctor~-le sonrió-Luce verdaderamente encantador-.


Flug tragó saliva y alcanzó su mano con la suya.


-No me mienta, por favor-le rogó, temblando.

-No lo hago-acercó la mano que sostenía y la besó, gentil-Te ves exquisito-.

-Realmente no entiendo que planea, Jefecito-suspiró, aunque de alguna forma se sentía más tranquilo.

-Es un regalo, solo aceptalo-lo llevó consigo-Vamos a cenar, Shisui nos matara si dejamos que la comida se enfríe-.


Disfrutaron del banquete en relativo silencio, era en realidad bastante cómodo.

Buscaban sus manos sobre la mesa, acariciandose los dedos con discreción, como si hubiese alguien más presente que fuese a juzgarlos.

Quizás era una tontería, dejarse llevar, pero Flug era de corazón débil y un par de copas de vino lo convencieron lo suficiente. Quería disfrutar de esa noche, aunque todo fuese una mentira, un juego. 


Poco después del postre, llegó a los oídos de ambos el sonido de la música y la voz de Shisui, cantando. 


-Vamos-Black Hat tomó su mano con entusiasmo-Bailemos-.

-¿B-bailar? No se como-.

-Solo deja que te guíe-.


Black Hat lo llevó al centro de la pista. Flug miró con admiración el techo, allí en el centro era como estar bajo la mismísima Vía Láctea. 


-¿Te gustan las estrellas? Doctor-dijo, empezando a guiar sus pasos.

-Si, mucho-sonrió, dejándose guiar, el corazón le latía deprisa, estaban muy cerca y, de alguna forma, se sentía diferente a otras ocasiones. 

-A mí también me gustan, tus ojos me recuerdan a ellas-.

-Ay...-rió, sonrojado-¿Que dice?-.

-La esclera negra, el iris y la pupila blancos-dijo, acariciándole una mejilla-Como estrellas en el vacío del cosmos-.


Flug rió de nuevo, azorado, y ocultó el rostro contra el cuerpo del otro, acercándose más. 

Abandonaron la típica posición del vals y en cambio se abrazaron, sin dejar de bailar. 


-¿De qué sirve tener ojos bonitos con esta cara?-.

-Deja que sane lo más reciente-.


Flug miró su reflejo en las amplias ventanas, ahí enlazado tan íntimamente con Black Hat, quien era tan hermoso y perfecto a sus ojos. 


-Está bien-.


Siempre sin dejar de bailar, Black Hat lo apartó apenas, dejó en cada mejilla un beso. Flug observó, con cierto horror, como el rostro de su jefe se abría con sus propias heridas, para luego sanar como si nada en un instante. 

El doctor miró su reflejo de nuevo, las cicatrices de su boca ya no estaban.


-¿Mejor?-.

-Mejor-sollozó levemente. 


Black Hat sonrió al notar al otro más relajado y feliz. Él mismo se sentía de esa forma, su normalmente quieto corazón latía con fuerza, algo revoloteaba en su estómago, cada paso que daba se sentía en las nubes. 


La música terminó, se quedaron mirándose, como en un trance. 


-¿Puedo besarlo? Jefecito-

-Si~-.


Flug lo besó, suave y tierno. Quería ir despacio, pero sus manos tenían mente propia, acariciaban su figura con vehemencia, recorriéndolo desde la nuca, pasando por su espalda, deteniéndose de mala gana en sus caderas.

Mientras lo hacía profundizaba el beso, sintiendo al otro gemir, correspondiéndole con algo que parecía timidez. 


-Jefecito...-dijo, separándose apenas de sus labios-¿Será que es su primer beso?-.

-N-no, claro que no, cállate-replicó, rojo como tomate. 


Flug rió y la risa macabra de Black Hat lo siguió al instante. 


-No es que no tenga experiencia, es que ha pasado tiempo-admitió el demonio.

-Ya veo, está bien, no me molesta ir despacio-.


Fueron a sentarse al balcón, donde no tardaron en retomar aquel beso. Mientras más lo besaba, mientras más Flug lo envolvía en sus brazos, más sentía Black Hat que su corazón iba a estallar, sentía su pecho en llamas, de seguro aquello lo iba a hacer enfermar, pero no le importaba.


Le gustaba demasiado.


Quería seguir, darle más esa noche de lo que había planeado originalmente. 


-Vamos a mi cuarto, Doctor~-le ronroneó. 


Flug asintió con absurdo entusiasmo, haciendo al otro reír. 


¿Hacía cuánto que no compartía lecho con nadie? Siglos, seguramente. Antes de que su enfermedad tomara control de su vida, había tenido un par de amantes, personas irrelevantes.


Había pasado demasiado tiempo.


Allí, en la cama con él, portándose dócil y entregado sin siquiera pensarlo, cada caricia se sentía como algo nuevo.


La noche pasó cargada de pasión y éxtasis, la mañana los encontró exhaustos. 


-¿Flug?-lo llamó.

-¿Si? Jefecito-.

Flug le sonreía felizmente al techo, demasiado contento como para preocuparse de nada en esos momentos. Black Hat estaba a su lado, su cabeza sobre su pecho, una de sus largas y tentadoras piernas reteniendolo con firmeza.


-Quedate conmigo, siempre-.

-Ay, Jefecito, no necesita pedirlo-.