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viernes, 14 de abril de 2023

Let me teach you Cap 6: Vacaciones parte 2

 



El cielo estaba despejado, el sol intenso, la arena caliente y el agua cálida. 

Era el día de playa perfecto. 

Black Hat se encontraba disfrutando de un buen baño de sol, después de todo era parte reptil.


-Flug, ponme bloqueador-le dijo con clara coquetería, agitando la botella.


Flug suspiró, viéndolo ahí tendido en la toalla, la piel de serpiente brillando al sol. Era muy tentador. 

Tomó la botella y Black Hat se giró, dándole la espalda, Flug dejó caer un poco de esa crema blanca y de aroma distintivo y la esparció con cuidado con sus manos, dándole masajes. 


Black Hat gemía levemente y a Flug se le estaban ocurriendo ideas de lo más indecorosas. 


Sin embargo, también tenía otras cosas en mente ¿Por qué había aparecido así de la nada? ¿Le había pasado algo?


-Black Hat...-.

-¿Mmm?-ronroneó, entre masajes y el calor se estaba quedando dormido.

-¿Por qué volvió conmigo?-.


Black Hat se giró y aprovechó la posición para atraparlo entre sus piernas.


-Porque tú eres el correcto, no Hatfield ni ningún otro-. 


Flug rió, no sin cierta amargura, y lo aprisionó con su cuerpo, lo sujetó de las muñecas y le dio un mordisco en el cuello.


-¿Y que le hizo darse cuenta?-.

-Te contaré aunque, si soy sincero, no quiero-.

-No es obligación...-.

-No, está bien, lo haré, es mejor si te enteras, creo que te concierne de alguna forma y yo también tengo preguntas que hacerte-.


Flug lo miró con extrañeza, pero simplemente se puso más cómodo en aquella posición y lo escuchó hablar.


Esa mañana, sentado en el asiento del pasajero y con Lucian conduciendo, Black Hat se sentía... Extraño. 


No era un sentimiento ominoso precisamente, sólo una profunda ansiedad, estaba abrumado por algo que no sabía distinguir. 


Hatfield iba bastante callado, lo cual no era tan inusual, no solía hablar mucho tras el volante.


En la radio sonaba una vieja canción. No le gustaba, deseaba poder cambiarla, pero por alguna razón no se atrevió a hablar. 


Tal vez eran las náuseas.


Si, eso era, si abría la boca iba a vomitar todo el interior del auto. 


Mientras más avanzaban por la carretera, con cada giro, con cada curva, peor se sentía. 


-Estas verde, My Dear-le dijo, deteniéndose. 


Black Hat no le dijo nada, salió apresuradamente del auto y vómito al costado del camino. 


Hatfield mantuvo la distancia hasta que el desagradable acto se detuvo. 


-¿Estás bien?-le ofreció un pañuelo.

-No...-negó, aceptando el pañuelo, se limpió la boca mientras miraba el césped, quemado por su vomito-Solo...-suspiró-Solo necesito aire, dame un momento-. 


Nunca había estado enfermo antes, no así al menos. No sabía lo que era. 


Se sentó en el vehículo, con la puerta abierta y Lucian le acarició la espalda.


-Respira hondo, My Dear-.


El demonio asintió, Lucian lo miraba de forma indescifrable, tenía ojos fríos y críticos, pero realmente no tenía ánimos de preguntar que había en su mente en ese momento. 

Cuando se sintió un poco mejor, Hatfield lo acomodó en el asiento trasero y lo tapó con una manta.


-Descansa, sería una lástima que estés enfermo el resto de las vacaciones-. 

-Estaré bien-le aseguró. 


Pasó así el resto del viaje, Lucian conducía despacio y Black Hat se encontró arrullado por el movimiento del vehículo, se sentía un poco mejor. 

Miró al otro con interés, la parte de atrás de su cabeza, cabello azabache siempre bien peinado. 


Se preguntó si se teñía el cabello. Los humanos crecían cabellos blancos con la edad ¿No es así? 

Tal vez le preguntaría luego. 


“El rojo es un color más bonito”


Pensó antes de quedarse dormido. 


Aquel adorable cottage lucía de lo más acogedor. Tenía un bonito jardín, muchos árboles que daban sombra fresca y la casa en sí tenía todas las comodidades. 

También, olía a magia. 


Era difícil de explicar, había electricidad en el aire, olía a algo húmedo y viejo, pero no era desagradable. 


Sin embargo, al demonio no le cayó muy en gracia, parecía que su estómago no acordaba con el ambiente.


-Oh, My Dear ¿Que te habrá hecho daño?-Hatfield le sirvió un té-Bebe eso, te hará sentir mejor-.


Black Hat bebió sin pensarlo mucho, le gustaba ese té, Lucian se lo servía con regularidad. Había bebido una taza esa misma mañana, de hecho. 


Por un segundo, el demonio sintió sospecha, pero entonces Hatfield se inclinó sobre él y le beso los labios, haciéndole olvidar todo. 


-Oh~ Mr Hatfield-suspiró.

-Si quieres más de eso, procura recuperarte pronto, My Dear-sonrió. 


Black Hat se bebió el té, sintiéndose mejor. 


Los siguientes días pasarían confusos, a veces estaba bien, otros no podía levantarse de la cama, su mente difusa y su cuerpo débil.


Y entonces...Entonces estaba Lucian. 


Era en esos momentos de debilidad en los que ese hombre desidia tener sexo con él. No era que Black Hat no quisiera, ciertamente su cuerpo lo disfrutaba, pero no podía moverse, no podía alcanzarlo y tocarlo, le resultaba frustrante. 


Solo podía quedarse ahí tendido mientras Lucian hacía lo que se le antojaba, para luego irse y dejarlo solo, necesitado de cariño y caricias tiernas. 


Cuando se sentía bien, Hatfield no quería más con él que un beso ocasional. 


Black Hat quería irse, quería volver con Flug, ese que lo trataba bien, con amor, con el que se acurrucaba y hablaba por horas. 


Pero entonces caía enfermo y no tenía la fuerza de voluntad de ir a ninguna parte. 


No podía moverse y su cuerpo se ponía sensible. Lucian se aprovechaba de ello y lo hacía gemir y temblar pero, aun así, siempre terminaba sintiéndose insatisfecho. 


Quería irse y los encantos de Hatfield comenzaron a perder sus efectos. 


Ya no podía embelezarlo con palabras galantes, ya no sentía por él las mariposas. 


Finalmente, en esos momentos en los que su mente salía de su estupor, Black Hat se dio cuenta.


Lucian estaba envenenandolo. 


Esos condenados tés, no eran más que veneno. 


No era solo eso, cuando lo tenía en la cama podía sentirlo dibujar cosas en su piel, cuando lo tenía en una posición en la que no podía verlo, dibujaba cosas en su espalda con los dedos. 


Sellos mágicos ¿Verdad?


¡¿Como pudo ser tan tonto?! ¡¿Cómo pudo dejarse atrapar?! 


Esa noche, con dificultad, Black Hat se deslizó fuera de la cama. Era más fácil si hacía su forma etérea y serpentina, como una larga sombra. 

Hatfield no estaba, había tomado la costumbre de dejarlo solo largas horas, muy confiado en sus métodos. 


Pero Lucian ya no tenía poder sobre él, sus palabras y sus encantos habían perdido todo efecto, solo quedaba deshacerse del veneno. 


Así que se escondió en un rincón oscuro de la casa y esperó... 


Olía a algo húmedo y viejo... 


Montones de papeles y cajas mohosas...


Olía a magia negra...


-Warlock...-suspiró el demonio.


Hatfield debía de haber servido a un patrón muy poderoso para tener tales habilidades, era alguien de cuidado, listo al haber elegido a un demonio joven e inexperto como su presa, pero también eran un imbécil orgulloso y confiado. 


Black Hat, allí hecho sombra, solo podía esperar a que su cuerpo terminara de sanar, así que se puso a curiosear en las viejas cajas. 


Se encontró con montones de documentos, títulos de diferentes propiedades y cosas similares. 


-Flugslys...-leyó-¿Flug?-.


Bueno, no era precisamente Flug, pero ese era su apellido, así que aquella firma debía de ser de su padre ¿No?


Se guardó el contrato y suspiró, debía moverse, huir. Comenzaba a hacerse una idea de para que lo quería Lucian y era mejor si aprovechaba el momento y salía de ahí... 


-Y aquí estoy-concluyó.

-Y... ¿Y para qué lo quiere exactamente?-.


Black Hat se tardó un segundo en responder, Flug tenía una mirada extraña. Peligrosa. 


-Quiere usarme como sello, si me ata a lo que él posee, la fuente de su poder y longevidad, entonces será suyo por siempre-. 

-Ha...ya veo-emitió un sonido que podía ser un suspiro, una risa o un gruñido, quizás todo junto-Ya vuelvo-.


El demonio lo dejó ir, lo notaba furioso, el pecado de la ira formando remolinos en su interior. Lo hacía sentir peligroso, le gustaba, pero no le dijo nada y solo lo vio marchar.


Flug entró a la casa, tomó el bate que siempre dejaban junto a la puerta, entré con los paraguas, y salió de nuevo por la puerta trasera, al lado opuesto de la playa, siempre con aparente calma, prácticamente tarareando una discordante melodía. 


Por el camino se encontró con Shisui, esa marioneta viviente caminando a su lado, de la mano. 


-Flug...-pronunció el lobo, solo para sentir la ira del otro como suya, soltando un gruñido involuntario.

-Luego hablamos-.


Había un pobre infeliz ahí en la playa, Flug no sabía si era hombre, mujer, adulto o niño, veia rojo, veia a Hatfield. 


Alzó el bate y... ¡Crack! El sonido de un cráneo quebrándose, seguidos de varios ¡Plaf! ¡Plaf! ¡Plaf! A medida que se abría paso del hueso al suave interior, el sonido era viscoso y húmedo, ahogado en la arena que se teñía de rojo. 


Flug descargó en ese desconocido su ira, su frustración, su odio. 


¡¿Cómo se atrevía?! ¡¿Cómo se atrevía a usarlo y manipularlo?! ¡¿Cómo se atrevía a envenenarlo y abusar de él?! 


¡¿Cómo...Cómo se atrevía a hacerle lo mismo que le había hecho a él y a su familia?!


Respiró, agitado, mirando la pulpa de carne que antes había sido una persona. Que desperdicio, ya no servía ni para la mesa. 


Dejó caer el bate y a sí mismo en la arena. 


Quería venganza. 


Una mano fría le tocó la espalda, sacandole un respingo. 


-¿Tienes idea de lo atractivo que me pareces ahora mismo?-ronroneó el demonio.

-Ay, Black Hat, no es momento-se sonrojó al máximo.


Ambos rieron y se quedaron sentados en la arena, abrazados. 


-Dime cual es tu asunto con él, Flug-.


Flug suspiró con pesar, pero asintió. 


A Flug su familia nunca le prestó mucha atención, le daban comida, techo y educación, pero poco pensaban en él. 

Los Flugslys eran adinerados, prósperos en negocios y tierras.

Las razones por el desdén hacia su propio hijo eran desconocidas, simplemente no lo querían. 

Quizás se debía en parte a que Flug siempre había sido peculiar, de niño siempre se las arreglaba para incomodar a los adultos, sacandoles risas nerviosas. 

Pero también era inteligente, talentoso, fácilmente podía darles todo tipo de orgullos académicos. 


Realmente, no querían nada de él, a aquel matrimonio su hijo no había sido bienvenido, un accidente nada más, lo mantenían por obligación. 


En general a Flug no le importaba, había aprendido rápidamente a no buscar el afecto de sus padres y mantenerse en sus propios asuntos. 

Pasaba la mayor parte de su tiempo en su cuarto o en la escuela, durante las vacaciones paseaba solo por el bosque cercano a la mansión, buscando insectos y pequeños animales, escribiendo sobre ellos en diarios de campo. 


La adolescencia sólo aumentó su apatía y su deseo de estar solo, lejos de sus padres negligentes. 

A pesar del dinero, Flug no hacía vida de niño rico, así que no tenía mucha idea sobre familias adineradas y nobles. 

Sin embargo siempre oía todo tipo de apellidos ir y venir “La familia tanto fue a tal lugar este año” “¿Te enteraste de lo que hizo fulanito de la familia noseque?” 

El chisme era constante y Flug no hacía más que rodar los ojos cuando oía a sus padres hablar. 


De tal manera, siempre se hacía una idea de quienes visitaban la casa, pero un día, apareció ese hombre. 


Lucian B Hatfield.


Nunca había oído nada de un tal “Hatfield” y, sin embargo, ahí estaba, haciendo negocios con su padre. 


Su padre siempre gustaba de contar su opinión sobre sus colegas, criticando su apariencia, su forma de vestir, de si habían nacido en dinero o lo habían amasado ellos solitos. 


Pero nunca había mencionado nada de ese hombre de aspecto tan siniestro. 


Alto y moreno, de firme porte. Rostro aguileño, dientes afilados. 


Flug pensó que lucía como un vampiro o alguna clase de depredador. 


No le gustaba, apenas verlo supo que debía desconfiar de él. 


Hatfield, con sus encantos, con su veneno, enredó a su padre en negocios peligrosos e ilegales, a su madre en un amorío y a él...


A él le envenenó la cabeza con odio propio. 


Siempre que podía se le acercaba y le murmuraba cosas horribles, sabiendo que no iba a acusarlo y que, incluso si lo hacía, a sus padres no les iba a importar. 


Llenó su corazón de miedo y su cabeza de sombras. 


Lo empujó a tomar el cuchillo... 


El matrimonio roto. 


Sus firmas dándolo todo a ese hombre. 


Su hijo suicida. 


Sobre Flug cayó una maldición, cambió su naturaleza y su cuerpo, le regaló mil años y un hambre voraz y tabú. 


Mientras la casa ardía y su boca sabía a la sangre de sus padres, Flug entendió el plan de Hatfield. 

Había contado con esa maldición cayendo sobre él, porque los Nachzehrer pierden la cordura, pero no él...


¡Oh no! ¡Él estaba cuerdo y entendía más que nunca! 


Hatfield había manipulado los hilos de los tres y al final, había intentando que Flug fuese culpable de tanta tragedia, si no podía hablar, sino era más que una bestia, entonces no podía atestiguar en su contra. 


Flug había matado a sus padres, eso era verdad, pero no había iniciado el fuego. Ese había sido Hatfield, después de todo, lo único que necesitaba eran los terrenos y sus títulos, no la casa. 


-Vaya, vaya, eres más resistente de lo que anticipe-le sonrió.

-Hatfield-gruñó, sorprendiendose con su propio sonido animalesco.

-Iré al grano, niño-le dijo, levantándole el mentón con la punta de su bastón, examinando el rostro lleno de heridas, parecía que sus padres había intentado defenderse con algo afilado-Su sangre está en tus manos y, en tu condición, difícilmente van a creer que yo tuve nada que ver-suspiró-Sin embargo, quiero ahorrarme los problemas, así que tengo un trato para ti-. 

-¿Y eso sería?-alzó una ceja, incrédulo ante el descaro del otro. 

-Ahora mismo, soy propietario de toda la riquezas Flugslys, así que no tienes nada, pero por tu silencio te daré dos cosas, un lugar en la Universidad que manejo, algo que estoy seguro no obtendrás en ningún otro lado, considerando lo que eres ahora y, una propiedad que elijas-. 


Flug sopesó sus opciones. Hatfield tenía razón, no tenía a donde ir o a quien recurrir, podía terminar preso o peor, así que aceptó ese trato injusto y podrido.


Guardaría silencio, por un tiempo. 


-Y eso fue lo que pasó-concluyó Flug, haciendo dibujos en la arena mientras hablaba-Por eso le decía que Hatfield no puede expulsarme, no le conviene-. 

-Ya veo...-suspiró-Todos esos títulos, los tengo en mi poder ahora mismo, puedes recuperar lo que te pertenece, si eso deseas-. 

-Lo que deseo es vengarme de él, por usted, no por mi o mi familia-negó-No...No se porque me importa tanto, usted no ha sido bueno conmigo-.

-Eres tonto al esperar nada bueno de mi-.

-Lo mismo digo, esperando que Hatfield o yo lo tratemos bien-le reprochó-¿No se supone que debería querer todo lo contrario? ¿No se supone que le guste la crueldad y todo eso?-.

-Eres un asesino sádico y caníbal ¿Tratas mal a tus amantes?-.

-N-no-.

-Entonces no veo porque no puedo querer afecto y ternura-se sonrojó levemente, desviando su vista al mar-No...No es la violencia de ello lo que me molesta, es la intencion, como otros me usan para obtener algo, el deseo y la lealtad, no son reales, solo quieren sexo o poder, o ambos, ya te lo habia dicho antes ¿No es asi?-. 


Flug lo miró, era cierto que lo habían hablado antes, pero en su ciego afecto por él realmente no lo había pensado mucho. 


Lo observó atentamente, lo inhumano que era, su piel de serpiente, sus extrañas proporciones, la falta de orejas y nariz, los dientes como dagas, el ojo felino. Ese “algo” que daba una extraña impresión, como de estar viendo algo artificial e incorrecto, como si verlo demasiado fuese a arrastrar a la locura. 


Y a pesar de todo, a pesar de lo mucho que lo había hecho llorar, lo amaba. 


¡Oh, cuánto lo amaba! 


Sentía ira y rencor por lo que le habían hecho, quería protegerlo y amarlo y serle leal por el resto de sus días. 


Apenas lo conocía, pero aun así, esos eran sus sentimientos, como si siempre hubiesen estado ahí, esperando a que su presencia los liberara. 


Y, lo más importante, lo más destacable, se sentía amado de regreso. 


-¿Me ama?-lo cuestionó, sabiendo la respuesta.

-Ya te lo dije una vez-sonrió-Sabes que si, pero si me preguntas el motivo, creo que no tengo una respuesta-admitió-Es lo que es, mi amor por ti, es de esas cosas escritas en piedra, irrefutable, vasto y profundo como el mar es mi afecto por ti, ocupas todo mi corazon marchito y frio, Flug-le recitó con galanura y sinceridad. 

-Ay, que cursi-rió, divertido y halagado.


Cuando se puso el sol, regresaron a la casa. Las vacaciones terminarían pronto y a Hatfield se le acortaban los días. 


En cuanto a Hatfield, podía sentirlo, cuanto la había cagado. 


Allí en la oscuridad de su oficina, era presa de sus propias sombras, había jugado con fuego y no estaba listo para quemarse. 


Lucian no siempre había sido Lucian ni, mucho menos, Hatfield. 


Su padre, Steffan Hatfield, había sido un hombre moderadamente rico, un burgués en aquellos tiempos de la revolución industrial. 

Su madre una simple mujer venida del nuevo mundo, algún país que había sido colonia de España en vez del Gran Imperio Britanico. 


Hijo ilegítimo, Steffan nunca quiso saber nada de él, negándole su apellido y su dinero, obligandolo a crecer en pobreza. 


Su madre, sin embargo, era una bruja. 


De ella aprendió lo básico de la magia negra y heredó su amor y pasión por ello. 


La vio, en aquel tiempo ya un adolescente, recuperar a ese hombre negligente con hechizos y pociones.


Pasó de ser Lucio, hijo de una don nadie, de quien había heredado su tez morena y su gusto por la magia, a ser Lucian B Hatfield, hijo de burgueses. Su nombre alterado para encajar mejor, para que no dudaran de su origen, incluso si su piel y sus facciones lo delataban. 


“Lucian” siempre había sido cruel y ambicioso, pero quizás lo que pasó después selló para siempre su corazón. 


Por favores mágicos se debía pagar y su madre pagó. 


Un día cayó enferma y Lucian vio perecer a la única persona que amaba, mientras su tan llamado padre la reemplazaba sin tapujos, cuando ella aun respiraba y preguntaba por él, pues siempre lo había querido, a pesar de todo. 


Y Lucian, en su furia y en su ambición, hizo un pacto. 


Una criatura poderosa y vieja estrechó su mano, le enseñó montones de cosas inimaginables y lo convirtió en un Warlock. 


Por un tiempo Lucian le sirvió fielmente, valiéndose del poder que le regalaba para cobrar venganza sobre su padre y su amante. 


Pero, cuando todo eso estuvo dicho y hecho, Lucian quería más. 

Se había vuelto poderoso, mucho más que su amo. 


¡Lo asesinó! ¡Lo asesinó y fue libre de hacer lo que deseara! 


Poder, riquezas, longevidad ¡Lo tenía todo! 


Y, sin embargo, nunca era suficiente.


¡Quería más! ¡Más! ¡Más! ¡Más! 


¡Y con ese niño podía tener el mundo entero! 


Pero había sido estupido, de eso se daba cuenta ¿Porque no pudo simplemente quererlo? ¿Tratarlo bien? Si era todo lo que ese niño le pedía, ese demonio de potencial ilimitado, con un poder que nada ni nadie más poseía, solo pedía ser tratado con afecto. 


Pero Lucian, en su orgullo, en su negación, en todos esos siglos existiendo, negando esa parte de sí mismo, lo ignoró. 


Lo ignoró y jugó con su corazón, intentó ganarlo con trampas y manipulaciones en vez de, simplemente, amarlo. 


Y, ahora, se había ido todo al carajo. 


Black Hat lo odiaba.


Su dulce “My Dear” que solo había pedido de él amor a cambio del mundo, lo odiaba. 


Y Hatfield se sabía muerto por ello, así que, en las sombras de su oficina, esperó. 


Black Hat llegó acompañado de sombras rastreras y siseantes, una oscuridad fría que reptaba, se retorcía y llenaba el espacio de sonidos indescriptibles. 


A su lado, ese mocoso, ese Nachzehrer insolente. 


-Mr Hatfield~-le ronroneó el demonio-Tenemos cuentas que saldar-. 


Black Hat tomó entre sus manos frías ese rostro que alguna vez había amado y por el que ahora solo sentía desdén. 


-My Dear, por favor...-.

-No me ruegue, Mr Hatfield, intente conservar algo de dignidad-sonrió, frío y cruel-No tengo más interés en usted, no se merece mi tiempo, así que dejemos que el Infierno se haga cargo de su alma podrida ¿Ok?-.


Sin teatralidades, sin fanfarria, Lucian B Hatfield fue tragado por las llamas infernales. 


A Black Hat no le costó nada hacer suyo lo que una vez había sido de Hatfield, así como recuperar lo que era de Flug y dárselo de vuelta. 


-¿Está seguro?-Flug suspiró, triste.

-Solo serán un par de semanas, Flug, no pongas esa cara-le sonrió con peculiar dulzura.


Estaban en una estación de tren, despidiéndose. El demonio tenía que poner muchas cosas en orden y no podía quedarse a ejercer como profesor, con el cambio de administración y con todo mundo sabiendo sobre su relación con Flug, era imposible. 


-Lo voy a extrañar-.

-Ya, solo procura seguir con tus estudios, te llamaré todo los días-lo consoló-Y cuando vuelva, iremos a esa tercera cita que nunca tuvimos-.

-Oh...-rió-Es verdad, suena bien-. 

-Flug, con todo esto que tomé de Hatfield, podré abrir ese negocio del que hablamos ¿Recuerdas?-.


Flug asintió, era un sueño que tenían en común. Un negocio inusual, completamente nuevo en el mercado. 


-Y cuando te gradues, te contratare-.

-Oh ¿Será mi Jefecito?-bromeó.


Black Hat le dio un beso y subió al tren que empezaba a moverse antes de decir...


-Y tú serás mi Doctor~-.



FIN~~~


jueves, 6 de abril de 2023

Let me teach you Cap 5: Vacaciones Parte 1

  





            -Flug-.

-¿Mmm?-.

-Nunca he sido el pasivo de nadie...-.

-Oh~ Entonces, déjeme enseñarle-.


Black Hat se revolvió felizmente en ese sueño/recuerdo. Sonrió, aun dormido, y extendió su brazo, buscando por él...


No había nadie.


Black Hat sintió, por un momento, una profunda decepción y vergüenza de haber confiado, pero entonces...


-Ah, Black Hat, está despierto-Flug entró al cuarto, cargando una bandeja-Lo siento, no suelo dormir hasta tan tarde, así que me levante a hacerle el desayuno-. 


Black Hat ocultó el rostro contra una almohada, intentando disimular su sonrojo y su sonrisa idiota.


-Preferiría encontrarte cuando despierto-admitió.

-Lo tendré en cuenta-sonrió.


Flug le sonreía con tanta sinceridad, Black Hat sintió su corazón revolotear. 


Se sentaron en la cama a desayunar, aunque Flug parecía más interesado en darle mordiscos a él que a las tostadas. 

El demonio lo dejaba ser mientras disfrutaba de su café y del silencio matutino, de vez en cuando miraba con disimulo su rostro descubierto, le gustaba mucho.


Flug era, sin duda, bonito. Tenía un rostro de facciones gentiles, marcado con una notable cicatriz en diagonal y varias quemaduras. El cabello era de un rojo intenso, esponjoso y suave, su boca de labios partidos ocultaba múltiples colmillos y sus ojos...


¡Eso era lo que más le gustaba!


Eran tan inhumanos, pero tan vivaces. El iris y la pupila brillaban en brillante blanco contra el negro profundo de la esclera. 


-Como estrellas en el vacío del cosmos-le dijo, romántico, dandole un beso.

-Que cosas dice-Flug se sonrojo hasta las orejas, normalmente nada en su cara era algo que recibiera elogios. 

-Gracias por quedarte-.

-Se lo prometí-lo abrazó desde atrás y le dio un mordisco en el hombro-Ademas ¿Por que irme? Disfruto de su compañía-.

-Pues, eres el primero-rió-A los mortales les gusta como me veo, no como soy-. 

-¿Le molesta?-.

-No lo sé, me gusta estar solo la mayoría del tiempo, es solo que...-suspiró-Los demonios, somos naturalmente encantadores y carismáticos, pero es solo para formar negocios y cultos, los mortales rara vez se molestan en conocernos de verdad y, cuando lo hacen, no les gusta-.

-Pues, yo no soy demonio y es básicamente lo mismo para mi-le dio otro mordisco, haciéndolo gemir-Pero, quiero conocerlo y que usted me conozca-. 

-Lo que quieres es devorarme-.

-Eso también-.



Mientras compartían esa cama, esa pasión y hambre, en sus mentes no había preocupaciones ni inseguridades, no había nada ni nadie fuera de ese cuarto, el mundo era solo ellos dos. 


Aun así, de vez en cuando, se preguntaban porque el otro le gustaba tanto. Simplemente eran compatibles ¿No es así? Un par de criaturas inmorales que encajaban perfectamente, como piezas de un rompecabezas. 


Black Hat se sentía seguro en sus brazos, Flug era tan gentil o tan brusco como él pidiera, con él no se sentía pequeño, intimidado o usado. Finalmente su mente dejó de divagar y se permitió estar en el momento, disfrutarlo de verdad. 


-¿Puedo quedarme hasta el lunes?-.


El demonio rió, no podia decirle que no a esos grandes ojos negros. 


Tuvieron la no tan brillante idea de ducharse juntos, Black Hat nunca había considerado que su piel de serpiente podría resultar un problema para ese tipo de cosas. 


-Se resbala como un pez-. 


Flug, tras muchos intentos, en los cuales ambos casi habían caído al suelo, decidió que lo mejor era sostenerlo contra la pared, con las manos en su trasero, por supuesto. 


-Si nos resbalamos de nuevo y te rompes algo, no me hago responsable-. 

-Tomaré el riesgo-dijo, acariciando la suave piel enjabonada.


Se apartó para poder admirarlo, la piel negra brillaba, era casi iridiscente ¡¿Cómo podía ser tan hermoso?! Lo volvía loco y lo hacía sentir estúpidamente afortunado. 


Black Hat no decía nada, pero lo admiraba también. Le gustaban todas sus imperfecciones y sus manos ásperas que lo sostenían con tanto cuidado, como si fuese algo valioso. 


-Me siento privilegiado-admitió el pelirrojo, lavándole el cuerpo, recorriendo su figura entera. 

-Yo también-ronroneó.

-¿Por qué? No soy la gran cosa ¿No le parece? Usted es perfecto y es un noble, tiene estatus, dinero y prestigio, yo solo soy un Nachzehrer y un estudiante de ciencias-se encogió de hombros. 

-No soy la gran cosa entre demonios, aún no...-negó-Nunca me han tratado tan bien-ocultó su rostro en el espacio entre el cuello y el hombro de Flug y negó de nuevo-Mi especie es cruel, en especial cuando se es joven-.

-¿Y los mortales?-ahora Flug lo acariciaba con ternura, ya no era un momento de lujuria.

-Soy un objeto, incluso si me admiran, incluso si me adoran como a un dios, soy un objeto del cual obtener beneficios-.

-Bueno, no es un objeto-suspiró-Es extraño, creo que si usted fuese, no se...Mi Jefe-rió-Le tendria respeto y todo eso, ciertamente creo que le tendría mucha admiración, le tengo mucha admiración-sonrió-Pero, aun asi quiero conocerlo como persona, no solo como alguien poderoso o intoxicantemente bello-. 


Black Hat simplemente sonrió, feliz y complacido. 


Fue un fin de semana maravilloso sin duda, una mezcla de lujuria y vida doméstica, se sentían cómodos, como si llevarán años juntos. 

Repartieron las horas entre sexo, acurrucarse en la cama o el sofa, solo hablando o mirando television, ordenar la casa, cocinar... 


Era irreal y tan agradable, no querían que terminara. 


Pero llegó el lunes y debía terminar. 


-Nos veremos luego ¿Verdad?-.

-Hn, ya veremos...-ronroneó, divertido con molestarlo. 


Estaban íntimamente abrazados, nada deseosos de separarse, pero debían. 

Flug lo soltó de mala gana y le dio un breve, rápido, beso antes de partir hacia su propio hogar. 


Black Hat lo miró partir y sintió una profunda, amenazante, incertidumbre. 


¿Por qué no podía simplemente quererlo? ¿Era capaz del sentimiento en primer lugar? Sabía, a pesar de su orgullo y fría fachada, que deseaba ser amado, pero ¿Podía amar? ¿Era eso lo que sentía por él o era un simple capricho? ¿Y qué era lo que sentía por Mr Hatfield?


Quizás era solo su juventud, pero no podía decidir, se sentía perdido. Al mismo tiempo la había pasado tan bien esos días, que tener dudas se sentía incorrecto. 

Normalmente, para una criatura retorcida como él, tomar decisiones era fácil. Cuando quería algo, lo tomaba. 


Pero... Pero su corazón era diferente. Una cosa era su ambición, su crueldad, su deseo de expandir su poder, influencia y maldad. 

Otra, muy diferente, era lo que había en su pecho, ese anhelo secreto. Eso que aún era suave y vulnerable.

Su pobre, frágil y marchito corazón, hambriento de compañía, cansado de la soledad. 


Y tenía miedo.


Le temía al rechazo, a que le hicieran daño, a mostrarse, tal cual era, y ser despreciado por ello.


No podía evitar pensar “¿Y qué tal si no le gusta como soy?” 

Ser inseguro era un sentimiento inusual para él, pero no podía evitarlo. 


Sin embargo, se permitió ser indulgente consigo mismo, Flug le gustaba y punto. Así que continuo con ello, cada fin de semana lo dedicaban el uno al otro y cada vez se sentía mejor, cada vez parecía ser el camino correcto y aun así...



-¿Que te tiene tan pensativo? My Dear-.


Black Hat llevaba un rato con la vista en un montón de exámenes, pero no había podido calificar nada, se sentía perdido. 

En algún momento el tiempo había pasado volando y las vacaciones estaban aproximándose. 


Hatfield no había vuelto a acercarse a él, al menos no de forma tan indecorosa como la última vez, pero de vez en cuando Black Hat se encontraba pensando en él, un pensamiento intruso, ese hombre se colaba en su cabeza sin permiso, como una plaga. 


Era en momentos como ese, las largas horas de silencio, mientras escuchaba las aves cantar y disfrutaba del fresco ambiente del salón. 

Ahí era cuando Hatfield se asomaba en su mente, con su galanura, su aroma varonil, sus palabras elegantes y venenosas. 


Tenían mucho en común. La ambición, el gusto por codearse con los nobles y adinerados, la elegancia y la madera para los negocios. 


Eso era lo que le gustaba de él. 


Con Flug se divertía, pasaba tiempos joviales y dichosos. 


Con Hatfield ¡Oh, ese pensamiento venenoso lo atormentaba! Con Hatfield podía tener un futuro. 


¿Qué hacer? ¿Debía ir por quien lo hacía feliz? ¿O por quien era conveniente?


Nada decía que con Flug no podía tener un futuro también, así como nada decía que no había felicidad en un futuro con Hatfield. 


-My Dear...-lo llamó de nuevo, con más firmeza.

-Lo siento- lo miró-¿Necesita algo?-. 

-Tengo una propuesta para ti-lo tomó del mentón.

-¿Qué clase de propuesta?-suspiró, frunciendo el ceño.

-Oh, no me mires así, como si estuviese haciendo algo inapropiado-sonrió-Ven a pasar el verano conmigo, My Dear, tengo una casa en la campiña inglesa, te encantará-.

-Mr Hatfield, yo...-.

-No eres exclusivo de ese niño ¿O si?-alzó una ceja.

-No, pero...-.

-Entonces no veo porque rechazarme-sonrió. 


Era cierto que él y Flug no habían formalizado nada, pero aun asi no sabia que decir.


-Lo pensaré, Mr Hatfield-. 


Mientras Flug no podía sentirse ni más feliz ni más enamorado. 


¡Lo adoraba! ¡Adoraba a ese demonio con todo su ser! 


-... Solo quiero abrazarlo todo el día, Shisui, ay es tan adorable-suspiró, apenas tocando su comida de tanto hablar sin parar de Black Hat. 

-Ya, te gusta mucho-rió-Pero come por favor, cocine eso para ti-. 

-Si, lo siento-sonrió bobamente. 


Él y Shisui siempre conversaban a la hora del almuerzo y no era raro que el pelinegro le regalara comida, eran los típicos bentos japoneses, con su comida bien acomodada y decorada, como si Shisui lo hubiese hecho para un hijo suyo. 

Le gustaba ese lado maternal del otro, sentía que siempre podía contarle sus cosas. 


-¿Crees que quiera venir de vacaciones con nosotros?-.

-Hn...-Shisui agachó las orejas de lobo, rogando que su presentimiento fuese erróneo, aunque rara vez lo eran-Le gusta tomar el sol, yo diría que si-rió-Pero, dudo mucho que ustedes dos vean mucho la playa-. 

-Tú tampoco dejarías nunca la cama si tuvieras a alguien tan delicioso-suspiró de nuevo, con anhelo. 

-¿Lo quieres Flug? ¿De verdad?-.

-¿Por qué me preguntas? Sabes que si-.

-Lo sé-asintió.


Se separaron luego de eso. De hecho, Flug no estaba muy seguro de que hacía Shisui en la Universidad, solo tomaba clases de finanzas, si es que a lo que hacía se le podía llamar estudiar. Ciertamente no parecía del tipo que le gustaba el ambiente académico, en cualquier caso Shisui encajaba más en la facultad de artes, pero Flug nunca le cuestiono nada, le gustaba su compañia. 


Pasó el resto del día entre clase y clase, no teniendo mucho tiempo de pensar en nada más, hasta que, andando por los pasillos, se encontró con Cecilia.


Siempre intentaba evadir, no le tenía odio como a Herbert, solo estaba decepcionado de ella.

En aquel entonces la había considerado su confidente, le había contado todo lo que Herbert le había hecho, como lo humillaba y maltrataba, pero Cecilia había hecho oídos sordos y se había metido con él.

Se preguntaba si también la trataba mal, si también le pegaba. De seguro si.

No le importaba, en lo que a él le concernía, Cecilia se lo había buscado ella solita. 


-Hola, Kenny~-.

-Mi nombre es Flug-frunció el ceño y aceleró el paso, intentando evadirla. 

-Ay, no seas así, Kenny-la chica se interpuso en su camino y lo envolvió entre sus brazos.

-¿Qué es lo que quieres? Cecilia-quería empujarla, pero se resistió a ello, lo último que necesitaba es que lo acusaran de agresión. 

-Un besito~-dijo, mordiéndose el labio inferior. 


Flug no tuvo tiempo de nada, Cecilia lo beso sin permiso, apartando la bolsa y juntando sus labios. 

Ahora sí, Flug la empujó, aunque era un poco tarde...


-Black Hat...-.


Ahí estaba el demonio, mirándolos fríamente. 


-Black Hat, no es lo que parece-negó con cabeza y manos, sintiéndose estupido por decir aquello, aunque era verdad.


El demonio avanzó hacia ellos, miró a la chica que se levantaba del suelo con desprecio


-Largo-le bufó.


Cecilia no dudó en salir corriendo.


Luego miró a Flug, con algo difícil de descifrar.


-Ya se que no es lo que parece, Flug-se detuvo ante él, su postura firme, con sus manos entrelazadas tras la espalda-Lo que sí parece, es que tienes muchas opciones-.

-Cecilia no es una opción-negó, asustado de su postura y su tono-Ella ya no me gusta-.

-¿Y qué hay de tu otro ex? Herbert-.

-Mucho menos él-negó de nuevo, enérgicamente.

-¿Y qué hay de todos esos amantes que tienes?-.

-Son solo eso, Black Hat, además no he estado con nadie más desde que empezamos a salir-lo miró, temeroso-¿Por qué me cuestiona todo esto?-.

-Porque yo también tengo opciones y no se que decidir-admitió, bajando levemente la mirada-Y... Creo que para ti, cualquier otro es mejor que yo-.

-¿Qué?-rió, incrédulo-No, claro que no...-acortó la distancia y le tomó el rostro entre sus manos-Me gusta usted-.

-No quiero causarte problemas, Flug-lo sujetó de las muñecas y les dio una caricia antes de apartarlo-Hay cientos de cosas que puedo ofrecerte, pero también hay cosas que nunca tendras conmigo, no quiero que, a la larga, seas infeliz-. 

-Profesor...-.

-Nunca había deseado eso para nadie, felicidad-sonrió amargamente-Y también, deseo mi propia felicidad y no se si es contigo o con alguien más, me encuentro perdido, incapaz de decidir-.


Flug lo miró, dolido, adivinando a donde iba todo ese discurso.


-Y supongo que quiere sopesar esas “opciones”-dijo con creciente enfado. 


Black Hat asintió.


-¿Hatfield?-.


El demonio asintió de nuevo. 


-¡¿Va a dejarme por Hatfield?!-.

-No tenemos nada formal tu y yo, Flug, no te estoy dejando-le contestó, indignado por sus gritos. 

-¿¡Pero, por Hatfield!?-por su tono se notaba que estaba al borde del llanto.

-Flug...-Black Hat intentó calmarlo, explicarle, pero Flug lo apartó de un manotazo.

-Haga lo que quiera, es lo que me gano por meterme con mi profesor-tembló en su sitio, furioso consigo mismo y sintiendo su corazón hacerse añicos.


Black Hat no sabía qué decirle, no tenía compromisos reales con él, no le debía nada, mucho menos explicaciones, le estaba haciendo una cortesía al avisarle.


-Nos vemos, Flug-fue todo lo que dijo, para luego desaparecer en humo negro.



Flug lloró y lloró, amargo y roto. Shisui lo sostuvo entre sus brazos, cariñoso y maternal, hasta que tuvo suficiente. 


¡Snap! 


Con un chasquido desapareció, con Flug y todo, y reapareció en el aula donde Black Hat estaba dando clases.


-¡Voy a despellejarte y convertirte en un par de zapatos!-le gruñó, mostrando los colmillos, las orejas pegadas al cráneo, la cola erizada. 

-Shisui, no vale la pena-Flug intentaba detenerlo, sujetándolo de la cintura con todas sus fuerzas, siendo arrastrado por la fuerza del otro. 


Black Hat abrió la boca, pero no dijo nada, estaba igual de anonadado que sus alumnos allí presentes. Nunca había visto a Shisui tan furioso. 


-¡Zapatos y un bolso!-gritó, luciendo como un perro rabioso. 


Shisui fue expulsado por amenazar a un profesor, Hatfield lucía particularmente feliz de deshacerse de él. 


Flug, simplemente, completó los exámenes que le faltaban y no se molestó en asistir los últimos días. 

En cambió subió con Shisui a una camioneta prestada y fueron juntos a una casita en la playa. 


Era lo único de valor que Flug poseía. Una casita acogedora que daba al mar y a cielos despejados. 


Allí había pasado sus únicos momentos felices de la niñez, buceando en las aguas claras, volando papalotes, rodando en la arena cálida, incluso había disfrutado de los días de lluvia, cuando se ponía frío y se preparaba un chocolate caliente para el solito. 


Había querido llevar a Black Hat con él y agregar nuevos recuerdos, compartir pasiones calidas bajo el sol, pero había sido abandonada tan de repente. 


-No tenias porque venir, Shisui, se que odias el mar-suspiró, dejando su mochila en el suelo.

-No voy a dejarte solo-negó-Además, no me gustara el mar, pero me gusta limpiar-se arremangó-Tu descansa, dejaré todo reluciente para la noche-. 

-Ok-.


Flug, sin muchos ánimos, se cambió y fue a instalarse a la playa. El sol pegaba con fuerza, pero él se mantuvo bajo la sombra del parasol, sentado en su toalla, abrazándose las piernas. 


Se sentía miserable, sentía como si le hubieran arrancado el corazón. 


Black Hat no era su propiedad y, realmente, no tenía derecho a celarlo, pero...


¡¿Pero por qué tenía que ser Hatfield?! ¡¿Y por qué así tan de repente?! 


¿Había hecho algo mal? ¿Black Hat se había aburrido de él?


Se quedó ahí, escuchando el mar, sumido en sus pensamientos, hasta que llegó la noche y Shisui lo llamó desde la casa. 


-La cena está lista-le dijo con voz cantarina.

-Gracias, Shisui-Flug se sentó a la mesa, aunque no tenía mucha hambre. 


Shisui nada más le sonreía, podía sentir todo lo que Flug sentía, ser empático era una maldición, pero no se quejaba, nunca lo hacía. 


-Te prepare tu favorito, no creo que lo extrañen-señaló la carne al horno con papas sobre la mesa.


Flug no pudo evitar reír. 


-Con suerte no-. 


Flug se mantuvo callado tras eso y Shisui respetó ese silencio. En cuanto vació el plato se puso de pie, dispuesto a irse a dormir.


-Deja los platos, los lavaré mañana temprano-le dijo al pelinegro.

-Está bien-asintió este.


Ambos subieron las escaleras hacia los cuartos, Flug estaba a punto de entrar al suyo, cuando Shisui lo detuvo.


-Espera, quería preguntarte algo...-entró a su cuarto, que era contiguo, y regresó al instante con algo en brazos-Me lo encontré en el ático ¿Puedo quedarmelo?-.


Flug miró aquella...cosa. 


Parecía una marioneta, con una sonrisa y unos ojitos muy peculiares. No lo había visto en su vida. 


-No sé de dónde habrá salido, supongo que puedes quedártelo-asintió.

-¡Yeay!-Shisui estrujó la marioneta-¿Ya escuchaste? Wally Darling, vendrás conmigo, en cuanto te saque todo ese polvo te veras muy guapo~-. 

-Ay, Shisui, que raro eres-negó, riendo-Buenas noches-.

-Buenas noches-. 


Flug despertó al día siguiente, pensando que tendría un dia normal en la playa, quizás podría distraerse, divertirse, en vez de pensar en Black Hat. 


Lo primero que se encontró fue ese títere girando en la lavadora. Flug lo miró girar como loco, un borrón de colores, sus zapatos haciendo fuertes ¡Thud! ¡Thud! ¡Thud! contra el tambor metálico. 


Notó que eran negros y blancos, como los de Black Hat. Una simple casualidad, pero trajo al demonio de vuelta a su mente y, de seguro, se quedaría ahí el resto del día. 


En fin, por lo menos hacía buen viento, podría volar un papalote por un rato. Tenía una colección que cuidaba con mucho mimo, así que eligió uno, lo descolgó con cuidado del techo y salió a jugar un rato. 


Mientras Shisui colgaba al pobre Wally del tendedero, observó a Flug ahí en medio de la playa, volando su papalote con clara melancolía. 


A él y a Black Hat los amaba mucho, quería verlos felices y entendía el dolor de ambos, realmente no podía ponerse del lado de ninguno pero, en ese momento preciso, estaba enojado con Black Hat. 


-Va a regresar llorando muy pronto-le dijo a la marioneta, que lo miraba con una sempiterna sonrisa y ojos perezosos y coquetos-Y yo sentiré su dolor como mío-se tocó el pecho-Pero no puedo quejarme, porque mi dolor es el suyo, sería como quejarse con un amputado de haberme cortado un dedo-rió.


Los días pasaron y Flug simplemente iba con las emociones. Estaba deprimido. 

Iba a nadar, a pescar, volaba sus papalotes y sus aviones a control remoto pero, en realidad, no disfrutaba de nada de ello.


Se sentía miserable y solo. 


Black Hat le había dado tanta dicha, solo para arrebatarsela cruelmente y de golpe, desarraigandola de su corazón como una mala hierba, dañandolo en el proceso. 


Y aun así, no podía odiarlo.


Lo amaba demasiado. Leal e irremediablemente devoto. 


¿Qué más podía hacer aparte de lamentarse? Había pensado seriamente en ir al mar y dejar que se lo tragaran las aguas, que las olas se llevaran sus penas. 

Lo habría hecho de no estar Shisui, estaba seguro de que el Brujo iba a arrojarse a salvarlo y al pobre la aterraba el mar, no quería hacerlo pasar por eso. 


Con todo eso pasó un mes y Flug ya llevaba unos días sin querer levantarse de la cama, su pena cada vez mayor.


-¡Levántate, Flug!-Shisui entró a su habitación con estruendo, alegre-¡Vamos!-. 


Con un movimiento, le dio vuelta al colchón y Flug cayó rodando.


-¡Shisui!-le reprochó, poniéndose de pie de un salto. 

-Vamos, vamos...-lo empujó, guiandolo fuera de la habitación, hacia el baño-Date una ducha, arréglate un poco-sonrió.

-¿Por qué debería?-dijo, dejándose arrastrar de mala gana.

-Porque él viene hoy-dijo como si nada, dándole un último empujón, obligándolo a entrar en el baño. 


Shisui cerró la puerta y Flug se quedó solo. 


Se duchó de mala gana ¿Que le hacía pensar a Shisui que quería ver a Black Hat?


Quería verlo. 


Pero no sabía que haría cuando lo hiciera. 


Se encontró con Shisui en la playa. Siempre que estaba cerca del mar, a Shisui se lo notaba más pálido que de costumbre.


Estaba bajo el parasol, manteniendo la distancia, mirando la arena. 


-Ay, Shisui ¿Tienes que traer esa cosa a todos lados?-suspiró, viendo que, a su lado, estaba aquella marioneta.

-Aún no puede caminar por su cuenta-le contestó en tono misterioso. 


Flug prefirió no preguntar y se sentó a su lado.


-¿De verdad va a venir hoy?-.

-Si, en un rato-sonrió-Relájate-.


Jugó ansiosamente con sus manos ¿Qué haría? ¿Le gritaría? ¿Intentaría agredirlo? Tal vez Black Hat se lo merecía, pero no quería hacerle daño. 

De hecho, estaba preocupado por él, llevaba un mes sin saber de su paradero ¿Estaba bien? 

En todo ese tiempo no hubo llamadas ni mensajes, ni para él, ni para Shisui. Le preocupaba lo que Hatfield pudiera estar haciéndole...


¡Oh, cómo lo amaba! ¡¿Por qué su corazón debía ser tan blando?!


¡No quería verlo, no quería perdonarlo, no quería amarlo de nuevo!


¡Oh, pero ahí estaba! ¡Su inconfundible figura en la distancia!


-¡Black Hat!-Flug se levantó con torpeza de la arena, corrió hacia él, se tropezó consigo mismo, volvió a ponerse de pie y siguió corriendo con los brazos abiertos y una gran sonrisa ocultaba bajo la bolsa-¡Black Hat!-.


El demonio no tuvo tiempo de nada, Flug lo derribó contra la suave y cálida arena, abrazándolo con todas sus fuerzas.


-Black Hat...-le acarició las mejillas, quería besarlo entero-Black Hat-pronunció más duramente, recordando que estaba enojado con él. 

-Lo siento-fue todo lo que dijo, mirándolo a los ojos. 


Black Hat esperaba que Flug lo golpeara, se lo merecía, pero en cambio este lo ayudó a ponerse de pie y lo abrazó, rodeando su cintura, como solía hacer siempre. 

El demonio hizo lo suyo, pasando sus brazos sobre los hombros del otro, poniendo sus rostros muy cerca. 


-Lo extrañe, pero sigo enojado con usted-le acarició la espalda con gentileza.

-Te lo compensaré-ronroneó, estremeciéndose, ansioso. 


No necesitaban más palabras, Flug lo tomó en brazos, estilo nupcial. 


-Nos vemos luego, Shisui-le dijo, caminando hacia la casa.

-Como en tres días-rió el demonio. 

-Diviertanse-Shisui rió también, despidiéndose con un gesto.


Flug lo dejó con cuidado sobre la cama y se apartó solo un momento para cerrar la puerta. 

Black Hat se quedó ahí, expectante y dócil. 


Por su presencia sobre él, ese aire de depredador furioso, sabía que Flug quería desquitarse. Podía hacer lo que quisiera, le gustaba esa combinación de excitación y miedo.


Lo ansiaba.


Quería que Flug lo devorara completo, que inundara sus sentidos de dolor y placer y le hiciera olvidar sus penas. 


Quería sentirse amado de nuevo. 


Y Flug le dio gusto, porque se desquito con él, rudo y dominante, haciéndolo gemir y estremecer de pies a cabeza, lo hizo rogar y suplicar por más. 


Pero también, cuando Black Hat en medio del éxtasis, le rogó por cariño y afecto, se le concedió sin dudar. 

Le ofreció cariño y caricias tiernas, un ritmo lento y dulce. 


Black Hat se sentía en las nubes. No podía hacer mucho más que aferrarse a él o a las sábanas y gemir, pero era tan dichoso con ello.


Se sentía amado. Valorado. 


No importaba si era rudo o gentil. 


Flug le hacía el amor y era el único en haberlo hecho nunca. Con él no era solo sexo, era romance y pasion. Flug era un amante generoso y Black Hat adoraba eso de él. 


-Quiereme, amame-le rogó, exhausto, jadeando. 

-Lo hago-Flug lo acarició con ternura, dándole consuelo-Lo amo mucho-. 


Tras eso durmieron por horas, íntimamente abrazados, como si temieran que el otro fuese a escapar o desaparecer. 

Despertaron, se dieron un baño y comieron algo ligero, para luego volver a la cama y repetir todo de nuevo. 


Era como si quisieran compensar el mes perdido. El tiempo lejos habia sido tortura. 


La noche del tercer día tuvieron suficiente, así que solo se dedicaron a dormir. El fresco del mar entraba por la ventana, permitiéndoles abrazarse a gusto. 


Pero Black Hat no podía dormir...


Apartó al otro con cuidado y salió de la casa. No vestía más que una camisa de Flug, pero no importaba mucho a esas horas.


Caminó sobre la arena fina y fría. Paseó por la orilla del mar, las olas apenas rozando sus pies descalzos. 


Había cometido un error, había tomado la decisión equivocada.


¡Oh, pero estaba tan feliz de que Flug lo había aceptado de vuelta!


No se merecía su cariño. 


Miró la extensión del mar, la luna iluminando con su luz gentil. Evocaba soledad. 


Casi había perdido algo valioso por un capricho. 


Pudo haber terminado solo de nuevo. 


Quería llorar, pero no lo hizo porque unas manos lo rodearon desde atrás, apretándolo con ternura y sacándole un leve suspiro.


-Flug...-.

-¿No puede dormir?-le habló al oído. 

-No-acarició las manos que le sostenían el vientre y sonrió-¿Y tu?-.


Flug soltó una risita.


-Me imagine que vino a dar un paseo e iba a dejarlo, pero me levanté a tomar agua y esa condenada marioneta me dio un susto de muerte, no creo que pueda volver a dormir-. 

-Lo vi, está ahí sentado en el sofá-rió-Creo que lo vi parpadear-. 

-Shisui dice que debería de poder moverse por su cuenta pronto-negó-Es perturbador-.

-Ay, Flug, primero ten en cuenta que tienes entre tus brazos antes de criticar-. 


Ambos rieron y luego se quedaron en silenció. No se dijeron nada por un largo rato, solo escuchando el mar, intercambiando una caricia ocasional. 


-Flug...-.

-¿Hn?-. 

-Te amo-.


El pelirrojo sonrió, feliz y orgulloso de sí mismo.


-Yo también lo amo-.