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martes, 7 de febrero de 2023

PaperPunk Cap 10: The Sickness (The Bond)



Los siglos que siguieron fueron dicha, cuando había paz el Infierno era, de hecho, un lugar hermoso.

Flug era feliz, en la biblioteca tenía todo el conocimiento del mundo al alcance de sus manos, habido y por haber. 

Había lugares fascinantes que visitar y largos días en los que no había nada que hacer más que pasar su tiempo con Black Hat. 


Querían aprovechar al máximo esos años que les quedaban, tanto como se pudiera. 

Lamentablemente, los complots y la guerra habían reducido ese tiempo a menos de la mitad, para Black Hat aquello era un pestañeo, un tiempo tan breve, tan efímero y doloroso. 


Cada vez que pensaba en ello, en el paso de las horas, los días, los años...Le dolía el pecho, tosía sangre y de esa sangre nacían rosas. 

Eran las flores más bellas, tan rojas como la sangre de las que habían nacido, exquisito e intoxicante aroma, en el centro se escondía una boca de afilados colmillos. Eran tan hermosas como letales, su veneno tan potente que el solo oler su perfume podía causar la muerte. 


Era la maldición de Hatfield.


Mientras más tiempo pasaba, mientras más próxima era la muerte de Flug, más enfermo se sentía el demonio, en su corazón estaban creciendo espinas, manifestación de su amor, su angustia, su duelo. 


Los nobles del Infierno estaban preocupados, Black Hat había resultado ser un buen líder, un digno sucesor de su padre, temían por la vida de su joven gobernante, pero nadie sabía cómo deshacerse de la maldición, pues Hatfield la había inventado en el momento. 


Había días especialmente malos en los cuales Black Hat no podía levantarse de la cama, los mismos días en los que a Flug se le notaba el cansancio de los años. 

El doctor no había envejecido un día, pero a veces se sentía cansado y, en consecuencia, hacía a su demonio enfermar.


-Lo siento, Jefecito-.

-No pasa nada, no te preocupes-.


Estaban ambos en la cama, en su habitual abrazo íntimo, mirándose a los ojos. 


-De hecho, está bien-agregó, acariciándolo con ternura-Es ...Es como envejecer juntos-.


A Flug se le escapó un sollozo, Black Hat tenía una forma tan especial de ser romántico. No quería llorar y arruinar el momento.


-Oh, Jefecito-lo besó, un leve mordisco-Tan cursi-.

-Agh, luego te quejas de que no te digo cosas lindas-rodó su ojo, divertido-Pero lo digo en serio, siempre quise crecer contigo, estoy cansado de ser inmortal-.

-Black Hat...-.

-Incluso si pierdo mi poder y mis memorias, incluso si empiezo de cero, las cicatrices siguen ahi, los eones de dolor y trauma siguen ahí, sin importar que haga siempre debo verte morir-le apartó el cabello del rostro y le acarició las mejillas-Y esta maldición no va a cambiar nada, pero al menos puedo pasar este dolor contigo-.


Flug lo abrazó con fuerza y se permitió llorar. Black Hat hizo lo mismo. 


Mientras tanto, Shisui estaba preocupado. No tenía cómo sanar a Black Hat, le preocupaba que muriera de verdad y él, a diferencia de Flug, nunca podría reencarnar. El demonio no tenía un alma tal cual, no había nada que Shisui pudiese recolectar y poner cuidadosamente en un sitio nuevo, como hacía con los mortales y otros seres con almas. 

¿Entonces que? ¿Iba a sufrir por el resto de sus días? ¿Aun más de lo que lo hacía habitualmente?


Sabía que la presencia de Flug mitigaba su dolor, pero en cuanto este se fuera iba a ser pura agonía ¿Que podía hacer?


Shisui se paseaba por su hogar, de un lado a otro, como animal enjaulado...


-Oh...Supongo que podría preguntarle-sonrió.


Busco un rincón de sombras y metió la mano. Como un mago sacando un conejo de su sombrero sacó, de entre la oscuridad, a Hatfield. 


-Buenos días, querido-lo saludó-¿La pasaste bien en mi limbo?-.

-No-el hombre frunció el ceño-¿Qué quieres? ¿Es que al menos no tengo derecho a dormir?-.

-¿Tenías un buen sueño? Lucian-lo jaló y lo sentó en un sofá.


Hatfield llevaba todo ese tiempo encerrado en un vacío, Shisui a veces le hablaba, quizás porque le daba lástima su soledad, pero aparte de eso no podía hacer mucho más que flotar por ahí y dormir. 

El dios, compasivo, le preparó una taza de té y unos pastelillos.


-Soñaba con August-admitió, intentando que no se notara cuanto ansiaba probar bocado. 

-Me lo imaginaba-se sentó ante él, sonriente-De hecho, de eso quería hablar-.

-Déjame adivinar, quieres que te de la solución a la maldición que le impuse a My Dear a cambio de que me dejes reencontrarme con August ¿Verdad?-sonrió apenas y tomó un sorbo de té.

-Sabelotodo-rió-Si, esa es exactamente la idea-.

-Está bien-asintió-Pero también quiero mi libertad-.

-Por supuesto-.

-Ok, es de hecho bastante simple, primero Black Hat debe olvidar quien es, eso es fácil, lo ha hecho antes, debe olvidar a Flug también, entonces en su nueva vida, debe enamorarlo de nuevo-.

-¿Por qué?-.

-Porque me preguntas algo que ya sabes, dios de la luna-alzó una ceja-¿A qué juegas?-.

-Oh, solo dejo que las cosas sigan su curso, Lucian-suspiró-Pero, también, quería confirmarlo nada más-. 

-Pues ya sabes-. 


Así que, en realidad, el plan era el de siempre. Flug iba a morir y Black Hat iba a llorar, lloraría tanto que su pena ahogaría el mundo, a sí mismo, lavaría sus memorias y se llevaría su poder en la corriente. 

Entonces empezaría de nuevo, en otra parte, donde Flug estaba esperando.


Pero había una importante diferencia, la maldición. 


Por ahora, la misma no estaba en completo efecto, porque Flug estaba ahí, haciendo fuerte ese corazón que era, secretamente, tierno y frágil. En soledad, en cambio, la maldición estaría con todas fuerzas, encerraría su corazón en una cárcel de espinas, más duro e inalcanzable que nunca y, si Flug no lo amaba, si lo rechazaba, las espinas iban a matarlo. Black Hat iba a morir, de verdad, para siempre. 


Sin embargo, era también la clave de su sanación. Las maldiciones eran algo caprichoso, con sus reglas, trucos y excepciones.


Era como en los cuentos de hadas, el verdadero amor rompería la maldición, el problema era que Black Hat había encontrado ese amor mucho antes de ser maldecido, así que en vez de sanarlo solo mitigaba sus efectos, por eso debía empezar de nuevo. 


-Ya te di lo que querías, toca mi parte-.

-Oh, claro-Shisui nada más sonrió, la voz de Hatfield lo había sacado bruscamente de sus pensamientos-¿Y qué harás?-.

-Creo que me portaré bien por un tiempo, estoy cansado, ya veremos luego-sonrió, malicioso.

-Eres cabeza dura, en fin...-chasqueó los dedos y alguien más apareció en el cuarto. 

-¿Qué? ¿Dónde?-el Nephilim miró a todos lados, su rubia cabeza casi rozando el techo.

-¡Darling!-Hatfield fue corriendo hacia él y, de un salto, quedó colgando de su cuello.

-¡¿Darling?!-August lo sostuvo por puro instinto, mirándolo con profunda sorpresa y confusión.

-Tenle paciencia, Nephilim, pasar tanto tiempo en mi limbo le revolvió un poco los sesos, ya se le pasara-Shisui reía para sí mismo, ese par era tan despreciable, pero le resultaban entretenidos. 

-Vamos a casa, Darling~-.

-Llevalo a casa, Darling~-se burló Shisui.

-Este hombre no es mi responsabilidad-objetó el rubio, un ligero tic bajo uno de sus ojos.

-Haz de cuenta que llevas a casa un malvado, extraviado, gatito-suspiró-Eso es ¿No es así? ¿Una mascota?-.

-Ugh...Bien como sea-August aceptó aquello de mala gana, cargándose a Lucian sobre la espalda, a caballito-Aun estoy enojado contigo, Lucian, me prometiste que tendría a Ragna-le reclamó.

-Lo obtendremos la próxima vez, Darling-sonrió, ocultando el afilado rostro entre los cabellos dorados.


El Nephilim, incierto, rodó los ojos y desapareció de ahí junto con Hatfield. 


El Infierno empezó su preparaciones, pasarían un largo tiempo sin gobernante, así que muchas cosas debían ser puestas en orden. No era tan malo, tanto Lucifer como Seto solían ausentarse también, si su nuevo gobernante prefería vivir entre los mortales, una nueva vida cada vez, no les molestaba. 


Un día, finalmente, el tiempo de Flug llegó a su fin. 


Una muerte pacífica en los brazos de su esposo, despedido con un beso, su último suspiro inmediatamente seguido de un crudo lamento. 


Black Hat lloró por días, su pena creando tormentas, lloró hasta quedarse sin voz, hasta agotar sus fuerzas, hasta dormirse, exhausto. 


Aun asi, las lagrimas no se detuvieron, ahogaron todo a su alrededor, hasta que su cuerpo se hundió en un mar de su propia creación, el mar de lágrimas se llevó sus recuerdos, su pena, su poder, lo mando a navegar, durmiente, a un mundo nuevo, allí donde Flug lo esperaba. 


FIN~

sábado, 4 de febrero de 2023

PaperPunk Cap 9: The Throne (The Emperor)

 


“Tap, tap, tap”

Resonaba suavemente, uñas afiladas sobre el cráneo metálico que decoraba los apoya brazos del trono. El amplio vacío de la sala hacía eco.

Una corona había reemplazado el sombrero, al menos por el momento, molestaba en sus siempre delicados cuernos, pero no podía quejarse. 


Detrás suyo, oculto entre las sombras, estaba Hatfield, sonriendo de oreja a oreja. 


-Bien hecho, My Dear-dijo, casi ronroneando-Ahora, moldeemos este lugar a mi gusto ¿Que te parece?-.

-Como si me pudiera negar-gruñó suavemente.

-¡No seas insolente!- lo tomó de los cuernos y lo arrojó al suelo-Estoy harto de tu actitud, My Dear-le dijo, sonriente, sosteniendolo contra el frío suelo.


Black Hat no le dijo nada, solo ladeo el rostro. 


-Te he tratado demasiado bien ¿No es así? Quizás debería darte un castigo o, mejor aún, dejar que August juegue contigo un rato-. 

-Eso no...-.

-Entonces háblame con respeto-. 

-...-el demonio lo miró con profundo desprecio-Estoy harto de ti, haz lo que quieras, Hatfield-.


El hombre torció el gesto con disgusto y le dio un bofetada, de nuevo el sonido hizo eco en la sala vacía.


-Solo estás frustrado porque no puedes tenerme sin forzarme y no puedes tener a August sin morirte-le espetó, siseando y retorciéndose, intentando escapar de su agarre-E, incluso si sobrevivieras a él, solo le interesas porque te pareces a mi-. 


Hatfield se mordió el labio con tanta fuerza que se hizo sangrar, las palabras del demonio y el sabor de su propia sangre lo hicieron ver rojo.

Pasó los siguiente minutos abofeteando a Black Hat, que no podía alejarse ni defenderse de él, no era que le doliera realmente, pero era humillante y solo quería que terminara pronto. 


Lucian se apartó por fin de él, agitado, las manos heridas. Al menos no había usado los puños o tendría los dedos rotos. 


Black Hat se puso de pie con lentitud, sentía la piel del rostro arder.


-¿Satisfecho? Mr Hatfield-.

-Bastante-suspiró, acomodándose la ropa-Tendrás una junta en un rato-.

-Lo se ¿Por que mejor no se retira? Mr Hatfield-le siseó con odio-Se perfectamente lo que tengo que hacer-.

-Más te vale-Hatfield se marchó sin más. 


Black Hat recobró la compostura y se sentó de vuelta en su trono, el rostro serio. 

Se creía mucho, ese Lucian B Hatfield ¿No es así? Y era cierto que Black Hat estaba, hasta cierto punto, bajo su merced. No podía desobedecerle, no podía mentirle, pero otros a su alrededor podían...


Miss Heed tenía influencia y, mientras Black Hat fingía obedecer, ella secretamente trabajaba para él, moviendo sus propios hilos, formando sus propias alianzas. 

Era útil que, para los demonios, los súcubos eran poca cosa y que, para Hatfield, una mujer no era algo de cuidado. Así que la chica podía trabajar en paz junto a Lilith, su séquito de súcubos y cualquier otro demonio que se les uniera. 


Era fácil, su talento natural, el susurrar al oído de otros y poner su influencia en ellos, así que poco a poco se hizo con todo el consejo de nobles, la corte real que seguía fielmente al nuevo gobernante y así, calladamente, todo mundo tenía un cuchillo en la espalda de Hatfield y él no estaba enterado en lo más mínimo. 


Esos nobles, de los que Black Hat se había ganado su confianza, fingían no saber de Hatfield, llevaban sus reuniones con naturalidad, aceptando lo que Black Hat decía sin rechistar y Lucian sonreía, creyendo que el Infierno era todo suyo. 


Hatfield era muy listo, pero tendía a confiarse demasiado, ya había cometido ese error una vez y parecía cosa del destino el cometerlo de nuevo. 


-Le das demasiada libertad, Lucian, dámelo antes de que haga algo de lo que te arrepientas-.


Lucian miró al Nephilim, ahí parado, ese gigante insolente que no hacía más que exigir. 


-Aún tiene cosas que hacer antes de que te lo folles hasta la inconsciencia, August-.

-Lucian...-.

-¡Callate! ¡Está fuera de discusión! ¡Este plan es mío, no tendrías nada sin mi! ¡Así que deja de discutirme!-.

-...-August lo miró, ojos de frio acero-Estas celoso-.

-¿Celoso?-.

-Celoso de que lo prefiero-sonrió con crueldad-Celoso de que puedo hacerlo mío cuando quiera, sin trucos como haces tú, celoso de que siempre hay alguien antes que tú, sin importar en quien decidas fijarte ¿No es así?-.

-Callate, August ¿Tu que sabes? Si no sientes nada en lo absoluto-. 

-Incluso estas celoso del doctorcito, porque es el único que tiene el corazón de ese demonio, eres un humano vil que debe tomar todo a la fuerza, excepto por lo que realmente quiere, eso eso-le tomó el rostro con fuerza, una sola mano le alcanzaba para sujetar su rostro completo-No tengo sentimientos, eso es verdad, pero se de lo que hace turbios los corazones mortales, eso es de lo que me alimento, después de todo, tu corazón es oscuro, triste y delicioso, envenenado de pecados y odio-se saboreó-Es una lastima que seas humano, no más que un bocadillo-.


Hatfield lo golpeó con el bastón, quebrándolo, el Nephilim no se movió en lo absoluto.


-Y para ser alguien que fue capaz de encarcelar un dios, realmente no has aprendido a ser precavido-.


Lo miró con intriga, incredulidad y algo de miedo. No podía liberarse de su agarre. 


-¿A qué te refieres?-. 

-No te dire nada, estos asuntos entre demonios, humanos y dioses herejes realmente no me incumben, un dia me los comeré a todos, mientras pueden hacer lo que quieran-rió-Pero, ha sido divertido trabajar contigo, hasta ahora-. 

-¿Qué...?-.

-Nos vemos, Lucian-lo besó con inusual ternura y se esfumó, dejando a Hatfield completamente solo. 


En otra parte, lejos del anonadado Warlock, había un asunto que era, en efecto, entre demonios y dioses herejes. 


-Ya es hora de que te quite mis bichitos-Miss Heed sonrió con burla-Supongo que ya sufriste bastante y te necesitamos para el plan-.


Shisui le gruñó, llevaba todo ese tiempo encerrado, su inestable forma de lobo apenas caía en la jaula, no hacía más que lamentarse y vomitar madejas de hilos rojos y bichos retorciéndose, su mente era un lío, aunque a decir verdad siempre había estado un poco loco.


-Oh, no te enojes conmigo-rió-Era todo parte del plan, eso lo sabías ¿No es así?-.

-Aun así, Cecilia-le dijo con despreció-Mejor apurate, que aun me queda compasión, al menos que quieras que te trague viva-. 

-Si, si...-.


No era la primera vez que Hatfield veía su mundo derrumbarse como un castillo de cartas, esas que había acomodado tan cuidadosamente. 


-¡Es tu culpa!-le gritó al demonio, golpeándolo con su bastón-¡Es tu culpa que él se fuera!-.


Black Hat se protegía con los brazos sin protestar ni quejarse en lo absoluto, estaban solos en la sala del trono, o al menos eso pensaba Hatfield. 


-¿Qué pasa? Lucian ¿Te abandono tu querido?-.


Hatfield se quedó con el bastón alzado a medio camino, esa voz ¡No podía ser! Se giró a ver y...


¡Era ese dios! ¡¿Pero cómo?!


Se lo veía delgado y pálido, pero era él sin duda. 


-¿Que...Que haces aqui?-.

-Nada, Lucian, vine a ver el espectáculo-sonrió con dulzura y se sentó en el trono vacío-Lo que va a pasar, tiene toda mi aprobación-la sonrisa dulce se había vuelto cruel. 


Hatfield entonces notó que esa chica, esa súcubo, también estaba ahí.


-Vengan por él mis amores~-dijo con sonrisa triunfante, una mano en la cadera y otra señalando a Hatfield. 

-¿Qué...?-.


No tuvo más tiempo de decir nada, una horda de demonios entró de repente y lo subdujo sin esfuerzo, era más que él, más fuertes que él. 


-Veras, Mr Hatfield-Black Hat estaba ante él, postura firme, manos tras la espalda-No puedo romper mi contrato contigo, pero contratos entre demonios sobreescriben contratos con mortales-sonrió.


Hatfield abrió grandes sus ojos felinos, cayendo en cuenta de lo que pasaba.


-Hiciste un trato con ella-.

-En efecto-asintió-Ha estado trabajando para mi desde que nos dejaste juntos en ese calabozo-.

-Maldito...-.

-Este trono, es mío, Hatfield-siseó-Estos súbditos, son mios-lo miró con profunda crueldad y desprecio-Y vas a romper nuestro contrato si no quieres que te arranquen cada extremidad por el resto de la eternidad-. 

-No puedes...No te dejaré-se debatió entre todas las manos que lo sujetaban, en pánico. 

-Ellos me obedecen a mi, no a un simple humano, y mi orden fue que ignoraran todo lo que sale de tu sucia boca, incluyendo órdenes que impongas en mi, por más que les diga que se detengan, no lo van a hacer, al menos que rompas el contrato-. 


Lucian forcejeó vanamente un poco más, antes de agachar la cabeza ¡¿Por que tenia que estar pasando de nuevo?! ¡Había hecho todo a la perfección!


-Te libero-masculló- ¡Y te maldigo! ¡Te maldigo para que crezcan espinas en tu corazón! ¡Te maldigo! ¡Te maldigo! ¡Te maldigo!-.


Un demonio que le sujetaba la cabeza se la azotó contra el suelo, haciéndolo callar.

Black Hat, rostro serio, no comentó nada sobre sus últimas palabras, en cambio miró a Shisui.


-Haz lo que quieras con él, no me interesa-.


Shisui, furioso, se puso de pie, se transformó en un lobo enorme y se tragó a Hatfield de un bocado. 


lunes, 30 de enero de 2023

PaperPunk Cap 8: The War



Hatfield había participado en un par de guerras de joven, pero las guerras entre mortales, y más aún de aquellas épocas, palidecían ante lo que era una guerra entre demonios. 

Morir era difícil, así que las batallas eran largas y tortuosas, no sentían cansancio, así que podían seguir por días. 


En esos momentos, mientras revisaba planos y estrategias, se podían oír gritos y explosiones en la distancia, aquella carpa en medio del campamento era un lugar seguro, al menos por el momento. 


A su lado estaba August, sonreía como un loco, claramente ansioso y frustrado de no poder participar. Amaba la guerra, el olor a sangre, la oportunidad de castigar demonios a su antojo, pero Hatfield no se lo permitía. 


-¿Qué haces? Hatfield ¿Cosas?-.

-Si, cosas-.

-¿Cosas malvadas?-.

-Si- suspiró con fastidio-Cosas malvadas- lo miró-Si vas a molestar, mejor vuelve a la casa hasta que te llame, August-. 

-No, me gusta verte trabajar-sonrió-Mientras más de esto haces, más sabroso te vuelves-.

-Tú...-se sonrojó furiosamente, hasta las orejas-¡Callate!-le arrojó un libro, dandole entre los ojos. 

-¡Agh!-el rubio casi cae de la silla-¡Insolente!-le gritó, frotandose, le había dolido. 

-¡Gigante estupido!-.

-¡Ya verás lo que...!-August se le iba a tirar encima, pero entonces alguien entró a la carpa- Dulzura-.

-My Dear, ya volviste-.


Black Hat los miró a ambos con profundo desprecio ¿Por que no podían, al menos, llamarlo por su nombre? 

Se desplomó en una silla libre, completamente agotado, la ropa rasgada y sucia de sangre y barro. 


-Llegamos a un impasse, por hoy-suspiró. 

-Dame tu reporte y podrás ir a descansar-.

-Si, si-tomó una hoja y una pluma y se puso a escribir en silencio, los otros dos observandolo-Listo-se lo entregó a Hatfield-Con su permiso- se puso de pie nuevamente y se marchó.

-Se lo ve muy...¿Resignado?-.

-No te confíes con él, August, incluso cuando parece rendido a obedecer, siempre tiene un as bajo la manga, eso lo sabes por experiencia-.

-Bah, solo escapó de mí porque ese dios le ayudó en cada ocasión-. 

-Pues ya quitamos ese factor-lo miró con interés-August ¿A qué dios sirves exactamente?-.

-Yo fui creado antes de la Segunda Rebelión, así que mi dios ya no existe-negó-Soy el ultimo de mi especie, hijo de una raza de ángeles extinta, al servicio de un dios muerto-recitó fríamente-No cambia nada, lo que hago y lo que soy-. 


Lucian lo miró largamente, August estaba solo, pero parecía que realmente no tenía emociones suficientes para lamentar esa soledad ¿Sentía algo siquiera? ¿Algo más aparte de hambre, odio y lujuria?

-Ya veo-. 


Ya había cometido una vez el error de asumir que alguien era incapaz de amar, pero sospechaba que August era diferente. Black Hat siempre había tenido cierta sensibilidad en él, un deseo de ser querido del que él se había aprovechado, pero en el Nephilim no había nada y eso era aterrador. 


-¿Crees en algún dios?-.

-Se que existen, obviamente, pero no adoro a ningún dios-.

-Pero...Eres un Warlock ¿No sirves a alguien acaso? ¿Un dios corrupto? ¿Algún demonio?-.

-Maté a mi patrón hace mucho tiempo y me robé su poder, fue él quien me dijo que buscara a Black Hat, existen muy pocos demonios del tipo Eldritch, suelen ser muy poderosos-.

-En verdad tu ambición no tiene límites, jugando con criaturas similares a deidades como si fuesen nada-.

-Así soy~-sonrió con picardía, orgulloso de sí mismo. 


August se le acercó, se puso a su altura, lo sostuvo con rudeza de los hombros y lo besó. Aquel ritual se repetía siempre igual y nunca iba más allá. 

Hatfield cerró los ojos, jaló el dorado cabello con todas sus fuerzas y correspondió a aquel beso frío. Era como meterse una moneda de plata en la boca. 

El Nephilim se apartó después de unos momentos, saboreandose. 


-Fumas demasiado ¿Lo sabías?-.

-Tsk, no digas eso, cuido mucho mis dientes-miró a otro lado, ligeramente avergonzado.

-Aun así, sabes a tabaco, pero no me desagrada-se alejó de él y volvió a su asiento, como si nada. 


Hatfield no dijo más nada, simplemente regresó su atención a su trabajo. Sentía su propio corazón latir en sus oídos, pero simplemente lanzó un profundo suspiro y recobro la compostura. 


August lo observaba con su usual interés. 


Tenían una relación de lo más peculiar. Eran compañeros, pero había una constante tensión, estaban a nada de intentar matarse el uno al otro, así como estaban a nada de ceder a sus deseos carnales, en ambos casos Hatfield terminaba muerto, y ninguno de los dos quería eso. 


Lucian sentía las cosas más inapropiadas por August, August simplemente se había acostumbrado a su presencia al punto de que, consideraba él, lo iba a extrañar si desaparecia. 


Todo esto, en cierta forma, a Black Hat le beneficiaba, al menos no lo acosaban todo el tiempo, aunque la amenazaba estaba siempre ahí. 


-Jefecito, bienvenido de vuelta, le prepare un baño-Flug le sonrió con dulzura.

-Flug...-suspiró, sintiendo su corazón revolotear-¿Cómo estás?-.

-Bien, aqui esta todo tranquilo-le aseguró, ayudandole a desvestirse. 


Flug se sentía como esas mujeres que, en las historias de guerra, no tenían de otra más que sentarse en casa a esperar si su esposo regresaba vivo o no, no había nada más para él qué hacer en una guerra entre demonios. Al menos Black Hat regresaba con regularidad y no tenía que sufrir grandes periodos sin saber de él. 


-¿Cuándo va a terminar todo esto?-le preguntó, mirando su cuerpo marcado de heridas que no sanaban con tanta facilidad, usaban armas especiales para hacerse daño de verdad.

-No lo se, Flug, puede durar otro par de siglos o puede terminar mañana-suspiró-Le declare la guerra a mi padre, a su esposo y la mitad de los príncipes-negó-Tenemos duques y la otra mitad de la realeza de nuestro lado, nuestro ejército es basto y Hatfield, odio admitirlo, en verdad sabe lo que hace, pero el resultado es... Pues cosa de suerte, en cierta forma-.

-Entiendo-bajó la mirada, intentando no quebrarse, no podía hacer nada para ayudar más que estar ahí para él. 


Lo ayudó a bañarse, el agua tenía hierbas especiales que ayudaban a sanar las heridas, el aroma era relajante y Black Hat siempre terminaba medio dormido. 

Cuando terminaron, Flug lo cargó en brazos y lo dejó con gentileza sobre la cama.


-Lo siento, mi Doctor-le dijo, agotado, acomodándose-Quizás debamos pasar nuestro tiempo juntos en guerra, no es lo que quería-.

-No tiene importancia-se sentó a su lado y le acarició la espalda con cariño.

-Quería tener una vida simple contigo, aunque fuese una vez, quería crecer contigo y vivir tranquilo el tiempo que estuviésemos juntos, solo un poco de maldades menores, ya sabes-rió con amargura.

-Ya tendremos tiempo para nosotros-le aseguró, inclinándose y dejando besos a lo largo de su espalda-Todo saldrá bien, ya lo verá-. 

-¿Qué será de nosotros si consigo el trono?-.

-¿Qué?-no entendía a qué se refería, nada tenía porque cambiar entre ellos ¿No es así?


Pero Black Hat no le contestó, se había dormido profundamente. Flug lo observó y pasó con cuidado sus dedos sobre su piel, por primera vez había cicatrices.


Flug no recordaba mucho de su vida anterior, ni mucho menos de las anteriores a esa, pero sabía algunas cosas por instinto, como que Black Hat era perfecto, sin imperfecciones en la piel más que una cicatriz en su mano izquierda, donde llevaría un anillo, pero ahora todo su cuerpo tenía finas cicatrices, producto de las constantes batallas. 


Sentía también que su Jefecito era una criatura miserable, era horrible pensarlo, pero era la realidad, no hacía más que sufrir. Su existencia era dolorosa y, en consecuencia, trae dolor a otros. 

Otra cosa que sabía, en parte porque Black Hat le había contado un poco, era que tenía su pasado con el Nephilim y con Hatfield.


La cicatriz en su dedo la había provocado August, era su ex esposo. 


A Hatfield, hasta cierto punto, lo había amado. Había sido ese primer amor, una ilusión infantil de la que Lucian se había aprovechado cruelmente. 


Le daban celos, pero por sobretodo, rabia. Estaba tan orgulloso de ver su fragilidad, su lado vulnerable, que el pensar que otros habían abusado de ello lo hacía saborear hiel. 


Desafortunadamente, no le quedaba más que ser paciente. 


El Infierno se había dividido, de un lado estaban quienes seguía apoyando a Seto y, del otro, los que habían decidido ponerse del lado de Black Hat. 


Black Hat tenía de su lado a la princesa de la lujuria, Lilith, algo que podía agradecer a Miss Heed, al príncipe de la gula, Leviatán, quien estaba cansado desde hacía un tiempo del trato que Seto le daba a Black Hat y, finalmente, al príncipe de la ira Amon quien, simplemente, quería retirarse, Black Hat le había prometido ocupar su puesto una vez terminara la guerra. 


Seto tenía al príncipe de la envidia, su esposo Beelzebub, y a la princesa de la pereza, Belphegor, por sí mismo ocupaba los cargos de la avaricia y el orgullo. Sin embargo no estaba en desventaja numérica, su ejército y el de Beelzebub eran los más extensos y Belphegor era en extremo poderosa, casi todas las tragedias naturales sucedían cuando ella se despertaba de mal humor de una de sus largas siestas. 


Seto nunca había esperado que su creación se revelara, siempre había tenido su propia forma de hacer las cosas, nunca había mostrado interés en el trono porque le gustaba demasiado vivir entre los mortales. Sin embargo no había contado con la influencia de Hatfield ¡Vaya humano más ambicioso! Está bien, si era guerra lo que querían, guerra tendrían. 


Había vencido al Diablo original, podía vencer esa caprichosa creación suya, quizás sería compasivo y lo sacaría de su miseria. 

Sentía que, en realidad, su guerra era con Hatfield, lo que fuese de Black Hat no podía importarle menos. 


Las batallas eran largas y crueles. Black Hat era inusual entre demonios, su poder arrasaba con todo con rapidez, con los simples soldados apenas tenía que chasquear los dedos, con los generales se enfrentaba directamente, pero incluso cuando lograban dañar su cuerpo, solo provocaban que se desarmara en horribles pesadillas que consumían todo a su alrededor hasta que volvía  formarse, casi como nuevo. 


Y, en su terquedad, Seto seguía sin verlo como una amenaza. Al igual que Hatfield, comandaba todo desde un lugar seguro, era un estratega antes que un guerrero, quizas esto había sido su mayor error.


La guerra duró otro par de siglos y, poco a poco, Black Hat se abrió paso, consumió territorios y tomó el control sobre clanes, ganó más aliados y súbditos.


Seto se encontró en una encrucijada. Solo quedaban él, Black Hat y los príncipes y princesas, no había más ejército, todos sabían que si continuaban con ello no quedaría más Infierno que reclamar, así que aquella batalla era la última. 


Su creación tenía una ventaja inesperada, el Nephilim.


Había devorado a los generales más poderosos, había destrozado a las bestias que protegían los territorios infernales, había marchitado la tierra y privado de su poder a sus enemigos. 


Era todo idea de Hatfield, por supuesto, sabía cómo aprovechar el poder de August de tal forma que les beneficiara a ellos y afectara a los demás. 


En conclusión, Seto y los suyos estaban con sus poderes disminuidos. Sus chances eran pocas.


Miró a su creación, ahí parado con rostro serio. Lo había moldeado, hacía tanto tiempo, con sus propias manos y no le había traído más que decepciones. No sentía nada por él más que desdén. 


-Te felicitaría por tus logros, Black Hat, pero ambos sabemos que todo esto es obra de alguien más-.

-No esperaba que me felicitaras, padre-negó-Hace mucho que deje de buscar tu aprobación-.


Black Hat nunca supo, hasta ese momento, cuánto deseaba poner sus manos alrededor del cuello de su padre, cuánto lo odiaba, lo profundo que era su rencor. 


-¡¿Por qué nunca cuidaste de mi?! ¡¿Por qué nunca me protegiste?!-le reclamó, apretando, sacudiéndolo con todas sus fuerzas, a pesar de que su propio cuerpo estaba roto. 


Había sido una larga batalla pero, a comparación de la guerra, sólo había sido un instante. Black Hat tenía herida la mitad del cuerpo, podían verse sus costillas, parte de sus órganos, de vez en cuando su cuerpo se acordaba de sangrar, sangre espesa como brea. 


Su padre, ese hombre siempre tan cruel, lo había castigado sin misericordia, pero al final... Al final...


-¿Que esperas que te diga? Black Hat ¿Quieres que te pida perdón?-rió, no haciendo ningún esfuerzo por defenderse, había perdido, estaba hecho y Black Hat solo debía dar el golpe final. 

-¿Por qué me creaste?-de su único ojo fluían lágrimas, pero su voz no se quebraba, solo se oía furioso. 

-Porque podía, de hecho eres un desperdicio, te hice con un material tan valioso ¿Y para que?-. 


El gesto de Black Hat se torció ligeramente en una mezcla de dolor e ira y entonces...


¡El horrible sonido de carne, nervios y hueso separándose llenó el aire!


Black Hat le había arrancado la cabeza con las manos.


El cuerpo de Seto cayó con un leve ¡Flop! y Black Hat se quedó viendo la cabeza que aun sostenía, le estaba sonriendo con algo indescifrable.