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jueves, 24 de noviembre de 2022

Admirandote Cap 6: Olvido

             


             -¿C-como el de Sherlock Holmes?-.

-Ese mismo-.

-¡Pero si eso es ficción!- Flug hasta parecía ofendido por la idea, exclamando haciendo uso de sus brazos.

-Lo es para ti-el lobo rió-Él es bastante real y es mi esposo-.

-¿Qué?...-.

-No lo pienses mucho, Flug-Black Hat le restó importancia y se acercó a la ventana a observar.

-P-pero...¿Que?-Flug se dejó caer en una silla cercana.

-Ay, si supieras lo que es ficción y lo que no- Shisui sonrió como si nada, con dulzura-¿Té?-.



En otra parte, Hatfield tamborileaba nerviosamente sobre un mapa ¡¿Dónde estaba?! ¡¿Dónde diablos se había metido ese niño?!

Él y ese condenado doctor habían huido juntos ¡Vaya atrevimiento! ¡Si solo pudiera dar con ellos, les enseñaría a no desafiarlo nunca más!

Lucian tenía colegas dentro de la propia organización, hombres dispuestos a apuñalar a cualquiera por la espalda por él, incluyendo al demonio al que supuestamente servían. 

Estaban trabajando arduamente para encontrar a los fugitivos, pero no tenía caso, era como si se los hubiera tragado la tierra. 


Hatfield se encontraba extrañando a su exotico juguete, haberlo perdido era inadmisible. 


Al principio había creído no tener interés en otros hombres, ni mucho menos en esa criatura infernal de peculiar apariencia, esa cosa inhumana que a su vez parecía intentar imitar algo humano, sus extrañas proporciones de maniqui, su piel de serpiente, su falta de nariz y orejas, la boca que se extendía más de lo necesario, los dientes como dagas...

Pero tambien tenia ese cuerpo grácil, delgado con sus curvas justo donde las necesitaba, una delicadeza y una fragilidad sutiles, Hatfield a veces se encontraba mirándolo, deseando sujetarlo y apretarlo tanto como pudiera, a ver si se rompía, de seguro se volvería a armar sin problemas, sin importar que le hiciera a ese lindo cuerpo suyo. 


El mocoso lo había seducido con la idea de placeres fuera de este mundo, con las promesas de poder y gloria.


Hatfield había descubierto que en verdad lo deseaba, específicamente deseaba dominarlo, usarlo a su antojo. Lo hacía sentir poderoso, intocable, invulnerable. El chico, con todo su poder, con lo temible que era, era también maleable, ingenuo y desesperado por un mínimo de aprobación y afecto. Lucian se había divertido manipulandolo, llenando su mente y cuerpo de venenos, aislandolo del mundo para que fuese solo suyo, su invaluable tesoro, su avecilla exótica en su jaula de oro. 


Pero el doctor había abierto la jaula y dejado a su ave escapar.


Quizás, la próxima vez, le cortaría del todo sus alas. Conocía los métodos, nadie sabía más de lo oculto que él, sabía exactamente qué hacer para mantener a un demonio bien sujeto. 


-Tsk, condenado niño- Hatfield miró el mapa con odio-¿Dónde te metiste? My Dear-.


Quizás Hatfield había hecho a Black Hat adicto al alcohol y las drogas, pero Black Hat había hecho a Hatfield adicto a él. Ansiaba cada vez más volver a tenerlo a su merced, extrañaba su presencia, sus ruegos y sus gemidos ¿Por que no podía haberse portado bien? Solo tenía que ser obediente y quedarse donde le decían, pero nooo, tenía ese capricho con aquel doctor patético. Ahora tendría que tenerlo sujeto con cadenas y hacerlo sufrir de verdad.


Lucian se saboreó con anhelo. Solo era cosa de encontrarlo.


Era extraño, en el fondo Hatfield estaba enamorado de él, pero su amor era retorcido y posesivo, subyugado por su ambición, lo quería todo para él como quería fortuna, fama y gloria, un tesoro más en su colección. Lo quería todo para sí mismo, su atención, su poder, su adoración...


¡Oh, si solo pudiera ponerle las garras encima de nuevo!


Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, parecía imposible dar con Black Hat. Pasaron las semanas y, una noche especialmente fría, mientras Hatfield contemplaba el fuego del hogar con puro desdén, furioso con el mundo y consigo mismo, una figura figura esbelta se hizo presente de entre las sombras.


Hatfield se lo quedó mirando y casi se le cayó el vaso que tenía en la mano.


-¿My Dear?-.

-Mr Hatfield~- el demonio ronroneo, sonaba profundo, como un gruñido.


Lucian lo vio avanzar de entre la oscuridad, primero los brillantes zapatos con sus spats blancos, las largas piernas, la delicada figura envuelta en negro, finalmente el rostro sonriente de colmillos que parecian brillar en la oscuridad, el ojo felino, el monoculo que recordaba a la luna, el sombrero de copa...


-¡My Dear!-Hatfield se puso de pie, intentando parecer seguro, pero la verdad es que le temblaban las piernas, por alguna razón estaba aterrado-¿Dónde te habías metido? Ven...- le ofreció un abrazo.


Black Hat avanzó hacia él, aceptando el gesto. Se abrazaron y Lucian se olvidó de su repentino temor. 


-Has sido travieso, My Dear, te advertí que te comportaras- lo abrazó con firmeza, en aquella penumbra y en la posición en la que estaban, no podía verle el rostro. 

-Mr Hatfield...-.

-¿Si?-.

-Sabe, Mr Hatfield, todo lo que usted tenía que hacer era tratarme bien-le dijo con calma, clavándole las garras en la espalda, solo apenas. 

-...-.

-Solo debía tratarme bien, quererme, ser gentil-.


Mientras hablaba, detrás de su voz se escuchaba el bufido de un reptil, las sombras a su alrededor tomaban formas siniestras y las afiladas garras se clavaban más y más en aquella espalda.


-My Dear, sueltame- exigió, intentando apartarlo, pero se sentía como intentar empujar una pared. 

-Ya no me llames así, Hatfield-siseó, mirándolo, su ojo un espiral de locura, el monóculo rojo como la sangre- Solo debías quererme, Hatfield, habría hecho el mundo arder por ti solo me hubieses tratado bien-.


Lucian lo miró con puro pavor, pero al mismo tiempo le hacía gracia que ese niño le reclamara el no ser querido, así que sonrió torcidamente.


-Oh, My Dear, hablas como si tuvieses corazón y todo-.

-Tengo un corazón...- su voz se quebró ligeramente-Y te lo ofrecí y jugaste con él- lo apartó de un empujón y, en cambio, le puso una única mano en el rostro, haciendo fuerza y obligandolo a hincarse. 


Hatfield sintió terror nuevamente, ahí de rodillas en la alfombra, esa mano helada en su rostro, la oscuridad y ese demonio su única compañía. 


Black Hat lo miraba fríamente, su mano cubriendole la mayor parte del rostro, aun podía ver sus ojos a través de sus dedos. 


-Solo debías amarme, Hatfield- le reclamó, herido. 


Lucian lo miró, aterrado e incrédulo, sabiéndose muerto, y rió.


-¡Como si alguien pudiera amar a un monstruo como tu! ¡¿Qué vas a hacer?! ¡¿Matarme?! ¡No te tengo miedo!-. 


Black Hat resopló, viéndolo desesperar y escupir saliva, no entendía que había visto en ese hombre patético, pero al menos ahora le serviría de algo. 


-No voy a matarte, Hatfield, haré un ejemplo de ti-.


Y como si eso fuese una esperada señal, Shisui y Flug entraron a la habitación, llevando a los aliados de Hatfield bien sujetos con cadenas, uno a uno los obligaron a hincarse en el suelo, a observar. 


-Voy a usarte como ejemplo de lo que pasa con aquellos que osan jugar conmigo, oponerse o confabular en mi contra, etc, etc...- hizo un ademán de desdén con su mano libre-Se entiende la idea-. 


Hatfield tragó duro, sospechaba que le esperaba algo peor que la muerte.


-Te maldigo Lucian B Hatfield- pronunció, frío y solemne-Te maldigo para que tu nombre sea una nota al pie de una página, te maldigo para que nadie recuerde tu rostro, ni tu persona-.


A medida que hablaba, algo negro surgia de su mano e iba extendiendose por el rostro de Hatfield, consumiendolo. El hombre estaba en agonía, pero no podía moverse ni gritar, se sentía como si miles de agujas le atravesaran la piel, era algo helado y horrible que llegaba profundo, adhiriéndose a él. 


-Te maldigo para que nunca puedas morir, te maldigo para que cada foto y retrato tuyo sea una ventana por la que puedas verme, me veras triunfar, crecer y expandirme sin ti, me veras amar a otro y veras todo lo que perdiste por atreverte a jugar con mi corazón- sonrió, siniestro-Te maldigo para que nunca obtengas gloria, ni poder, ni fama, te maldigo para que siempre estés en pena, sin descanso, te maldigo para que no puedas hablar tus sucias ideas y envenenar a los que te rodean, te maldigo a una eternidad deseando cosas que no puedes obtener, tu rostro oscurecido por siempre, un ejemplo para el resto del mundo-.


Lo soltó, empujándolo y limpiándose la mano con asco.


Hatfield gritaba, pero era inaudible, su rostro estaba completamente negro, sin facciones, nada distintivo aparte del monóculo. Era como si una máscara negra se hubiese fusionado con su piel. El hombre intentaba arrancarse aquello, pero solo logró hacerse sangrar y dichas heridas se cerraron de inmediato, prueba de que había sido condenado a una cruel inmortalidad. 


-¿Alguno de ustedes quiere este mismo destino? Porque podemos arreglarlo-le sonrió a los otros prisioneros.


Los hombres miraron a Hatfield, aún arañandose la piel, revolcándose en la alfombra con desesperación, todos negaron al unísono. 


-Excelente, Shisui ¿Por qué no llevas a los prisioneros a un sitio más...Cómodo?- siseó con malicia.

-Con gusto- Shisui sonrió con su dulzura habitual y se los llevó a todos de ahí, menos a Hatfield. 


Flug, que había estado callado todo el rato, se acercó a su jefe y lo besó con suavidad.


-¿Se encuentra bien? Jefecito-preguntó, rodeandole la cintura con un solo brazo. 

-Perfectamente...- miró a Hatfield retorcerse y sonrió-¿Quieres hacer algo con él? Puedes torturarlo tanto como quieras y no se va a morir-rió.

-Oh, ya se me ocurrirá algo- Flug miró al otro hombre con asco y lo pateó en las costillas, haciéndolo rodar bastante lejos-Aunque, no es tan divertido si no puedo oír sus gritos-. 

-Oh, mi sádico Doctor~- ronroneó, ocultando el rostro entre el cuello y el hombro de Flug-Te amo-.


Flug suspiró ante eso, feliz y aliviado, lo abrazó con fuerza y sonrió.


-Yo también lo amo, Jefecito-. 


Pasaron los siglos, el mundo cambió, el culto y la organización progresaron. 

Black Hat y Flug seguían ahí, juntos, inseparables. 


A veces, cuando se encontraba solo, Black Hat le hablaba al retrato de Hatfield, sabiendo que el otro estaba en alguna parte, escuchándolo.

Le contaba de sus logros, de Flug, de muchas cosas que sabía lo pondría furioso. 


-Vamos a casarnos, Mr Hatfield ¿Que le parece? A los humanos por fin se les ocurrió hacerlo legal-rió con inusual alegría- Supongo que a usted no le hace gracia ¿No es así? Si le sirve de consuelo, Mr Hatfield, un día mi querido doctor va a partir y me quedare solo...-sonrió con burla-Pero, entonces va a reencarnar y usted nos verá enamorarnos de nuevo ¿Qué tal?-.


Se deleitaba hablándole en ese tono de antaño, mientras le decía cosas horribles y lo tentaba con placeres que no podía obtener. 


-Jefecito- Flug llamó su atención- Sinceramente, no se porque sigue hablándole siquiera-.

-No seas celoso, Flug, solo lo atormento-.

-Aun así, un día de estos vendré con un lanzallamas-.


Hatfield, en alguna parte, observaba. Consumido por los celos, el paso de los años irrelevante, pero era inutil ser inmortal si no podía hacer nada con ello más que ver a quién debía ser suyo con alguien más. 

Sin embargo era incapaz de arrepentirse, solo sentía rencor y odio, la venganza inalcanzable, atormentandolo por siempre. 


FIN







Admirandote Cap 5: Hambre

 




Era una cabaña acogedora en medio del bosque, de las montañas nevadas. Frente a la misma un lago congelado. Todo era blanco hasta donde alcanzaba la vista. Pacifico silencio, perfecta solitud. 


Black Hat estaba en la cama más blandita del mundo, calentito y cómodo, por el momento no había preocupaciones, solo esa comodidad. 

Flug lo abrazaba, protector. 


El demonio soñaba con cosas vagas, sueños difusos, viejas memorias mezcladas unas con otras. 

Había vivido tanto y tan poco, prácticamente un niño para su especie, criatura antigua para los mortales, pero eso era solo en edad, mentalmente tenía esa ingenuidad de los veintes, ese orgullo que le decía que podía pasarle al mundo por encima y nada malo iba a sucederle. 


Había aprendido su lección. 


Los humanos eran despreciables, al menos los demonios eran conscientes de su propia naturaleza, eran malos y punto. Los humanos fingían bondad, dulzura y cariño, decían hacer cosas por el bien de otros cuando era solo por su beneficio.

Incluso un hombre sin escrúpulos ni vergüenza como Hatfield, que admitía abiertamente ser corrupto y vil, había decidido manipularlo con efectos para obtener lo que quería de él. Black Hat se lo había permitido, ingenuo y creyéndose enamorado y correspondido. 


Flug en cambio...


Flug, que alguna vez había sido humano pero ahora era un ser semi inmortal, él era diferente. Había maldad y una inmensa crueldad en él, frío y calculador cuando se trataba de ciencia, sin compasión por aquellos por quienes sentía rencor, pero también era genuinamente dulce y cariñoso, sincero y leal. 


Quizás Black Hat estaba siendo ingenuo de nuevo, ansioso de ser querido, o quizás eso era amor de verdad. No lo sabía, nuevamente solo quedaba ver qué pasaba. 


Abrió su ojo y se encontró con el rostro durmiente de su doctor. Despeinado cabello rojo, pálida piel llena de cicatrices, bajo los párpados de espesas pestañas, ojos de esclera negra e iris y pupila de brillante blanco.

Le gustaba mucho. 


Flug estaba apretando los dientes, llevaba unos días así, rechinando los afilados colmillos mientras dormía. Black Hat sospechaba que tenía hambre. 

La especie de Flug era peculiar, necesitaba alimentarse de los vivos, simples animales no eran suficiente para saciarlo, pero no había más personas alrededor y parecía que incluso los venados habían aprendido a no acercarse a la cabaña. 


Ya llevaban allí varios días, aunque el tiempo parecía haberse detenido de alguna forma, la quietud del lugar daba la ilusión de que los días pasaban lentos y que estaban atascados en un eterno invierno.

Bueno, quizás no era una ilusión, todo ese territorio pertenecía a Shisui y a ninguno de los dos le habría sorprendido si realmente era el caso que allí el tiempo no transcurría con normalidad. 


Black Hat lo sacudió para que despertara y dejará de rechinar los dientes, Flug despertó con un ligero sobresalto.


-Mmm Jefecito...-bostezó-Soñaba que comía un delicioso hígado-suspiró.

-Especialmente fresco, me imagino-sonrió.

-Yeah, aún estaba gritando el pobre infeliz-se frotó un ojo y se sentó en la cama-¿Desayuno?-le sonrió.


Black Hat negó.


-Tiene que comer, se adelgazó bastante y ya de por si era flaco-rió.

-Esta bien...- rodó su ojo-Pero algo liviano-.

-Bien...- le dio un beso y salió de la cama, claramente bastante animado. 


Black Hat lo miró marchar y suspiró, temía que si su doctor seguía pasando hambre iba a perder la cordura, eso sería una lástima, su mente era muy valiosa y la pérdida de su personalidad sería una verdadera tragedia.

Pero, si no había personas, ni mucho menos humanos alrededor ¿Entonces que?


El demonio se sentó y se miró a sí mismo. Era cierto que estaba un poco más delgado de lo que debería, podía sentir sus costillas, pero aun tenía carne y tripas y podía regenerarse tantas veces como fuese necesario. 

Si ¿Por qué no? No era tan nutritivo como un humano, pero tenía que servir ¿Verdad?


Flug regresó con el desayuno, pero antes de que pudiera acomodarse, Black Hat se lo quitó de las manos y lo dejó sobre el velador.


-Comeme~ -. 


Flug no dudó un segundo, prácticamente se le tiró encima, aprisionandolo contra la cama, y le clavó los dientes en el cuello con premura. 

Había saboreado su sangre antes, exquisita y espesa, pero nunca había tenido permiso de comer su carne


Black Hat gimió y lo apretó con sus piernas, se sentía bien ser mordido. Era dolor y placer. 


Flug bebió un poco de su sangre y se apartó.


-Dígame si quiere que me detenga ¿Si?-.


Black Hat nada más asintió. 


Flug volvió a morderle el cuello mientras lo sostenía gentilmente de las muñecas, le clavó los dientes profundo y con cuidado, Black Hat emitía leves sonidos debajo suyo, podía sentir su cuerpo debatirse entre esa mezcla de dolor y placer, el doctor nada más sonrió para sí y le arrancó un trozo. 


¡Oh, nunca había probado nada más exquisito! Su carne era suave, entre dulce y amarga, había ahí un leve sabor a algo peligroso, algún tipo de toxina o veneno, pero el doctor prefirió ignorarlo y tragó con deleite. 


Black Hat lo apretó con sus piernas con más fuerza que antes y lo miró, pidiendo por más. Le gustaba la intimidad del momento, el placer, el dolor, lo mucho que confiaba en él, como sabía que Flug iba a parar si se lo pedía, que iba a darle tanto placer o dolor como deseara. 


Flug le lamió la herida y observó, fascinado, cómo se cerraba de inmediato. Dejó un camino de besos, que hicieron al demonio retorcerse de gusto, hasta llegar al plano vientre, lo mordió allí con fuerza, ansioso por saborear las tiernas entrañas. 


-Mi Doctor~...- se le escapó decir, entre gemidos y ronroneos- Te extrañe- admitió, viendo como el otro le devoraba los órganos.

-¿Me extrañó? Jefecito- Flug lo examinaba con interés, tenía los órganos de cualquier ser vivo, pero había pequeñas diferencias aquí y allá, deseaba poder examinarlo más a fondo, bajo la luz del laboratorio, pero por el momento solo iba a saciar su hambre y desquitarse un poco. 


Lo devoró con gusto sin decirle más nada, lo escuchó gritar y gemir y lo retuvo para que dejara de retorcerse innecesariamente. Lo trataba con toda la gentileza de la que era capaz, escuchando atentamente por un “detente” entre todos esos gemidos de placer, pero eso nunca pasó, así que siguió alimentándose a su gusto, había sangre por todos lados, las una vez blancas sábanas teñidas de profundo carmín. 


Black Hat estaba feliz, extasiado, aunque no podía hacer más que mirar el techo y sentir la boca cálida del otro devorar su cuerpo entero, estaba contento con ello, esa intimidad, esa confianza, lo hacían dichoso. 


No había ni habría nadie más en el mundo al que le permitiría semejante cosa, servir de presa voluntariamente, sabiendo que el otro tenía su consentimiento como prioridad, seguramente nunca volvería a encontrar algo así, Flug era e iba ser el único. 


Black Hat durmió el día entero tras eso. Flug tuvo que sacarlo de la cama para poder limpiar todo el desastre y el demonio parecía un muñeco de trapo, pero estaba bien, el doctor sabía que solo estaba terminando de sanar y estaría bien en la mañana. 


Y así, los días siguieron pasando, lentos y pacíficos, solo ellos dos. 

Dichosas eran las horas juntos, había un pensamiento que compartían, aunque nunca lo decían en voz alta. No merecían esa felicidad.

Personas como ellos, no merecían sentir amor y dicha, ni confort, ni calidez, ni todas esas cosas tiernas.

Black Hat especialmente, consideraba que no podía ni debía sentir nada de eso para empezar, pero ahí estaba y parecía inevitable. 


No estaba mal ¿No es así? No estaban violando alguna clase de ley natural o algo por el estilo ¿Verdad? 


Sentían que por el otro podían hacer el mundo arder, ninguno de los dos tenía compasión o afecto por otros seres, la soledad de esas montañas los había hecho notar que solo se necesitaban el uno al otro. 

El demonio podía tener seguidores, adoradores, aliados y colegas, pero podía mandarlos a todos a las entrañas del averno sin duda ni culpas de ser necesario, no podía hacer lo mismo con su doctor. 


Ese día en particular Black Hat salió al frío de la mañana, era muy temprano, pero necesitaba fumar y no le gustaba hacerlo dentro de la cabaña, su doctor era particularmente sensible y se le daba por toser sin cesar, sospechaba que había sido asmatico antes de perder su humanidad y aquello era un viejo reflejo. 


Encendió el cigarro y se quedó a contemplar el paisaje, preguntando si estaba bien desear aquella vida simple y sin preocupaciones, estaba en su naturaleza el ser ambicioso, el querer más, siempre en busca de poder y progreso, pero un poco de lo contrario no estaba nada mal, eran como vacaciones y, a decir verdad, nunca habia tomado unas. 


Expulsó el humo, viéndolo ascender y desaparecer. Ya no deseaba fumar opio, pero su gusto por el alcohol y los venenos aún estaba ahí, podía lidiar con eso, al menos no nublaban su mente como aquella droga repugnante. 

No entendía como Hatfield, un simple humano, había logrado envolverlo, envenenarlo, creandole adicción y codependencia ¡Oh cuando lo viera de nuevo! ¡Toda su furia iba a caer sobre él! 


Un par de brazos lo abrazaron por detrás, apretando la fina figura y unos dientes traviesos le mordieron la nuca.


-Ay, Jefecito, vuelva a la cama-se lamentó el doctor, hablando contra su cuello.

-Doctor~-le ronroneó-No te mal acostumbres, es hora de volver a casa-.

-... ¿Puede ser después del mediodía? Quiero dormir-lo apretó más.


Black Hat no pudo evitar reír.


-Me parece bien-. 



El regresó a la ciudad no iba a ser tan simple, sabían de sobra que Hatfield tenía sus propios aliados dentro de la organización que de seguro no estaban nada de felices con la desaparición de su herramienta principal. 

No era como que Black Hat no podía, simplemente, asesinarlos a todos con un chasquido de sus dedos, pero no quería eso, tenía un punto débil por lo teatral, quería las cosas a su manera, como no habían sido por un largo tiempo, les iba a dar una buena y dura lección. 


-Bueno, me hubiera gustado que disfrutaran de sus vacaciones románticas un poco más, que aprovecharán el tiempo, pero que se le va a hacer-Shisui dibujaba un círculo en las maderas del suelo de la cabaña.

-Aprovechamos bastante-le aseguró Flug-¿Verdad? Jefecito-.

-Ciertamente- sonrió.


El demonio, sin duda, consideraba que ser devorado en todos los sentidos a diario por un doctor con mucha stamina era una excelente definición de “aprovechar el tiempo”


-Bueno, está listo-Shisui se puso de pie y se sacudió las manos-Sujetense, no quiero que se pierdan-.

-¿Qué va a pasar exactamente?-Flug miraba el círculo de extraños símbolos sobre el que estaban parados, no tenía mucho conocimiento de esos temas.

-Oh, ya verás-Black Hat lo tomó del brazo con firmeza.

-Es divertido- Shisui rió y lo tomó del otro brazo-¿Listo? 3...2...1...-.


Shisui pisó con fuerza y el suelo debajo de ellos desapareció.

Caían y caían por un largo túnel, una madriguera como la de Alicia en el País de las Maravillas, a su alrededor había objetos de todo tipo y extraños sonidos imposibles de definir. 

Flug comenzaba a marearse, desorientado, no sabía si subía o bajaba, había momentos que incluso parecía que iban en horizontal o diagonal o... Pues quien sabía donde. 

Black Hat lo miraba con una expresión divertida y Flug no pudo evitar sonreír.


Finalmente, saliendo del suelo con un pequeño salto, aparecieron en otra casa, un pequeño apartamento londinense.


-Bienvenidos al 221B de Baker Street-Shisui dijo aquello con fanfarria y una leve inclinación. 


lunes, 14 de noviembre de 2022

Admirandote Cap 4: Birdcage



Flug estaba muy confundido, había sido una noche maravillosa hasta que Hatfield los interrumpió, cuando volvió a ver a su demonio lo noto diferente, pero realmente no le dio tiempo de preguntar nada.


-Terminamos-le dijo secamente-Ya tengo lo que quería...Eso creo-.


Y tras decir eso se marchó sin elaborar más, dejándolo solo. El doctor pensó que tendría que volver a casa por su cuenta, pero no fue el caso.


-¿Quieres volver? Flug, esta fiesta ya se agrio-.


Era Shisui, el supuesto sirviente que mantenía la casa de Black Hat en orden. La verdad no era ningún sirviente, era un miembro importante del culto y un ser muy peculiar. 

Era perfectamente androgino, bellos rasgos japoneses, largo cabello azabache, un ojo rojo y otro azul, orejas y cola de lobo decorando el, por otro lado, humano cuerpo. 


Se podía notar con solo verlo que era alguna clase de... Entidad. Flug nunca había sabido muy bien qué sentir por él, era amable y atento, pero también profundamente entrometido y bastante condescendiente, como si supiera todo, quizás lo hacía y ese era justamente el problema. 


-S-si, vamos- aceptó, siguiéndolo.


Salieron de ahí en silencio, hasta subir al carruaje y comenzar el camino de vuelta a casa.


-Amo los caballos- comentó Shisui de forma casual-Los humanos siempre vanaglorian a los perros, pero no habría civilización sin caballos ¿No crees?- rió.


Flug lo miró, Shisui vestia un elegante vestido negro a la vez que un sombrero de copa exactamente igual al de Black Hat y Mr Hatfield. Le recordaba a ambos y eso le molestaba. 


-Puede ser...- dijo, sin saber qué más decirle.

-¿Preocupado? Flug-le sonrió, amable.

-Ya sabes que si- rodó los ojos- Lo sabes todo ¿No es así?-.

-Puedo leer tus emociones, Flug, no tus pensamientos si eso es lo que te preocupa-.

-Lo sé, lo siento- se cruzó de brazos- Black Hat...Estaba raro-.

-Ese niño siempre ha sido tan complicado-suspiró, sacando un abanico y dándose aire-Lo quiero mucho, pero a veces es un verdadero fastidio-. 

-Solo tú llamarías a Black Hat “niño”- lo miró, divertido con ello.

-Lo es, sabes que es joven ¿No? Y lo es mucho más para criaturas inmortales como yo, ha conseguido tanto poder y estatus a pesar de su edad, la perfecta creación del Diablo-suspiró de nuevo-Hay demasiados demonios envidiandolo y demasiados mortales deseando lo que puede ofrecer-. 

-Como Mr Hatfield- gruñó con fastidio.

-Como Mr Hatfield- asintió-Hombre repugnante...- cerró su abanico con agresividad-No se que ve Black Hat en él-.

-Pues preguntale, parece que ya obtuvo lo que tanto quería-.

-Flug...-.

-¡Y me descartó de inmediato! ¡Como si no valiera nada!... No valgo nada-se llevó las manos al rostro, aun semi cubierto por la máscara-¿Por que deje que jugara conmigo?- sollozó.

-Ay, Flug- Shisui le acarició la espalda-Vamos, déjalo salir-.

-¿Por qué tuve que ilusionarme con él? Soy un completo imbécil-lloró con amargura-Y ni siquiera puedo sentirme enfadado con él, porque sabía lo que me esperaba-. 


Shisui lo dejó llorar y lo ayudó a bajar del carruaje cuando llegaron a la casa, sin decirle nada le sirvió café y una porción de pastel. 


-¿Vas a seguir trabajando para él? Flug-.

-Si- contestó, llevándose un trozo de pastel a la boca, no pudo evitar sonreír levemente. 

-Bien, sé que quizás no es la mejor opción para ti y que estoy pidiendo demasiado de alguien como tú, ya sabes siendo un villano y todo-rió-Pero, necesito que lo cuides-.

-¿Black Hat?- lo miró-No necesita de mi protección-. 

-Necesita compañía, un amigo-.

-No se si soy nada de eso para él, soy un juguete a lo mucho-.

-Sabes aun mejor que yo que eso no es cierto-negó-Escucha, si no quieres hacerlo porque lo quieres, entonces puedo ofrecerte algo-.

-¿El que?-.

-Lo que quieras, solo pidelo-su cola de lobo se agitó alegremente.

-... No necesito favores para querer seguir siéndole leal-admitió, derrotado-Pero ¿Por que tenía que ser Hatfield? Cualquier otro habría sido aceptable-.

-El corazón es caprichoso de esa forma, especialmente cuando se es joven-sonrió-Tú lo sabes de sobra, Flug-. 

-Si, lo sé- suspiró- Pero no es justo ¿Por qué no me quiere?-.

-Hn... Bueno, no puedo contestar eso, tienen que resolverlo por su cuenta ustedes dos-lo despeinó con gesto maternal- Termina eso y ve a descansar-. 


Flug le obedeció, agotado. Shisui lo acompañó hasta su cuarto y le dio las buenas noches.

Era la primera vez, en ese año que llevaba viviendo ahí, que el doctor dormía en su propio cuarto. 


Black Hat tenía lo que quería, lo que había buscado, lo que se había ganado con sus acciones.

Estaba en las garras de Hatfield, entre sus blancos dientes, enredado su posesivo abrazo, atrapado en sus palabras venenosas.

Hatfield lo llenaba de halagos, dinero y lujos, a la vez que lo trataba como una herramienta, algo para obtener gloria y fama, un objeto para su propio placer.

Black Hat era un pajarito exotico en una jaula de oro, cantando para su amo todos los días, ansioso por recompensa. 


Pero el joven demonio no asumía nada de eso, estaba convencido de estar enamorado y que, aunque Lucian lo trataba con rudeza y sin cuidado, era correspondido. Era simplemente la forma en que el otro amaba y la forma en que merecía ser amado. 


Aquel humano, un simple mortal, de alguna forma tenía poder sobre él. Era capaz de doblegar su voluntad y convencerlo de todo tipo de cosas, lo usaba a su antojo, lo manipulaba con maestría. 

Quizás había un poco de demonio en Hatfield o quizás simplemente era tan retorcido y vil como solo los humanos eran capaces. 

Sea cual fuere el caso, tenía completo control sobre Black Hat, quizás Black Hat era la oscura fuerza tras el éxito de la organización y del culto, pero era Hatfield quien mandaba.


No podía arriesgarse a que volviera a escapar de su control, no podía arriesgarse a que volviera con Flug o se encaprichara con algún otro, así que lo convenció de que se ocultara, de que ser secretivo y mantenerse en un aire de misterio iba a resultar beneficioso. 

Black Hat rara vez dejaba la casa, o su cuarto si iba al caso, solo Hatfield tenía permiso de entrar y verlo. Flug vivía ahí, pero rara vez veía a su jefe, solo a Lucian entrar y salir a sus anchas. 


Black Hat antes había sido bastante sociable, incluso si era propenso a la ira y al sarcasmo, no tenía problemas en interactuar con otros y ser mínimamente amable si le beneficiaba de alguna forma, pero ahora era un recluso y su único contacto con el mundo era Lucian y este solo lo dejaba salir para reuniones importantes y fiestas donde poder presumir de él. 


Así que pasaba los días solo en su cuarto, bebiendo licores mezclados con veneno para darle sabor y esperaba por Hatfield. Cuando este llegaba corría a sus brazos, hambriento de contacto y afecto.

Hatfield lo tomaba en sus brazos y lo devoraba completo, inundaba su mente de placeres para impedirle pensar, sexo, más alcohol, exquisito opio que mandaba su mente a soñar cosas extrañas por horas. 

Aquel hombre era rudo y egoísta en la cama, pero Black Hat rara vez se quejaba, había aprendido rápidamente a no rogarle por ternura, asi que se dejaba hacer lo que el otro quisiera y su mente entumecida le decía a su cuerpo que lo disfrutara de todas formas. 


No había distinción en el paso del tiempo, allí encerrado, días y noches eran todo lo mismo, el siempre nublado Londres que veía a través de su ventana no le daba una idea de las estaciones y las cortinas estaban siempre cerradas, pasaba las horas en su propia oscuridad, esperando por algun cambio, por Hatfield.


A veces se encontraba extrañando a su doctor, pero prefería no pensar en él, había allí un dolor que no comprendía y no quería llorar, si Lucian lo veía llorar iba a enfadarse con él, iba a llamarlo débil y blando. 

Desde que podía recordar, sus emociones habían estado en una botella y, con el paso del tiempo, las personas a su alrededor se encargaron de sellar esa botella más y más.

La indiferencia de su padre, la crueldad de un hombre que había conocido hacía muchos años y en el que intentaba no pensar.

Había aprendido a no tener muchas emociones, quizás solo demostraciones de ira, ambición, crueldad... Cosas que beneficiaran a su imagen, pero no podía permitirse verse vulnerable, no podía pedir por dulzura y cariño, estaba obligado a gustar de constante dolor y crueldad, a ser miserable y hacer a otros miserables. 


El único que conocía otro lado de él, el que era tierno y dócil, era Flug. 


Flug estaba, por supuesto, preocupado pero ¿Qué podía hacer? Tanto Black Hat como Hatfield tenían autoridad sobre él, no podía hacer más que seguir órdenes y no entrometerse.

Aun así, con muchas dudas y miedo, se arriesgó esa noche a entrar al cuarto de su jefe. Era la primera vez en meses, casi un año, que Hatfield no estaba, era su única oportunidad.

Golpeo levemente primero, pero no obtuvo respuesta. Intentó abrir la puerta, pero obviamente estaba cerrada con llave, así que recurrió a forzar la cerradura.

Abrió despacio, asomándose con cautela.


-¿Jefecito?-.

-Vete...-.


Flug decidió no obedecer esta vez. Entró al cuarto y miró a su alrededor sin decir nada al principio.

Había botellas vacías por todos lados, en el aire podía olerse lo que Flug sabía era opio, un intenso aroma a algo similar a vainilla. 

Black Hat estaba en su silla, vistiendo nada más que su bata de seda.

Lucia miserable y Flug sintió su corazón romperse. 


-Ay, Jefecito-se acercó y, arrodillándose ante él, le puso una mano en la mejilla.

-Te dije que te fueras- le gruñó-Largo-.

-No voy a ir a ningún lado- frunció el ceño, molesto-Le voy a preparar un baño- se puso de pie- Y vamos a ventilar este cuarto...- abrió las cortinas de un tirón y abrió la ventana.


Afuera era pleno invierno, pero no importaba, era aire fresco. 


Black Hat lo miró sin decir nada, resignado, demasiado cansado como para oponerse.

Flug preparó el baño tan rápido como pudo y tomó al otro en brazos sin más, siempre había sido ligero como una pluma y, a decir verdad, lo notaba más delgado que antes. 

Black Hat se aferró a él, había extrañado esos brazos, pero continuó con su silencio y dejó que Flug lo llevara.


Lo metió a la bañera, llena de agua cálida y jabón perfumado, lo ayudó a lavarse el cabello azabache, siempre teniendo cuidado con los delicados cuernos que le decoraban la cabeza, y le fregó la espalda. 

El demonio ronroneaba levemente, cerrando su ojo, a gusto. 

Tras eso lo dejó solo unos momentos, para ordenar el desastroso cuarto.


Sacó cajas repletas de botellas de licor, sacudió el polvo que se había asentado en los muebles y cambió las sábanas de la cama. Luego le pediría ayuda a Shisui para limpiar más a fondo. 


Regresó por él, Black Hat estaba abrazándose las piernas, mirando el agua sin expresión alguna.

Flug se lo quedó mirando, preocupado. Había visto eso antes, en las calles era común, adictos y desahuciados que no hacían más que mirar la nada por horas.

Sintió su corazón romperse de nuevo.

Lo ayudó a salir, temeroso de que se cayera, aunque realmente si lo hacía no iba a hacerse daño, pero no iba a arriesgarse.


-Dejame, puedo solo- le dijo, evadiendo su mirada.

-Ok- le dio su toalla y su bata y se quedó ahí, vigilante.


Cuando estuvo listo, volvió a tomarlo en brazos y lo llevó hasta la cama, dejándolo ahí con cuidado. 


-Llamaré a Shisui para que prepare una sopa ¿Que le parece?-le sonrió.

-No tengo hambre-.

-Pues ni modo, porque va a comer igual, es mi paciente ahora-lo reprendió.

-Si Mr Hatfield te ve, va a matarte- se acomodó en la cama, mirando el techo, el mundo le daba vueltas. 

-Pues por suerte para mi, Mr Hatfield...- dijo con desprecio, rodando los ojos- Está de viaje por un par días, así que haré lo necesario-.

-... Está bien-. 


El doctor lo arropó, dejándolo lo más cómodo posible, le dio mimos hasta hacerlo dormir y se marchó, necesitaba contactar con Shisui. 

Black Hat se quedó calentito y a gusto, ya sin enterarse de nada más, en paz después de tanto tiempo. 


Flug salió al frío de la noche, furioso, dolido y con ganas de prenderle fuego a toda esa condenada ciudad, pero no podía hacer eso, en cambió fue en busca de Shisui, no sabía muy bien donde encontrarlo, el sujeto sólo...Aparecía cuando lo necesitaban. 


Sabía que frecuentaba bares y fumaderos de opio, Shisui podía lucir muy elegante y delicado, pero era todo un adicto, lo cual era particularmente útil, considerando la situación en la que se encontraba Black Hat. El doctor estaba seguro de que Shisui sabría qué hacer.


Entró a un bar y, en efecto, Shisui estaba ahí. Vestía, como era usual, de mujer. Parecia siempre una dama de luto, con sus vestidos negros, aunque tambien lucia el sombrero de copa, tan distintivo.


-¿Me buscabas? Flug-le sonrió desde la barra, agitando un vaso de whisky. 

-Ya sabes que sí- suspiró con fastidio- Sabelotodo-.

-Solo llévame con él-. 


Shisui actuaba como un doctor, aunque lo más correcto era decir que era un curandero, un médico brujo tal vez. Así le decían en todo caso, El Brujo. 

Examinó al durmiente Black Hat con gestos delicados, apenas tocándolo, sintió su pulso.


-Eso es débil incluso para él-.


Y su temperatura.


-Demasiado tibio...-.


Lo miró largamente, como observando algo más que su físico, se paseó por el cuarto, examinando y tocando cosas al azar.


-Es muy difícil crear adicción en un demonio, Hatfield sabe lo que hace-suspiró.

-Voy a destriparlo- Flug estaba sentado en la cama, clavandose las uñas en las rodillas. 

-Espera un poco para eso, Flug-rió- Curemos a Black Hat primero, sanar su cuerpo va a ser fácil, su mente y su corazón por otro lado, no te doy garantías-. 

-¿Por qué le hizo esto?- le acarició el rostro, había extrañado la sensación de esa piel de serpiente, pero se sentía anormalmente cálido.

-¿Para qué más? Para tenerlo bajo su control- volvió a mirar la durmiente figura, se lo veía pacifico por el momento-Pero Black Hat no lo ve así, el capricho de su corazón lo ha convencido de cosas que no son-. 



No se podía sanar a un demonio con medicina convencional, se necesitaban todo tipo de rituales, pociones y la quema de hierbas extrañas y aun así, todo lo que Shisui podía hacer era desintoxicar su cuerpo, tendría que lidiar el solo con la adicción, aunque podía ayudarle con cierta pociones, y en cuanto a aliviar las penas de su mente y su corazón...Pues eso era asunto de Black Hat y de Flug.

El problema era que no tenían mucho tiempo, Hatfield solo estaría lejos tres días, tal vez si lograban convencer a Black Hat de huir a alguna parte...


-Ni lo sueñes ¡Dejame!- Black Hat se debatía en brazos de Flug, negándose a tomar más medicina, ofendido por la propuesta de huir. 

-Jefecito, por favor...-.


Estaban en la cama, luchando. Black Hat estaba demasiado debil como para apartar al doctor, aquello era tortura ¡Queria su alcohol, su opio y su Mr Hatfield! ¡No a esos dos intrusos! 


-¡Déjame! ¡No te necesito! ¡Solo necesito a mi Mr Hatfield!-se lamentó, terco, su mente hecha un lio, no del todo despierto aun. 

-¡¿Es que no se da cuenta de lo que ha hecho con usted?!-lo azotó contra la cama, sujetándolo de las muñecas.

-Nada más estás celoso- le siseó con desprecio, apenas forcejeando.

-¿Y que si lo estoy?-Flug rió con amargura-No cambia lo que siento por usted, ni mucho menos cambia lo que Hatfield ha estado haciéndole-.

-¿Y que ha estado haciendo según tú? Doctor-.

-Usandolo, envenenandolo, manteniéndolo encerrado como una avecilla-.

-...Es así como debe ser-ladeó el rostro, no queriendo ver al otro y ver la realidad. 

-No lo es-.

-No es la primera vez que me encierran, es así como es para mí-intentó soltarse vanamente.

-¿Qué dice?-.

-No es tu asunto-.

-Flug, dejalo-Shisui apartó al doctor y suspiró-Esto es agotador, no hay nada más terco que un demonio, en especial uno sin la mente en su lugar-. 


Flug se apartó de mala gana, se quedó acostado a su lado, molesto y sintiéndose derrotado. 


-No necesito su ayuda-.

-Tienes una adicción, Black Hat-.

-Puedo dejarlo cuando quiera-le replicó-Además, no eres quien para criticarme-.

-A mi no me mantiene cautivo mi amante-resopló. 

-Es así como es para mí- repitió y se tapó hasta la cabeza, como un niño.


Flug suspiró y lo abrazó, quería llorar, pero no se lo permitió. Estaba frustrado, pero le molestaba más ver al otro sufrir y no poder hacer nada, él no se dejaba, demasiado terco, demasiado sumido en sus adicciones y su amor por Hatfield. 

Así que sencillamente siguieron con las pociones y los rituales, para al menos alejarlo de su dependencia a las drogas, quizas asi su mente no estaría tan entumecida y sería capaz de ver lo que Hatfield estaba haciendo de él. 


La noche del segundo día, Flug se despertó para encontrar la habitación vacía, Black Hat no estaba.

Salió de ahí con pánico, preguntándose a donde había ido ¿Había ido en busca de Hatfield? ¿De más drogas? 


-Te he dicho que no pasees por la casa tu solo-la áspera voz lo reprendió apenas entró a la cocina.

-Jefecito...- suspiró-Ay, que alivio-dijo llevándose una mano al pecho. 

-Solo quería café- le mostró una taza.

-Oh, me hubiera dicho-.

-Puedo cuidarme solo, Flug-se sentó a la mesa de la cocina-Ahora, al menos-.

-¿Se siente mejor?-Flug se sentó también.

-Puedo pensar con más claridad-.


Flug lo miró, no sabiendo muy bien qué decir, sentía que si decía lo que estaba pensando el demonio iba a enfadarse, que aún estaba a la defensiva, así que solo esperó a que volviera a hablar. 


-Se lo que piensas, Flug, que Hatfield me usa-Black Hat miraba el oscuro líquido dentro de la taza. 

-...-.

-Pero, es que es así es como es para mi-.

-Ya ha dicho eso antes, no entiendo a que se refiere-.

-Mi padre, mi ex esposo, Hatfield, todos me han mantenido cautivo de alguna forma, cuando alguien me ama es lo que hacen, me encierran para que no vaya a ninguna parte, para poder vigilarme y forzarme a que haga lo que a ellos les parece-. 

-Black Hat eso no es... No es como el amor funciona-negó.

-Lo es para mi-rió, sonando a amarga locura-Amor es control, dolor, una jaula de mis propias emociones, es tortura y la perdida de mi voluntad...-se largó a llorar, sus lágrimas cayendo en el café, sus lamentos ahogados, intentando reprimirlos. 


Flug corrió a abrazarlo, no le dijo nada, solo lo sostuvo y acarició su espalda.


-Pensé que Hatfield sería diferente, porque nos parecemos, pensé que él iba a entender...-.

-Oh, Jefecito, ese hombre no lo merece-.


Black Hat negó enérgicamente.


-Soy yo el que no merece a nadie, corrompo todo lo que toco, sacó lo peor de las personas que se me acercan demasiado-.

-Él era así de horrible antes de conocerlo- le tomó el rostro entre sus manos-Y aunque así fuese, aunque usted de alguna forma tenga influencia en su comportamiento, no justifica lo que le ha hecho-. 

-Es así como es para mi- repitió tercamente.

-Deje de decir eso, no es verdad...- sollozó-Yo lo amo y no quiero mantenerlo encerrado, ni aprovecharme de usted, ni cambiar lo que es-. 

-Oh, Flug...- dijo entre llantos y ahogados lamentos-Llevame lejos-.