jueves, 9 de febrero de 2023

Cursed Cap 1: The Beauty




 En aquella mansión solitaria vive una bestia, de afiladas garras y colmillos, puede tragarte entero como una serpiente, tiene la sangre y el corazón fríos, solo conoce crueldad y si te portas mal, vendrá en las noches ¡Y te comerá! 


Esa era la historia que le contaban a los niños del pueblo, aunque estaba a medias y su único propósito era forzarlos a portarse bien. 


Pero en un niño nervioso y de imaginación activa como el pequeño Kenning, solo lograba impedirle dormir por las noches, tras hacer travesuras todo el día, ansioso de ver si dicha bestia era de verdad o no. 

Nunca nada ni nadie había aparecido en su cuarto, aunque ciertamente había una vieja mansión en el pueblo y podía verla desde la ventana de su cuarto, una curiosa edificación con forma de sombrero de copa, aunque uno muy torcido. 

A su alrededor crecían frondosos arbustos de rosas, incluso en pleno invierno, así que alguien debía de vivir ahí ¿No es así? Al menos un jardinero que se encargaba de cuidar del jardín del amo de la mansión, sea quien fuese. 

El niño pasaba largas horas observando la mansión y, a veces, creía ver una fina silueta en las ventanas o paseándose en los jardines, pero estaba demasiado lejos para saber si era verdad o solo un truco de su mente. 


Con los años su curiosidad se convirtió en obsesión, el acercarse a la mansión estaba prohibido, bestia o no, el lugar era vigilado día y noche para que nadie se atreviera a subir la colina y traspasara los terrenos de la mansión sin permiso. 

Kenning, o Flug como se hacía llamar, estaba fascinado por ello, esa leyenda, esa curiosa edificación, lo único destacable en ese pueblito miserable de gente retrograda. 


Flug había crecido para ser un bicho raro, siempre lo había sido, de niño había sido solitario, de adolescente el preferido de los bullys, de adulto un recluso que pasaba los días enteros con la nariz metida en libros extraños. 

Si no había intentado nunca satisfacer su curiosidad por esa mansión y su supuesto habitante, era porque tenía otra prioridad y esa era sobrevivir. No era fácil ser el paria del pueblo. 

Para tener el pan de cada dia creo un pequeño taller donde reparaba todo tipo de cosas, su intelecto y sus manos hábiles eran todo lo que tenía a su favor, así se hizo útil para la gente del pueblo, quienes usaban sus servicios y le pagaban bien, aunque fuese de mala gana. 

Secretamente, Flug era un inventor, pero sus creaciones se mantenían guardadas, esperando ser de utilidad, por el momento no lo eran en lo absoluto. 


No era como si no hubiese intentado irse, se había marchado por un par de años para estudiar, pero había vuelto, había una fuerza ahí que lo llamaba a permanecer, quizás era la mansión, su propia obsesión o simplemente estaba loco y algo en su cabeza no funcionaba bien. 


Estaba solo, sin padres, hermanos o amigos. Largas eran las noches en las que contemplaba la mansión sobre la colina, eternamente intrigado. 


Su vida era difícil, en ese pueblo o a donde fuese era un paria, condenado por una maldición por su propia mano, incluso en aquel mundo poblado de muchas otras criaturas curiosas él, un Nachzehrer, un no muerto, un caníbal, era considerado algo indeseable. 

Así que ese pequeño misterio en ese pueblucho miserable era su único escape de la realidad, quizás esa supuesta bestia se sentía tan sola como él. 


-Espero que sea un hombre guapo-bromeó para si, estirándose y haciendo sonar su espalda, llevaba horas encorvado sobre la mesa, trabajando. 


Se puso de pie y se frotó el cuello, adolorido, necesitaba algo de aire fresco. Solo esperaba no encontrarse con él. 

No todo el pueblo lo odiaba, había una excepción, una desagradable, bruta y musculosa excepción. 


Black Hot era...algo. Nadie estaba seguro de que y no les importaba, lo importante es que era el más grande y bruto entre los grandes y brutos, podía levantar una casa y atravesar roca como si fuese papel. El pueblo lo seguía con estúpida admiración. 


Decir que Flug le tenía asco era poco, verlo flexionar sus músculos le daba nauseas y, sin embargo, Black Hot estaba completamente decidido en conquistarlo por alguna razón. Justamente como no sabían lo que Black Hot era, tampoco sabían porque le interesaba tanto el rarito del pueblo, pero no se lo cuestionaban, quizás era algo bueno, Black Hot podía mantener al otro bajo control.


Así que Flug salió a dar una vuelta, tal vez compraría un libro o dos, rogando no encontrarse con su nada deseado pretendiente. 


La pequeña librería no tenía mucho que ofrecer, pero Flug encargaba libros con regularidad, ese día afortunadamente había llegado un tomo que llevaba un tiempo esperando. 

Salió muy feliz, leyendo e ignorando las miradas como siempre. Cuando se concentraba en algo que le interesaba podía pasar un desfile de elefantes y él no se iba a enterar. 


De repente un brazo enorme lo sujetó y lo separo rápidamente del suelo, al pobre casi se le sale el corazón del susto. 


-¡Bajeme!-exigió, encontrándose repentinamente sentado en los bíceps del condenado Black Hot. 

-Buenos días Doctor Flug-le sonrió, flexionando sus músculos, haciéndole dar pequeños brincos sobre su brazo.

-¡Que me baje! ¡Pero ya!-. 


Black Hot lo dejó en el suelo de mala gana, Flug se tambaleó ligeramente, para después recobrar la compostura y mirar al otro con reproche. 


-¿Qué es lo que quiere?-suspiró con fastidio, recogiendo su libro del suelo, había salido volando en algún momento. 

-Ya sabes lo que quiero-le tomó una mano y la besó. 

-Ugh...-Flug no intentó liberarse, si lo hacía iba a terminar con un brazo menos, pero rodó los ojos sin disimulo-Y yo ya le he dicho incontables veces que no-. 

-Pero doctor, seríamos perfectos...-flexionó sus músculos, haciendo poses exageradas-Juntos-.

-No se que le hace pensar eso-Flug intentaba buscar por donde huir, retrocedió ligeramente, sin ser notado. 

-Tu ingenio y mi fuerza, creo que nos complementariamos perfectamente-le sonrió, intentando acorralarlo contra una pared cercana. 


Flug realmente no quería saber nada con él, no quería trabajar para él ni mucho menos tener ninguna clase de relación más personal ¿Por qué no podía entender y dejarlo en paz?


-Si bueno, me halaga, pero tengo cosas que hacer-disimuladamente, Flug metió la mano en su bolsillo y sacó una pequeña esfera, la dejó caer, haciéndola rodar unos metros más allá.


¡Boom! 


El diminuto explosivo estalló con fuerza, llamando la atención de todo el pueblo, incluyendo Black Hot. 


Flug aprovechó para huir. 


El doctor pasó la tarde viendo las llamas, sin querer había provocado un incendió, era otoño y las hojas secas habían resultado buen combustible, no era tan grave, el viento alejaba las llamas del pueblo hacia...


¡Hacia las colinas! ¡Hacia la mansión!


Todo mundo miró, con horror, como el fuego avanzaba, subiendo la colina como si tuviera conciencia propia y, rápidamente, se tragaba los frondosos arbustos de rosas más cercanos a las torcidas rejas de la mansión. 


El fuego ardió, naranja e intenso, toda la noche, el crujido del fuego y las hojas era acompañado por un rugido, un furioso lamento.


El amo de la casa estaba furioso. 


Cuando llegó la mañana y el fuego se convirtió en humo, las puertas de la mansión se abrieron por primera vez en siglos, junto a la entrada los arbustos de rosas no eran más que montículos carbonizados. 


Todo el pueblo miraba, horrorizado.


Ahí estaba, la bestia. 


-¿Quien?-fue todo lo que pronunció, un gruñido gutural acompañando la áspera voz. 

Flug no tenía a donde huir, fue rápida y fácilmente capturado. La turba enfurecida lo llevó a rastras ante el amo de la mansión y lo arrojó a sus pies.


-¡Fue él!-señaló uno de ellos-¡Fue él quien inició el fuego!-.


Flug miró hacia arriba con temor, no muy seguro de que se iba a encontrar, había soñado tantas veces con conocer a aquella leyenda viviente, pero aun así, de seguro era aterrador, algo pesadillesco, algo...


¡Era hermoso! ¡El hombre más guapo que hubiese visto nunca!


Para el pobre doctor fue un flechazo inmediato, sintió su corazón dar un brinco en una mezcla de repentino amor y absoluto pavor. Entendía porqué lo llamaban bestia, monstruo, demonio y tantas otras cosas. 


Alto y delgado, de tenso y elegante porte. Piel negra de serpiente. Afilados colmillos de un verde tan peculiar que parecía brillar por sí mismo. Un único ojo, felino y amenazante, el otro era solo un cristal opaco, un monóculo que dejaba en claro que, detrás, no había nada que ver más que horrores. 


Cosa inhumana, monstruo de pesadillas, criatura nacida de alguna imaginación torcida y febril. Era tan aterrador y tan...


Tan hermoso. 


-Ay no...-se lamentó, consciente de que había caído en algo terrible, en algo que nunca podría ser.


Se había enamorado. 


¡Así de repente! ¡A primera vista! ¡Vaya locura!


El demonio lo jaló de la ropa, obligándolo a ponerse de pie y a mirarlo directamente.


-Me la vas a pagar-siseó, furioso, una lengua de serpiente asomándose con cada palabra.

-¿C-como e-exactamente?-se atrevió a preguntar, temblando como una hoja.

-¡¿Cómo crees?!-lo sacudió.

-N-no, por favor, p-puedo tra-trabajar para u-usted-rió, nervioso y aterrado-Se ha-hacer todo tipo de c-cosas ¿Si? Haré lo que me pida-. 


El hombre pareció considerarlo unos momentos, lo arrojó de vuelta al suelo y sonrió.


-Siempre me viene bien un esclavo~-se giró de vuelta a la mansión y avanzó-Sígueme-.


Flug obedeció sin rechistar, de alguna forma prefería eso a la multitud detrás suyo, que lo miraba con desprecio y claramente había esperado que el dueño de la mansión lo destripara ahí mismo. 


Lo siguió en silencio al interior de la mansión, lo siguió por lúgubres pasillos, a través de pesadas puertas.


La mansión era elegante, pero había algo torcido en su estructura, las grandes ventanas estaban semi oscurecidas por las lianas de los rosales, se podía oler en el aire una combinación al perfume de las flores y a un largo encierro, esas ventanas nunca se abrían. 

Flug podía sentir, por puro instinto, como que algo respiraba en esa casa. La mansión misma quizás, era una cosa viva y siniestra y él ahora estaba en sus entrañas. 


-D-disculpe...-.

-¿Hn?-el demonio, sin dejar de caminar, giró la cabeza como un búho para poder verlo, sonriente, claramente intentando asustarlo.


Flug se encogió su sitio, pero no detuvo sus pasos.


-Podría decirme su nombre, por favor-pidió con timidez.

-Black Hat...-contestó, girando su cabeza de vuelta al frente-¿Y tu? No es que me interese, pero si vas a ser mi sirviente supongo que debo saber a quien le estoy gritando-.

-Kenning Flugslys, p-pero me dicen Doctor Flug o solo Flug-.

-Así que, Doctor~-dijo con cierta burla-¿En que pensaba quemando mis queridas rosas? ¿Acaso quiere morir?...Aunque supongo que eso ya lo intentó una vez ¿No?-rió cruelmente.

-Uh... Yo...-suspiró, realmente no quería hablar de ello-El incendio, fue un accidente, se lo aseguro-.

-Bueno, no importa, el resultado para ti es el mismo-se detuvo y abrió una última puerta.


Flug observó, con interés, la sala de estar ante él. Era acogedora, en el hogar ardía un fuego, ante el mismo un grupo de mullidos sofás y una mesita, alrededor, decorando las paredes, enormes estanterías repletas de libros, cuadros antiguos, cabezas de animales bellamente disecadas. Todo en tonos rojos y negros, tenia un aire melancolico. 


Ahi parado, esperandolos, habia un joven de largo cabello negro. Vestía como un mayordomo.


-Bienvenidos-sonrió con dulzura. 

-Vayamos al grano- Black Hat tomó asiento en un sofá de respaldo alto, apoyó los codos y juntó los dedos, mirando a Flug con seriedad-A partir de ahora, eres mi sirviente ¿Entendido?-.

-Entendido-.

-Y si fallas, de la forma que sea, te matare ¿Entendido?-.

-Entendido-repitió, mirando el suelo.

-Sin embargo, tenerte aquí para siempre no es de mi interés, demasiado tengo con este sujeto-señaló a su mayordomo-.

-¡Oye!-.

-Así que vas a servirme tanto tiempo como tarden mis rosas en volver a toda su gloria ¿Qué te parece?-.

-Oh, m-me parece perfecto...Uh... ¿Amo? ¿Jefe? ¿Jefecito?-soltó de nuevo esa risita nerviosa, esperando ser reprendido, en cambio escucho al demonio reír también.

-Dime como quieras, no hablaremos mucho de todas formas-. 


El mayordomo a su lado suspiró con algo que parecía fastidio.


-Te enseñaré lo que necesites saber, Flug-le sonrió-Soy Shisui, por cierto, un placer-.

-Igualmente-.


Estrecharon las manos y, por un momento, hubo silencio, hasta que a Flug se le ocurrió preguntar.


-¿Cuánto tiempo tardarán las rosas en crecer?-.

-Hn...-Black Hat pareció contar mentalmente-Treinta años, diría yo-. 

Flug no dijo nada, recordaba que cuando era pequeño esos arbustos recién habían empezado a crecer, así que tenían la misma edad. 


Tras eso, Shisui se llevó a Flug a su nuevo cuarto. No estaba nada mal, no era espacioso, pero tenía una cama cómoda y podía ver todo el pueblo a través de la ventana. 


-En la tarde iré por tus cosas, es temprano, así que aprovecha de dormir un poco, vendré en un par de horas para enseñarte las reglas de la casa y todo lo demás-. 

-Ok-.


Shisui le sonrió y se fue, dejándolo completamente solo.


Flug se dejó caer en su nueva cama, respiró muy hondo y, en vez de llorar o lamentarse, sonrió ampliamente. 


martes, 7 de febrero de 2023

PaperPunk Cap 10: The Sickness (The Bond)



Los siglos que siguieron fueron dicha, cuando había paz el Infierno era, de hecho, un lugar hermoso.

Flug era feliz, en la biblioteca tenía todo el conocimiento del mundo al alcance de sus manos, habido y por haber. 

Había lugares fascinantes que visitar y largos días en los que no había nada que hacer más que pasar su tiempo con Black Hat. 


Querían aprovechar al máximo esos años que les quedaban, tanto como se pudiera. 

Lamentablemente, los complots y la guerra habían reducido ese tiempo a menos de la mitad, para Black Hat aquello era un pestañeo, un tiempo tan breve, tan efímero y doloroso. 


Cada vez que pensaba en ello, en el paso de las horas, los días, los años...Le dolía el pecho, tosía sangre y de esa sangre nacían rosas. 

Eran las flores más bellas, tan rojas como la sangre de las que habían nacido, exquisito e intoxicante aroma, en el centro se escondía una boca de afilados colmillos. Eran tan hermosas como letales, su veneno tan potente que el solo oler su perfume podía causar la muerte. 


Era la maldición de Hatfield.


Mientras más tiempo pasaba, mientras más próxima era la muerte de Flug, más enfermo se sentía el demonio, en su corazón estaban creciendo espinas, manifestación de su amor, su angustia, su duelo. 


Los nobles del Infierno estaban preocupados, Black Hat había resultado ser un buen líder, un digno sucesor de su padre, temían por la vida de su joven gobernante, pero nadie sabía cómo deshacerse de la maldición, pues Hatfield la había inventado en el momento. 


Había días especialmente malos en los cuales Black Hat no podía levantarse de la cama, los mismos días en los que a Flug se le notaba el cansancio de los años. 

El doctor no había envejecido un día, pero a veces se sentía cansado y, en consecuencia, hacía a su demonio enfermar.


-Lo siento, Jefecito-.

-No pasa nada, no te preocupes-.


Estaban ambos en la cama, en su habitual abrazo íntimo, mirándose a los ojos. 


-De hecho, está bien-agregó, acariciándolo con ternura-Es ...Es como envejecer juntos-.


A Flug se le escapó un sollozo, Black Hat tenía una forma tan especial de ser romántico. No quería llorar y arruinar el momento.


-Oh, Jefecito-lo besó, un leve mordisco-Tan cursi-.

-Agh, luego te quejas de que no te digo cosas lindas-rodó su ojo, divertido-Pero lo digo en serio, siempre quise crecer contigo, estoy cansado de ser inmortal-.

-Black Hat...-.

-Incluso si pierdo mi poder y mis memorias, incluso si empiezo de cero, las cicatrices siguen ahi, los eones de dolor y trauma siguen ahí, sin importar que haga siempre debo verte morir-le apartó el cabello del rostro y le acarició las mejillas-Y esta maldición no va a cambiar nada, pero al menos puedo pasar este dolor contigo-.


Flug lo abrazó con fuerza y se permitió llorar. Black Hat hizo lo mismo. 


Mientras tanto, Shisui estaba preocupado. No tenía cómo sanar a Black Hat, le preocupaba que muriera de verdad y él, a diferencia de Flug, nunca podría reencarnar. El demonio no tenía un alma tal cual, no había nada que Shisui pudiese recolectar y poner cuidadosamente en un sitio nuevo, como hacía con los mortales y otros seres con almas. 

¿Entonces que? ¿Iba a sufrir por el resto de sus días? ¿Aun más de lo que lo hacía habitualmente?


Sabía que la presencia de Flug mitigaba su dolor, pero en cuanto este se fuera iba a ser pura agonía ¿Que podía hacer?


Shisui se paseaba por su hogar, de un lado a otro, como animal enjaulado...


-Oh...Supongo que podría preguntarle-sonrió.


Busco un rincón de sombras y metió la mano. Como un mago sacando un conejo de su sombrero sacó, de entre la oscuridad, a Hatfield. 


-Buenos días, querido-lo saludó-¿La pasaste bien en mi limbo?-.

-No-el hombre frunció el ceño-¿Qué quieres? ¿Es que al menos no tengo derecho a dormir?-.

-¿Tenías un buen sueño? Lucian-lo jaló y lo sentó en un sofá.


Hatfield llevaba todo ese tiempo encerrado en un vacío, Shisui a veces le hablaba, quizás porque le daba lástima su soledad, pero aparte de eso no podía hacer mucho más que flotar por ahí y dormir. 

El dios, compasivo, le preparó una taza de té y unos pastelillos.


-Soñaba con August-admitió, intentando que no se notara cuanto ansiaba probar bocado. 

-Me lo imaginaba-se sentó ante él, sonriente-De hecho, de eso quería hablar-.

-Déjame adivinar, quieres que te de la solución a la maldición que le impuse a My Dear a cambio de que me dejes reencontrarme con August ¿Verdad?-sonrió apenas y tomó un sorbo de té.

-Sabelotodo-rió-Si, esa es exactamente la idea-.

-Está bien-asintió-Pero también quiero mi libertad-.

-Por supuesto-.

-Ok, es de hecho bastante simple, primero Black Hat debe olvidar quien es, eso es fácil, lo ha hecho antes, debe olvidar a Flug también, entonces en su nueva vida, debe enamorarlo de nuevo-.

-¿Por qué?-.

-Porque me preguntas algo que ya sabes, dios de la luna-alzó una ceja-¿A qué juegas?-.

-Oh, solo dejo que las cosas sigan su curso, Lucian-suspiró-Pero, también, quería confirmarlo nada más-. 

-Pues ya sabes-. 


Así que, en realidad, el plan era el de siempre. Flug iba a morir y Black Hat iba a llorar, lloraría tanto que su pena ahogaría el mundo, a sí mismo, lavaría sus memorias y se llevaría su poder en la corriente. 

Entonces empezaría de nuevo, en otra parte, donde Flug estaba esperando.


Pero había una importante diferencia, la maldición. 


Por ahora, la misma no estaba en completo efecto, porque Flug estaba ahí, haciendo fuerte ese corazón que era, secretamente, tierno y frágil. En soledad, en cambio, la maldición estaría con todas fuerzas, encerraría su corazón en una cárcel de espinas, más duro e inalcanzable que nunca y, si Flug no lo amaba, si lo rechazaba, las espinas iban a matarlo. Black Hat iba a morir, de verdad, para siempre. 


Sin embargo, era también la clave de su sanación. Las maldiciones eran algo caprichoso, con sus reglas, trucos y excepciones.


Era como en los cuentos de hadas, el verdadero amor rompería la maldición, el problema era que Black Hat había encontrado ese amor mucho antes de ser maldecido, así que en vez de sanarlo solo mitigaba sus efectos, por eso debía empezar de nuevo. 


-Ya te di lo que querías, toca mi parte-.

-Oh, claro-Shisui nada más sonrió, la voz de Hatfield lo había sacado bruscamente de sus pensamientos-¿Y qué harás?-.

-Creo que me portaré bien por un tiempo, estoy cansado, ya veremos luego-sonrió, malicioso.

-Eres cabeza dura, en fin...-chasqueó los dedos y alguien más apareció en el cuarto. 

-¿Qué? ¿Dónde?-el Nephilim miró a todos lados, su rubia cabeza casi rozando el techo.

-¡Darling!-Hatfield fue corriendo hacia él y, de un salto, quedó colgando de su cuello.

-¡¿Darling?!-August lo sostuvo por puro instinto, mirándolo con profunda sorpresa y confusión.

-Tenle paciencia, Nephilim, pasar tanto tiempo en mi limbo le revolvió un poco los sesos, ya se le pasara-Shisui reía para sí mismo, ese par era tan despreciable, pero le resultaban entretenidos. 

-Vamos a casa, Darling~-.

-Llevalo a casa, Darling~-se burló Shisui.

-Este hombre no es mi responsabilidad-objetó el rubio, un ligero tic bajo uno de sus ojos.

-Haz de cuenta que llevas a casa un malvado, extraviado, gatito-suspiró-Eso es ¿No es así? ¿Una mascota?-.

-Ugh...Bien como sea-August aceptó aquello de mala gana, cargándose a Lucian sobre la espalda, a caballito-Aun estoy enojado contigo, Lucian, me prometiste que tendría a Ragna-le reclamó.

-Lo obtendremos la próxima vez, Darling-sonrió, ocultando el afilado rostro entre los cabellos dorados.


El Nephilim, incierto, rodó los ojos y desapareció de ahí junto con Hatfield. 


El Infierno empezó su preparaciones, pasarían un largo tiempo sin gobernante, así que muchas cosas debían ser puestas en orden. No era tan malo, tanto Lucifer como Seto solían ausentarse también, si su nuevo gobernante prefería vivir entre los mortales, una nueva vida cada vez, no les molestaba. 


Un día, finalmente, el tiempo de Flug llegó a su fin. 


Una muerte pacífica en los brazos de su esposo, despedido con un beso, su último suspiro inmediatamente seguido de un crudo lamento. 


Black Hat lloró por días, su pena creando tormentas, lloró hasta quedarse sin voz, hasta agotar sus fuerzas, hasta dormirse, exhausto. 


Aun asi, las lagrimas no se detuvieron, ahogaron todo a su alrededor, hasta que su cuerpo se hundió en un mar de su propia creación, el mar de lágrimas se llevó sus recuerdos, su pena, su poder, lo mando a navegar, durmiente, a un mundo nuevo, allí donde Flug lo esperaba. 


FIN~

sábado, 4 de febrero de 2023

PaperPunk Cap 9: The Throne (The Emperor)

 


“Tap, tap, tap”

Resonaba suavemente, uñas afiladas sobre el cráneo metálico que decoraba los apoya brazos del trono. El amplio vacío de la sala hacía eco.

Una corona había reemplazado el sombrero, al menos por el momento, molestaba en sus siempre delicados cuernos, pero no podía quejarse. 


Detrás suyo, oculto entre las sombras, estaba Hatfield, sonriendo de oreja a oreja. 


-Bien hecho, My Dear-dijo, casi ronroneando-Ahora, moldeemos este lugar a mi gusto ¿Que te parece?-.

-Como si me pudiera negar-gruñó suavemente.

-¡No seas insolente!- lo tomó de los cuernos y lo arrojó al suelo-Estoy harto de tu actitud, My Dear-le dijo, sonriente, sosteniendolo contra el frío suelo.


Black Hat no le dijo nada, solo ladeo el rostro. 


-Te he tratado demasiado bien ¿No es así? Quizás debería darte un castigo o, mejor aún, dejar que August juegue contigo un rato-. 

-Eso no...-.

-Entonces háblame con respeto-. 

-...-el demonio lo miró con profundo desprecio-Estoy harto de ti, haz lo que quieras, Hatfield-.


El hombre torció el gesto con disgusto y le dio un bofetada, de nuevo el sonido hizo eco en la sala vacía.


-Solo estás frustrado porque no puedes tenerme sin forzarme y no puedes tener a August sin morirte-le espetó, siseando y retorciéndose, intentando escapar de su agarre-E, incluso si sobrevivieras a él, solo le interesas porque te pareces a mi-. 


Hatfield se mordió el labio con tanta fuerza que se hizo sangrar, las palabras del demonio y el sabor de su propia sangre lo hicieron ver rojo.

Pasó los siguiente minutos abofeteando a Black Hat, que no podía alejarse ni defenderse de él, no era que le doliera realmente, pero era humillante y solo quería que terminara pronto. 


Lucian se apartó por fin de él, agitado, las manos heridas. Al menos no había usado los puños o tendría los dedos rotos. 


Black Hat se puso de pie con lentitud, sentía la piel del rostro arder.


-¿Satisfecho? Mr Hatfield-.

-Bastante-suspiró, acomodándose la ropa-Tendrás una junta en un rato-.

-Lo se ¿Por que mejor no se retira? Mr Hatfield-le siseó con odio-Se perfectamente lo que tengo que hacer-.

-Más te vale-Hatfield se marchó sin más. 


Black Hat recobró la compostura y se sentó de vuelta en su trono, el rostro serio. 

Se creía mucho, ese Lucian B Hatfield ¿No es así? Y era cierto que Black Hat estaba, hasta cierto punto, bajo su merced. No podía desobedecerle, no podía mentirle, pero otros a su alrededor podían...


Miss Heed tenía influencia y, mientras Black Hat fingía obedecer, ella secretamente trabajaba para él, moviendo sus propios hilos, formando sus propias alianzas. 

Era útil que, para los demonios, los súcubos eran poca cosa y que, para Hatfield, una mujer no era algo de cuidado. Así que la chica podía trabajar en paz junto a Lilith, su séquito de súcubos y cualquier otro demonio que se les uniera. 


Era fácil, su talento natural, el susurrar al oído de otros y poner su influencia en ellos, así que poco a poco se hizo con todo el consejo de nobles, la corte real que seguía fielmente al nuevo gobernante y así, calladamente, todo mundo tenía un cuchillo en la espalda de Hatfield y él no estaba enterado en lo más mínimo. 


Esos nobles, de los que Black Hat se había ganado su confianza, fingían no saber de Hatfield, llevaban sus reuniones con naturalidad, aceptando lo que Black Hat decía sin rechistar y Lucian sonreía, creyendo que el Infierno era todo suyo. 


Hatfield era muy listo, pero tendía a confiarse demasiado, ya había cometido ese error una vez y parecía cosa del destino el cometerlo de nuevo. 


-Le das demasiada libertad, Lucian, dámelo antes de que haga algo de lo que te arrepientas-.


Lucian miró al Nephilim, ahí parado, ese gigante insolente que no hacía más que exigir. 


-Aún tiene cosas que hacer antes de que te lo folles hasta la inconsciencia, August-.

-Lucian...-.

-¡Callate! ¡Está fuera de discusión! ¡Este plan es mío, no tendrías nada sin mi! ¡Así que deja de discutirme!-.

-...-August lo miró, ojos de frio acero-Estas celoso-.

-¿Celoso?-.

-Celoso de que lo prefiero-sonrió con crueldad-Celoso de que puedo hacerlo mío cuando quiera, sin trucos como haces tú, celoso de que siempre hay alguien antes que tú, sin importar en quien decidas fijarte ¿No es así?-.

-Callate, August ¿Tu que sabes? Si no sientes nada en lo absoluto-. 

-Incluso estas celoso del doctorcito, porque es el único que tiene el corazón de ese demonio, eres un humano vil que debe tomar todo a la fuerza, excepto por lo que realmente quiere, eso eso-le tomó el rostro con fuerza, una sola mano le alcanzaba para sujetar su rostro completo-No tengo sentimientos, eso es verdad, pero se de lo que hace turbios los corazones mortales, eso es de lo que me alimento, después de todo, tu corazón es oscuro, triste y delicioso, envenenado de pecados y odio-se saboreó-Es una lastima que seas humano, no más que un bocadillo-.


Hatfield lo golpeó con el bastón, quebrándolo, el Nephilim no se movió en lo absoluto.


-Y para ser alguien que fue capaz de encarcelar un dios, realmente no has aprendido a ser precavido-.


Lo miró con intriga, incredulidad y algo de miedo. No podía liberarse de su agarre. 


-¿A qué te refieres?-. 

-No te dire nada, estos asuntos entre demonios, humanos y dioses herejes realmente no me incumben, un dia me los comeré a todos, mientras pueden hacer lo que quieran-rió-Pero, ha sido divertido trabajar contigo, hasta ahora-. 

-¿Qué...?-.

-Nos vemos, Lucian-lo besó con inusual ternura y se esfumó, dejando a Hatfield completamente solo. 


En otra parte, lejos del anonadado Warlock, había un asunto que era, en efecto, entre demonios y dioses herejes. 


-Ya es hora de que te quite mis bichitos-Miss Heed sonrió con burla-Supongo que ya sufriste bastante y te necesitamos para el plan-.


Shisui le gruñó, llevaba todo ese tiempo encerrado, su inestable forma de lobo apenas caía en la jaula, no hacía más que lamentarse y vomitar madejas de hilos rojos y bichos retorciéndose, su mente era un lío, aunque a decir verdad siempre había estado un poco loco.


-Oh, no te enojes conmigo-rió-Era todo parte del plan, eso lo sabías ¿No es así?-.

-Aun así, Cecilia-le dijo con despreció-Mejor apurate, que aun me queda compasión, al menos que quieras que te trague viva-. 

-Si, si...-.


No era la primera vez que Hatfield veía su mundo derrumbarse como un castillo de cartas, esas que había acomodado tan cuidadosamente. 


-¡Es tu culpa!-le gritó al demonio, golpeándolo con su bastón-¡Es tu culpa que él se fuera!-.


Black Hat se protegía con los brazos sin protestar ni quejarse en lo absoluto, estaban solos en la sala del trono, o al menos eso pensaba Hatfield. 


-¿Qué pasa? Lucian ¿Te abandono tu querido?-.


Hatfield se quedó con el bastón alzado a medio camino, esa voz ¡No podía ser! Se giró a ver y...


¡Era ese dios! ¡¿Pero cómo?!


Se lo veía delgado y pálido, pero era él sin duda. 


-¿Que...Que haces aqui?-.

-Nada, Lucian, vine a ver el espectáculo-sonrió con dulzura y se sentó en el trono vacío-Lo que va a pasar, tiene toda mi aprobación-la sonrisa dulce se había vuelto cruel. 


Hatfield entonces notó que esa chica, esa súcubo, también estaba ahí.


-Vengan por él mis amores~-dijo con sonrisa triunfante, una mano en la cadera y otra señalando a Hatfield. 

-¿Qué...?-.


No tuvo más tiempo de decir nada, una horda de demonios entró de repente y lo subdujo sin esfuerzo, era más que él, más fuertes que él. 


-Veras, Mr Hatfield-Black Hat estaba ante él, postura firme, manos tras la espalda-No puedo romper mi contrato contigo, pero contratos entre demonios sobreescriben contratos con mortales-sonrió.


Hatfield abrió grandes sus ojos felinos, cayendo en cuenta de lo que pasaba.


-Hiciste un trato con ella-.

-En efecto-asintió-Ha estado trabajando para mi desde que nos dejaste juntos en ese calabozo-.

-Maldito...-.

-Este trono, es mío, Hatfield-siseó-Estos súbditos, son mios-lo miró con profunda crueldad y desprecio-Y vas a romper nuestro contrato si no quieres que te arranquen cada extremidad por el resto de la eternidad-. 

-No puedes...No te dejaré-se debatió entre todas las manos que lo sujetaban, en pánico. 

-Ellos me obedecen a mi, no a un simple humano, y mi orden fue que ignoraran todo lo que sale de tu sucia boca, incluyendo órdenes que impongas en mi, por más que les diga que se detengan, no lo van a hacer, al menos que rompas el contrato-. 


Lucian forcejeó vanamente un poco más, antes de agachar la cabeza ¡¿Por que tenia que estar pasando de nuevo?! ¡Había hecho todo a la perfección!


-Te libero-masculló- ¡Y te maldigo! ¡Te maldigo para que crezcan espinas en tu corazón! ¡Te maldigo! ¡Te maldigo! ¡Te maldigo!-.


Un demonio que le sujetaba la cabeza se la azotó contra el suelo, haciéndolo callar.

Black Hat, rostro serio, no comentó nada sobre sus últimas palabras, en cambio miró a Shisui.


-Haz lo que quieras con él, no me interesa-.


Shisui, furioso, se puso de pie, se transformó en un lobo enorme y se tragó a Hatfield de un bocado.