martes, 21 de marzo de 2023

Let me teach you Cap 2: Reacción Quimica




Black Hat extendió, sin abrir su ojo, su mano hacia el lado opuesto de la cama, buscando algo, a alguien...


No había nadie.


Abrió su único ojo, la pupila expandiéndose y contrayéndose como la de un gato. Siempre despertaba solo. 

Como tantas otras veces, había llevado alguien a su casa a pasar la noche y, como tantas otras veces, esa persona había desaparecido antes de que saliera el sol. 


Siempre lo hacía sentirse usado, deseado e indeseado al mismo tiempo, solo era bueno para una noche de pasión y nada más. 


Normalmente estaba cómodo con su soledad, pero en momentos como ese la odiaba, al menos podrían quedarse hasta la mañana, decir “La pase bien, pero me tengo que ir” pero no, todos se marchaban lo más pronto posible. 


Se sentó en la cama y se estiró, su cuerpo flexible cediendo con facilidad. 


Tomó una ducha, se sirvió una taza de café y dedicó unos minutos a atender sus plantas. Eran su única compañía y su hobby secreto. 

Miró a su alrededor, el apartamento era espacioso, quizás podía comprar una o dos plantas más.

Era nuevo en la ciudad, así que no tenía mucha idea de donde, pero podía ocuparse de eso luego. 


Salió con un poco de prisa, un auto lo esperaba. 


-Mr Hatfield-sonrió, entrando al vehículo.

-My Dear~-.


Durante el camino hablaron de esto y aquello, poniéndose al día con sus obligaciones, entre otras cosas.

Black Hat lo miraba con disimulo, el distintivo perfil, la piel morena, la sonrisa de dientes inusualmente blancos y caninos prominentes. 

Hatfield tenía el porte de un gentleman, vestía como tal, de no saber que era humano, Black Hat habría pensado que era un vampiro.


Miró su mano sobre el manubrio, sobre la palanca de cambios, gesticulando cuando hablaba...

Debía de ser cálido, como tendían a ser los humanos, quería tomar su mano.


“De seguro él se quedaría” pensó con cierta inocencia e ilusión. 


-¿Pasa algo? My Dear-le preguntó sin apartar su vista del camino-Te quedaste callado de repente-.

-No pasa nada-negó, dirigiendo su atención a la ventana, cuando lo llamaba así, le hacía sentir mariposas en el estómago. 


No quería hacerse ideas, Hatfield lo doblaba en edad, seguramente lo veía como a un niño, pero al mismo tiempo era tan galante y atento. 


Black Hat suspiró con anhelo y Hatfield rió.


-¿Enamorado? My Dear-.

-¿Q-que? Nooo ¿De quién? ¿Que dices?-miró a todos lados, sintiendose tonto en su propio panico, sentia las mejillas arder. 

-Solo bromeo-rió de nuevo-He oído que eres bastante popular con los alumnos-.

-Ugh-rodó los ojos-No me interesa-.

-Escuche que Flugslys te puso el ojo-continuó, sonando más serio.

-Ah, el Nachzehrer, si lo note-.

-Ten cuidado con él, My Dear, no tiene exactamente la mejor reputación, quiero decir, no estarías haciendo nada ilegal, solo un poco inapropiado y no te despediría por ello, pero no él no es exactamente...-.

-Lo se, Mr Hatfield, puedo cuidarme solo-le aseguró-No tengo interés en salir con ningún alumno de todas formas-.


Hatfield le sonrió y detuvo el vehículo, se bajó y rodeó el auto para abrirle la puerta, ofreciéndole su mano. 


Black Hat la aceptó, sabiendo de sobra que lo miraba con ojos de cachorrito, pero no podía evitarlo. 

-Siempre tan adorable-besó su mano con galanura.

-Mr Hatfield, por favor...-suspiró, apartando su mano, avergonzado. 


Hatfield rió y lo dejó marchar, ambos tenían mucho que hacer. 


Black Hat entró a su salón de clases, como cada día desde hacía una semana, ese chico era el primero en estar ahí, esperándolo. 


-Buenos días, profesor-lo saludó.

-Buenos días, Flugslys-suspiró con fastidio-Siempre tan puntual-.

-Tengo razones para serlo-dijo con tono coqueto.


El demonio prefirió ignorarlo, era mejor si hacía como que no pasaba nada fuera de lugar. 

Acomodaba sus libros sobre el escritorio, cada ¡Thud! de los pesados tomos resonando en el aula vacía.


Flug se puso de pie y se le acercó, mirando todo con curiosidad, tomó uno de los libros del montón y sonrió. Era un libro de botánica, de esos antiguos, con bonitas ilustraciones hechas a mano.


-¿Le gustan las plantas?-

-Un poco-se lo quitó de las manos y lo devolvió a su lugar-Vuelve a tu asiento, Flugslys-.

-Ay, dígame Flug, por favor-.

-¿Si lo hago volverás a tu asiento?-siseó, molesto, estaba demasiado cerca.

-Tal vez...-.


Sin verguenza alguna, Flug tomó su mano, la que descansaba sobre el libro que le acaba de quitar, estaban frias, tanto que podia sentirse a través de los guantes de cuero negro. Le gustaba, pero lo que le gustó más fue su reacción.


Black Hat se estremeció completo, ese toque tan cálido, se sentía como electricidad.


-Sabe, trabajo en una florería, vendemos de todo, aunque nos especializamos en plantas medicinales-sonrió-Puedo darle la dirección, por si le interesa-. 

-Oh...Ok-lamentablemente si le interesaba, las plantas al menos. 

-Bien, lo anotare para usted-soltó su mano y, con un lápiz, escribió en la primera hoja del libro-Ahí está...-se apartó-También le deje mi numero-le guiñó un ojo y prácticamente corrió de vuelta a su asiento antes de que Black Hat pudiera protestar. 


Flug estaba muy contento consigo mismo, de vez en cuando volvía mirar su mano, aun sentía el frío ajeno. 


-Te estás haciendo muchas esperanzas, Flug-Shisui, siempre al pendiente, le murmuró con cautela.

-Creo que tenemos química, sabes-suspiró con anhelo. 


Shisui nada más sonrió, podía darse cuenta de muchas cosas con solo mirar a alguien, incluyendo cuando un par se gustaban entre sí, quizás Flug tenía algo de razón. 


Como siempre, durante clases, Flug simplemente lo observaba. Tenía decoro suficiente como para no interrumpirlo, además no quería ser esfumado a la nada como ya le había pasado a algunos.

Nadie sabía a donde eran enviados y, cuando volvían, no querían hablar de ello, pero se les notaba en los ojos que era algún lugar horrible. 


Pero era tal su fijación por él que lamentaba no poder verlo más que un par de horas al día, se encontraba extrañando a alguien que no conocía. 


Black Hat en cambió, en ese día en particular, también se encontraba pensado en él. Aun podía sentir su calidez, esa sensación eléctrica en su piel.


Sabía de la reputación de su alumno, un seductor empedernido que no pasaba más de una noche con nadie, ciertamente no era de su interés. 

Contrarió a su fría y estoica naturaleza, Black Hat deseaba compañía, alguien que lo entendiera y se deseara permanecer, no un muchacho que se servía de los otros alumnos como si fuesen parte del menú de la cafetería. 


Black Hat rió para sí, eso era bastante literal en el caso de Flug, era un no muerto después de todo, se alimentaba de personas como los humanos se alimentaban de ciertos animales. 

Se preguntó de dónde conseguía sus alimentos, no podía estar viviendo solo de sangre ¿Verdad? El hambre lo habría vuelto loco hacía tiempo, era un milagro que no lo estuviese ya de por sí. 

Pero, si comía la carne de sus víctimas, las mataba en el proceso, seguramente sus presas no eran parte del cuerpo estudiantil, sería demasiado obvio que, algunos de los que iban a pasar una noche con él, no volvían. 


¿Entonces que? ¿Casaba en secreto y de sus conquistas se conformaba solo con sus sangre? Debía de ser frustrante para tal criatura, tan dada a sus propios vicios. 


Le daba curiosidad, quizas podia preguntar, quizás hasta podía saciar esa curiosidad más a fondo pero... Pero en verdad no quería involucrarse con él, no de esa forma al menos. 


Le gustaba Mr Hatfield, su querido Lucian, el que besaba su mano y lo llamaba “My Dear” él que lo miraba como a algo valioso y lo trataba bien. 


¡Oh, pero pobre, inocente, demonio! ¡Lucian B Hatfield no era más que un rufián!


En su oficina aquel hombre, aquel Warlock con disfraz de gentleman, miraba por su ventana con mal humor. 

Desde allí podía ver todo el campus y, con su magia, un poco más allá. Difícilmente algo sucedía sin que él se enterara.

Sin embargo, los asuntos mundanos de sus alumnos poco le interesaban, si querían hacer trampa en los exámenes, fornicar en los baños y meterse sustancias cuestionables por la nariz y las venas, podían hacerlo. No le importaba. 


De hecho, le beneficiaba.


Los jóvenes producían energía, grandes cantidades y, mientras peor se portaran, mejor. 

La ubicación de ese lugar, la arquitectura, los diseños en las baldosas del suelo y la discreta pintura en las paredes. 


Era un círculo mágico enorme.


Y era todo suyo. 


Alimentaba su poder, lo mantenía joven, pero era inconstante y podía serle arrebatado fácilmente. Al menos que sellara el lugar y su unión a él con un pacto demoníaco. 


Lucian no estaba dispuesto a vender su alma, suficiente tenía con quien había sido su patrón, al cual había asesinado sin remordimientos. No, usaría un método diferente. 


Si, literalmente, sellaba a un demonio a los terrenos, entonces ese lugar sería eternamente suyo.


Recientemente había encontrado a la víctima perfecta.


Joven, lleno de potencial y poder y, aun así, tan inocente. Su querido Black Hat. 


Sabía que el demonio gustaba de él ¡Oh, era una lástima que no fuese una chica! Pero estaba dispuesto a jugar con él para obtener lo que quería. 


Por el momento debía prepararse, sellar a un demonio era tarea difícil, requería todo tipo de rituales y sacrificios. 


Hatfield se divertía con ello, seduciendo damitas con hambre de aventura y viudas desesperadas, más que dispuestas a seguirlo, a dejarse seducir, sin saber que terminarían en un altar con el pecho abierto y la sangre drenada. 


Black Hat de sus intenciones no sabía nada, lo miraba con ojos de enamorado, ansioso de aceptación y cariño.


¡Jajaja, cómo tenía que resistir para no reír en su cara! 


A decir verdad, a veces quería golpearlo. Odiaba su seducción, sus tentaciones. Hatfield no tenía interés en otros hombres, pero por él...Tal vez solo un poco. 


El día continuó con normalidad y llegó a su fin. 

Flug se apresuró a salir junto con Shisui, camino al trabajo de ambos. 


Shisui era dueño de una adorable florería, también funcionaba como herboristería. 

Destacaba allí en la ciudad, una pequeña tienda que parecía salida de otro tiempo, de algún pueblo remoto. Lucía acogedora, como si te invitara a tomar un té y oler las flores con su frente de madera y sus luces cálidas. 


Black Hat se llevó una sorpresa al encontrarla, olía a magia muy antigua. Algo que no era bueno ni malo, solo extremadamente viejo. 


Entró, su llegada siendo anunciada por una campanita. 


-Profesor, bienvenido-ahí estaba Flug, con delantal y guantes gruesos, cargando una maceta. 


En la misma había una planta con su flor, moviéndose con algo que parecía ser ira. 


-No luce feliz-sonrió el demonio.

-Ay, es que odia que la cambien de lugar-dijo, intentando alejar la cara del alcance de la flor, tenía dientes.


Black Hat se acercó, interesado. 


-¿Cuánto cuesta?-preguntó, acariciando las hojas con delicadeza. 

-Eh...No estoy seguro, de hecho, deje que revise-dejó la maceta sobre una mesita y fue a revisar el pesado libro sobre el mostrador.


Tras informarle sobre el precio de la planta, se quedaron conversando sobre otras especies que tenían a la venta mientras Flug seguía con su trabajo.


-...Y Shisui se encarga de preparar todo tipo de hierbas medicinales, yo no sé mucho de eso, de hecho no sabía mucho de jardinería-rió-Pero, es un trabajo agradable-.

-Parece que lo es-asintió, de alguna forma se sentía muy relajado, era agradable conversar con él en ese ambiente con aroma a flores, hierbas y magia. 


Shisui apareció en algún momento y, en silencio, les sirvió té y bocadillos. Flug no detenía su trabajo, era muy eficiente.

Black Hat simplemente tomó asiento, viéndolo trabajar mientras disfrutaba del brebaje. 


Aquello era agradable y hablar con Flug era inusualmente fácil, por un momento se olvidó de que eran profesor y alumno, se olvidó de Hatfield y se olvidó de la reputación de Flug. Simplemente se permitió disfrutar del momento. 


-Uff, por fin-Flug tomó asiento también, exhausto-Lo siento, vino aquí a hacer compras, pero lo he estado acaparando con tanta cháchara-.

-No me molesta-negó.


Flug sonrió feliz. Ese hombre le intrigaba tanto, quería conocerlo mejor. Extendió su mano hacia la suya, que descansaba sobre la elegante mesita de jardín que los dividía, y tocó su mano y su antebrazo con sutileza, colando sus dedos enguantados bajo la manga del abrigo ajeno. 

Lamentaba no poder sentir su piel, pero no quería ir muy lejos tampoco. 


Black Hat no se apartó, por un momento pensó en darle una oportunidad, quizás su reputación era exagerada, parecía un chico agradable y dulce...


-Oye, Flug, odio interrumpir-Shisui se asomó-Pero ¿No estabas trabajando con la salvia hace un segundo?-.

-Ah...-.


Black Hat miró las manos de ambos, sus dedos apenas rozando por encima de su muñeca, comenzaba a arderle la piel.


-Idiota-.

-Lo siento, lo olvide-Flug se apartó de inmediato, en pánico. 


Los demonios y otras criaturas tenebrosas eran naturalmente alérgicos a la salvia. En demonios menores era letal, en demonios como Black Hat, solo provocaba un desagradable sarpullido. 


-Lo siento mucho, lo siento...-repetía Flug mientras lo curaba con la medicina que Shisui acababa de traer.

-Te pasa por pensar en cosas que no deberías-lo reprendió.


Lo miró curar su antebrazo con extremo cuidado y manos hábiles, limpiando las heridas y vendandolas con maestría. 


-En verdad lo siento-dijo, terminando de vendarlo y soltando un suspiro-¿Cómo se siente?-.

-Bien-apartó su mano y la flexiono-Supongo que no es tu culpa, debía darme cuenta yo tambien-.

Lo siento...-Flug bajó la mirada. 


Black Hat no le dijo nada, lucía tan arrepentido, tenía la postura de haber crecido en un ambiente donde no se permitían tales errores. 


-No pasa nada-le aseguró, tomando su mano. 


De nuevo esa sensación eléctrica, esta vez se estremecieron los dos, pero no se dijeron más nada, Black Hat se marchó con plantas nuevas y un buen descuento, había pasado una tarde agradable y su opinión de ese chico había cambiado bastante. 


Flug lo miró marchar, ilusionado. 



sábado, 18 de marzo de 2023

Let me teach you Cap 1: Profesor Black Hat?




Era una fría mañana de niebla, quizás era aún demasiado temprano, pero a Flug le gustaba el refrescante aire matutino, le ayudaba a disipar el sueño y, en ese día, la resaca. 

Como tantas otras veces había despertado en la casa de un desconocido, bueno no exactamente un desconocido, un compañero de la uni, y como tantas otras veces tuvo que salir a las corridas, llegar a su casa, ducharse, tragar algo y de ahí salir corriendo a la universidad. 

Era cosa de casi todos los fines de semana, sabía que un dia estaria completamente enfrascado en su trabajo, asi que queria aprovechar que aun tenia un poco de tiempo libre y de que era joven, no se imaginaba en sus treinta haciendo nada de eso, pero a la vez sabía que no era una edad tan lejana, después de todo tenía veintiún años. 


Entre la niebla, delante de las puertas del establecimiento, había una figura. Alto, delgado, portando un sombrero de copa que le daba a su silueta un aspecto muy peculiar. 

Flug se frotó los ojos, había algo tan onírico o, más bien, pesadillesco en esa visión, que por un momento creyó que soñaba, que seguía en esa cama ajena. 

Pero no, era bastante real. 


El hombre se giró a verlo y pareció evaluarlo con la mirada unos momentos. Flug le devolvió el gesto. 


Quizás si soñaba después de todo. 


¡Un hombre tan atractivo no podía ser real! 


Un bonito rostro angular, piel que recordaba a las negras y suaves escamas de una serpiente, un ojo felino, otro cegado por un monóculo opaco. 

De su boca amplia se asomaban dientes como dagas verdes. 

Tenia una figura delicada, incluso con ese pesado abrigo negro que portaba, podian notarse las largas piernas, la fina cintura, las tentadoras curvas...


-...Fuego-.

-¿Q-que? Lo siento, me distraje-Flug rió, siendo sacado de golpe de sus observaciones.

-¿Tienes fuego?-.

-Oh, si-Flug buscó en su bolsillo y sacó un encendedor, pensó en entregárselo directamente, pero en cambió se acercó y lo encendió. 


El hombre frente suyo se acercó un poco más, protegiendo la flama con sus manos, en su boca el cigarrillo. Flug mantuvo su mano firme, sintiendo el frio roce del otro. 


-Gracias-dijo, apartándose, exhalando humo por las comisuras de la amplia boca. 

-D-de nada-quizás debió preguntarse quién era ese hombre antes de pensar nada más, pero Flug no era de pensar con la cabeza para esas cosas-Oiga ¿Le gustaría ir a...?-.


El hombre lo miró alzando una de sus peculiares cejas, como sabiendo lo que el otro iba a proponer, pero antes de que Flug pudiera completar la frase, alguien más entró en escena.


-My Dear, aquí estás-.

-Mr Hatfield-sonrió ampliamente, claramente feliz de ver al otro.


Flug se mordió la lengua y retrocedió un paso, Mr Hatfield era el rector de la universidad. 


-Buenos días, Mr Hatfield-lo saludó por mera cortesía.

-Buenos días- Hatfield apenas lo miró, regresó su atención al tal “My Dear” inmediatamente-Ven, deja que te muestre el campus-.


Se fueron juntos, la mano de Hatfield sobre un hombro de su acompañante.


-Ugh, diablos...-. 



Flug se desplomó en su asiento con mal humor, se había llevado una decepción con alguien de quien ni sabía el nombre. 


-¿Y esa cara?-.


Un chico de cabello negro y orejas y cola de lobo se sentó a su lado.


-Ah, Shisui, buenos días-suspiró-¿Cómo sabes que tengo mala cara?-.

-Puedo “sentir” que la tienes-rió-¿Pasó algo? ¿Mala noche?-.

-La noche fue bien, aunque nada destacable-hizo un gesto de desdén-No, es otra cosa...-.


Flug le contó lo que había pasado, hablando rápido y gesticulando con sus manos un poco más de lo necesario.


-Y entonces ese hombre tan perfecto y delicioso se fue con...Con Hatfield-concluyó con indignación. 

-Sabes que Hatfield está en el closet, no creo que tengan nada-.

-Tenía su asquerosa mano sobre su hombro-negó.

-Te lo estas tomando muy en serio para ser alguien que solo viste esta mañana, sin mencionar que le ibas a hacer una propuesta sin siquiera saber su nombre-.

-Era perfecto, Shisui, perfecto-.

-Bueno, con suerte no lo volverás a ver, así que cálmate-.

-Uff...-se cruzó de brazos, no entendía porque le molestaba tanto, pero lo hacía-¿Y por qué sonríes tanto?-miró a Shisui con desconfianza, nunca era buena señal. 


Alrededor había el típico tumulto matutino mientras todos se iban acomodando en sus asientos, pero callaron cuando alguien desconocido entró al salón. 


-Ay, no puede ser-.


¡Era él! ¡Ah, se movía de forma tan elegante!


-No, por favor, no tomes la...-.


El hombre tomó una tiza...


-Nooo...-Flug lo vio, con horror, girarse a enfrentar la pizarra y ponerse a escribir. 


Black Hat

Decía con grandes, rizadas y adornadas letras. 


Black Hat se giró de nuevo, para enfrentar a sus nuevos alumnos. 


-Pueden llamarme profesor o Mr, si hablan sin levantar la mano, sin mi permiso o osan interrumpirme, los expulsaré de mi clase por el día ¿Entendido?-.

-¿Qué clase de nombre es ese?-preguntó alguien en voz alta, sin levantar la mano. 


Black Hat chasqueó los dedos y el alumno hablador se esfumó con un ¡Puff! y una nube de humo negro. 


-Como iba diciendo...-siseó.


De repente todos los presentes estaban callados y bien sentados en sus lugares, como niños obedientes. Así que Black Hat sonrió y continuó.


-Soy su nuevo profesor de finanzas, conmigo aprenderán el fino arte de los negocios, con suerte y si tienen cerebro, quizás aprendan cómo amasar su propia fortuna-. 


Flug quería que se lo tragara la tierra, estaba seguro de Black Hat se había dado cuenta de lo que iba a pedirle antes de que Hatfield los interrumpiera ¡¿Por que tenía que ser su profesor?!


Flug estudiaba ingeniería, entre otras cosas, quería ser un inventor, pero había tomado finanzas como una optativa. Deseaba ser independiente, crear sus propios inventos y tener su propio negocio. 

Sin embargo, no estaba seguro de cómo iba a concentrarse ahora, eso suponiendo que su nuevo profesor no decidiera expulsarlo de su clase por indecoroso. 


Sin embargo, Black Hat no dijo nada, simplemente siguió con su clase con naturalidad. 

Era un profesor joven y nuevo en todo eso de enseñar, pero su presencia mantenía a sus alumnos quietos y su forma de expresarse y hablar mantenía la clase interesante.


Se notaba que sentía pasión por lo que hacía, hablaba con expertise y soltura, sus manos dando énfasis con gestos elegantes. 


Flug no podía dejar de verlo, lo seguía con la mirada, como hipnotizado. 


-Practicamente se te cae la baba-se burló Shisui.


Flug nada más suspiró, su corazón ya se había encaprichado con la idea. 


La clase terminó, Flug temía que Black Hat fuese a llamarle la atención, pero no le dijo nada, simplemente los dejó a todos ir.


Por suerte, no debía pensar en él el resto del día, demasiado enfrascado en sus otras clases, fue a la hora del almuerzo que su mente volvió a vagar de vuelta a él. 


-Te das cuenta que estás siendo posesivo con un desconocido ¿No es así?-.

-Ya lo sé, Shisui-suspiró, mirándolo-¿Crees en el amor a primera vista?-.

-Si, pero en tu caso creo que es solo lujuria, en especial considerando tu historial-.

-Shisui...-.

-A Cecilia y a Herbert también decias amarlos y ya ves cómo terminó-.


Flug frunció el ceño, Shisui era muy directo, en cierta forma apreciaba eso de él.


-Sabes que lo que pasó ahí no fue del todo mi culpa-se defendió, jugando nerviosamente con su comida-Pero, tal vez tengas razón-. 

-Además es tu profesor, no es buena idea-.

-Lo sé-.

-Y está asociado con Hatfield, al parecer-.

-Lo se-repitió con tono más agresivo-Diablos-.

-Flug, te quiero mucho, pero eres un desastre andante cuando se trata de relaciones románticas, tienes fama de seductor y promiscuo, cosa que te has ganado-.

-Shisui, eres un drogadicto, no me sermonees-le replicó, aunque lo hacía sin malicia, simplemente era así cómo se llevaban.

-Solo digo que deberías dejar la idea descansar por unos días, antes de arriesgarte a que te expulsen por ir tras un docente-.


Flug miró a su alrededor, al campus lleno de estudiantes, algunos almorzaban y conversaban animadamente, otros estaban por su cuenta, la nariz metida en un libro, otros corrían apresuradamente a clases.

De niño y de adolescente el ambiente escolar le había resultado tortuoso, siempre había sido víctima de bullying, el objeto de burlas y bromas pesadas.

En algún punto había escalado a seria agresión física y él, siempre solo, realmente no había tenido quien lo defendiera.


Sin embargo en la universidad era diferente, a nadie le importaba que fuese un nerd, un bicho raro con una bolsa en la cabeza. En parte porque estaban ocupados en sus propios asuntos, pero también era porque en esa universidad en particular, asistían todo tipo de criaturas, humanos con poderes, mutantes, demonios, faes y criaturas de orígenes misteriosos. Así que él ya no era tan “especial” y podía llevar su vida más tranquilo.


Había encontrado también, para su gran sorpresa, que muchos gustaban de él, quizás solo era curiosidad por ver que ocultaba, el morbo de estar con alguien...Algo...Como él, pero no le importaba, disfrutaba de la atención, de las relaciones casuales. 


Había tenido dos relaciones serias en su vida, ambas durante su primer año. 


El primero había sido Herbert, chico siempre popular, se conocían desde niños prácticamente. Era de esas personas encantadoras que a todo mundo le caen bien, tenía una reputación que cuidaba celosamente y pues...


Pues Flug le daba vergüenza.


Flug se cansó de tener que mantener su relación en secreto y terminaron de mala manera. 


La segunda fue Cecilia, chica coqueta y rarita. Al principio todo había ido bien, pero Cecilia comenzó a cambiar, su forma de ser, su forma de vestir, su círculo de amigos y un día...


Los vio a ella y a Herbert juntos.


Cuando lo pensó, tiempo más tarde, Flug se dio cuenta de que Cecilia siempre lo había manipulado, lo usaba para que le hiciera las tareas y lo usaba para colarse en el círculo de los chicos populares, quizás siempre había tenido el objetivo de acercarse a Herbert. 


Quizás habían sido esas dos relaciones fallidas en tan poco tiempo lo que le amargo el corazón, se volvió reacio a la idea de enamorarse, de tener algo serio con nadie, así que solo se divertía y no pasaba más de una noche con ninguno. 


Pero Black Hat le resultaba diferente, había algo en él atrayendo como un imán. 


Tal vez era solo lujuria, o hambre, o ambas. 


No iba a saberlo, ni iba a estar en paz consigo mismo, hasta que lo averiguara. 


-Tomaré el riesgo-concluyó-En el peor de los casos, ya no podré tomar clases de finanzas-se encogió de hombros.

-¿Estás seguro?-.

-Hatfield no puede expulsarme, de eso estoy seguro-. 


En otra parte, cierto profesor ordenaba sus papeles y tomaba notas para la siguiente clase. Su primer día iba, relativamente, bien. 


Era un demonio joven, apenas un par de años mayor que la mayoría de sus alumnos, estaba básicamente en prácticas. 

Mr Hatfield había aceptado contratarlo, llevaba un tiempo buscando un reemplazo. Black Hat estaba agradecido, a decir verdad nadie quería contratar a un demonio como él, así que era una oportunidad de oro. 


-Oh, Mr Hatfield-suspiró para sí, en la soledad del aula.


El rector le gustaba, tenían muchas cosas en común y era galante y generoso con él, pero no quería darse esperanzas, hasta donde sabía a Hatfield no le gustaba otros hombres. 


El demonio estaba bien con su soledad, no tenía planes de salir con nadie.


-Mucho menos un alumno...-murmuró, recordando al chico de la mañana.


Black Hat sabía cuando alguien tenía ciertas intenciones con él, podía olerlo, la lujuria, el pecado. 


¡No quería ese tipo de problemas! 


Solo quería seguir con su carrera en paz. Con su edad podía tomarse la libertad de no tener grandes ambiciones, eso era para los demonios viejos, él en cambio podía tomarse su tiempo, estudiar, trabajar en algo que le gustara, disfrutar de cosas mundanas antes de sumergirse de lleno en negocios infernales. 


No quería ese tipo de problemas ciertamente, así que un alumno no era una opción en lo absoluto, el rector por otro lado...


Sin duda, aprovecharía la oportunidad si Hatfield la ofreciese. 


Sería escandaloso ¿No es así? Porque Hatfield era el rector y él un simple profesor aun a prueba, porque Hatfield era humano y él un demonio y porque Hatfield estaba en sus cuarentas y él sólo tenía veinticinco años. 


Black Hat cerró su cuaderno con fuerza, había estado todo el rato haciendo dibujitos en vez de algo útil.


Ahí estaba Mr Hatfield, un montón de sombreros y, lo más molesto, algo que parecía una bolsa de papel con goggles.