Black Hat no quería levantarse de la cama, solo quería dormir, tal vez hacerse uno con la cama, pudrirse, morirse, dejar de sentir...
Lo llamaban depresión ¿Verdad?
O más bien, en su caso, era un completo quiebre mental.
Le dolía la cabeza y su cuerpo se sentía pesado, no podía dormir, así que solo cerraba los ojos e intentaba no pensar.
Deseaba no haber recordado todas aquellas cosas, siempre se había sentido miserable, siempre había existido esa carga y ahora sabia porque, pero... Pero hubiera preferido quedarse a oscuras.
Una mano cálida le acaricio la espalda, el brazo, bajo gentilmente a sus piernas, no era una caricia lujuriosa, solo cariñosa.
-Buenos días, Jefecito-.
-Mmm...-le contestó, fingiendo despertar, aunque llevaba horas despierto.
-Le prepare un baño ¿Que tal si se baña y luego bajamos a la sala a mirar tele y desayunar?-.
Flug le hablaba con suavidad, no estaba siendo condescendiente pero aun así le molestaba, sin embargo no quería discutir así que solo asintió.
Flug lo cargó estilo nupcial, no le pesaba nada en lo absoluto, y lo sentó al borde de la bañera con cuidado.
-Vendré por usted en 30 minutos ¿Que le parece?-.
-Está bien-asintió sin mirarlo.
Flug lo miró con pena y remordimiento, no podía hacer nada más que cuidarlo cuanto fuese necesario.
El doctor se fue y Black Hat se quedó solo, mirándose los pies, suspiro con desgano, se quitó la ropa y se sumergió en la bañera.
El agua calida y perfumada debia de ser relajante, pero...Pero cada vez que cerraba los ojos veia ese lugar de nuevo, ese espacio negro de su mente, donde esa agua-tinta negra intentaba ahogarlo, donde sientos de manos, que alguna vez lo habian tocado sin permiso, se aferraban a su cuerpo e intentaban arrastrarlo a las profundidades.
Así que se lavó y se quedó mirando el techo con su ojo bien abierto hasta que el agua se puso fría, entonces salió, se secó y se vistió con una camisa que le quedaba demasiado grande, no tenía mucha idea de donde la habia saco, pero le quedaba cómodo y era lo unico que le importaba en ese momento.
De alguna forma todo su cuerpo dolía, su cabeza, su piel, no aguantaba llevar ropa, ni siquiera su eterno sombrero de copa.
Fuerzas tenía pocas y su apetito era nulo, sin embargo sí que quería ver a sus imps, solo por eso se empujaba a tener esa rutina en las mañanas. Dicha rutina llevaba ya cuanto ¿Dos semanas? Tal vez un poco más, Flug lo cuidaba con diligencia, incluso los bebés parecían saber y hacían menos ruido del habitual.
En cuanto a Flug, a pesar de sus cuidados tiernos, realmente no sabía que sentir por él, lo amaba, pero también era la causa de todo ese sufrimiento, o más bien, de haber traído toda esa desgracia de vuelta a la superficie.
Nunca había querido recordar al Nephilim o a Hatfield, quería mantener el motivo de sus heridas algo desconocido, pero recordaba de nuevo sus caras y sus actos.
También recordaba, vagamente, otra cosa, que él y Flug ya se conocían, en otro tiempo, en otra vida diferente, ya se habían conocido y siempre había buscado por él de forma instintiva.
Pero ¿Valía la pena seguir aferrado? ¿Valía la pena seguir amándolo?
Flug apareció entonces para escoltarlo a la sala, lo tomó de vuelta en brazos, en verdad no le pesaba nada.
-¿Por qué haces esto?-le pregunto una vez que su doctor lo dejó en el sofá ante la TV.
-¿Él qué?-preguntó Flug, distraído, acomodando el desayuno y poniendo el programa matutino favorito de su jefe.
-Cuidarme-.
-Oh...-detuvo lo que hacía y le sonrió-Porque lo amo...-suspiró-Aunque no me crea, aunque no sea bueno diciendo con palabras, lo hago-le aseguro-Solo puedo demostrarselo con acciones, asi que dejame cuidar de usted, incluso si tengo que hacer esto por siempre, estoy bien con ello-.
-Hn-Black Hat no sabia si le creía no, pero no negaba que le gustaba dejarse mimar.
Se acomodó con su manta, su chocolate caliente y su telenovela, sus hijos aun dormían, Shisui y 505 estaban en otra parte limpiando y Demencia, pues quien sabía dónde estaba esa niña, todo era muy pacifico.
Flug se acomodo con él, no se decían nada, su silencio habitual, solo miraban la tele y Flug le acariciaba con gentileza la cabeza y los delicados cuernos o la caprichosa panza que solía dolerle, le sacaba leves ronroneos.
En verdad era la única forma en que podía expresarle su amor y devoción, Flug no era bueno con las palabras, su lengua lo traicionaba y tartamudeaba o decía cosas erróneas, lo mejor eran sus acciones.
Si Black Hat le pedía lo imposible, Flug lo hacía posible, así había sido siempre, era el porqué de su exitoso negocio, era el lenguaje de su amor.
-Quiero estar mejor-le dijo su jefe de repente.
-Haré lo que pueda para que así sea, Jefecito-.
Poco a poco, con los cuidados de Flug, Black Hat fue recuperándose, el cuerpo le dolía menos y cada día tenía más energías.
-¿Puedo besarlo?-le preguntaba Flug cuando estaban acurrucados en la cama o el sofá.
Black Hat reía bajito y pícaro, como una niña enamorada.
-Si, puedes besarme-.
Le encantaba que le preguntara, que le pidiera permiso, siempre le había gustado y ahora sabia porque.
Era lo que hacía a Flug diferente, Flug no lo miraba como una cosa a la que usar a su antojo, pedía por su consentimiento, se preocupaba por su placer y comodidad y eso le hacía sentir mariposas en el estómago.
-También puedes hacer esto...-Black Hat tomó ambas manos de su doctor y las guió, haciendo que acariciara su torso desnudo, deteniéndose en un punto límite.
Flug se estremeció con la idea, la tentación. Para él no había mejor forma de expresarle su amor que adorar cada centímetro de ese cuerpo exquisito, pero no quería apurarlo, le alegraba que Black Hat estuviese invitandolo a ir más y más lejos.
Y, por como Black Hat había gemido y arqueado la espalda, parecía que estaba bastante contento con la idea también.
La intimidad se volvió habitual, pero lenta y tierna, Flug no tenía apuro a volver a la brusquedad y carnicería de antes, estaba bien con hacerle el amor con cuidado y ternura, le gustaba darle placer y verlo derretirse entre sus manos.
Sinceramente, Black Hat era todo un “pillow princess” (siempre lo había sido, pero ahora se notaba aún más) pero a Flug no podía importarle menos, le gustaba servir más que ser servido de todas formas.
Todo volvía a empezar entre ellos, lento y seguro, tal vez, por fin, esta sería la última vez, la definitiva, tal vez podrían por fin ser felices, sin tanto dolor y dudas y llantos.
Lentamente, fueron volviendo a una rutina más normal, al trabajo y todo lo demás.
-¿Seguro que está bien?-.
-Si, no podemos seguir de “vacaciones” por siempre, Doctor-.
Habían llegado a un punto que hasta les costaba separarse, se la pasaban abrazados o de la mano, pero no se podía hacer eso mientras trabajaban y recibían clientes en la oficina.
Black Hat se empujo a empezar a trabajar de nuevo, Flug y Shisui no podian con todo, y realmente queria ocuparse en otras cosas aparte de cuidar de sus hijos y tener sexo con Flug, por mucho que le gustara.
Además había otro problema bastante serio.
Black Hat había matado a ese héroe mediocre, lo que no era la gran cosa, el problema había sido el motivo.
Desde que nacieron, la existencia de los imps había sido un mero rumor, por supuesto que los mantenían en secreto, dentro de su territorio eran uno de esos secretos a voces, todos sabían que Flug tenía hijos y que Black Hat los cuidaba, pero para la gente de afuera, era un mito sin sentido.
¿Como que ese par de villanos desalmados tenía familia? Imposible.
Por supuesto, Flug se había hecho cargo de que fuese un rumor incluso para PEACE, pero ahora...
Ahora que sabían lo valiosos que eran, sus vidas corrían peligro.
-Tal vez deba separar el territorio del continente-el demonio, ya tras su escritorio y con su icónico sombrero, sonrió-¿Qué te parece? Hat Island no suena nada mal-.
-Y estar rodeado de océano ciertamente suena como un buen método de seguridad-Flug asintió.
-¡Noooo!-Shisui dijo aquello con un aullido lastimero, como un lobo herido.
-Ay, Shisui no seas dramático-Black Hat rodó su ojo con fastidio.
Sabía que a Shisui le aterraba el mar y vivir en una isla seguramente le era pesadillesco, pero no había de otra.
Black Hat, tras esa larga recuperación, se sentía con fuerzas suficientes para realizar semejante hazaña. Ciertamente sería todo un espectáculo, tal vez hasta se perdieron un par de vidas de civiles con la mala suerte de estar en el lugar erróneo, pero eso le importaba un bledo.
El cielo se oscureció y resonó la tormenta, la tierra tembló y el mar se agitó con ira.
Hubo pánico y muerte, mucha gente cayó al mar embravecido, la tierra crujió al ser desarraigada del resto del continente.
Era como que los gritos, el ruido de la tierra separándose, la brava tormenta, todo eso se escuchó en todo el mundo, como un aviso nefasto de que había nacido algo nuevo y temible.
Allí, en mitad de un mar desconocido, plagado de monstruos, se erguía Hat Island.