sábado, 3 de diciembre de 2022

En lo profundo Cap 3: Huésped



Shisui golpeó la puerta de la casita con la punta de su zapato, tenía los brazos ocupados, aunque Black Hat no pesaba nada. 

Flug abrió la puerta, molesto, acababa de dormirse y había sido despertado de repente. 


-Shisui ¿Qué...?- notó lo que tenía en brazos- ¿Que?-los miró a ambos, estupefacto.

-Necisitare que le prestes tu cama, Flug- Shisui entró sin más.

-Shisui ¿Que...Quien?- lo siguió, apresurado y sin entender nada. 


Shisui nada más le sonrió con picardía, entró al cuarto de Flug y dejó al demonio sobre la cama. 


-Tendrás que prestarle algo de ropa, todo lo que traía era esto- dejó un sombrero de copa sobre el velador- Lo encontré a unos metros de él, parece haberlo seguido, es un objeto importante-. 

-Eh... Ok- Flug obedeció, no muy seguro de si le gustaba toda esa situación-Explicame que pasa- dijo en lo que buscaba algo de ropa. 

-Por ahora atendamos a tu huésped ¿Quieres?-.

-Uh... Como sea-.


Flug observó a aquella criatura en su cama mientras Shisui terminaba de acomodarlo. Nunca había visto alguien tan hermoso y peculiar, le dio un poco de vergüenza verlo desnudo, así que apartó la vista hasta que Shisui terminó de vestirlo con una de sus camisas. 

Parecía dormir pacíficamente, apenas respiraba, su pecho subiendo y bajando a grandes intervalos, muy diferente al ritmo de un humano. 


Le miró las largas piernas y no pudo evitar darle una leve caricia, como hipnotizado, tenía escamas suaves, como algunos tipos de serpientes. 

Shisui le dio un golpe en la mano.


-No sin su permiso, Flug- le advirtió, mostrándole los colmillos. 

-Si... Lo siento- sacudió la cabeza, saliendo de su trance-¿Quien es?-.

-Le llaman Black Hat, en cuanto a que hace aquí, eso debes hablarlo tú con él-. 

-Black Hat...- había escuchado ese nombre de boca de marineros y piratas, aunque creía que eran solo cuentos-Es una leyenda bastante antigua ¿No?-.

-Pues sí- asintió- Aunque, debo decir, él es de hecho bastante joven, para su especie eso es-lo tapó con cuidado y recuperó su abrigo-Si hacemos equivalencias, es un par de años menor que tú, de hecho creo que hoy cumple la mayoría de edad...- miró por la ventana, afuera había una tormenta que parecía querer tragarse el mundo-Lo que explica este clima, el Leviatán no debe estar muy feliz de que el cumpleañero huyera de repente-. 

-¿Y qué hace aquí? ¿Por qué lo traes a mi casa? No quiero problemas, sabes que vine a esta isla justamente para no ser molestado-.

-Habla con él cuando se despierte- Shisui nada más le palmeo la espalda-Nos vemos- y salió de allí como si nada.


Así que Flug se quedó ahí solo, con esa criatura misteriosa y atrayente. No durmió en toda la noche, admirandolo en silencio.  

Finalmente, cuando salió el sol, Black Hat abrió su único ojo, encontrándose directamente con Flug observandolo. Se sentó de golpe en la cama, el corazón latiendole deprisa.


Quiso decir algo, protestar por la sorpresa, pero de su boca no salió sonido y el acto le hizo doler la garganta. 


-Ah, tranquilo- Flug, que había estado sentado en el suelo junto a la cama, se puso de pie y se atajó con las manos-Todo está bien, no se preocupe-.


Black Hat tuvo un leve momento de pánico en lo que toda la situación caía sobre él, estaba en la superficie, junto a ese hombre al que deseaba, en su cama...

Incluso las sensaciones del aire, las sábanas, esa tela cubriéndolo... Todo era demasiado nuevo y confuso.


-Todo esta bien, esta seguro- le dijo con voz suave, reconociendo el pánico en el otro, conocía bien esa sensación. 


Se le acercó con cautela y le puso una manta sobre los hombros, envolviendolo bien.


-No pasa nada ¿Si? Solo respire-. 


Black Hat pudo notar que sonreía bajo aquella ridícula bolsa de papel, era reconfortante de alguna forma, así que le hizo caso y se concentró en respirar, calmandose en poco tiempo. 


-Soy Flug, un placer- se presentó, como para intentar hacer de todo aquello algo más normal.


El demonio quiso contestar, pero nuevamente, no salió sonido. Así que hizo un gesto, como si escribiera.


-Ah... Ok, espere un momento- Flug le entendió de inmediato y rebusco entre sus cosas para finalmente entregarle lápiz y papel. 


Black Hat tomó ambos objetos, un poco curioso de los mismos, el papel rara vez llegaba sano al fondo del océano y nunca había usado un lápiz, en las profundidades se escribía con la tinta de los pulpos sobre hojas hechas de algas y otros materiales. 

Pero aun así, el proceso era el mismo, así que se puso a escribir. 


Soy Black Hat, fui yo quien te rescato la otra noche, viene aquí a verte.


Quiso escribir más, darle más explicaciones, pero no podía. Lo que pesaba sobre él era una maldición y era una regla no escrita, pero siempre presente, que no se podía hablar de ellas, mucho menos revelar cómo romperlas. Era algo que debía pasar con naturalidad, en vez de ser forzado. 


-Oh... G-gracias ¿Y por qué vino a verme?-lo miró, nervioso. 


Curiosidad.


Flug no supo qué decir, así que en cambio decidió hacer preguntas.


-¿Y qué es usted? ¿Por qué no puede hablar?-.


Demonio. Maldición. No puedo dar muchos detalles.


-Entiendo-.


Flug se le acercó y Black Hat retrocedió apenas, tomado por sorpresa. 


-¿Se siente bien? Cuando Shisui lo trajo lucía bastante mal-le puso una mano en la frente, sintiendolo frio, aunque considerando que tenía características de reptil, tal vez eso era normal. 


Black Hat lo apartó y prácticamente le plantó la siguiente nota en la cara


Estoy bien, no me toques sin permiso.


-Ok, ok, lo siento- Flug no pudo evitar reír-Es solo que, nunca había visto a nadie como usted, es fascinante-. 


Pide permiso y puedes curiosear lo que quieras


Flug sintió su rostro arder, así que tosió y miró a otro lado.


-Bueno, como sea, supongo que no hay problema si se queda un tiempo, siempre y cuando responda algunas preguntas que tengo para usted-. 


Es un trato, pero yo también tengo preguntas.


-Las contestare con gusto- Flug sonrió bajo la bolsa y asintió.


Hubo un momento de silencio, ninguno de los dos sabiendo muy bien cómo continuar.


-Uh...¿Quiere comer algo? ¿Qué le gustaría?-.


Alguno de esos humanos que tiras al mar no estaría mal~


-Ah, me ha visto hacer eso- rió-Pues, no me queda ninguno vivo, pero tengo algunas piezas bien conservadas, podemos comer eso-.


Así que tú también los devoras, lo sospechaba


-A veces- asintió como si nada, no tenía porqué ocultar eso frente aquella criatura-También como cosas más...Convencionales-.


Me gustaria probar comida de este mundo.


-Puedo comprar algunas cosas para usted cuando vuelva al pueblo-lo miró-Junto con algo de ropa-.


Los mortales y su pudor.


-Si bueno, no puede andar por ahí solo con mi camisa ¿Está bien?-. 


Tu camisa y mi sombrero 🎩


Sonrió y se colocó su sombrero de copa. 


Flug lo miró, divertido. Se lo veía guapo con ese sombrero, parecía un hombre distinguido, aunque los cuernos de obsidiana y el cabello azabache que acaba de ocultar eran hermosos también. 


-Le buscaré algo que le convine con eso-suspiró. 


Siguieron así por un rato, más que nada Black Hat preguntando cómo se llamaba esto o aquello y para que servía, de algunas cosas había paralelos en el mar, otras eran completamente desconocidas para él, incluso con su colección de tesoros nunca había podido darle nombre y propósito a nada hasta ese momento. 

Flug le contestaba con entusiasmo, en cierta forma feliz de tener alguien con quien hablar, pero también ansioso de poder hacer sus propias preguntas cuando al otro se le agotaran las suyas. 


-Parece que la tormenta ya pasó- comentó de forma casual, había durado toda la noche y toda la mañana, ya era mediodía y recién salía el sol. 


Quiero ver lo que hay afuera.


-Oh, pues vamos- le sonrió.


Tendrás que ayudarme con eso, creo que aun no se como usar estas piernas. 


Intentó bajarse de la cama por su cuenta, con Flug atento, como supuso no tardó en tambalearse y casi cayó al suelo, pero Flug lo atajó justo a tiempo.


-Ay, camine sujeto a mi ¿Si?-.


Avanzaron juntos, Black Hat con un brazo sobre los hombros de Flug, Flug con un brazo alrededor de la cintura de Black Hat. 

A ambos les ardían los cachetes así que decidieron mejor no mirarse y concentrarse en el camino que tenían frente a ellos. 


Flug lo guió la corta distancia entre la habitación, la cocina-comedor y el exterior. 

Black Hat saboreo cada instante, primero la madera de la casa bajo sus pies, seca y áspera, el sol sobre su rostro al salir, ahora el suelo era diferente, húmedo y resbaladizo, en esa isla rocosa apenas crecía pasto. Por sobre todo podía sentir la calidez del otro, con sus cuerpos juntos podía sentir sus latidos, su respiración, podía olfatear su aroma... 


Era demasiado, se sentía abrumado y no podía expresarlo porque no tenía voz, así que se aferró a Flug, clavándole las garras.

Flug lo dejó, podía notar ese brillo especial en su único ojo, era como un niño descubriendo las maravillas del mundo por primera vez. 


-No está tan mal, para ser una islita a mitad de la nada-sonrió-Es muy pacifico y vienen todo tipo de aves a descansar-.


Mientras Black Hat le clavaba las garras en los hombros, Flug lo sostenía con gentileza de la cintura, el demonio ya no miraba la isla, sino a él. Flug lo encontraba adorable y hermoso, pero también había peligro ahí, era algo latente, era como esperar a que el depredador diera el salto para atacar, iba a pasar en cualquier momento... O tal vez no, quizás podía sostenerlo así por siempre... Eso sonaba maravilloso, a decir verdad, y era un pensamiento extraño porque no lo conocía. 


Black Hat le soltó los hombros y deslizó sus manos por su nuca, colándose bajo la bolsa, siguió para sentir cabello suave y terminó por sostenerle el rostro con ambas manos, sintiendo sus cicatrices. Quería arrancarle esa bolsa, robarle un beso, pero no se atrevía.


-V-vamos adentro- Flug rió, nervioso, pero no lo soltó-No sé usted, pero tengo hambre y no desayunamos por estar conversando-.


Sin muchas más opciones, Black Hat asintió.


Era una escena bizarra y siniestra, esos dos sentados a la mesa, comiendo carne humana, pero para ellos se sentía de lo más natural, como si llevaran años compartiendo juntos sus peculiares gustos culinarios. 

Comían en un obligado pero cómodo silencio, de alguna forma aquello se sentía cotidiano, aunque era la primera vez. 


¿Así que eres algún tipo de vampiro o ghoul?


Flug miro la notita y asintió, terminando de tragar antes de hablar.


-Nachzehrer-.


Black Hat lo miró unos momentos, intrigado. Un Nachzehrer nacia de una victima de suicidio, de alguien que moria sintiendo rencor hacia su propia familia, normalmente despertaban como seres sin mente, solo guiados por hambre y sed de venganza, consumian la carne y sangre de los vivos, devorando el alma en el proceso. Pero, al parecer, Flug era un caso especial porque había mantenido su intelecto y su voluntad. Le alegraba en cierta manera, los Nachzehrer vivían alrededor de un milenio, podrían estar juntos un poco más de lo anticipado. 


¿Y qué haces a mitad del océano? No muertos y el mar no se llevan ¿No es así?


-Quería un lugar donde llevar mis investigaciones en paz-se encogió de hombros. 


Háblame de eso


Flug rió, se le hacía tierna su forma de escribir, tan elegante, sumada a los pequeños corazones que se le daba por dibujar de vez en cuando. Además lo hacía feliz que el otro quisiera escuchar sobre su trabajo. 

Así que, nuevamente, pasaron las horas conversando. Más que nada Flug hablaba con pasión acerca de su trabajo y Black Hat lo interrumpía con una nota ocasional. 

Se había hecho de tarde sin que se dieran cuenta. 


-Sinceramente lo más complicado es el presupuesto-suspiró.


Los mortales y su gusto por piedras y metales brillantes ✨


-Ridículo ¿Verdad?- Flug asintió-Puedo robar algunas cosas, pero para otras necesito dinero, materiales muy específicos, a veces compro personas- dijo con un tono de lo más casual. 


Puedo ayudarte con eso, ya que vas a hospedarme, puedo darte algo de oro o joyas. 


-No es necesario...-.


Insisto, cuando ese selkie vuelva, le pediré que saque algunos de mis tesoros del agua, puedes usarlos como se te antoje, realmente no tengo uso para ese tipo de cosas. Sin embargo tengo interés en lo que haces, la idea de los mortales en el mundo submarino o surcando los cielos, es fascinante, suena a que pueden hacer cosas terribles con ello. 


-¿Así que quiere darme fondos para mi investigación?-.


Si te hace sentir mejor, supongo que puedes tomarlo como un sueldo, estoy invirtiendo en ti y en lo que haces y si no me satisface, ya no te daré nada.


-Entonces... ¿Es mi jefe?-alzó una ceja. 


Algo así.


Flug lo miró con agradecimiento, sorpresa, y algo que empezaba a ser cariño. 


-Entonces... Jefecito- sonrió con picardía-¿De cuanto oro estamos hablando?-. 


No sabía por qué, pero que le dijera “Jefecito” hacía su corazón revolotear. 


Lo que necesites, Doctor~. 



miércoles, 30 de noviembre de 2022

En lo profundo Cap 2: El Nephilim y El Brujo




-Oh~- un joven de cabello negro exhalo humo y dejo caer la ceniza del cigarro en el cenicero con un leve tap-Suena a una sirena o un tritón, aunque he escuchado que por esta zona viven demonios de agua-.

-¿Y hay diferencia?- inquirió el otro hombre, bebiendo un sorbo de café.


Eran solo los dos en aquella pequeña casa, en aquella isla de roca, junto a aquel faro. 


-La hay- asintió-Tritones y sirenas nacen en el mar, los demonios son entidades que se adaptan a su entorno, el agua en este caso, pero si viven mucho tiempo en la misma su naturaleza sigue las mismas reglas, así que es solo una diferencia sutil, es como nacer en un país y criarte en otro completamente diferente, tienes un poco de ambos-.

-Entiendo-.

-¿Qué te preocupa? Flug, querido-.


Flug miró al otro, ese joven de nombre Shisui, era un sujeto de lo más extraño, cuando se lo tenía cerca incentivaba a hablar sin cesar, como si destapara algo en el corazón o la mente y forzará a salir todos esos sentimientos e ideas que normalmente estaban embotellados. 


-Nada, realmente, fue un encuentro extraño nada más-suspiró-La única otra criatura del mar que conozco eres tú-.

-Soy un silkie, Flug, no me compares con los peces-negó-A diferencia de ellos, puedo salir del agua a mi antojo y mi corazón no esta frio por las aguas-. 

-Haz mencionado eso antes, sobre el corazón-.

-Vivir en oscuridad, en lo helado del mar, vuelve el corazón frío-apagó el cigarro y miró por la ventana, hacia el mar embravecido-Es un lugar aterrador, allá abajo, no hay luz ni calidez de ningún tipo, las criaturas de ese mundo tienen el corazón helado, es por ello que es cruel cuando los mortales los enamoran-.

-¿Cruel?-alzó una ceja.

-Solo hay espacio para uno en sus corazones, si alguien del mar te amara, lo haría para siempre, con toda su devoción-.


Flug no pudo evitar reír.


-Oh bueno, dudo que sea el caso-.

-¿Y por qué te salvó entonces?-.

-No lo sé... No me interesa, dudo que vuelva a verlo a él o ella-. 

-¿Qué preferirías?- le sonrió con picardía-Él o ella-.

-Ambos me gustan-. 

-Debo ser todo un espectáculo para ti entonces-bromeó.


Flug lo observó nuevamente, etéreamente hermoso, andrógino, el cabello largo, negro y sedoso, los ojos bicolor, un rubí y un zafiro, la piel pálida y el cuerpo grácil, pero aun así...


-No eres mi tipo- negó.

-Me lo imaginaba-rió-Me tengo que ir, me cuentas si vuelves a ver a esa criatura marina-.


Shisui dio los pocos pasos que separaban la mesa de la cocina-comedor de la puerta de salida y descolgo un largo abrigo negro del perchero, estaba hecho de lo que parecia la piel de algun animal, esponjoso y de un negro tan profundo que brillaba.

Flug lo siguió afuera, nada más que pare ver nuevamente aquel fenómeno tan peculiar.

Shisui caminó hasta la costa, sus coquetas botas de tacón alto tocaban el agua, se puso el abrigo y, así sin más, se transformó en un lobo marino. Aunque, no lucía como ningún lobo marino que Flug hubiese visto antes, era lo que identificaba como especie, pero al mismo tiempo no se parecían en nada, realmente extraño. 


-Nos vemos- habló el, ahora, animal antes de desaparecer entre las olas. 


Flug se quedó mirando un poco más, le fascinaba el océano y todo lo que ocultaba, aunque su experimento reciente había sido un verdadero desastre, pero no iba a rendirse. 

Solo debía seguir experimentando, aunque necesitaba más materiales y más sujetos de estudio, especímenes en los que probar la capacidad pulmonar, cuanta presión aguantaba un cuerpo, las consecuencias de la exposición prolongada al agua salada, la falta de oxígeno, etc

Era trabajo arduo y lo hacía solo, pero le encantaba.

Se preguntó acerca de la criatura que lo había rescatado, que sería y dónde estaba, pero no tenía mucho caso darle vueltas, seguramente había sido cosa de una vez y ya, quizás algún tritón o sirena que le había tenido lastima. 


 Allá abajo, en las profundidades, Black Hat también meditaba sobre todo el asunto, flotaba suavemente, dejándose llevar por las corrientes, dándole vuelta al incidente una y otra vez. 

No podía estar enamorado ¿Verdad? Eso era imposible, nunca había sentido nada más que desprecio o indiferencia por otros, nunca se había creído capaz de sentir ese tipo de cosas, pero no podía negar esa leve calidez en su corazón y estaba aterrado. 

Si lo amaba sería por siempre ¿Y entonces que? El sujeto iba a morir tarde o temprano y él se quedaría a lamentarse por el resto de la eternidad.

 

El asunto era que podía quedarse sin hacer nada y ser forzado a casarse con alguien que no le gustaba o podía hacer algo y, tal vez, ser feliz por un par de décadas. 


Pero ¿Como? Habían restringido sus poderes, no podía cambiar de forma, no podía formar piernas para salir a la superficie. 

Su propio poder le era inutil, así que debía buscar el de alguien más. 


En el océano había brujo y brujas, gente del mar con magia poderosa que concedían deseos a cambio del precio justo, el problema era que Black Hat, siendo quien era, no estaba precisamente en buenos términos con ninguno de ellos, habia alli una rivalidad natural, pues él mismo era capaz de conceder lo que otros deseaban a cambio de su alma o algo similar, simplemente no podía usar sus poderes sobre si mismo, asi que no le quedaba más que negociar. 


Uno a uno fue rechazado, un par incluso decidieron que era buena idea desafiarlo y terminaron con sus colas cortadas a la mitad, mientras Black Hat los veía forcejear en el agua, intentando nadar vanamente, para finalmente ser tragados en la oscuridad del abismo.


Solo le quedaba una última opción, August. 


August y Black Hat tenían algo en común, no habían nacido en el mar. August era un Nephilim, habia hecho enojar a su dios y fue desterrado al oceano, donde largos tentaculos negros reemplazaron sus piernas. 

Era la última opción y la menos deseable. Se habían visto una sola vez, cuando Black Hat había sido mucho más joven e imprudente. 

Ese pulpo repugnante lo había envuelto con tentáculos viciosos y, de no ser porque el Leviatán andaba cerca, quizás seguiría prisionero de los mismos hasta el día de hoy.

Solo pensarlo lo hacía estremecer del asco.


A pesar de lo vasto que era, el mar era un mundo pequeño cuando se trataba de rumores, todo mundo sabía que August tenía algo por Black Hat, no era ningún secreto y aun así el demonio decidió ir, no teniendo más opciones. Quería huir de ese mundo, de su padre y su abuelo, de un matrimonio forzado y del propio Nephilim en el que rara vez pensaba, pero que siempre había sido una amenaza latente.


No le tenía miedo. Incluso si le temía, sus anhelos y su deseo de ser libre podían un poco más. Su deseo de volver a ver al hombre del faro podía un poco más, esa calidez que mitigaba el helado mar era incentivo suficiente. 


Así que se escabulló por las intrincadas y estrechas cuevas marinas, su cuerpo largo y sinuoso colándose con facilidad, hasta dar con el hogar del Nephilim. 

Allí estaba él, como esperandolo, sonriente. 


De la cintura para arriba era un hombre de piel clara, cabello rubio, ojos grises, hermoso y tan perfecto que provocaba un extraño desagrado. 

De la cintura para abajo largos tentaculos negros se rizaban con gracia, formando espirales y corazones al ver al otro. 


-Black Hat ¿Que te trae por aquí?-se le acercó, no nadaba, si no que se adhería al suelo o las paredes y se impulsaba con sus tentáculos. 

-Creo que te haces una idea...- intentó mantener la distancia, pero un tentáculo se enredó alrededor de su cintura y se lo impidió.


No pudo evitar temblar ¿En qué momento había hecho eso? ¿Qué tan lejos llegaban esas cosas?


-Quieres ir a la superficie a satisfacer tus caprichos- lo tomó del mentón, no con su mano, sino con otra de esas apéndices horribles-Sigues siendo un mocoso- lo forzó a mirarlo a los ojos-Mi dulce Ragna~-. 


Black Hat apretó los dientes, era repugnante escuchar su verdadero nombre salir de esos labios. Más y más tentáculos lo envolvían, sosteniéndolo de las muñecas, manteniendo sus brazos pegados a su cuerpo e impidiéndole defenderse con sus garras. 

Forcejeo vanamente, lo tenía bien sujeto. 


-No te asustes, estoy dispuesto a hacer un trato contigo- el rubio le sonrió, aunque era solo su boca la que se torcía en aquel gesto, sus ojos grises seguían igual de fríos e impasibles que antes. 

-¿Y si no aceptas tus términos? August-le siseó.

-Eres libre de irte, en dicho caso...- resopló con fastidio-Creeme, dulzura, si estuviésemos en la superficie, con nuestras verdaderas naturalezas...- se saboreó-No tendrás escapatoria-. 

-No tienes vergüenza ¿No es así?- se encontró aterrado de él, pero aun así intentó mantenerse firme, no iba a doblegarse tan fácilmente. 

-No, no la tengo-admitió-Todo lo que hago es al servicio de mi dios, no me arrepiento de nada-lo apretó levemente y sonrió de nuevo-Pero hablemos negocios-.

-¿Qué propones?-.

-Te dare piernas y todo lo demás, pero nada es gratis como un demonio como tu sabe de sobra, tomare tu voz, esa con la que tientas a los mortales y los haces perecer en las aguas, y cada paso que des será agonia, porque es el castigo para un hijo desobediente, yendo a donde le prohibieron ir...- lo apretó más y acercó su rostro al del otro, casi tocándolo.


Black Hat ladeó la cara con asco, pero no dijo nada.


-Y, si ese mortal que es tu capricho no te besa antes del final del tercer día, te arrastrare de vuelta al mar y te hare mi esposo-.


Black Hat lo miró, considerando sus opciones, si lo rechazaba iba a terminar casado con algún indeseable de todas formas, al menos así tenía una oportunidad. 


-¿Algo más?-.

-Eso es todo, dulzura-.


El Nephilim lo soltó y se apartó a buscar algo, paseando por su cueva submarina con calma, sabiendo de sobra que el demonio ya había tomado su decisión.


-Está bien, acepto-. 


Mientras era golpeado por las olas y vomitado por el mar con crueldad contra la costa rocosa, tuvo tiempo de pensar que quizas habia cometido un error, no tenía voz, ni poder y todo dolía, pero al ver la casita del faro, con sus cálidas luces encendidas, sus dudas se disiparon. Podía hacer eso, solo debía obtener un beso, no podía ser tan difícil ¿No es así? 


Intentó ponerse de pie, pero no tenía fuerzas ni mucho menos podía pedir ayuda, aunque quisiera y lo dejara el orgullo. Estaba desnudo en la costa a mitad de la noche, una tormenta se aproximaba ¡Oh, quizás si había cometido un error! Si ni siquiera podía salir de ahí, estaba perdido. 


-Oh, mi niño, vaya que eres imprudente-le habló una voz dulce. 

-¿Quien...?-miró débilmente hacia arriba, encontrándose con lo que identificaba como algún tipo de selkie, aunque nunca había visto un hombre de la especie antes. 

-Te han maldecido con tu consentimiento, así que no puedo romper la maldición del todo-.


Shisui se agachó a examinarlo, se había esperado encontrarlo ahí tirado, aunque era peor de lo que anticipó, aun así podía ayudar un poco. 


-¿Qué es lo que quieres? Déjame en paz- le gruñó, terco, orgulloso y bastante confundido, iba perdiendo la conciencia por momentos. 

-Aliviare tu maldición- Shisui lo cubrió con su abrigo de piel y lo tomo en brazo con facilidad, comenzando a caminar hacia la casa-Para el beso, tienes una semana y, mientras más cercanos se vuelvan, más recuperaras tu voz y tu poder y menor será tu agonía-. 

-¿Cómo puedes hacer todo eso?- lo miró, tenía la piel pálida como la misma luna que iluminaba el camino y observaba, atenta. 

-Soy un brujo- le sonrió con simpleza.

-¿Y qué quieres a cambio?-.

-Nada, observar- sonrió nuevamente, aunque esta vez lucía un poco más siniestro, como un animal que acababa de divisar algo muy sabroso-Pero te advierto, le diste tu consentimiento al Nephilim, no puedo romper el contrato que hicieron, incluso si obtienes un beso, aun estarás en riesgo, así que escucha bien antes de que te duermas-.


Black Hat asintió, de alguna forma confiaba en ese joven tan extraño.


-Si él llegase a amar a otro, serás arrastrado de vuelta al mar y August será tu esposo ¿Entendido? Debes procurar enamorarlo-.


El demonio no dijo nada, no había considerado la posibilidad de tener que hacerse querer, se había conformado con la idea de seducirlo y pasar un tiempo con él, incluso sin ser correspondido, era más que suficiente para él, no se consideraba digno de ser amado de esa forma y aun le sorprendía poder sentir en lo absoluto. 


No dijo nada y terminó por dormirse, calentito en aquel abrigo y en algo que, aunque no lo sabía, era un cariño bastante maternal. 

Shisui, sea lo que fuese, amaba a esos dos y estaba ansioso de ver que pasaba. 


lunes, 28 de noviembre de 2022

En lo profundo Cap 1: El Océano y el Faro



Lo había creado de cosas horribles, cosas frías que reptaban, de pesadillas, de oscuridad y almas corruptas.

Aun así, con todo eso, en ese momento lucía bastante inocente, llorando en sus brazos, no más que un bultito de oscuridad, sintiendo frío y desamparo.

El Diablo no se había molestado en cubrirlo con una manta y lo sostenía con cuidado, pero manteniendo una distancia, en vez de apoyarlo contra su pecho y darle algo de calidez. 

Quizás esa cosa no era más que un bebé, pero ya se arrepentía de haberlo creado. 


El Leviatán, aquella vieja serpiente marina, tenía el poder de un oráculo. Apenas aquel ser había nacido, ya tenía una profecía para él. 


“Le entregara su corazón a un mortal y, cuando las arenas del tiempo para él se agoten, el demonio ahogara el mundo en su pena”


El Diablo estaba contrariado, tenía planes, grandes e intrincados planes que debían durar varios milenios, no podía permitir que esa creación suya arruinara todo por andar llorando por un mero mortal. 

Así que tomó una decisión, lo arrojaría al mar, donde el agua helada enfriaría su corazón, donde no podían llegar los mortales y donde sus lágrimas se tornarían irrelevantes, pues la gente del mar no llora agua si no delicadas perlas. 


El Leviatán lo vio cometer este acto y lo consideró cruel, era solo un bebé, aún era inocente y no tenía la culpa de lo que sea que marcaba su destino. 

La gran serpiente se sintió culpable de su propia profecía, así que adoptó al niño como suyo. 


La pequeña criatura se adaptó de inmediato al mar, reemplazando sus piernas por una larga cola, decorada bellamente de aletas rojas. 

Aun así, pequeño e indefenso, no le quedaba más que esperar y crecer. 


Creció bajo el estricto cuidado del Leviatán, al cual llamaba abuelo. Conocía a su verdadero padre, habiendolo visto en un par de ocasiones. La primera vez, cuando aún era pequeño y apenas hablaba, supo de inmediato que el Diablo no sentía ninguna clase de afecto por él, solo había frialdad en esos ojos azules y, a decir verdad, le había dado miedo. 


Su abuelo no era malo con él, de bebé lo había llenado de mimos y lo había malcriado bastante, pero a medida que crecía se iba volviendo más y más estricto y restrictivo.


Solo quería protegerlo, pero no podía decirle porque y de que, así que inevitablemente, el paso del tiempo hizo difícil su relación. 


No había mucho que hacer en el fondo del mar, en especial en los oscuros abismos que habitaba el Leviatán, así que el demonio adoptó el modo de las sirenas, divirtiéndose en traer tragedias a los mortales que intentaban cruzar el océano en sus construcciones de madera. 


Con su poder provocaba feroces tormentas, aprendió de las sirenas a cantar y con su voz hipnotizaba a los marineros para que se arrojaran al mar o se estrellaran contra las rocas. 


No tardo en ser cosa de leyenda, un monstruo marino que se deleitaba con el sufrimiento de los mortales, una criatura de apariencia temible, pero de extraña elegancia, un demonio de agua que portaba un sombrero negro.


Black Hat. 


Cuando lograba hundir un navío, se divertía explorando, coleccionando tesoros y las muchas curiosidades de la superficie ¡Vaya que aquel era un mundo curioso! Parecía que cada año inventaban algo nuevo y ningún barco era igual a otro, dependiendo de donde vinieran o hacia donde iban, podían estar cargados de oro y joyas, de exquisitas telas, de inútiles especias que se disolvían en el mar o de, simplemente, personas. 


Aquello era su mayor distracción, quería conocer ese mundo que cambiaba constantemente y traía algo de interés al fondo del mar, donde todo siempre era igual, siempre oscuro y frío, donde los cambios, si los había, eran lentos e imperceptibles. 


Pero estaba estrictamente prohibido, no podía salir a la superficie sin provocar la ira de Leviatán.


¡No era justo! Los otros tritones y sirenas podían salir ¡¿Porque él no?! Era cierto que él no era precisamente la misma especie, pero formaba parte de aquel mundo ¿Por que las reglas para él eran diferentes?

Black Hat pasaba la mayor parte de sus días solo, rodeado de su colección de artilugios y cráneos humanos. 

Algunas de esas chucherías no sabía para qué eran, otras era obvio por simple observación.


Los mortales eran criaturas inteligentes, quería poder hablar con uno y saber de dónde venía toda esa inventiva e ingenio. 

No eran para nada como la gente del mar, que se conformaba con lo que el océano les ofrecía, los mortales creaban para hacer sus vidas más simples, para pecar de pereza y alimentar su codicia. 


Tampoco eran como los demonios que, si bien eran creativos, no eran capaces de disfrutar de lo que hacían, cuando creaban música, por ejemplo, no era por amor al arte, era simplemente porque podían hacerlo y les gustaba presumir. Sus talentos provocaban envidia en los humanos y estos vendían sus almas por cosas tan simples como tocar el violín. 


Black Hat, en su perversa naturaleza, se encontraba fascinado por criaturas tan creativas y tan maleables, el tiempo paseaba y ellos cambiaban constantemente, mientras que demonios y gente del agua permanecían en sus maneras por siglos o incluso milenia. 

Quería salir y hacer lo que se suponía debía hacer, tentar mortales y guiarlos por caminos oscuros, para ver qué pasaba, que tanto caos, destrucción o incluso progreso podía traer. 


Pero, por el momento, estaba bajo el peso de las aguas, solo él y su colección. 


El Diablo se lo había prohibido rotundamente y el Leviatán imponía esa orden en él. No se podía cambiar la mente de ninguno de los dos. 


“Es por tu bien” Le decía el Leviatán.

“Es una orden” Le decía el Diablo.


Black Hat los odiaba a ambos por ello, incluso aunque la vieja serpiente marina lo trataba con afecto, lo odiaba por privarlo de su libertad y sus anhelos. 


Y así, el demonio creció solitario, de corazón frío y amargo, sin encontrar un lugar en aquel mundo de tritones y sirenas y sin poder siquiera interactuar con otros demonios ni mucho menos sus preciados mortales. 


Su mal humor traía un mar embravecido y eternas nubes de tormenta a aquella zona del mar, era mejor así, era casi a diario que un nuevo navío se hundía en las aguas y con él nuevos tesoros para llenar ese vacío existencial del que sufría. 


Pasaba sus días solo en una cueva submarina, rodeado de objetos, protegiendolos de la erosión del agua con su magia, cuando salía era para devorar a las víctimas de un naufragio o para hablar con su abuelo de algún asunto. Nadie lo visitaba, pues los otros habitantes del océano le temían. 


Había escogido esa soledad, pero aun así no podía evitar lamentarse en la misma, deseaba compañía. Alguien con quien hablar, alguien que no le temiera y tuviera curiosidad en su mente. Quizás alguien de allá afuera, que pudiera contarle de aquel mundo que tanto le llamaba la atención. 


Ese día, a pesar de su habitual renuencia a ello, se encontraba en la metrópolis marina, uno de los pocos asentamientos de la gente del mar y hogar del Leviatán. 


Era un lugar maravilloso a decir verdad, una construcción subacuática hecha enteramente de materiales marinos, nácar, coral, cartílago... Todo lo que el mar ofrecía era usado para construir edificaciones de todo tipo. 

Prueba de una antigua y estancada civilización. 

Black Hat raramente se mostraba por esos lares, pero su abuelo había solicitado su presencia, así que por allí nadaba, intentando no prestar atención a nadie. 


-¿Escuchaste?- una sirena le dijo a otra, en ese tono que es como un susurro pero que todo mundo puede oír fácilmente.

-¿El que?- su amiga se inclinó a escuchar mejor, como si fuese necesario.

-Alguien se mudó al viejo faro, el que señala nuestra ubicación-.

-Oh ¿De verdad? De seguro algún mortal, no va a durar mucho, nunca lo hacen-.


Black Hat sonrió para sí, aquello era un chisme interesante, quizás iría a investigar luego. 


Ante él se erguía un palacio hecho de puro nácar, una intrincada edificación hecha con arte y cuidado, de gigantescas proporciones, era lo único que podía contener el largo, sinuoso cuerpo del Leviatán. 

Black Hat nada más suspiró, siempre que era llamado a ese palacio no era por nada que le beneficiará. 


Entró y nadó y nadó, descendiendo cada vez más en profundidad. Allá abajo no llegaba la luz del sol, eran los oscuros abismos. Le gustaba esa parte de su mundo, allí los tritones y sirenas tenían aspectos más siniestros, un poco como él, y partes de sus cuerpos brillaban bellamente, dándole a todo un aire onírico o, más bien, pesadillesco. 

Él mismo brillaba, su larga cola era similar a la de un pez remo, las aletas rojas relucían con intensidad y, si sonreía, los colmillos lucían un peculiar verde. 


Llegó hasta el fondo, ahí donde siempre descansaba su abuelo, envuelto en sí mismo, su enorme cabeza, similar a la de un dragón. A lo largo de su cuerpo había puntos de luz que daban la impresión de que tenía cientos de ojos.

A su lado otra figura, su padre, el Diablo.


Así que estaban los dos, quizás iban a regañarlo por algo, aunque no se le ocurría que podía ser esta vez. 


-Black Hat- el Leviatán le sonrió-Temía que no vinieras-.

-No es que quisiera- se cruzó de brazos.

-Se más respetuoso- el Diablo lo reprendió, su tono impasible-Tenemos que hablar, así que deja de lado tu actitud-.

-...- Black Hat lo miró, siempre atemorizado de ese padre al que apenas conocía-Esta bien ¿Que es lo que querían hablar?-. 

-Pronto cumplirás la mayoría de edad ¿No es así?-. 

-Lo sabes mejor que yo, padre- evadió su mirada, arriba había un techo de nacar y roca, iluminado por medusas, abajo solo un infinito abismo de agua y oscuridad. 

-¿Qué dije sobre tu actitud?-suspiró con fastidio- Pronto serás un adulto, así que he decidido arreglar un matrimonio para ti-.


Black Hat lo miró con pura incredulidad, tenía que estar bromeando. 


-No- se negó rotundamente.

-No es tu decisión-.

-Te buscaremos a alguien bueno- le aseguró el Leviatán.

-No quiero- retrocedió, considerando seriamente escapar.

-Como dije, no es tu decisión, te casaras con quien yo elija tras tu cumpleaños, punto final- sentenció el Diablo, sin elevar la voz, sin alterarse, sin dar pie a discusión. 

-Te haré una gran fiesta, de esas de alta sociedad que te gustan ¿Qué te parece?- la serpiente marina hacía todo lo posible por consolarlo, aunque claramente no servía de mucho, podía sentirlo allí en la superficie, como la creciente ira de Black Hat agitaba las aguas. 

-¡No quiero! ¡No me dejan hacer nada! ¡¿Y ahora quieren que me case?! ¡¿Ni siquiera eso puedo decidir?!-. 

-¡Suficiente!- la voz del Diablo retumbó con fuerza-Es lo que se ha designado para ti, agradece que simplemente no te elimine cuando pude, Black Hat, así que sé obediente y calla de una vez-. 

-¡Te odio! ¡Y a ti también Leviatán!- Black Hat se alejó nadando tan rápido como era capaz, desapareciendo en la oscuridad. 

-Podrías habérselo dicho con más tacto-suspiró la serpiente-Nos dará más problemas ahora-.


El Diablo no dijo nada, esa creación suya solo traía dolores de cabeza.


Black Hat fue a su escondite, ahí donde tenía todos sus tesoros y se largó a llorar con amargura, apoyándose en un viejo baúl. 

Estaba furioso y herido, su padre no sentía más que desprecio por él, su abuelo nunca lo defendió de su crueldad. 

Estaba solo. 


No tenía una verdadera familia, ni amigos, no había nadie con quien hablar y realmente no entendía porque quería eso en primer lugar, porque anhelaba compañía, si su corazón era frío y carecía de las emociones normales de otros seres. No podía evitar anhelar y sufrir por ello. 


Era como si hubiese un vacío primordial ahí, en su marchito corazón, y nunca sería capaz de sentir paz al menos que lo llenara, pero ¿Con quien? ¿Quien debía llenar ese vacio? ¿Donde estaba?


Sus lágrimas se transformaban en peculiares perlas negras apenas salían de su único ojo, eran pequeñas, perfectamente esféricas y, si se las sostenía, podía sentirse algo siniestro emanando de ellas. 


Había un montoncito de perlas junto al baúl para cuando se cansó de llorar, sintiéndose patético por ello, ya no era un niño como para andar lamentándose de esa forma. 


No quería casarse con alguien que no conocía, pensaba que al menos eso debía ser su decisión, ni siquiera había besado aun, sencillamente no se había dado, no era que le faltaran candidatos, incluso aunque otros tritones y sirenas le temían, aún era cortejado con frecuencia y él siempre los rechazaba. 


Miró sus lágrimas con disgusto, deseando no tener sentimientos en lo absoluto, así ese tipo de cosas tal vez no dolerían.

Decidio mejor distraer su mente con otra cosa, iria a investigar el viejo faro, a ver si era cierto que algun mortal idiota estaba intentando vivir ahi.


Era una isla de roca, en medio del océano, a kilómetros de la isla principal. Solo se podía ir de una a otra en una embarcación de tamaño considerable, de lo contrario las bravas aguas se lo tragaban todo. 

Allí se erguía un faro, abandonado en apariencia, pero perfectamente funcional, nadie sabía quién lo había construido, nadie sabía quien lo mantenía, pero siempre brillaba en las noches, sin necesidad de un cuidador. Había sido así por siglos, eones incluso, marcando un lugar especial en el océano.

En ese momento, sin embargo, era habitado por alguien, un hombre que de seguro no estaba muy cuerdo. 


Black Hat se asomó a observar, aunque era difícil divisar nada entre la distancia del acantilado y las aguas, quizás podía acercarse a la pequeña costa rocosa, pero incluso así la casa del faro estaba demasiado lejos. 

Curioso de todas formas, pasó varios días viendo las luces de la pequeña casa encender y apagar y una figura ir y venir entre la casa y el faro. No pasaba gran cosa, estaba a punto de aburrirse de ello cuando...


¡SPLASH! Un cuerpo bien envuelto en telas se estrelló con fuerza contra el agua, el hombre del faro lo había tirado desde lo más alto del acantilado, justo cuando el demonio se había asomado a observar.

Black Hat vio el siniestro bulto hundirse con rapidez y sonrió ¡Eso sí era interesante! Esperó a que tocara fondo y abrió las bien sujetas mortajas. Un cuerpo humano, del pecho al ombligo un corte con forma de Y, cosido de vuelta con maestría.

Abrió los puntos con una garra, solo para descubrir que el sujeto estaba vacío por dentro ¿El hombre del faro había conservado sus órganos? ¿Para qué? Tenía el mismo tipo de cicatriz en la cabeza, así que le había quitado el cerebro también. Fascinante. 


La criatura marina hizo de observar aquello una rutina, mientras se mantenía alejado de su padre y su abuelo, aprovechaba para espiar a aquel hombre misterioso que seguía arrojando cadáveres al mar con regularidad.

Podía oír sonidos extraños venir de la isla ¡Si solo pudiera acercarse más! Pero esa estúpida cola y las restricciones impuestas en él se lo impedían. 

Deseaba al menos poder verlo de cerca, pero parecía que aquello sería imposible. 


Por el momento, al menos, el Diablo y el Leviatán lo dejaban tranquilo en lo que decidían con quién casarlo y cuando, no parecían siquiera dispuestos a dejarlo escoger de entre los posibles candidatos. Black Hat estaba aún furioso y no quería verlos en lo absoluto, así que observar a ese mortal se había convertido en su única entretención, una obsesión incluso. 


Una noche particularmente despejada, donde la luna y las estrellas brillaban con la misma intensidad del faro sobre las oscuras aguas, aquel hombre se acercó a la costa, empujando algo grande y metálico. 

Oculto tras unas rocas, Black Hat lo miró con emoción, era la primera vez que podía verlo tan de cerca, aunque se encontró un poco decepcionado al ver que el otro cubría su rostro con lo que, sospechaba, era una bolsa de papel. 

El hombre empujó aquella máquina hasta el agua, donde quedó flotando, y se metió dentro. 


Era casi esférico, con una ventana redonda e intensas luces al frente, pequeñas aletas y una turbina, en cuanto lo encendió comenzó a descender bajo el agua, yendo cada vez más profundo. 

Black Hat lo siguió con discreción, fascinado ¡Así que aquel mortal había creado un navío capaz de ir bajo el agua! 

De alguna forma lo hacía feliz.


Lo siguió, siempre quedandose atras para que el otro no notara la bioluminiscencia de su cola. 

Habían descendido juntos varios metros, las aguas pura oscuridad, apenas iluminadas por los faros de la máquina. 


Black Hat sabía que era mejor si se detenía, la presión del agua podía jugar en contra a partir de aquel punto, pero también quería ver qué pasaba. 


El metal crujía y el aparato se detuvo. Oculto en la oscuridad, el demonio vio al mortal entrar en pánico, mientras el agua salada se colaba en la pequeña cabina. 

Lo natural era dejarlo ahogarse y verlo con deleite como había visto a tantos otros, pero... 


¡Plaf! lo dejó caer con pesadez en la costa. El hombre estaba inconsciente, pero vivo.


Black Hat pudo observalo de cerca por fin, la bolsa se había disuelto en el agua, cabello rojo y un rostro lleno de cicatrices, aunque lucía bastante joven. 

El demonio se encontró allí en la superficie por primera vez, rodeado de la noche, la luna y las estrellas, solo con ese mortal. Le apartó el cabello del rostro con cuidado, admirando la piel pálida marcada de historias que quería conocer.


Lo amaba. 


Black Hat sintió su corazón dar un salto ¡Oh, cuánto lo amaba! ¡¿Era él por quien había estado esperando?! No lo sabía y la duda le asustaba. 

Ni siquiera sabía su nombre ¿Entonces por qué...?


El pelirrojo tosió y abrió apenas los ojos, el corazón del demonio dio otro brinco al ver que eran como las mismas estrellas, un punto blanco en el negro vacío del cosmos.


¡Lo amaba! ¡Lo amaba! ¡Lo amaba!


¡Y eso... Eso era aterrador! 


El demonio huyó tan rápido como pudo y el hombre en la costa solo alcanzó a ver una cola de aletas rojas desaparecer en el agua.