lunes, 14 de noviembre de 2022

Admirandote Cap 4: Birdcage



Flug estaba muy confundido, había sido una noche maravillosa hasta que Hatfield los interrumpió, cuando volvió a ver a su demonio lo noto diferente, pero realmente no le dio tiempo de preguntar nada.


-Terminamos-le dijo secamente-Ya tengo lo que quería...Eso creo-.


Y tras decir eso se marchó sin elaborar más, dejándolo solo. El doctor pensó que tendría que volver a casa por su cuenta, pero no fue el caso.


-¿Quieres volver? Flug, esta fiesta ya se agrio-.


Era Shisui, el supuesto sirviente que mantenía la casa de Black Hat en orden. La verdad no era ningún sirviente, era un miembro importante del culto y un ser muy peculiar. 

Era perfectamente androgino, bellos rasgos japoneses, largo cabello azabache, un ojo rojo y otro azul, orejas y cola de lobo decorando el, por otro lado, humano cuerpo. 


Se podía notar con solo verlo que era alguna clase de... Entidad. Flug nunca había sabido muy bien qué sentir por él, era amable y atento, pero también profundamente entrometido y bastante condescendiente, como si supiera todo, quizás lo hacía y ese era justamente el problema. 


-S-si, vamos- aceptó, siguiéndolo.


Salieron de ahí en silencio, hasta subir al carruaje y comenzar el camino de vuelta a casa.


-Amo los caballos- comentó Shisui de forma casual-Los humanos siempre vanaglorian a los perros, pero no habría civilización sin caballos ¿No crees?- rió.


Flug lo miró, Shisui vestia un elegante vestido negro a la vez que un sombrero de copa exactamente igual al de Black Hat y Mr Hatfield. Le recordaba a ambos y eso le molestaba. 


-Puede ser...- dijo, sin saber qué más decirle.

-¿Preocupado? Flug-le sonrió, amable.

-Ya sabes que si- rodó los ojos- Lo sabes todo ¿No es así?-.

-Puedo leer tus emociones, Flug, no tus pensamientos si eso es lo que te preocupa-.

-Lo sé, lo siento- se cruzó de brazos- Black Hat...Estaba raro-.

-Ese niño siempre ha sido tan complicado-suspiró, sacando un abanico y dándose aire-Lo quiero mucho, pero a veces es un verdadero fastidio-. 

-Solo tú llamarías a Black Hat “niño”- lo miró, divertido con ello.

-Lo es, sabes que es joven ¿No? Y lo es mucho más para criaturas inmortales como yo, ha conseguido tanto poder y estatus a pesar de su edad, la perfecta creación del Diablo-suspiró de nuevo-Hay demasiados demonios envidiandolo y demasiados mortales deseando lo que puede ofrecer-. 

-Como Mr Hatfield- gruñó con fastidio.

-Como Mr Hatfield- asintió-Hombre repugnante...- cerró su abanico con agresividad-No se que ve Black Hat en él-.

-Pues preguntale, parece que ya obtuvo lo que tanto quería-.

-Flug...-.

-¡Y me descartó de inmediato! ¡Como si no valiera nada!... No valgo nada-se llevó las manos al rostro, aun semi cubierto por la máscara-¿Por que deje que jugara conmigo?- sollozó.

-Ay, Flug- Shisui le acarició la espalda-Vamos, déjalo salir-.

-¿Por qué tuve que ilusionarme con él? Soy un completo imbécil-lloró con amargura-Y ni siquiera puedo sentirme enfadado con él, porque sabía lo que me esperaba-. 


Shisui lo dejó llorar y lo ayudó a bajar del carruaje cuando llegaron a la casa, sin decirle nada le sirvió café y una porción de pastel. 


-¿Vas a seguir trabajando para él? Flug-.

-Si- contestó, llevándose un trozo de pastel a la boca, no pudo evitar sonreír levemente. 

-Bien, sé que quizás no es la mejor opción para ti y que estoy pidiendo demasiado de alguien como tú, ya sabes siendo un villano y todo-rió-Pero, necesito que lo cuides-.

-¿Black Hat?- lo miró-No necesita de mi protección-. 

-Necesita compañía, un amigo-.

-No se si soy nada de eso para él, soy un juguete a lo mucho-.

-Sabes aun mejor que yo que eso no es cierto-negó-Escucha, si no quieres hacerlo porque lo quieres, entonces puedo ofrecerte algo-.

-¿El que?-.

-Lo que quieras, solo pidelo-su cola de lobo se agitó alegremente.

-... No necesito favores para querer seguir siéndole leal-admitió, derrotado-Pero ¿Por que tenía que ser Hatfield? Cualquier otro habría sido aceptable-.

-El corazón es caprichoso de esa forma, especialmente cuando se es joven-sonrió-Tú lo sabes de sobra, Flug-. 

-Si, lo sé- suspiró- Pero no es justo ¿Por qué no me quiere?-.

-Hn... Bueno, no puedo contestar eso, tienen que resolverlo por su cuenta ustedes dos-lo despeinó con gesto maternal- Termina eso y ve a descansar-. 


Flug le obedeció, agotado. Shisui lo acompañó hasta su cuarto y le dio las buenas noches.

Era la primera vez, en ese año que llevaba viviendo ahí, que el doctor dormía en su propio cuarto. 


Black Hat tenía lo que quería, lo que había buscado, lo que se había ganado con sus acciones.

Estaba en las garras de Hatfield, entre sus blancos dientes, enredado su posesivo abrazo, atrapado en sus palabras venenosas.

Hatfield lo llenaba de halagos, dinero y lujos, a la vez que lo trataba como una herramienta, algo para obtener gloria y fama, un objeto para su propio placer.

Black Hat era un pajarito exotico en una jaula de oro, cantando para su amo todos los días, ansioso por recompensa. 


Pero el joven demonio no asumía nada de eso, estaba convencido de estar enamorado y que, aunque Lucian lo trataba con rudeza y sin cuidado, era correspondido. Era simplemente la forma en que el otro amaba y la forma en que merecía ser amado. 


Aquel humano, un simple mortal, de alguna forma tenía poder sobre él. Era capaz de doblegar su voluntad y convencerlo de todo tipo de cosas, lo usaba a su antojo, lo manipulaba con maestría. 

Quizás había un poco de demonio en Hatfield o quizás simplemente era tan retorcido y vil como solo los humanos eran capaces. 

Sea cual fuere el caso, tenía completo control sobre Black Hat, quizás Black Hat era la oscura fuerza tras el éxito de la organización y del culto, pero era Hatfield quien mandaba.


No podía arriesgarse a que volviera a escapar de su control, no podía arriesgarse a que volviera con Flug o se encaprichara con algún otro, así que lo convenció de que se ocultara, de que ser secretivo y mantenerse en un aire de misterio iba a resultar beneficioso. 

Black Hat rara vez dejaba la casa, o su cuarto si iba al caso, solo Hatfield tenía permiso de entrar y verlo. Flug vivía ahí, pero rara vez veía a su jefe, solo a Lucian entrar y salir a sus anchas. 


Black Hat antes había sido bastante sociable, incluso si era propenso a la ira y al sarcasmo, no tenía problemas en interactuar con otros y ser mínimamente amable si le beneficiaba de alguna forma, pero ahora era un recluso y su único contacto con el mundo era Lucian y este solo lo dejaba salir para reuniones importantes y fiestas donde poder presumir de él. 


Así que pasaba los días solo en su cuarto, bebiendo licores mezclados con veneno para darle sabor y esperaba por Hatfield. Cuando este llegaba corría a sus brazos, hambriento de contacto y afecto.

Hatfield lo tomaba en sus brazos y lo devoraba completo, inundaba su mente de placeres para impedirle pensar, sexo, más alcohol, exquisito opio que mandaba su mente a soñar cosas extrañas por horas. 

Aquel hombre era rudo y egoísta en la cama, pero Black Hat rara vez se quejaba, había aprendido rápidamente a no rogarle por ternura, asi que se dejaba hacer lo que el otro quisiera y su mente entumecida le decía a su cuerpo que lo disfrutara de todas formas. 


No había distinción en el paso del tiempo, allí encerrado, días y noches eran todo lo mismo, el siempre nublado Londres que veía a través de su ventana no le daba una idea de las estaciones y las cortinas estaban siempre cerradas, pasaba las horas en su propia oscuridad, esperando por algun cambio, por Hatfield.


A veces se encontraba extrañando a su doctor, pero prefería no pensar en él, había allí un dolor que no comprendía y no quería llorar, si Lucian lo veía llorar iba a enfadarse con él, iba a llamarlo débil y blando. 

Desde que podía recordar, sus emociones habían estado en una botella y, con el paso del tiempo, las personas a su alrededor se encargaron de sellar esa botella más y más.

La indiferencia de su padre, la crueldad de un hombre que había conocido hacía muchos años y en el que intentaba no pensar.

Había aprendido a no tener muchas emociones, quizás solo demostraciones de ira, ambición, crueldad... Cosas que beneficiaran a su imagen, pero no podía permitirse verse vulnerable, no podía pedir por dulzura y cariño, estaba obligado a gustar de constante dolor y crueldad, a ser miserable y hacer a otros miserables. 


El único que conocía otro lado de él, el que era tierno y dócil, era Flug. 


Flug estaba, por supuesto, preocupado pero ¿Qué podía hacer? Tanto Black Hat como Hatfield tenían autoridad sobre él, no podía hacer más que seguir órdenes y no entrometerse.

Aun así, con muchas dudas y miedo, se arriesgó esa noche a entrar al cuarto de su jefe. Era la primera vez en meses, casi un año, que Hatfield no estaba, era su única oportunidad.

Golpeo levemente primero, pero no obtuvo respuesta. Intentó abrir la puerta, pero obviamente estaba cerrada con llave, así que recurrió a forzar la cerradura.

Abrió despacio, asomándose con cautela.


-¿Jefecito?-.

-Vete...-.


Flug decidió no obedecer esta vez. Entró al cuarto y miró a su alrededor sin decir nada al principio.

Había botellas vacías por todos lados, en el aire podía olerse lo que Flug sabía era opio, un intenso aroma a algo similar a vainilla. 

Black Hat estaba en su silla, vistiendo nada más que su bata de seda.

Lucia miserable y Flug sintió su corazón romperse. 


-Ay, Jefecito-se acercó y, arrodillándose ante él, le puso una mano en la mejilla.

-Te dije que te fueras- le gruñó-Largo-.

-No voy a ir a ningún lado- frunció el ceño, molesto-Le voy a preparar un baño- se puso de pie- Y vamos a ventilar este cuarto...- abrió las cortinas de un tirón y abrió la ventana.


Afuera era pleno invierno, pero no importaba, era aire fresco. 


Black Hat lo miró sin decir nada, resignado, demasiado cansado como para oponerse.

Flug preparó el baño tan rápido como pudo y tomó al otro en brazos sin más, siempre había sido ligero como una pluma y, a decir verdad, lo notaba más delgado que antes. 

Black Hat se aferró a él, había extrañado esos brazos, pero continuó con su silencio y dejó que Flug lo llevara.


Lo metió a la bañera, llena de agua cálida y jabón perfumado, lo ayudó a lavarse el cabello azabache, siempre teniendo cuidado con los delicados cuernos que le decoraban la cabeza, y le fregó la espalda. 

El demonio ronroneaba levemente, cerrando su ojo, a gusto. 

Tras eso lo dejó solo unos momentos, para ordenar el desastroso cuarto.


Sacó cajas repletas de botellas de licor, sacudió el polvo que se había asentado en los muebles y cambió las sábanas de la cama. Luego le pediría ayuda a Shisui para limpiar más a fondo. 


Regresó por él, Black Hat estaba abrazándose las piernas, mirando el agua sin expresión alguna.

Flug se lo quedó mirando, preocupado. Había visto eso antes, en las calles era común, adictos y desahuciados que no hacían más que mirar la nada por horas.

Sintió su corazón romperse de nuevo.

Lo ayudó a salir, temeroso de que se cayera, aunque realmente si lo hacía no iba a hacerse daño, pero no iba a arriesgarse.


-Dejame, puedo solo- le dijo, evadiendo su mirada.

-Ok- le dio su toalla y su bata y se quedó ahí, vigilante.


Cuando estuvo listo, volvió a tomarlo en brazos y lo llevó hasta la cama, dejándolo ahí con cuidado. 


-Llamaré a Shisui para que prepare una sopa ¿Que le parece?-le sonrió.

-No tengo hambre-.

-Pues ni modo, porque va a comer igual, es mi paciente ahora-lo reprendió.

-Si Mr Hatfield te ve, va a matarte- se acomodó en la cama, mirando el techo, el mundo le daba vueltas. 

-Pues por suerte para mi, Mr Hatfield...- dijo con desprecio, rodando los ojos- Está de viaje por un par días, así que haré lo necesario-.

-... Está bien-. 


El doctor lo arropó, dejándolo lo más cómodo posible, le dio mimos hasta hacerlo dormir y se marchó, necesitaba contactar con Shisui. 

Black Hat se quedó calentito y a gusto, ya sin enterarse de nada más, en paz después de tanto tiempo. 


Flug salió al frío de la noche, furioso, dolido y con ganas de prenderle fuego a toda esa condenada ciudad, pero no podía hacer eso, en cambió fue en busca de Shisui, no sabía muy bien donde encontrarlo, el sujeto sólo...Aparecía cuando lo necesitaban. 


Sabía que frecuentaba bares y fumaderos de opio, Shisui podía lucir muy elegante y delicado, pero era todo un adicto, lo cual era particularmente útil, considerando la situación en la que se encontraba Black Hat. El doctor estaba seguro de que Shisui sabría qué hacer.


Entró a un bar y, en efecto, Shisui estaba ahí. Vestía, como era usual, de mujer. Parecia siempre una dama de luto, con sus vestidos negros, aunque tambien lucia el sombrero de copa, tan distintivo.


-¿Me buscabas? Flug-le sonrió desde la barra, agitando un vaso de whisky. 

-Ya sabes que sí- suspiró con fastidio- Sabelotodo-.

-Solo llévame con él-. 


Shisui actuaba como un doctor, aunque lo más correcto era decir que era un curandero, un médico brujo tal vez. Así le decían en todo caso, El Brujo. 

Examinó al durmiente Black Hat con gestos delicados, apenas tocándolo, sintió su pulso.


-Eso es débil incluso para él-.


Y su temperatura.


-Demasiado tibio...-.


Lo miró largamente, como observando algo más que su físico, se paseó por el cuarto, examinando y tocando cosas al azar.


-Es muy difícil crear adicción en un demonio, Hatfield sabe lo que hace-suspiró.

-Voy a destriparlo- Flug estaba sentado en la cama, clavandose las uñas en las rodillas. 

-Espera un poco para eso, Flug-rió- Curemos a Black Hat primero, sanar su cuerpo va a ser fácil, su mente y su corazón por otro lado, no te doy garantías-. 

-¿Por qué le hizo esto?- le acarició el rostro, había extrañado la sensación de esa piel de serpiente, pero se sentía anormalmente cálido.

-¿Para qué más? Para tenerlo bajo su control- volvió a mirar la durmiente figura, se lo veía pacifico por el momento-Pero Black Hat no lo ve así, el capricho de su corazón lo ha convencido de cosas que no son-. 



No se podía sanar a un demonio con medicina convencional, se necesitaban todo tipo de rituales, pociones y la quema de hierbas extrañas y aun así, todo lo que Shisui podía hacer era desintoxicar su cuerpo, tendría que lidiar el solo con la adicción, aunque podía ayudarle con cierta pociones, y en cuanto a aliviar las penas de su mente y su corazón...Pues eso era asunto de Black Hat y de Flug.

El problema era que no tenían mucho tiempo, Hatfield solo estaría lejos tres días, tal vez si lograban convencer a Black Hat de huir a alguna parte...


-Ni lo sueñes ¡Dejame!- Black Hat se debatía en brazos de Flug, negándose a tomar más medicina, ofendido por la propuesta de huir. 

-Jefecito, por favor...-.


Estaban en la cama, luchando. Black Hat estaba demasiado debil como para apartar al doctor, aquello era tortura ¡Queria su alcohol, su opio y su Mr Hatfield! ¡No a esos dos intrusos! 


-¡Déjame! ¡No te necesito! ¡Solo necesito a mi Mr Hatfield!-se lamentó, terco, su mente hecha un lio, no del todo despierto aun. 

-¡¿Es que no se da cuenta de lo que ha hecho con usted?!-lo azotó contra la cama, sujetándolo de las muñecas.

-Nada más estás celoso- le siseó con desprecio, apenas forcejeando.

-¿Y que si lo estoy?-Flug rió con amargura-No cambia lo que siento por usted, ni mucho menos cambia lo que Hatfield ha estado haciéndole-.

-¿Y que ha estado haciendo según tú? Doctor-.

-Usandolo, envenenandolo, manteniéndolo encerrado como una avecilla-.

-...Es así como debe ser-ladeó el rostro, no queriendo ver al otro y ver la realidad. 

-No lo es-.

-No es la primera vez que me encierran, es así como es para mí-intentó soltarse vanamente.

-¿Qué dice?-.

-No es tu asunto-.

-Flug, dejalo-Shisui apartó al doctor y suspiró-Esto es agotador, no hay nada más terco que un demonio, en especial uno sin la mente en su lugar-. 


Flug se apartó de mala gana, se quedó acostado a su lado, molesto y sintiéndose derrotado. 


-No necesito su ayuda-.

-Tienes una adicción, Black Hat-.

-Puedo dejarlo cuando quiera-le replicó-Además, no eres quien para criticarme-.

-A mi no me mantiene cautivo mi amante-resopló. 

-Es así como es para mí- repitió y se tapó hasta la cabeza, como un niño.


Flug suspiró y lo abrazó, quería llorar, pero no se lo permitió. Estaba frustrado, pero le molestaba más ver al otro sufrir y no poder hacer nada, él no se dejaba, demasiado terco, demasiado sumido en sus adicciones y su amor por Hatfield. 

Así que sencillamente siguieron con las pociones y los rituales, para al menos alejarlo de su dependencia a las drogas, quizas asi su mente no estaría tan entumecida y sería capaz de ver lo que Hatfield estaba haciendo de él. 


La noche del segundo día, Flug se despertó para encontrar la habitación vacía, Black Hat no estaba.

Salió de ahí con pánico, preguntándose a donde había ido ¿Había ido en busca de Hatfield? ¿De más drogas? 


-Te he dicho que no pasees por la casa tu solo-la áspera voz lo reprendió apenas entró a la cocina.

-Jefecito...- suspiró-Ay, que alivio-dijo llevándose una mano al pecho. 

-Solo quería café- le mostró una taza.

-Oh, me hubiera dicho-.

-Puedo cuidarme solo, Flug-se sentó a la mesa de la cocina-Ahora, al menos-.

-¿Se siente mejor?-Flug se sentó también.

-Puedo pensar con más claridad-.


Flug lo miró, no sabiendo muy bien qué decir, sentía que si decía lo que estaba pensando el demonio iba a enfadarse, que aún estaba a la defensiva, así que solo esperó a que volviera a hablar. 


-Se lo que piensas, Flug, que Hatfield me usa-Black Hat miraba el oscuro líquido dentro de la taza. 

-...-.

-Pero, es que es así es como es para mi-.

-Ya ha dicho eso antes, no entiendo a que se refiere-.

-Mi padre, mi ex esposo, Hatfield, todos me han mantenido cautivo de alguna forma, cuando alguien me ama es lo que hacen, me encierran para que no vaya a ninguna parte, para poder vigilarme y forzarme a que haga lo que a ellos les parece-. 

-Black Hat eso no es... No es como el amor funciona-negó.

-Lo es para mi-rió, sonando a amarga locura-Amor es control, dolor, una jaula de mis propias emociones, es tortura y la perdida de mi voluntad...-se largó a llorar, sus lágrimas cayendo en el café, sus lamentos ahogados, intentando reprimirlos. 


Flug corrió a abrazarlo, no le dijo nada, solo lo sostuvo y acarició su espalda.


-Pensé que Hatfield sería diferente, porque nos parecemos, pensé que él iba a entender...-.

-Oh, Jefecito, ese hombre no lo merece-.


Black Hat negó enérgicamente.


-Soy yo el que no merece a nadie, corrompo todo lo que toco, sacó lo peor de las personas que se me acercan demasiado-.

-Él era así de horrible antes de conocerlo- le tomó el rostro entre sus manos-Y aunque así fuese, aunque usted de alguna forma tenga influencia en su comportamiento, no justifica lo que le ha hecho-. 

-Es así como es para mi- repitió tercamente.

-Deje de decir eso, no es verdad...- sollozó-Yo lo amo y no quiero mantenerlo encerrado, ni aprovecharme de usted, ni cambiar lo que es-. 

-Oh, Flug...- dijo entre llantos y ahogados lamentos-Llevame lejos-.



viernes, 11 de noviembre de 2022

Admirandote Cap 3: Intoxicante




Flug nunca había conocido hombre o mujer más intoxicante. Con Black Hat era imposible pensar, era como el más exquisito de los licores, la más adictiva de las drogas. 

Era indescriptiblemente hermoso, todo de él le gustaba. El cuerpo ligero, la piel de serpiente, las largas piernas, los peligrosos colmillos y garras que dejaban marcas por doquier. 

A pesar de lo temible y peligroso que era, en sus brazos era dócil, Flug le sacaba lo más adorables sonidos, lo hacía rogar por más. Le gustaba oírlo gemir su nombre. 

La noche se les hacía corta en su pasión ¡Oh, las noches! ¡Esas gloriosas horas cuando no había trabajo, ni Hatfield, solo ellos dos! ¡En las noches era solo suyo! ¡Era tan dichoso, por unas pocas horas era tan jodidamente dichoso!

Pero entonces llegaba la mañana y todo era nuevamente sobre trabajo y su querido Mr Hatfield ¡Flug quería volarse los sesos cada que salía el sol! 


Llevaban así dos semanas.


Flug hacía lo que le pedían simplemente, las noches su único consuelo. No iba a mentir y decir que no se sentía usado, pero sabía a lo que se atenía trabajando para ese demonio, haciendo tratos con él. Quizás era sencillamente algo mutuo, se usaban el uno al otro y el doctor se conformaba con su situación.


Durante las horas de trabajo, que en general eran solitarias pues aun no habían contratado a nadie más, Black Hat aparecía y juntos jugaban a ser novios, siempre que Hatfield estuviese presente por supuesto. Después de todo, el objetivo era darle celos.

Flug no estaba muy seguro de si realmente estaba funcionando, el hombre parecia más que dispuesto a ignorarlos o hacerse el tonto. 

Pero al mismo tiempo, cuando los veía juntos, podía notar como apretaba los anormalmente blancos dientes. A Flug realmente no le interesaba, iba a aprovechar aquello tanto como pudiera. 

No era solo el sexo, cuando Black Hat fingia ser su novio era tan galante y dulce, tanto que en un principio lo habia tomado por sorpresa, pero parecia que el demonio tenia un lado naturalmente cariñoso que él mismo no conocia. 

Podía ser que solo le gustaba la atencion, quizas solo era que le gustaba que Flug lo mimara y lo llenara de halagos, pero al doctor no le importaba, verlo sonreir y escucharlo ronronear como un enorme minino era lo mejor del mundo.


Así que ahí estaba él, jugando a ser novios con un ser infernal, todo para darle celos a un hombre despreciable, y no le importaba.


Black Hat por su parte estaba siendo puramente hedonista, le gustaba la atención de su doctor, le gustaba ver los celos sutiles florecer en el serio semblante de Lucian. Disfrutaba ser el centro de la atención de ambos, así como secretamente disfrutaba ser dulce con Flug, ser tierno y dócil era algo que nunca había podido expresar con nadie más que con él. 


En las mañanas compartían un silencioso desayuno, cansados de la noche anterior, era un cómodo silencio y luego simplemente iban juntos al trabajo.
Al mediodía, cuando el trabajo se ponía lento y aquel laboratorio silencioso era apenas iluminado por las pequeñas ventanas que daban al mundo exterior, Black Hat se sentaba a almorzar con Flug. 

Se tomaban de las manos sobre la mesa y se tocaban juguetonamente con los pies mientras hablaban de esto y aquello, Black Hat siempre se aseguraba que Hatfield anduviera cerca para verlos interactuar, pero en ocasiones se olvidaba de ello y simplemente disfrutaba del momento, entretenido con la conversación. 

Cuando su atención estaba en Hatfield sin embargo ¡Oh, era tan feliz! Verlo celoso era tan divertido, se sentía peligroso de alguna forma, era excitante. 

Si, le divertía jugar con esos dos. 


Y Mr Hatfield... Mr Hatfield estaba furioso. 

Sabía de sobra que Black Hat hacía todo eso para darle celos ¡Y vaya que estaba funcionando!

Cuando los veía llegar tomados de la manos, compartiendo sus horas hablando de tonterías ¡Cuando los veía besarse! ¡Odiaba ver a ese doctor patético tocar lo que era suyo! 

Ese hombre patético no tenía derecho a ponerle las manos encima a SU Black Hat, el mocoso era suyo y de nadie más ¡Su estatus y poder le pertenecían solo a él!

Hatfield estaba teniendo un berrinche interno, como un niño al que le habían quitado un dulce que decía no querer. 

Pero no iba a darle gusto, sabía que solo intentaba manipularlo y jugar con él, así que se decidió a ignorarlo, al menos a simple vista, porque no estaba ignorandolos en lo absoluto.

Lucian los espiaba, los seguía cuando iban a sus pequeñas citas, viéndolos compartir un picnic o el té de la tarde, como un par de novios. Los veía almorzar juntos y pasar largas horas en el laboratorio, simplemente hablando. De no saber mejor habría pensado que se querían, pero eso era imposible porque ese monstruo era incapaz de querer de verdad y, en todo caso, solo tenía ojos para él, Flug era un simple capricho, un juguete del que se aburriría pronto ¡¿Verdad?!

Pero no podía evitar sentirse enfadado y celoso ¡Quería gritarle a ese demonio que no era más que una puta, gimiendo en los brazos de otro con tanta facilidad!

Pero no podía hacer eso, estaba su propio orgullo de por medio. Black Hat iba a aburrirse pronto de sus juegos, solo debía esperar. 


Mientras sus caprichos no afectarán al negocio, todo iba a estar bien.


Con el dinero de Mr Hatfield y los muchos contactos de Black Hat, formaron un culto de nobles y mafiosos, la crema y nata del crimen y la corrupta nobleza se reunía con frecuencia en secreto. 

Bastaba con que Black Hat mostrará de lo que era capaz para que sus clientes no dudarán un segundo en seguirle y firmar todo tipo de contratos con él, su culto y su organización podían ofrecer de todo, la imaginación era el límite después de todo. 


Mr Hatfield era el fundador y líder, Black Hat la temible fuerza secreta detrás de todo y Flug el que hacía de aquello un negocio próspero, con sus inventos, productos y servicios varios. 

El culto del sombrero negro y Black Hat Organization eran todo un exito. 

Y con todo eso ya había pasado casi un año, entre negocios, conspiraciones y juegos de amantes. 


Mientras estaba ahí tendido en la cama con Flug, a Black Hat se le daba por pensar que quizas podia conformarse con eso, el doctor le gustaba mucho, era perverso y malévolo a su modo, tal vez no era Hatfield, pero tenía lo suyo propio que le gustaba mucho.

Lo miro en la penumbra del cuarto, ya se había dormido, la luz de la luna iluminaba la pálida piel y el cabello rojo fuego. Un chico como ese, que era igualmente malvado y dulce, seguramente iba a querer hacerlo cambiar, iba a pedirle que fuese una persona diferente.

Black Hat quería, o creía querer, que Hatfield lo amará porque entonces no tendría que cambiar nada. Creía, con cierta peculiar inocencia, que solo porque se parecían, Hatfield iba a amarlo tal cual era. 

No sabía que era más bien todo lo contrario y que Flug nunca iba a pedirle que cambiara, que ya lo amaba como era, pero estaba demasiado ciego en su ilusión por Lucian para notar lo que ya tenía y solo pensaba en lo que no. 


-Hn... Jefecito- Flug lo buscó para abrazarlo.


Black Hat suspiró y se puso a su alcance, Flug no perdió tiempo y lo envolvió en sus brazos con fuerza. 

Flug abrió los ojos apenas, adormilado. No pudo evitar sonreír al ver esa criatura hermosa, estaba enamorado de él, aunque si le preguntaban no sabía muy bien por qué. Realmente no necesitaba un motivo, los sentimientos no tienen lógica.

Si buscaba una razón, tal vez era que con él sentía que tenía donde pertenecer, un propósito, alguien que incluso en su crueldad y exigencia lo aceptaba como era, un científico loco y retorcido sin escrúpulos cuando se trataba de ciencia y experimentos, alguien innecesariamente sensible y nervioso que se esforzaba demasiado y tendia al fracaso. 


¿Por qué no podía ser correspondido? Si le daba todo de sí, incluso su dignidad, y aun así Black Hat no lo amaba, solo estaba usándolo hasta que consiguiera lo que en verdad quería o terminará por aburrirse, lo que pasara primero. 

Usar era una palabra un poco fuerte, no estaba usandolo, tenían un acuerdo y Flug era estupido, devoto y leal, asi que había aceptado aunque dolía. 


Lo apretó en aquel abrazo y lo escuchó ronronear, al menos aun tenía esos momentos, sabía que el demonio estaba contento con él.


-Jefecito...-.

-¿Qué quieres? Vuelve a dormir-.

-¿Puedo preguntarle algo?-.

-... ¿El que Flug?-suspiró.

-No piensa en él cuando está conmigo ¿Verdad?-.


Black Hat lo miró, su ojo felino brillando en la oscuridad. No pudo evitar reír.


-Claro que no, Doctor~, pensé que era obvio, con lo mucho que gimo tu nombre-.

-Oh, ok, está bien entonces-.

-Eres un idiota ¿Lo sabias?-.

-Lo siento-se acomodó, dispuesto a volver a dormir.

-Han sido entretenidos estos meses contigo, consiga a Hatfield o no, no me arrepiento de nada- le aseguró.

-Lo mismo digo, Jefecito-. 

-Oye, Flug...-.

-¿Si?-.

-Ven al baile, será un baile de máscaras, así que debería estar bien ¿No?-.

-¿Me está invitando?-sonrió.

-Si, ven conmigo, te sacaré a bailar y todo-.

-Nada más me gustaría más-. 


Aquel era un baile de celebración por los éxitos del último año y la oportunidad perfecta para llevar a cabo un ritual muy importante. Detrás del elegante baile de ensueño, detrás de la gente hermosa, los vestidos opulentos y las máscaras de fantasía, había violencia, la sangre de los inocentes, horribles rituales caníbales y toda la decadencia de la que los humanos eran capaces. 


Pero nada de eso importaba mucho en ese momento, porque era el tiempo del vals y Black Hat no podía evitar sonreír en toda su amplitud. 

Flug lucía tan... Hermoso. El traje blanco le sentaba de maravilla, la mascara blanca y dorada resaltaba los peculiares ojos negros y el cabello de intenso rojo.

Bailaban en perfecta sincronía y, por un momento, para ambos no hubo nada más en el mundo que ellos dos y la música y la belleza que los rodeaba.


Era todo un espectáculo a decir verdad, el gran salón, opulento y lúgubre, las figuras enmascaradas, misteriosas y tetricas, pero indescriptiblemente hermosas y atrayentes. Todos danzando bajo un techo que simulaba el cosmos, parecían muñequitos de porcelana en un escenario cuidadosamente hecho a mano. 


Había tal belleza en esa oscuridad y ellos dos se sentían tan a gusto, que por un momento en verdad se olvidaron de todo, danzando y mirándose a los ojos. Uno de negro y otro de blanco, parecian un par de novios, hacian el perfecto contraste y sus ropas, tan llena de delicados detalles, daba la ilusion de que aquello era un retrato, una pintura bien elaborada que se movia magicamente, mostrando un posible futuro. 


Flug se sentía flotar, dichoso. Black Hat resplandecía en su tétrica elegancia, tan galante y guapo, lo hacía sentirse afortunado y...Querido. 


Black Hat se daba cuenta también de que, tal vez, si quería a su doctor de esa forma, quizás solo era el ambiente, la música, o quien sabia que, pero se le antojaba decírselo.


-Flug yo...- comenzó a decir, pero alguien los interrumpió, era Hatfield, de mala gana ambos dejaron de bailar.

-Siento interrumpir, My Dear, Doctor- Hatfield les sonrió-Pero necesitamos hablar- dijo, tomando a Black Hat de la mano.

-Disculpame un momento, Flug- suspiró, no sin cierto fastidio.

-Ugh, ok...- Flug miró a Lucian con desprecio, sentía que iba a pasar algo importante y aquel desgraciado los había interrumpido a propósito. 


Lucian nada más sonrió con sorna y se llevó a Black Hat con él.


-¿Qué es lo que quiere? Mr Hatfield-inquirió, deseando nada más que volver a la pista de baile con su doctor-Si quiere sacarme a bailar, podría haber esperado a que terminara la pieza-. 

-No quiero bailar, My Dear, hay cosas más importantes que atender-.


Hatfield lo llevó lejos, a los pasillos ocultos. Estaba furioso, tan amargamente celoso y lleno de rencor y envidia que lo sentía en la boca, podía saborear su propia amargura. 

Había podido soportarlo todos esos meses, pero cuando los vio bailar, tan compatibles, luciendo como... Pues como un par de recién casados, decidió que ya era suficiente, iba a darle a ese niño una lección, nadie jugaba con él, nadie tomaba lo que era suyo. 


Black Hat se dejó llevar, intrigado.


Mr Hatfield lo azotó contra la pared cercana, una mano sosteniendole ambas manos sobre su cabeza. Lo besó con furia, tomando al demonio por sorpresa. 

Black Hat no reaccionó al principio, solo se dejó besar, saboreando aquella boca con tonos de licor y tabaco, por alguna razón le asustaba un poco su repentina brusquedad. 


-Mr Hatfield...-alcanzó a mascullar, agitado.

-Shhh, My Dear- lo calló, apenas apartándose de sus labios-Tenemos que hablar tú y yo, asi que estate quieto un momento ¿Si?-.


Black Hat tragó saliva y asintió, mirándolo con incertidumbre.

Hatfield le sonrió, con su mano libre le acarició el rostro, bajó por su cuello, su pecho, su vientre... Podía sentirlo estremecer. 


-Has sido muy travieso ¿No es así? My Dear-le habló con suavidad al oído.

-Mr Hatfield...- Black Hat quería protestar, pero el mayor se lo impidió.

-Que te calles- Lucian no elevó la voz, pero sonaba a reprimenda-¿Te divierte darme celos? My Dear-le dijo con claro rencor a la vez que le metía la mano en los pantalones y frotaba con cierta rudeza.


Black Hat no pudo evitar gemir, le temblaban las piernas, estaba seguro de que se derrumbaría en el suelo si Hatfield dejaba de sostenerlo. 

Quería poder soltarse y aferrarse a sus hombros al menos.


-Mr Hatfield, por favor...-le rogó, gimiendo.

-Dime ¿A quién le perteneces? My Dear- ignoró su ruego y en cambió comenzó a masturbarlo, sonriendo con malicia ante sus gemidos, podía sentir su cuerpo entero temblar- Contestame...- le exigió, deteniéndose.


Black Hat ya no estaba pensando en lo absoluto, gemía en puro nebuloso éxtasis, su lengua asomandose, una expresión de placer sin pensamientos.

Se lamentó al notar que el otro se había detenido e intentó soltarse en vano.


-Habla, My Dear-.

-Usted... Le pertenezco a usted-.


Eso era lo que quería escuchar ¿Verdad? ¡Oh, por favor que fuese eso! Iba a perder la cordura si Hatfield no continuaba.

-Muy bien...- Hatfield sonrió nuevamente-Vas a terminar con ese doctorcito ¿Entendido?-.


Black Hat nada más asintió.


Hatfield rió, se burló de él, pero el demonio no lo noto, solo gimió con ansias cuando el hombre retomó lo que había estado haciendo.

Quería que soltara sus manos y poder tocarlo también, pero Lucian no parecía dispuesto a soltarlo. 


-Mr Hatfield, por favor...- dijo por segunda vez-Déjeme... Yo también quiero...Usted-.


Hatfield no le daba mucho espacio para hablar y su mente inundada de placeres carnales apenas podía formar una frase coherente.


-Eres tan adorable, pero tengo otros asuntos que atender, así que terminemos con esto rápido-.


Aumentó el ritmo de sus caricias hasta hacerlo llegar al clímax, lo miró retorcerse con la más encantadora expresión ¡Divina criatura! Podía jugar así con él todo el día, si era sincero consigo mismo. 


-¿Vas a comportarte a partir de ahora? My Dear-.


Black Hat asintió y Hatfield lo soltó por fin, el demonio cayó al suelo como un muñeco y se quedó ahí, mirando la nada.


-Tengo cosas que hacer, My Dear, nos veremos luego-Hatfield se acomodó la ropa y se marchó sin más, caminando firme y con las manos enlazadas tras su espalda. 


Black Hat no supo muy bien por qué, pero se le escapó un sollozo y se quedó ahí unos minutos más, abrazándose a sí mismo.