viernes, 10 de marzo de 2023

Vanquished Cap 2: En la cama

 



A la mañana siguiente, Flug fue a trabajar.

Debía tomar el tren subterráneo y, para ello, debía pasar por varios controles de seguridad. 

Lucía como esos arcos que había en los aeropuertos, pero además de buscar por metales, escaneaba el artilugio alrededor de su cuello, enviando a la computadora cercana toda su información, su historial, su pasado...


El agente de seguridad lo miró con ojo crítico. 


-Tengo permiso de circular de casa al trabajo y del trabajo a casa-le dijo con tono monótono-Además de una hora al día para hacer las compras-suspiró.

-¿Y por qué un sujeto como tú trabaja para PEACE?-el hombre alzó una ceja, considerando si todo lo que leía en el monitor era, de alguna forma, falso.

-Sin mí, no tendrías esto...-señalo el collar-Asi que dejame pasar de una vez o llegaré tarde-.

-No me des actitud-le advirtió-Puedes pasar, pero más te vale estar de vuelta en horario-.

-Lo se, lo se-rodó los ojos. 


Mientras más experimentaba su “libertad” más se preguntaba cuánto tiempo había pasado, el mundo había cambiado muchísimo.

Todo era más moderno, todo tenía el sello de PEACE y los civiles parecían más que acostumbrados al nuevo régimen. 


Había también, más notablemente para él, una clara segregación. 


Los que, como él, habían sido villanos, viajaban en los últimos vagones del tren, en los asientos traseros del bus y, definitivamente, no podían tomar un avión, al menos no sin un largo, tedioso e interminable trámite. 

Tampoco podían entrar a ciertos establecimientos y solo eran atendidos en centros médicos específicos. 

Para los ex villanos y sus familias, si las tenían, eran un calvario diario el simplemente existir.

Sus hijos no podían ir a la escuela, los enfermos y heridos difícilmente recibían ningún tipo de atención. 

Conseguir trabajo era, básicamente, imposible.


PEACE había designado a algunos con trabajo, esos que nadie quería hacer, todo lo insalubre, humillante y que les acortaría la vida, pero muchos otros estaban en situación de calle, estaban ahí para servir de ejemplo, para ser señalados, para decirle a los niños “Eso es lo que pasa cuando te portas mal, cuando no obedeces”. 


Y a unos pocos, como Flug, PEACE los empleaba directamente, forzándolos a trabajar desde que salía el sol hasta que llegaba la noche, creando más cosas para ese sistema opresor. 


Le pagaban lo mínimo, disfrutaba de ciertos “privilegios”, pero no eran la gran cosa. 


Era mejor que nada, en todo caso. 



Ese día trabajó como había trabajado todos los días en su celda, no había diferencia, estaba solo por horas y horas, ante él toneladas de trabajo, a su alrededor cuatro paredes. 


Llegó la noche y regresó a casa, no molestandose en saciar su sed ni su hambre, solo tomó una ducha y se desplomó en la cama, a pensar. 


Y pensó, por horas y horas, hasta que salió el sol.


Y se levantó y fue a trabajar...


Y así fue por días, semanas... Él tiempo seguía pasando para él sin ningún sentido, ya ni sabia que dia era, ni qué año.


¿Cuántos años tenía él? De seguro su cumpleaños ya había pasado, pero ¿Cuántos cumpleaños?

Sentía que se volvía loco, intentando pensar, intentando calcular, nadie le contaba nada, tampoco tenía nadie a quien preguntar. 


Recordaba su tiempo en la celda, como el trabajo se había vuelto tan pesado y monótono que se sentía como un sueño. Recordaba ir a dormir, soñando con sus días en la mansión y como eso se sentía tan real, solo para despertar poco después, sintiéndose decepcionado cada vez. 


Ahora era “libre”, pero la monotonía de los días seguía ahí, iba como un zombi, hacia lo que le pedían, volvía a casa y pensaba en todo ello por horas, dormía muy poco y, cuando lo hacía, estaba de vuelta en la mansión, con 505, Demencia y...


Black Hat.


Su delicada figura siempre ante las grandes ventanas de la oficina, misterioso, estoico, inalcanzable, por más que lo intentaba, por más que intentaba caminar o correr hacia él, sus pies no avanzaban, se movía en su sitió y todo iba demasiado lento. 


Quería alcanzarlo y preguntarle.


¿Por qué se marchó? ¿Qué hice mal? ¿Es que acaso no le importo? ¿Alguna vez le importe?


Quería alcanzarlo y hacerle daño.


Quería rodearle el cuello con las manos, abrirle el torso con un bisturí, golpear el rostro hermoso hasta que ya no lo fuese más. Quería desquitarse por todo ese dolor, esa confusión, ese abandono. 


Y entonces despertaba, agitado y hambriento. 


Así que se levantaba, iba a la diminuta cocina y se llenaba el estómago de lo que estuviera disponible, sin nunca sentirse satisfecho. 


Nunca estaría satisfecho.


Su hambre debía ser saciada con la carne de otros, pero PEACE nunca lo dejaría hacer eso de nuevo. Le daban suplementos, para que al menos su cuerpo no se pusiera en su contra, pero su estómago siempre rugía. 


E, incluso si pudiese hacerse con alguna víctima, no estaría satisfecho, porque su hambre era exacerbada por el rencor, por su odio hacia Black Hat, pero él no estaba y nunca podría clavarle los colmillos. 


Asi que sus días pasaban en eterna frustración. Vacíos y monótonos, sin descanso. 


Esa mañana era especialmente fría, amenazaba tormenta. Flug se preparó un cargado café y unas tostadas.

Se sentó en la pequeña mesita, ante él un televisor. No tenía cable ni mucho menos, pero podía ver los canales locales. 

Las noticias eran siempre lo mismo, todo era perfecto y bueno. No había problemas en el mundo. 


Miró el calendario en la pared. Lo único que más o menos le decía en que día estaba. Sabía por ello y por la poca información disponible, que había estado encarcelado un par de años, y ya llevaba “libre” otro par.


PEACE llevaba el control del mundo poco más de una década, pero para él se sentían como días y, a la vez, eones. 


Estaba perdiendo la cordura ¿No es así? Siempre había estado un poco, bueno más bien MUY, loco, pero ahora era diferente. Sentía su mente tan ausente, consumida en la monotonía del trabajo y los constantes recuerdos. 


A veces no quería salir de la cama, quería hundirse ahí y pensar hasta que su mente se apagará por completo, hasta volverse un vegetal inutil, pero no podía, debía seguir, no sabía porque, pero debía seguir. 


Dejó la taza vacía, ya era hora de marcharse. 


-Nos vemos en la noche, 505-suspiró, adoraba al oso, pero no era buena compañía, no podía hablar y, siendo del tamaño de una rata, ya ni siquiera podía darle sus clásicos abrazos. 


En el trabajo nadie le hablaba, excepto para hacerle las preguntas de rutina.

Pasaba por seguridad, contestaba las mismas preguntas una y otra vez y de ahí iba a su “oficina”. 


Allí dentro tenía aún menos noción del tiempo, sólo sabía que cuando entraba era de día y, cuando salía, era de noche. 

Se tomaba media hora para almorzar, tal vez quince minutos para usar el baño o un breve descanso. 


Pensó que ese día sería igual, como tantos otros, pero apenas se había sentado a retomar su proyecto actual, cuando alguien entró.


Una agente de PEACE lo miraba desde el marco de la puerta.


-Venga conmigo, Dr Flug-le dijo secamente. 


Flug miró a la agente con extrañeza, pero la siguió sin protestar. No era como si pudiera negarse, esa diabólica invención suya, no solo monitoreaba sus movimientos, también podía inyectar sedantes y dar choques eléctricos con solo presionar un botón a distancia o en la presencia de signos de agresión.


También monitoreaba sus signos vitales y era capaz de decir si esta nervioso, si mentía, si ocultaba algo. 


En otras circunstancias, estaría orgulloso de su creación. 


Así que la siguió sin rechistar, caminando en silencio por largos pasillos hasta llegar a un ascensor. No tiene botones, solo podía abrirse con una tarjeta especial.

La agente hizo eso mismo, abrió el ascensor con la credencial que colgaba de su cuello, las puertas se abrieron e invitó a Flug a pasar primero.


Bajaron por lo que parecía una eternidad, el silencio era jodidamente incómodo. Flug no podía evitar jugar con sus manos y mover sus pies, meciéndose ligeramente. 

La chica no le decía nada y estaba agradecido por ello. 


Finalmente el aparato se detuvo y abrió sus puertas a otro largo pasillo, pero este estaba oscuro y la única luz provenía de lo que parecían ser...celdas.


Flug se preguntó si lo habían tenido en una como esa, posiblemente, la máxima seguridad posible, aunque la suya no tenía ese frente transparente. 


La agente avanzó de nuevo y Flug la siguió, aprovechando para mirar dentro de las jaulas, algunas estaban vacías, otras contenían a villanos y monstruos de gran renombre.


Los irredimibles, los incurables, los que no podían ser reacondicionados y reinsertados en la sociedad. 


Parecían especímenes dando vueltas en sus hábitats.


Finalmente llegaron ante una celda, prácticamente al fondo del todo. Allí, sentado en el suelo acolchado y sujeto por una camisa de fuerza había un joven.


El doctor lo miró con infinita sorpresa. Lo conocía. 


Largo cabello negro, cuerpo alto y esbelto, ojos bicolor, un hermoso rostro androgino, siempre sonriente. 


-Shisui...-.

-Asi que es cierto, lo conoce-inquirió la agente-Según los registros, este hombre era parte de ese culto-.

-Eh...En efecto-Flug asintió-Del más alto rango, después de Black Hat-. 


La mujer frunció el ceño, apretó un botón junto a la celda y habló.


-Sadamoto Shisui, le trajimos a quien pidió-. 

-Si, puedo verlo, no estoy ciego-rió esté, poniéndose de pie y acercándose al cristal-Hola, querido Flug-. 

-¿P-para que me quieres? No tengo nada que ver contigo-se apuró a decir, nada deseoso de ser acusado de algo.

-No te alteres, solo quiero sacarte de problemas-ladeó la cabeza en un gesto apropiadamente canino, el chico tenía características de lobo-Veras, me capturaron hace nada y estos agentes de pacotilla creen que deje escapar a alguien y que tú, querido, tienes algo que ver-. 

-Oh...-Flug miró a la agente-¿De verdad? Monitorean todo lo que hago, saben que no he hecho más que ir y venir de casa-. 


La agente suspiró, eso lo sabía bien, pero aun así...


-Es un asunto muy delicado y realmente no puedo darle mucha información, Dr Flug, pero este sujeto dejó escapar a alguien muy peligroso y no quiere decirnos nada, y ya que fueron parte del mismo grupo...-.

-Él y yo no tenemos nada que ver-negó-No somos colegas, ni mucho menos amigos, que ambos hayamos trabajado para Black Hat no significa nada-se cruzó de brazos-Y sabe bien que digo la verdad o esta cosa ya me habría dado choques-. 


La chica lo miró y luego miró la tableta que portaba, ahí estaba toda la información de Flug.


Signos vitales sin alteraciones.


Decía la verdad. 


-¿Cree que pueda sacarle información?-.

-¿A Shisui?-rió-¿Sabe quien es? Es el Brujo, él le sacaba información a otros, no al revés-miró al mencionado de reojo-Y mi invención no va a funcionar en él, no con el modelo actual, pero puedo hacerle modificaciones, tal vez resulte-. 

-Bien...-ella sonrió apenas, era lo que los superiores habían predicho, así que todo iba bien.

-Sin importar para quien trabajes, siempre eres tan diligente, Flug-.


Flug no le contestó, evadió su mirada. Shisui podía leer a las personas como un libro abierto, solo le bastaba mirarlas a los ojos. 


Como el doctor no le contestaba, Shisui siguió hablando.


-Me alegra verte, estuve huyendo tanto tiempo que no tuve oportunidad de saber como estabas-sonrió con dulzura-Pero, es verdad lo que ambos decimos, señorita-ahora le sonreía a la chica-Él y yo somos meramente conocidos, nunca hablamos demasiado, ni siquiera en aquel entonces cuando Black Hat estaba presente, él no está confabulado conmigo ni con mi supuesto intento de ayudar a alguien a fugarse-. 

-¿Y entonces por qué él interes? ¿Por qué se preocupa por él?-.

-Oh, querida, supongo que te sorprende porque me ves como un villano y todo eso-rió-Pero te equivocas, yo no soy ni villano, ni héroe, solo soy y Black Hat era mi favorito, me interesa el Doctor porque era importante para él, nada más-.

-¡Ja! Importante...-Flug rodó los ojos y negó-Estas loco-suspiró-Si esto es todo, realmente quisiera volver a mi trabajo-. 


Cuando estuvo de vuelta en su “oficina”, Flug se tomó un momento para calmarse y pensar. Si sospechaban de él, pasaría unos días difíciles. No le preocupaba demasiado, no tenía nada que ocultar. 

No había ayudado a Shisui ni a nadie a escapar de ningún lado. 


Se preguntó dónde había estado ese Brujo, nunca se había detenido a pensar en el destino de los miembros del culto y, a decir verdad, le sorprendió que atraparan a Shisui en primer lugar. 


El sujeto siempre había sido de cuidado, casi tanto como Black Hat.


Bueno, en cualquier caso, eso ya no era su asunto en lo absoluto. 


Volvió a su rutina y trabajó todo el día, hasta que sonó la alarma y se le permitió marchar. 


El viaje de regresó a casa se sintió extraño, por alguna razón se sentía melancólico, suspiró con pesar y cerró los ojos, arrullado por el sonido del tren subterráneo sobre las vías.


Soñó.


Soñó que por fin alcanzaba a Black Hat ¡Por fin! ¡Por fin podría clavarle los dientes!


Se despertó de golpe, por puro instinto, había llegado a su estación. 


Cuando entró a su pequeño departamento, sin prender las luces para no despertar a 505, seguía en él esa pesada melancolía, un sentimiento de extrema nostalgia que no sabía explicar. 


Cruzó los pocos pasos hacia su habitación y, allí, encendió la luz. 


En la cama... En la cama había alguien. 


Una figura delicada, piel negra de serpiente, largas y tentadoras piernas. Dormía, un ojo cerrado pacíficamente, el otro ciego, cubierto por un monóculo.


-Black...Hat-.


Vanquished Cap 1: Todo arde

 




La isla ardía.

El calor, el brillo intenso de las llamas en el cielo nocturno, el olor del humo. La ceniza que caía como nieve sobre el mar. 


La isla ardía...


¡La isla ardía y él no podía hacer más que mirar! 


Flug observaba, impotente, desde su nave. 


¡¿Qué había pasado?! ¡Oh, por los dioses! ¡¿Qué había pasado?!


Intento contactar con alguien, con Demencia, 505, los hatbots, incluso con el mismísimo Black Hat, pero nada... 


Solo había silencio. 


El doctor aterrizo donde pudo, las llamas lo consumían todo con rapidez y fiereza. 


Una vez en el suelo llegó a su nariz el olor a carne quemada y no tardó en encontrar su origen. Villanos y civiles, yacían en formas retorcidas, la carne negra y chamuscada. 


-¡505! ¡Demencia!-llamó, sin importarle tragar ceniza y humo-¡Black Hat!-.


Se abrió paso entre las llamas, estaba acostumbrado a quemarse, podía soportarlo. Nunca había visto algo como eso, todo ardía con una intensidad sobrenatural. 


La mansión ¡La mansión ardía como una vela! Una gigantesca llama, la silueta del sombrero apenas distinguible. 


-¡505! ¡Demencia! ¡Black Hat!- llamó de nuevo, tosiendo, su corazón acelerado, su mente zumbando en creciente pánico. 


No... No podían estar ahí dentro ¿Verdad? 


Flug se dejó caer de rodillas, no sabía que hacer, no podía pensar. 


Se quedó ahí, el suelo tan caliente que le quemaba la piel, pero el fuego nunca lo alcanzó, así que se quedó ahí, a esperar.


Llegó la mañana, el fuego se apagó y de la isla y de la mansión, solo quedaron escombros. 


A Demencia la encontró entre los mismos, su cuerpo retorcido y negro como todos los demas. Flug la miró con pena, por su posición sabía que había estado viva mientras ardía, por sus habilidades de regeneración sabía que la muerte había tardado en llegar. 


¿Por qué no había huido? 


A 505 lo encontró entre los restos del avión, sollozó de alivio al encontrar la flor entre el montón de cenizas. La guardo en un recipiente especial, por el momento no le permitiría regenerarse, no lo consideraba seguro. No tenía idea de que estaba pasando. 


En cuanto a Black Hat...


Allí, en el centro de la casa reducida a escombros, había un sombrero negro. Intacto. 


Pero su dueño no estaba.


¿Es que los había abandonado? 


Flug frunció el ceño, sin duda era lo más posible. 


Siempre había tenido sentimientos encontrados por su jefe, lo admiraba, le era leal, deseaba su aprobación...


Pero también le tenía rencor, solo un poco, ahí en lo profundo de su ser. No le tenía rencor por el maltrato ni la constante explotación, sino porque sabía que Black Hat no lo valoraba, era un empleado más, perfectamente reemplazable.


Y ahora... Los había abandonado. 


Fue cuando vio llegar los helicópteros de PEACE que supo lo jodido que estaba. Lo jodido que estaban todos, a decir verdad.


Quizás Black Hat era un monstruo desalmado, pero PEACE era una organización tirana y ahora no había nadie que se les interpusiera. 

De eso Flug estaba seguro, algo le decía que no solo Black Hat había desaparecido, ya no había organización ni culto. Todo se había ido con las llamas, con su desaparecido jefe. 


Ya nada protegía el equilibrio de ese mundo, cosa irónica era aquella, porque la presencia de Black Hat, su maldad, era lo unico que mantenia a PEACE a raya, pero ahora eran libres de hacer lo que quisieran, de controlar el mundo a su antojo. 


Cuando Flug intentara recordar lo que pasó después, le resultaría borroso. De un momento a otro fue capturado, puesto en una celda de máxima seguridad y, si era sincero, esperaba ser ejecutado por sus múltiples crímenes, pero en cambio fue forzado a trabajar, a crear cosas para PEACE.


Armas no letales, rastreadores, artilugios capaces de suprimir todo tipo de habilidades... 

Pronto se dio cuenta de lo que se proponían y era horrible.


Captura y reacondicionamiento. 


Cualquiera fuera de la ley, cualquiera considerado un villano, iría a parar a algún campo de concentración donde sería puesto en regla a la fuerza y esos collares que Flug estaba creando, esos que podían monitorear y restringir, tendrían que llevarlos en sus cuellos por siempre. 

Los que no obedecieran morirían y lo que sí, no serían realmente libres ya nunca. 


El tiempo pasó para él sin que lo notara, rodeado de cuatro paredes sin ventanas, trabajando día y noche. No era tan diferente de su vida anterior, pero al menos antes había tenido con quien hablar.


Se encontró extrañando a Demencia y a 505 más que a nada. Su querido oso había sido guardado en su contenedor en alguna parte, le habían dicho que, si se comportaba, quizás se lo darían de vuelta.


A veces incluso extrañaba a su jefe, pero mientras más pensaba en él más crecía su rencor, los había abandonado.


De seguro le había parecido mucha molestia oponerse a PEACE y, simplemente, había dejado el planeta para buscar conquista en algún otro lugar, después de todo a ese demonio nada le importaba realmente.


No le importaban sus seguidores, no le importaba su negocio. 


Ciertamente no le importaba Flug.


Para esa criatura vil todo había sido un juego y ahora se había ido, había dejado todo atrás y Flug sufría las consecuencias. 


Nunca supo cuánto tiempo pasó realmente, pero un día lo dejaron salir, su propia invención alrededor de su cuello. 


Seguiría trabajando para PEACE por supuesto, pero al menos ahora podría ir a “casa”. 


Le asignaron un departamento, pequeño y miserable. 


Mientras lo transportaban allí tuvo la oportunidad de ver la ciudad. El símbolo de PEACE por doquier, un discurso tiránico sonando constantemente, el líder de PEACE siempre presente en enormes pantallas. 


Todo era tan...


Blanco y limpio. 


Esteril.


PEACE quería perfección, una “utopía” donde reinara su propio sentido de la paz, la moral y, al parecer, la estética. 


Los villanos como Flug no tenían un lugar en semejante mundo. Herejes que siempre habían ido contra la corriente, criaturas inhumanas, mutantes y monstruos. 

Así que eran los escogidos para ser oprimidos, para servir de ejemplo de lo que pasaba cuando se salía de la línea designada. 


El mundo lucía limpio, artificial y condenadamente miserable. 


Flug se preguntó cómo sería el mundo contrario, uno donde Black Hat de hecho hubiese tomado el control, en vez de manejar todo desde las sombras y con discreción. 


Hacía mucho que el doctor había dejado de pensar en él con cariño, pero al menos sabía que Black Hat dejaba a sus súbditos hacer lo que quisieran mientras resultara útil. 

Igualmente hubiera sido un tirano pero...


Flug sacudió la cabeza, no quería pensar en cosas que nunca serían, ni mucho menos querían pensar “bien” de su ex jefe.


Era un monstruo y punto, con él mundo habría ardido en fuego y azufre o algo así, los había torturado a todos hasta aburrirse y, al final, se habría marchado.


Si, eso era lo que tenía más sentido. 


En su nuevo “hogar” Flug por fin pudo respirar tranquilo. Ya no habia camaras vigilandolo, solo ese estupido collar monitoreando sus movimientos, pero poco más. 


Los agentes de PEACE confiaban en él, en su aparente debilidad y servidumbre, así que habían aceptado dejarlo relativamente tranquilo. Solo debía seguir trabajando y reportarse con regularidad ante las autoridades.


También le habían devuelto a 505, aunque ahora era del tamaño de un hamster y no tenía permitido dejar su jaula. 


-Lo siento, pachoncito, pero te tendras que acostumbrar-le sonrió, dejando la jaula sobre un mueble-Empezaran a pagarme un sueldo minimo, asi que podre comprarte algunas cosas para que sea más cómodo ahí dentro-. 


El oso no entendía mucho, así que solo sonrió y asintió, feliz de simplemente estar de vuelta con su padre. 


Flug simplemente se dejó caer en la cama, el departamento no era más que una cocina, un baño y una habitación. Se podía recorrer todo en un par de pasos. 


Miró el techo sucio y agrietado, en esa zona de la ciudad vivían los pobres y los parias de aquella nueva sociedad.


-Al menos tiene personalidad-suspiró.


Cerró los ojos, preguntándose qué sería de él en ese mundo. No tenía un lugar, ya no.

No podía pertenecer entre villanos porque todos sabían que trabajaba para PEACE.

No podía pertenecer a PEACE porque todos sabían que era un villano. 


Nunca podría ser “alguien” en aquella sociedad porque ni siquiera era humano. 


Se giró a mirar por la ventana. Daba al edificio vecino, igualmente sucio y roto. 

Era extraño pensar que, a solo un par de kilómetros, estaba la ciudad, blanca, limpia y esteril. 

Con sus civiles y sus héroes portando el símbolo de PEACE en sus ropas, pensando que el futuro era perfecto, utópico. 


Se preguntó si había habido guerra. Seguramente sí, pero él de eso no sabía nada, porque su hogar había sido atacado primero y él había sido capturado antes que nadie. 


Su hogar. 


A pesar de todo, a pesar de lo mucho que odiaba a su ex jefe, ese monstruo le había dado un hogar, un lugar al cual pertenecer, un propósito.

Ahora no tenía nada, como cuando era joven, de nuevo no tenía nada. 


-Oh, Jefecito ¿Por que tuvo que marcharse?-se lamentó y, después de tanto tiempo, por fin se permitió llorar. 


miércoles, 8 de marzo de 2023

Cursed Cap 7: The Tower (Epilogo)




En aquella vieja torre, ubicada en un bosque solitario, vivían juntos un Nephilim y un Warlock.


El Nephilim, temible gigante, juez inexorable de todo lo corrupto, pensaba para sí mismo “Este Warlock, es mi mascota”


El Warlock, distinguido caballero, poderoso y de ilimitada ambición, pensaba para sí mismo “Este Nephilim, me pertenece” 


Así pasaban juntos sus días, creyendo que el otro era su propiedad.


Así pasarían eternamente sus días, por siempre enredados en un amor tóxico y retorcido. 


Juntos planeaban obtener algo que ambos deseaban. 


Juntos arruinaban sus propios planes, eternamente celosos e inconformes.


Querían lo que no podían tener. 


Se querían el uno al otro. 


No podían tenerse el uno al otro. 


Era un eterno tormento


Era tal la bendición y la maldición de la luna, cruel deidad que velaba sobre los amantes. 


En aquella vieja torre, en medio de un bosque solitario, vivían juntos un Nephilim y un Warlock, siendo uno del otro prisioneros.


Por siempre, para siempre. 






Cursed Cap 6: The Eternity




Flug mordió con ganas la tersa piel de serpiente, como quien prueba con entusiasmo el fruto prohibido. 

Saboreó su sangre con deleite y presionó y jalo hasta arrancarle un trozo, Black Hat gemía de gusto debajo suyo, clavándole las garras. 


-¿Te gusta? Doctor~-.

-El desayuno perfecto-rió.


Rodaron en la cama, abrazados, riendo y retozando en pura dicha. Era todo felicidad, había sido por días, semanas, meses...

El tiempo pasaba para ellos en un suspiro, demasiado concentrados el uno en el otro como para que importara nada más. 


No hablaban de sus sentimientos. Flug temía ser herido y Black Hat temía herir, así que expresaban todo ello en amor físico, en gestos románticos, en días enteros entre aquellas sábanas de seda. 


¡Si solo esa dicha pudiese ser eterna! 


Era lo que ambos deseaban, pero era imposible, así que era otra cosa que nunca se decían. 


Black Hat comenzó a toser de repente y Flug se apartó para darle espacio. El demonio se dobló en el borde de la cama, tosiendo sangre en el suelo. Cada día el dolor crecía. Ese sentimiento, esa felicidad, no eran más alimento para su enfermedad. 


Flug le acarició la espalda, preocupado y en silencio, esperando que esos espasmos horribles cesaran. 

-Le prepare un baño y su té-le dijo cuando, por fin, estuvo más tranquilo.

-Dejale el té a Shisui, bañate conmigo-le sonrió débilmente. 


Obviamente, Flug no iba a negarse a semejante propuesta. 


Se sumergió con él en el agua cálida y perfumada, los vapores le provocaban un leve mareo, pero era agradable. 

Lo abrazó con ternura, protector. 


-Quisiera poder sanarlo-.

-Flug, esto no tiene cura, es lo que es y punto-.

-Lo sé, pero es que... ¿Cómo se enfermó en primer lugar? ¿Cuál es su origen?-.

-Una maldición-dijo secamente-Pero no recuerdo quien ni como, no tengo idea de cómo romperla-.


Flug suspiró, no sabía qué decirle. Le acarició la cabeza, el cabello negro era suave, los cuernos de obsidiana bellos y delicados, su base aun era tierna, como si el demonio aun no hubiese terminado de crecer. 

El doctor sabía que su Jefecito era mucho MUY malvado, pero aun si se preguntaba porque y como alguien era capaz de hacerle semejante cosa, imponer en él una maldición tan cruel.


-Si un día conozco a la persona que le hizo esto, lo voy a viviseccionar-murmuró, abrazándolo con fuerza.

-Jeje...-rió bobamente, complacido-Bueno, tienes mi permiso, Doctor~-.


Incluso guardándose para sí mismos sus sentimientos, eran innegablemente felices, tal vez con eso era suficiente. Black Hat podía soportar el dolor, Flug podía negar el profundo deseo de oír aquellas palabras. 

Quizás, por el momento, eran felices y era suficiente pero...


¿Pero que sería de ellos cuando el tiempo pasara? ¿Que seria de Black Hat cuando Flug ya no estuviese y tuviera que enfrentar él solo la eternidad?


Realmente no querían pensar en ello, se ocuparían de las cosas a medida que pasaran, aprovecharán los años tanto como pudieran. 


Black Hat se quedó mirando el agua, sintiendo la presión en su pecho. Era lo que siempre hacían ¿No es así? Porque ese sentimiento suyo era conocido, había pasado antes, Flug y él, y lo que siempre hacían eran aprovechar los años hasta que se agotaban ¿Era eso? ¿Era ese su eterno tormento? ¿Pasaría la eternidad amando y perdiendo a ese hombre? Eso era, por supuesto, si en aquella ocasión su maldición no lo mataba, tal vez en esta ocasión su pena sería tal que finalmente podría morir, descansar...


Pero, entonces, sería Flug quien se quedaría solo. Condenado a reencarnar y buscar por alguien que no podía volver. 


-Quiero hacerte feliz, Flug-le confesó.

-Ya lo hace-sonrió-No necesito más que usted y estos momentos, no necesita decirme nada, ni darme nada especial-.


Black Hat se acurrucó contra su cuerpo, dejándose querer, un privilegio que no le otorgaba a nadie más. Quería decirle, en verdad quería decirle.


Eran solo dos palabras, pero no podía.


Le aterraba. 


“Te amo” pensó para sí, odiándose por no ser capaz de decirlo. 


Tras eso, ambos bajaron a dar un paseo por el jardín, con la enfermedad de Black Hat aproximándose, pasarían varios días sin poder tomar aire fresco. 


Shisui los observaba, su relación creciendo y floreciendo con tanta facilidad como las rosas que rodeaban la mansión. 

Romper la maldición era tan simple, cosa de viejos cuentos de hadas, eso él lo sabía, pero no podía decirles. Era algo que debían hacer por su cuenta o no daría resultado. 


Esas dos palabras, tan simples, esas que el demonio no podía decir. 


Era todo lo que se necesitaba. 


Los años pasaron tranquilos. El amor crecía, la enfermedad se hacía más cruel, pero eran felices. 


Así como los habitantes de la casa eran dichosos, los habitantes del pueblo se volvían cada día más temerosos y paranoicos. 

Los arbustos de rosas habían cruzado las altas rejas y comenzaban a reptar con sus lianas venenosas hacia el pueblo.

En las noches, de vez en cuando, podían oírse los gritos agónicos de la bestia. 


Les preocupaba que ese ser terminara matándolos a todos. Su unión con el doctor era un secreto a voces, ya se rumoreaba que, el día que él partiera, esa bestia iba a tragarse el mundo. 


El pequeño pueblo sin duda sería el primero, las condenadas rosas la primera señal. El principio del fin. 


Y, además de todo eso, la frustración de cierto demonio musculoso se hacía cada vez más presente. 


Hacía años que no veía al Dr Flug, sabía que estaba vivo, en maléfica unión con ese demonio recluso de la mansión. 


¿Que tenía ese ermitaño que él no? 


Black Hot sabía que ese otro demonio era antiguo y poderoso, al menos lo había sido, pero no había podido averiguar más de él. Aquello era inusual sin duda.


En el Infierno todo era registrado y archivado con cuidado, la historia de todo y de todos estaba escrita para la eternidad y a disposición de cualquiera con rango suficiente, por lo que Hot sabia, solo de dos demonios se había borrado su historia. 


El gobernante del Infierno, el tercer Lucifer, quien había desaparecido en busca de su amado y cuya identidad era protegida por el consejo real.


Y ese demonio de la mansión. 


No había podido averiguar su nombre, ni su edad, ni su rango social. No podía ser mucho mayor que él ¿No es así? Considerando que portaba el sombrero de copa, el símbolo del desaparecido emperador. 

Los demonios más viejos no lo portaban, era cosa solo de demonios “jóvenes” por así decirlo. 


Quizás alguien más inteligente habría conectado los puntos, pero Hot era más músculo que cerebro. Tenía la cabeza demasiado dura y su espíritu era terco como nada. 


-Deberías ir por él, Hot-el hombre ante él sonrió, agitando un vaso de Bourbon. 

-¿Para qué?-inquirió con mal humor.


Llevaba un rato conversando con ese humano, el sujeto era un forastero, le había invitado unas copas, nada fuera de lo inusual. El alcohol le había soltado la lengua y le había hecho hablar de todas esas cosas.


-Porque es lo que deseas-sonrió de nuevo, dientes anormalmente blancos, colmillos puntiagudos-Pensé que los demonios siempre iban por aquello que más desean-.

-Lo hacemos...-.

-Entonces ve, como yo lo veo es todo beneficios, Hot-tomó un sorbo de su bebida y dejó el vaso sobre la mesa con cierta fuerza-Obtienes a tu doctor, vences a un demonio antiguo que sin duda te hará ganar poder y...-miró a su alrededor, el bar lleno de gente temerosa-Estoy seguro de que estas personas están más que dispuestas a vender sus almas a cambio del favor-. 


Black Hot lo consideró unos momentos, bebió de un trago el enorme vaso de cerveza y lo dejó sobre la mesa con estruendo.


-Tienes razón-.

-Lo se-rió-Incluso puedo ayudarte, soy un Warlock-.

-Lo tendré en cuenta-le sonrió y estrecharon las manos.


Hot iba a decirle algo más pero, de un momento a otro, aquel hombre había desaparecido. 


No fue difícil, el pueblo ya lo adoraba, hizo un trato con ellos y reunió un grupo de hombres y mujeres dispuesto a ir con él, formado de ira y miedo, portando rifles y antorchas. 


En la oscuridad de la noche las llamas de las antorchas parecían tener vida propia, avanzando hacia la mansión.

Desde el balcón de su cuarto el demonio observaba, su ceño fruncido. 


-Tu pretendiente viene por ti, Doctor~-.

-Ay, pensé que ya se había olvidado de mí-se cruzó de brazos, fastidiado. 

-Los demonios no olvidamos lo que deseamos, Flug-se apartó del balcón-Vamos a recibir a nuestros invitados-sonrió, malicioso. 

-¿Está seguro?-lo siguió fuera del cuarto y a través de la casa, Black Hat caminaba ligero, con paso firme y las manos tras la espalda-Acaba de recuperarse, no quiero que...-.

-Estoy bien-le dijo con un leve gruñido-Vamos, hace tiempo que no me divierto-ronroneó, sacando una mano de su espalda, mostrando las garras-Hay que ser hospitalarios, Doctor, demostrarles cómo recibimos a los visitantes-cerró su mano con fuerza, como si aplastara un insecto. 


Flug sonrió, divertido y enamorado, le gustaba la idea.  


Fue algo rápido, un breve momento de caos y horror en aquel pueblo tranquilo e inconspicuo. 

Los humanos no eran nada para él, un ademán y eran reducidos a cenizas, a masas sanguinolentas o a la misma nada.

Ese demonio patético tampoco era nada, no más que un estorbo, un insolente estupido atreviéndose a intentar tomar lo que era suyo.

No importaba cuanto su cuerpo se quejara, no importaba cuanto le doliera el pecho, jamás iba a dejar que nadie le quitara lo más importante. 


Y Flug, ciertamente, no quería irse con él tampoco. Luchó con fiereza, con su ingenio y con sus dientes, cuando era necesario. 


¿En qué momento del tumulto Black Hot había terminado por sujetarlo del cuello? No estaba muy seguro, pataleo con pánico al ser separado del suelo, un solo movimiento y Hot iba a partirlo como un palillo. 


-D-dejame...-protestó.

-Vendrás conmigo quieras o no-lo agitó, furioso. 


¡Todo había salido tan mal! ¡Tan jodidamente mal! ¡La mitad del pueblo yacía muerta a su alrededor, la otra mitad ardía en llamas, hombres, mujeres y niños atrapados en sus hogares, consumidos por las llamas!


Ese doctor desquiciado lo había hecho él mismo, todas esas almas desperdiciadas, Hot se había quedado sin nada, con todos muertos antes de cumplir su parte del trato. 


-No-dijo rotundamente, pataleando y arañandole el brazo.

-Ya lo escuchaste, suéltalo-Black Hat se quitó al último humano insolente de encima, le había dado un poco de trabajo, su cuerpo comenzaba a fallarle, pero se mantuvo firme.

-¿Y que si no lo hago?-lo miró, sonriendo al notarlo débil. 

-Llamaré a mi perro guardián-siseó, sonriente, amenazante. 


Hot se tensó, al otro demonio no le tenía miedo, pero a ese sujeto, a ese lobo brujo que le servía tan fielmente, a ese si, le aterraba. 

No sabía que hacer, ya antes había buscado por ese Warlock que le había prometido su ayuda, pero no estaba por ningún lado, quizás había muerto en el incendio o, más probablemente, había decidido no interferir. 


Así que estaba solo.


Furioso, arrojó a Flug al suelo, no dándole a ninguno tiempo de reaccionar. 


Flug sintió varios huesos quebrarse, sus pulmones colapsar. Nada de eso iba a matarlo ¡Oh, pero la agonía! 


-¡Flug!-Black Hat corrió hacia él, tomándolo en brazos-¿Estás bien?-.

-Como huevo estrellado, pero bien-rió, alzando un pulgar.

-Idiota...-lo sostuvo contra su cuerpo, sabía que nada de eso iba a matarlo y, aun así, estaba aterrado de su mortalidad, de su fragilidad, de lo fácil que era perderlo. 


Hot iba a aprovechar ese momento de debilidad, iba a aplastarlos a ambos por atreverse a rechazarlo y humillarlo, pero entonces sintió una presencia detrás suyo...


-Le dije que no interfiriera, Mr Hot-.


Shisui, el perro guardián, el lobo brujo estaba detrás de él. Ya no con su apariencia inocua de joven androgino, sino con la de un lobo enorme del color de la noche. 


Black Hot iba a decir algo, iba a protestar pero, en un instante, lo tragó la oscuridad. 


-Bueno, eso fue un fastidio-Shisui se relamió-¿Están bien?-.

-Viviré-.

-Flug...-.


Black Hat lo abrazaba con mucha fuerza y Flug le correspondió como pudo. Ambos temían lo mismo, ambos temían que un día Flug se iba a marchar y esas palabras nunca serían dichas.


-Lo amo, Jefecito-.


El demonio sintió una puñalada en el pecho, pero la ignoró y, en cambio, sonrió.


-Yo también te amo, Doctor~-.


Iban a compartir un beso, otro momento de dulce dicha, iban a repetir esas palabras incluso, pero en cambio al aire cargado del olor a fuego y muerte, se sumaron los gritos desgarradores de Black Hat. 

Flug, sin poder moverse, miró con horror como el pecho del demonio se abría, el horrible sonido de su carne desgarrándose haciendo eco con sus gritos.

De su pecho abierto salieron las lianas, las espinas. Se rizaron hasta formar un tallo y, como si fuese el capullo de una rosa, en su punta sostenía el corazón de Black Hat, rojo, sangrante. 


La amalgama de vegetación y carne se posó en sus manos y Flug la sostuvo, temeroso e incrédulo, era como un morboso trofeo. La forma de esa maldición horrible de decir “Aqui esta tu premio, te lo ganaste, que lo disfrutes”


Black Hat se desplomó, apenas respirando, su pecho abierto y vacío. 


El pobre doctor se desmayó de la impresión sumada a todo ese dolor físico y, aun así, sus manos seguían sosteniendo la flor/corazón con toda su firmeza y cuidado. 


A Flug solo le llevó un par de horas recuperarse, a Black Hat por otro lado...


El doctor miró con dolor y pena como iba y venía de la inconsciencia, extendiendo débilmente su mano hacia él, intentando alcanzarlo. 

Sostuvo su mano con gentileza, sentándose en la cama. No podía evitar mirar directo al grotesco agujero de su pecho, como no podía evitar oír el latido de su corazón, que ahora “decoraba” el velador junto a la cama. 


Aquello era horrible, Black Hat sufría y debía de estar muerto, pero no tenía el lujo de la muerte, solo le quedaba agonizar. 


¡Oh, no no no! ¡Todo era su culpa! ¡Nunca debió acercarse! ¡Nunca debió decir esas condenadas palabras!


El paso de los días solo empeoró su condición, cada hora que pasaba, cada minuto... 

Flug no podía hacer más que verlo consumirse, pronto no pudo hacer más que dormir y lamentarse en sueños. Ni siquiera dormido podía descansar. 


Shisui lo aliviaba como podía, había vendado su pecho y lo mantenía en un estricto régimen de medicinas y sahumerios que mantenían la habitación siempre con humo perfumado y relajante. 

La cercanía de Flug también parecía darle algo de consuelo. A veces lo llamaba, no muy conciente de si estaba ahí o no y Flug siempre lo besaba con cariño y todo el cuidado del mundo, como si temiese que se fuese a romper. 


El doctor se odiaba a sí mismo, no podía hacer nada por él más que estar ahí y observar como Black Hat iba perdiéndose más y más. 


-Flug...-Shisui lo llamó una mañana-Necesito que vayas a buscar algo por mi-.

-¿No puedes ir tú? No quiero dejarlo solo-.

-Ni yo, pero necesito cambiar sus vendajes y ejecutar un par de rituales, así que debes ir por mi-.


Flug miró al agonizante demonio en la cama, debatiéndose en pesadillas, y suspiró.


-Esta bien ¿Que necesitas?-.

-Ve al prado, ese que divide al pueblo del bosque y trae estas flores-le entregó un dibujo-Fijate que sean las más coloridas ¿Ok?-.

-Ok...-Flug leyó la hoja, un dibujo bastante bien hecho, como una tesis de campo, la pequeña flor con todas su partes y propiedades, quizás en otro momento le habría emocionado un poco-Volveré enseguida-asintió y se marchó sin más. 


El científico cruzó con paso rápido el pueblo desierto, no quedaban más que casas quemadas y animales que hurgaban los escombros en busca de alimento. 

No se arrepentía de nada de eso, se lo habían buscado, podrían haberlos dejado tranquilos y seguir viviendo sus aburridas vidas, pero habían decidido entrometerse. 


Lo peor era que Hot y los pueblerinos habían logrado lo que querían, los habían separado, Black Hat estaba ahí pero no estaba REALMENTE ahí, Flug se sentía cada día más solo y desesperado ¡Oh, si solo pudiese hacer algo para salvarlo! Era capaz de lo que sea, cualquier cosa necesaria para recuperarlo. 


Llegó al prado que había mencionado Shisui, cosa rara era aquella porque, sin importar la época del año, siempre tenía la hierba más tierna y verde y las flores más delicadas y coloridas. 

Flug leyó la hoja de referencia una vez más y fue en busca de las flores, era oportuno que tuviese buen ojo para esas cosas porque la flor en sí no tenía nada de especial a simple vista, pero podía distinguirlas con facilidad de entre el montón por la cantidad de pistilos.


Estuvo así un rato, recogiendo flores y metiéndolas con cuidado en una canasta, la mente ausente, divagando en su futuro, en el de Black Hat...

Incluso si encontraba como sanarlo, no podrían estar juntos por siempre, porque él era mortal y un día lo dejaría solo a sufrir su eternidad. 


El destino para ambos era cruel, tal vez se lo merecían, pero aun así lo encontraba injusto. 


Estaba por irse, su canasta llena a rebosar de pequeñas flores, cuando a sus oídos llegó una dulce vocecita, allí a los lejos había una niña, cabello blanco, ropas blancas y verdes. Cantaba algo familiar y a la vez ajeno.



🎶 En aquella mansión solitaria, vive una bestia de garras afiladas


Puede tragarte entero como una serpiente, por qué no tiene sangre ni corazón caliente. 


Y si te portas mal... ¡Por las noches te visitará!


La bestia tiene espinas en el corazón, un hombre  malo le puso esa maldición.


Si quiere la salvación, un hombre caballero comerlas debe, esa es la condición.


¡Hará lo que pidas! Hasta comer espinas.


¡Se comerá eras!

¡Se comerá penas!


Y así en la eternidad te espera. 🎶


Flug se quedó en trance, escuchandola repetir la canción una y otra vez. Algo hizo ¡Click! en su cabeza, en su memoria, dejó caer la canasta y fue corriendo de vuelta a la mansión. 


-¡Shisui! ¡Ya se como resolverlo!-entró gritando, apenas le alcanzaba el aliento para hablar, le dolían los costados.

-Flug ¿Qué pasa? ¿De qué hablas?-Shisui lo miraba con una mezcla de sorpresa y su calma habitual-Respira, querido, te vas a hacer daño-le acarició la espalda-Cálmate y dime que pasa-. 

-E-es la rima-dijo, intentando recuperar el aliento.

-¿La rima?-alzó una ceja.

-La rima, la que me contaban a mi y a los otros niños del pueblo-asintió-Siempre...Siempre me pregunte porque realmente no rimaba, porque sonaba mal-rió-Creo que...Creo que pasó tanto tiempo, la modificaron tanto, que perdió su significado y...-Flug hablaba rápido y gesticulaba como loco, Shisui nada más lo dejo ser.

-Cuentame que dice la rima, Flug-.

-Habla de Black Hat, de su maldición, de cómo sanarlo-se apartó del brujo y corrió a la habitación del demonio, abriendo la puerta de golpe.


Allí, latiendo sobre el velador, estaba el corazón. Esa flor mórbida que había nacido de su pecho debido a su confesión. 

Flug no dijo nada, simplemente la tomó con cuidado en sus manos y le dio un mordisco. 


Era lo más tierno y dulce que hubiese saboreado nunca, la carne se deshacía en su boca, detrás dejaba un leve tono a amargura. 

Lentamente, con cada mordisco, a su mente llegaban memorias, viejas memorias, suyas y de él. 


Otras vidas, donde se habían conocido y se habían amado. Siempre trágico y difícil era su amor, habían pasado infinitas penas e infinita dicha, habían tenido una familia incluso. 


Con cada bocado más caían sus lágrimas, con cada mordida y cada memoria, más crecían los cuernos en su cabeza, naciendo del cabello pelirrojo y traspasando la bolsa de papel. 


Recordó cada ocasión, cada encuentro y cada despedida, como siempre dejaba a su amado atrás y como siempre volvían a encontrarse. 


Recordó los momentos difíciles, sus momentos de crueldad y sus momentos de ternura. 


Con cada bocado recuperaba las memorias y ganaba los años.


Con cada bocado el pecho del otro sabana y, con cada bocado, Flug se transformaba en un demonio.


Ahora estaban unidos por siempre. Flug se había tragado su corazón, ninguno podía morir mientras el otro viviese.


Los esperaba la eternidad. 


Black Hat despertó sintiéndose como nuevo y, a la vez, más viejo que nunca. Él también recordaba ahora, todas aquellas vidas y momentos con Flug. 

-Mi Doctor~-sonrió, sentándose y ofreciéndole sus brazos.


Flug no dudó en ir a abrazarlo, aunque le dolía la cabeza y le zumbaban los oídos. 


-Mi Jefecito~-. 


No mucho tiempo después, la pareja se encontró junta en un lugar peculiar, había mucha algarabía, eran bienvenidos.


El Infierno los estaba recibiendo con una celebración. Una muy esperada. 


Realmente no les importaba mucho nada de eso. Era cierto que había montones de cosas que poner en orden, ahora que Black Hat había vuelto a su puesto en el trono, pero ya tendrían tiempo...


Literalmente tenían todo el tiempo del mundo.


Se casaron. 


Festejaron.


Se amaron como la primera vez, el recuerdo de tiempos pasados solo aumentaba su pasión. 


Se sentaron ambos en la sala del trono, coronas sobre sus cabezas, manos entrelazadas.


Ahora si, era por siempre, solo los dos.


La eternidad juntos.


-Flug-.

-¿Si? Jefecito-.

-Quiero hijos-.

-Eso puede arreglarse, Jefecito chulo~-.



FIN