sábado, 29 de octubre de 2022

29- Death:




One day Flug will die, maybe peacefully in the same room that he has shared with Black Hat for years, maybe in some horrible way in some accident or in the hands of his enemies, but inevitably he’ll die.

That fateful day Black Hat will drown the world in his sorrow, his cries will bring a storm and his lament will be the echo of thunder. 

A flood of biblical proportions, until nothing is left, only him in his sea of tears. He’s going to sink to the bottom, incapable of drowning, incapable of dying, willing to sleep for eternity, to dream with his doctor and wallow in fake bliss until the day he comes back, new and without memories. Other life in another world. 

Black Hat will go to look for him, uncertain if he’s going to be his again, and the cycle will repeat, they’ll love each other and Black Hat will suffer his death, drowning that new world in his sorrow and he'll sleep again until next time.

It will become a thing of legend, his love for him, his cries and eternal lament, repeating over and over again, forever and ever. 


29- Muerte:




Un día Flug va a morir, tal vez pacíficamente en el mismo cuarto que llevaba ya tantos años compartiendo con Black Hat, tal vez de forma horrible en algún accidente o en manos de sus enemigos, pero inevitablemente va a morir.

Ese día fatídico Black Hat va a ahogar al mundo en su pena, su llanto traerá tormentas y su lamento será el eco de los truenos.

Un diluvio de proporciones bíblicas, hasta que solo quede él, flotando en su mar de lágrimas. Se hundirá hasta tocar fondo, incapaz de ahogarse, incapaz de morir, dispuesto a dormir por la eternidad, a soñar con su doctor y sumirse en falsa dicha hasta el día que él regrese, nuevo y sin recuerdos. Otra vida en otro mundo. 

Black Hat irá a buscarlo, incierto de si volverá a ser suyo y el ciclo va a repetirse, se amaran y Black Hat sufrirá su muerte, ahogara ese mundo nuevo en su pena y volverá a dormir hasta la próxima vez. 

Se hará cosa de leyenda, su amor por él, su llanto y eterno lamento, repitiendose una y otra vez por siempre y para siempre. 


viernes, 28 de octubre de 2022

28- Magic:




Flug put his hand inside the top hat and took out a fluffy white bunny.

“This is ridiculous, you have seen real magic, Flug. Why do you like this? I can teach you magic if you want”.

“This is not magic” the scientist rolled his eyes “Is prestidigitation, involves art, and science and...”.

“Ok, ok I understand” he laughed “Nerd”.

“Black Hat” he sigh “Just let me be ok? Why do you stay to watch if you don’t like it?”

“Is my hat that you are using”.

“There wasn’t any other”.

“Buy one, you tacky mage”.

“You are in a bad mood, don’t you?”

“I’m hungry” he crossed his arms “And I invited you to dinner, but you are too busy with your magic for babies”.

“So, what bothers you is that I occupy my time in something that is not you” he also crossed his arms, without letting go of the poor animal.

“No” he denied, evading his glance, it seemed that the doctor had guessed correctly.

“Black Hat!” Flug couldn’t help but laugh “Ok, let's go to dinner. Happy?”.

"Let's have rabbit for dinner," he savored maliciously.

Flug looked at the fluffy, adorable, creature that he holded by the ears and smiled.

“Ok”.


28- Magia:

 


Flug metió la mano al sombrero de copa y sacó un conejo, blanco y esponjoso.

-Esto es ridículo, has visto magia de verdad, Flug ¿Por que te gusta esto? Si quieres hacer magia puedo enseñarte-

-Esto no es magia- el científico rodó los ojos- Es prestidigitación, involucra, arte, ciencia y...

-Ya, ya entendi - rió- Nerd-.

-Black Hat...- suspiró- Solo dejeme ¿Si? ¿Para que se queda a mirar si no le gusta?-.

-Es mi sombrero el que estás usando-.

-No había otro-.

-Comprate uno, mago de pacotilla-.

-Está de mal humor hoy ¿No?-.

-Tengo hambre- se cruzó de brazos- Y te invite a cenar, pero estas muy ocupado practicando tus trucos para bebés-. 

-O sea, que lo que le molesta es que ocupo mi tiempo es algo que no es usted- se cruzó de brazos también, aun sin soltar al pobre animal.

-... No- negó, evadiendo su mirada, parecía que el doctor había dado en el clavo.

-¡Black Hat!- Flug no pudo evitar reír- Esta bien, iremos a cenar ¿Feliz?-. 

-Cenemos conejo- se saboreó, malicioso.

Flug miró a la peluda, adorable, criatura que sostenía de las orejas y sonrió.

-Ok-. 


jueves, 27 de octubre de 2022

27- Horror :




There was blood everywhere, on the floor, in the walls, in his hands, in his clothes, in his mouth...

It tasted like metal...It tasted delicious.

He couldn't control himself, that man made him angry, a weird thing in him to get really angry and lose control, but it happened sometimes. It was then when he left his instincts and that curse of his take control.

Flug spat out a mass of flesh and cartilage too tough to chew and searched with his hands, eager, for the softer parts. The soft muscles, the tender entrails...

Oh, he couldn’t think at all! He just wanted to devour and lost himself in it! Every bite was a step closer to losing his sanity, his mind, what made Flug, Flug. 

Black Hat watched him from the shadows, what his scientist actually was, was no secret for him, he liked the butchery, but still...

“Flug” he called, firmly. 

The doctor didn’t answer, only growled softly, taking more chunks of human flesh into his mouth, devouring avidly.

Black Hat sigh, annoyed and slightly worried, he had seen that happen before, it was never easy to snap the other out of his trance, he feared that one day he wouldn't come back from it. 

He took a step closer and Flug backed away, draggin his prey like an animal. He took another step and this time Flug let go of the corpse and backed away even further, apparently scared of the other.

He saw him as a bigger predator maybe?

Black Hat just got closer, ignoring everything else, and hugged him. Both on the floor full of blood and guts. He held him tight and caressed his back, soft and sweet.

“Come back to me, Doctor~”.

That sounded like a plea, there was pain in the coarse voice. Flug’s mind came back to reality with violence and with a bang, like a plane crashing. So he cried hard, scared like a little kid and held onto the other, hiding his face covered in blood against his chest, staining the elegant clothes.

“I- I’m sorry” he cried.

“It doesn’t matter, you are back, that's what matters”.

Black Hat kissed his forehead and his cheeks and his whole face marked with old scars and landed in his lips, cleaning the blood with pleasure.

“Better?”.

Flug smiled slightly, his mouth full of fangs.

“Better”.

He cuddled in his arms and cried in silence, he was back from that abbys, he felt safe. Ironic isn't it? The abyss of his mind is more terrifying for Flug than the arms of that beast of cold darkness. 


27- Terror :




Había sangre por todos lados, en el piso, las paredes, en sus manos, en su ropa, en su boca...

Sabía a metal... Sabia delicioso. 

No había podido controlarse, ese sujeto lo había hecho enojar, cosa rara en él enfadarse de verdad y perder el control, pero pasaba a veces. Era entonces cuando se dejaba ganar por sus instintos y esa maldición suya tomaba el control. 

Flug escupió una masa de carne y cartílagos que era demasiado dura para masticar y busco con sus manos, ansioso, por las partes más blandas. Los suaves músculos, las tiernas entrañas...

¡Oh, no podía pensar en lo absoluto! ¡Solo quería devorar y perderse en sí mismo! Cada bocado era un paso más lejos de su sanidad, de su mente, de lo que lo hacía a Flug, Flug. 

Black Hat lo observaba desde las sombras, lo que su científico era en realidad no era un secreto para él, le gustaba esa carnicería, pero aun así...

-Flug- lo llamó, firme.

El doctor no le contestó, solo gruñó suavemente, llevandose más trozos de carne humana a la boca, devorando ávidamente. 

Black Hat suspiro, fastidiado y ligeramente preocupado, había visto eso pasar antes y nunca era fácil sacar al otro de su trance, temía que un día no iba a volver de ello. 

Dio un paso hacia él y Flug retrocedió, arrastrando a su presa como un animal. Dio otro paso y esta vez Flug dejó ir aquel cadáver y retrocedió aún más, aparentemente asustado del otro. 

¿Lo veía como otro depredador más grande quizás?

Black Hat solo se le acercó con decisión, ignorando todo lo demás, y lo abrazó. Ambos en el suelo lleno de sangre y tripas. Lo apego a sí con fuerza y le acarició la espalda, dulce y tierno.

-Vuelve conmigo, Doctor~-. 

Aquello sonaba a un ruego, había dolor en la áspera voz. La mente de Flug volvió de golpe a la realidad, con violencia y estruendo, como un avión estrellándose. Así que lloró con fuerza, asustado como un niño y se aferró al otro, ocultando el rostro manchado de carmín contra su pecho, manchando también la elegante ropa.

-L-lo siento- sollozó. 

-No pasa nada, estás de vuelta, eso es lo que importa-.

Black Hat le beso la frente y las mejillas y todo el rostro marcado de viejas cicatrices para luego detenerse en sus labios, limpiando la sangre con gusto. 

-¿Mejor?-.

Flug sonrió apenas, la boca llena de colmillos.

-Mejor-.

Se acurruco en sus brazos y lloró en silencio, estaba de vuelta de ese abismo, se sentía seguro. Irónico ¿No es así? El abismo de su mente es más aterrador para Flug que los brazos de aquella bestia de fría oscuridad. 


miércoles, 26 de octubre de 2022

Origen Cap. 2: Y ahora porta un sombrero negro

Segundo capitulo y final




Firmó contratos, devoró mundos, su poder creció junto a su crueldad. Black Hat era todo ambición y vanidad, no tardó en dejar atrás los contratos que lo hacian esclavo, esos habían sido años tortuosos y humillantes, siempre en manos de hombres y mujeres que lo usaban a su gusto en múltiples formas, pero al final era él quien ganaba, devoraba sus almas con codiciosa venganza, se deleitaba en su agonía. 

Pronto comenzó a conquistar mundos enteros solo con su propio poder, extendiendo su maldad como una plaga, atormentando a los mortales sin discriminacion alguna y haciendo de su nombre una temible leyenda. 

Pronto haría lo que realmente deseaba, asentarse en alguna parte, un mundo tranquilo y desde allí fundaría su negocio, firmando contratos donde él sería supremo a cambio de favores, de poder y deseos malvados. 

Expandiría su villanía, ya no con destrucción y enfermedad, si no a través de sus seguidores, buscaría quien le adorara, quien le debiera favores, quien le temiera.

Sería adorado como un dios, de él buscarían poder y sacrificarían sus almas a cambio.

Por su parte él ofrecería servicios, favores, la solución a cosas que nadie más podía solucionar. 

Quizás, muy en el fondo, lo que realmente deseaba era compañia, pero al mismo tiempo, al rodearse de adoradores y esclavos, reforzó esa vieja idea, él era una cosa, ahora era algo que adorar y/o temer, algo que desear o aborrecer, no importaba, nadie lo veía como a una persona, ni siquiera él mismo y había llegado a estar bien con ello, no necesitaba auténtico amor y afecto, pero aun así, en ocasiones cuando las noches eran largas y frías, aún se sentía profundamente solo. 


El tiempo siguió pasando, inexorable como siempre, su negocio creció junto a su poder y estatus, junto a su soledad y crueldad.

Ragna, Black Hat, era un ser consumido por su propia oscuridad, presa de sus propias pesadillas y tormentos, le sonreía al resto del mundo mientras por dentro era sólo miseria. 

Había concluido, tras ese par de milenios, que no merecía amar ni ser amado ni lo necesitaba tampoco, ver a otros darse afecto le daba asco, lo encontraba incomprensible y él, que no provocaba más que cosas negativas en quienes lo rodeaban, nunca podría experimentar lo que era el amor, nunca seria besado con ternura, ni pasearía tomado de la mano, como solía ver hacer a las parejas. 

No lo necesitaba... Quería convencerse de ello, por supuesto. 

Su única fuente de “felicidad” era cuanto le divertía su trabajo, satisfacía su ambición y su naturaleza traviesa y caótica.


En general se había acostumbrado a su soledad, había encontrado cosas de las que disfrutar y con las cuales no necesitaba compañia, los mortales le resultaban absurdos e incomprensibles de todas formas, siempre guiados por sus emociones, tenían problemas mundanos y vidas cortas y Black Hat era incapaz de empatía. 

Las personas y cosas eran fácilmente reemplazables a sus ojos, se daba gusto de ser frío y cruel incluso cuando le profesaban lealtad y adoración. Era lo que era después de todo, una cosa hecha de oscuridad ¿Que más podían esperar de él? ¿Qué más esperaba de sí mismo?


Y aun así... Aun así ... 


-Ragna-.


El sonido de su antiguo nombre lo sacó de las profundidades de su mente, allí donde acostumbraba sumirse en noches invernales como esa. Siempre añorando cosas que no comprendía. 


-Ragna...- la voz lo llamó de nuevo.

-Seto ¿Qué quieres?- suspiró con cansancio.


Se encontraba sentando en su silla preferida, alto respaldo gótico, una copa de vino y veneno entre los largos dedos, esa noche solo quería embriagarse en alcohol y miseria, pero ahí estaba la voz de su creador, llamándolo.


Seto apareció de entre las llamas del hogar, tan alto y de ojos tan fríos como siempre. Black Hat odiaba ese rostro de falsa juventud y esos ojos azul hielo, siempre mirándolo con desaprobación.


-Tengo una misión para ti, mi creación- le sonrió.

-No me digas así- le siseó- ¿Qué quieres? Ve al grano, no es como que me pueda negar-. 

-Algo está pasando en una de las Tierras- suspiró- Ve a investigar, por alguna razón nuestros aliados, seguidores y criaturas de oscuridad están desapareciendo de la nada-.

-Ya veo- se puso de pie- No me interesa, pero ni modo- cruzó los brazos tras su espalda y sonrió- Y dime ¿Yo que gano?-.

-Si resuelves todo el asunto, te daré ese título que tanto quieres ¿Que te parece? Has trabajado duro, formaste un culto bastante exitoso y un modelo de negocios revolucionario- sonrió también- Así que un último trabajo para sellar todo el asunto no estaría mal ¿No crees?-.


Black Hat nada más lo miro, su único ojo grande y brillante, era la primera vez que Seto lo felicitaba.


-Me parece bien- asintió.


 Así que Black Hat obedeció, secretamente ansioso de aprobación, era en extremo orgulloso de su fuerza, vanidoso como nadie, pero su creador nunca le había dado su aprobación en nada. En realidad nunca había puesto mucho interés en él, lo había creado y encerrado por un par de milenios en una biblioteca, le había enseñado a pelear, pero nada más ni nada menos, sabía que era observado, era su proyecto después de todo, pero Seto nunca interfería en su vida ni se interesaba por lo que le estaba pasando, sea lo que fuese. 


Aquella Tierra era una de muchas, otra versión más entre las dimensiones, sin embargo su peculiaridad era la abundancia de criaturas oscuras, demonios, brujas, faes... Tenían su hogar en aquel planeta, debía de ser un lugar hermoso, rebosante de magia y sombras pero...

Estaba desolado. 


Un gran bosque se mantenía, estoico, pero el resto del planeta había perdido su magia y vivacidad, la magia había perdido su equilibrio. Lo que antes había sido un paraíso para criaturas como Black Hat, con sus animales tenebrosos y plantas cargadas de dientes y venenos, ahora era un páramo desolado, todo lo que crecía era un fino césped y flores rojas. Black Hat conocía esa flores, solo crecen allí donde se derramaba sangre. 


Algo serio debía de haber sucedido, un planeta no perdía su equilibrio mágico así como así, incluso los pueblos y ciudades estaban vacíos, dejados en un apuro, cubiertos de un tétrico silencio. 


El aire olía mal, noto el demonio, olía a santidad, lujuria y muerte. 

Escuchó gritos y, oculto entre sombras, fue a investigar.


Allí en el páramo, cerca del bosque, devorando a una fae, estaba el...


N̡̦̻̘̦͓e̘͖̪̪̻͍p͚͍̟̦̪͜h̟̙͉̻̙̺i̢͇͍̺̙̝l̢͍̞͍͜͜i̡͎͓̟̙̝m̪̪͕̝͖͜



Había leído sobre esas criaturas, pero se suponían extintas, aquel ser era un vestigio del antiguo régimen, no debía de existir. 

Sin embargo ahí estaba, violando brutalmente a la frágil hada, a la vez que le arrancaba trozos de carne con los dientes. 

Aquello era repugnante, Black Hat era malvado, en extremo cruel y vil, pero forzarse en alguien más era algo que nunca haría, estaba en la naturaleza de los demonios pedir consentimiento. 

Se quedó a observar de todas formas, aun no lo había notado, pero estaba paralizado de miedo, no podía apartar la vista ni moverse aunque quisiera. 


El Nephilim era un hombre hermoso, un gigante de belleza angelical, un monstruo de dientes y garras afiladas. 

Era brutal, carente de piedad e impartidor de justicia divina. 

Un depredador.


La pobre fae ya no tenía fuerzas para gritar para cuando el Nephilim terminó con ella, apenas respiraba y se quedó allí quieta unos momentos, para luego romper el silencio del páramo nuevamente con gritos de agonía. 

De su cuerpo expulsó un enorme huevo dorado y, finalmente, dejó de respirar. 

El huevo no tardó en abrirse, de allí salió un infante que creció aceleradamente en una copia exacta de su padre, se marchó sin decir nada, sin mente ni ambiciones propias.

Mente colectiva, atada al original. 

El Nephilim entonces procedió a devorar lo que había quedado de su víctima. 


Black Hat sintió algo similar a lastima por el hada, aquel era un destino horrible, su cuerpo y alma había sido usado para reproducir y alimentar al sirviente de un dios muerto, un soldado del bien que no tenía ningún otro propósito que cazar a seres como ella... Como él.


¡Oh, debía huir! ¡Debía huir y pronto! ¡Si lo atrapaba... Si lo atrapaba esa tortura seria impuesta en él por siempre!


Era muy tarde, sin embargo, de un momento a otro se encontró sujeto contra el suelo del bosque, aquel ser olfateandolo como un animal.


-Exquisito- el Nephilim se saboreó- Eres perfecto para mi, eres pura maldad ¿No es así? Podré usarte por siempre- sonrió, la boca sangrienta aún- Contigo hare mi ejército al servicio de Dios-. 


Black Hat intentó resistirse, pero lo único que logró fue que el Nephilim comenzara a estrangularlo, le bastaba una sola mano, Black Hat era pequeño en comparación suya.

Se retorció en agonía, no podía morir por algo así después de todo, se encontró indefenso, sus poderes aplacados por la presencia del gigante. 

Se quedó quieto finalmente, exhausto. 


-Eres perfecto sin duda- le soltó el cuello y le abrió la camisa de un tirón-Tan hermoso, nunca había visto a alguien como tu- le dijo, recorriendolo con sus garras, dañando su piel y salivando como una bestia hambrienta.

-Dejame...- intentó resistirse nuevamente, terco y orgulloso, pero su cuerpo no obedecía. 

-Contigo no necesitare de nadie más- continuó, ignorando sus quejas- Voy a devorarte por la eternidad y tendremos muchos retoños- rió-Te hare mi esposo-.

-N-no ...- estaba aterrado, nunca había sentido miedo antes. 

-Dime tu nombre- le exigió.


Normalmente un demonio nunca decía su nombre así como así, pero el poder del Nephilim forzó su lengua.


-Ragna-.

-Mi dulce Ragna- le sonrió- Te amo- dijo venenoso, burlón y... Sincero.


Nunca le habían dicho eso antes, le habían profesado adoración y lealtad, pero nunca le habían dicho que lo amaban.

Miro a aquella bestia hambrienta que solo quería violarlo y forzar sus hijos en él, miró a aquel gigante que sin duda haría trizas su cuerpo delgado y ligero.

Así que eso significaba ser amado por alguien como él, más miseria, pura agonía, no había nada más para algo como él. 

Pobre criatura creada de incontables almas corruptas, pobre demonio incapaz de sentir dicha, pobre niño de corazón frío y desamparado... No había tenido ninguna oportunidad, era prisionero del amor del Nephilim, no había dónde huir, no había quien lo salvara. 


El Nephilim forzó en su mano un anillo de plata bendita que quemó su piel, forzó en su boca un beso, forzó en él su voluntad y el peso de algo que llamaba amor. 


Mientras ultrajaba su cuerpo, mientras lo llenaba de agonía y su esencia repugnante, Ragna rogó por ayuda, rogó por su padre, dejando su orgullo y su rencor por él de lado, pero nunca nadie vino y al final, el demonio calló. 

Él era una cosa sin importancia ¿No es así? Seto siempre podía fabricar otro ¿Que importaba lo que le pasara? 


El Nephilim lo encerró en una torre, cual princesa, y aparecía cada cierta cantidad de días, se forzaba en él, lo obligaba a parir sus hijos y se marchaba. Ragna nunca supo cuánto duró todo aquello, cuanto tiempo fue prisionero, cuantas veces el Nephilim abuso de él ni cuantos hijos tuvieron.

Su mente se perdió en alguna parte, en su propia oscuridad y lamentaciones.


Eres una COSA para usar y nada más, no importa que tan poderoso y temible te vuelvas, siempre te verán como ALGO de lo que obtener beneficio, esto es lo que significa ser amado para ti, esta agonía, esta humillación, es lo más cercano que tendrás nunca al amor. 

Ni siquiera tienes el lujo de morir. 


Black Hat quería desaparecer y dejar de sufrir, pero eso era imposible, iba a sufrir por siempre. Aún lloraba a veces, incluso cuando había dejado sus gritos y ruegos atras, no podia evitar llorar en ocasiones, en especial cuando el Nephilim le decía que lo amaba, lo hacia sentir tan miserable, se daba cuenta de cuanto había ansiado esas palabras y de cuanto dolían, nunca iba a ser tratado con afecto, con cuidado y cariño, solo había dolor y desdicha para algo como él. 

Fue una noche especialmente brutal cuando algo finalmente cambió en su situación. 

Yacía en su lecho, había sangre por todos lados, el Nephilim había jalado sus delicados cuernos hasta desprenderlos solo para hacerle gritar. 

Ahora estaba solo, mirando la luna a través de la ventana. 

Había un dios ahí, ahora que recordaba...


-Oye...- dijo, su voz más áspera que nunca, apenas audible- Si no recuerdo mal, tú también sufriste a manos de tu amante ¿No es así?- sonrió, un gesto de pura locura y desdicha- ¿Podrías matarme? ¿Por favor?- le rogó.

-No puedo hacer tal cosa- contestó la luna, una voz de hombre dulce y gentil.


Black Hat no esperó que le contestaran ¿Había perdido completamente la cordura? Ya que...


-Por favor- le rogó de nuevo. 

-Solo tu creador puede terminar con tu existencia, Black Hat, sin embargo puedo hacerte un favor, un contrato como lo llaman los demonios-.

-Te escucho-.

-Moveré las cosas para hacerte libre, te regalare poder incluso, porque me interesas,  a cambio me dejaras observar-.

-¿Observar?-.

-Aja, observar- la luna rió- No tienes que hacer nada, Black Hat, solo sigue con tu vida, enviaré a mi emisario y él va a observar, eso es todo-. 

-No se si entiendo, pero está bien- asintió débilmente, un poco animado por aquella oportunidad.

-Tienes la bendición y maldición de la luna, demonio Ragna- pronunció la luna, solemne, para después teñirse de rojo carmesí. 


Origen Cap. 1: Primero fue Ragna

El origen de nuestro querido Lord Black Hat



 -¡Ragna! - la potente voz del Diablo resonó por los pasillos hasta llegar a la pequeña habitación- ¡Ragna!-.


El terco poseedor de aquel nombre se giró en su cama, decidido a ignorar el llamado, solo deseaba quedarse ahí y dormir un poco más. 


-¡Ragna, se hace tarde!- el Diablo golpeó a la puerta con su puño.

-¡Esos libros no van a ir a ningún lado!- se ocultó bajo las mantas-¡Déjame en paz!-.


El Diablo, o Seto como se llamaba en realidad, suspiró con fastidio y entró sin más a la habitación, un cuartito simple y acogedor, pero que no tenía nada más que lo necesario, no había decoración ni entretenimientos, solo una cama, un closet, un espejo, otra puerta daba a un baño igual de sencillo. Allí no había personalidad. 


Seto arrancó las mantas de la pequeña cama, revelando al demonio que intentaba ocultarse.


-No eres un niño, deja de comportarte como tal- lo reprendió. 


Ciertamente aquella criatura no era un niño, tenía el vago aspecto de un adulto de edad indefinida, pero no lucía humano en lo absoluto, tampoco era una bestia ni se asemejaba a ningún ser mítico. 

Era un ser de cuerpo alto y delgado, delicada figura de falsa fragilidad, su piel era negra, pero no como las personas cuya piel es oscura por simple genética, era negra y de suaves escamas, como una serpiente. 

Tenía un bonito rostro angular, sin orejas ni nariz, su boca amplia estaba repleta de grandes colmillos como dagas, detrás una lengua serpentina.

Poseia un unico ojo, algo entre reptil y felino, el negro ligeramente más intenso que rodeaba su ojo le daba el aspecto de alguien que dormia poco. Donde debía estar su otro ojo solo había un vacío y del mismo salían sombras que, por el momento, flotaban silenciosas y pacíficas. 

Su cabello era puro azabache, creciendo corto y rebelde hacia arriba, entre el mismo nacían un par de cuernos de bella obsidiana. 


El demonio Ragna, la perfecta creación del Diablo y todo un dolor de cabeza. 


-Quiero dormir- le dijo a su creador, sentándose en la cama y mirándolo con profundo reproche.

-No sería productivo de tu parte, Ragna- Seto suspiró- Hay mucho que hacer, tienes mucho que aprender aun-.

-Si fuese esa niña me dejarías dormir tanto como quisiera- le reclamó, desviando su mirada al suelo.

-Como dije, no eres un niño, nunca lo has sido ¿No es así? No tengo porque tenerte ningun tipo de consideracion, mereces ser tratado como cualquier otro demonio ¿Y como aprendimos qué es eso?- alzó una ceja, esperando una respuesta adecuada.

-Mi valor depende de mis acciones, mi status depende de mi talento, el Infierno es una meritocracia, ser tu creación no me da ningún beneficio- recito, monótono.

-Exacto, así que prepárate y ve a la biblioteca-.

-Lo se, como ha sido cada dia de estos condenados 500 años que llevo existiendo- siseó con enfado.

-Obedece-.


Seto se marchó tras decir eso, dejándolo solo. 


Ragna quizás no lucía como un niño, pero 500 años no era nada para un demonio, mucho menos para uno que no conocía nada fuera de aquel palacio infernal y cuyo conocimiento se limitaba a los libros disponibles en la Gran Biblioteca, no era poca cosa, allí estaban todos los libros del mundo, presentes, pasados y futuros, todo el conocimiento del universo estaba a su alcance, pero no tenia experiencia fuera de esas paginas, no conocía el mundo real. 


Podía decirse que Ragna era inocente en cierta forma, pero estaba hecho de pura maldad, el Diablo lo había creado de cosas oscuras y retorcidas. De almas corruptas, juntadas por eones, infinitas e inagotables.

Había llegado al mundo sin poder hablar, leer o escribir, pero pudiendo entender todo lo que se le decía, su primera lección había sido que aquel hombre, que lo había creado con sus propias manos, no era su padre, no podía esperar de él afecto ni compasión.

Ese primer tiempo había estado aterrado de todo lo que lo rodeaba, nuevo en eso de tener una conciencia y un cuerpo, pero nunca recibió consuelo, aprendió rápidamente a valerse por si mismo y a ocultar sus inseguridades y temores, no le servían de nada. 


El Diablo le enseñó a leer y escribir y luego lo había encerrado en la Gran Biblioteca, forzandolo a aprender del mundo a través de los libros, cada día, cada hora, cada minuto, eran solo estudios y nada más. 

A veces, en la vasta soledad de aquel lugar, se encontraba asustado de ese sentimiento, se sabía completamente solo y lloraba en silencio, en algún rincón donde nadie pudiese verlo, acongojado por las cosas en su corazón que no entendía, oprimido por su soledad, anhelando cosas que nunca iba a recibir de nadie. 

Eso era lo que había aprendido desde un principio, él era algo malo y corrupto, no era merecedor de amar ni ser amado. Su corazón no tardó en endurecerse, pero aun así no podía evitar llorar a veces, cuando era demasiado y, últimamente, solo quería dormir y no despertar, pero Seto no se lo permitía, por mucho que le dijera lo agotado que estaba. 


Si, en esos cortos 500 años de existencia, había aprendido que estaba solo y no era merecedor de compasión, afecto ni mucho menos aquello que llamaban amor y cuyo significado se le escapaba por mucho que leyera al respecto.

Ragna era una cosa, algo que el Diablo había creado para observar como un experimento, no era una persona, era reemplazable, nadie necesitaba de él y él... Pues él tampoco necesitaba de nadie entonces. 


Aun así, sabiendo todo esto, Ragna no podía evitar reclamarle en ocasiones, lo había visto interactuar con otros, lo había visto ser dulce y compasivo con su esposo y con esa demonio con aspecto de niña. 

No era que fuese cruel con él, no lo maltrataba, pero era frío y distante, Ragna buscaba su aprobación y cercanía por puro instinto y aun no alcanzaba a comprender porque era rechazado incluso cuando hacía todo lo que le pedía, incluso cuando se sabía excepcional para los estándares de la mayoría de los demonios, nunca era suficiente para Seto y Ragna comenzaba a tenerle un profundo rencor. 


Se levantó de mala gana e hizo su rutina de las mañanas en silencio, todo era tan ... Monótono, odiaba esa sensación de soledad y encierro. 


Se tomó un momento para mirarse a sí mismo ante el espejo, se acomodo el cabello aun húmedo tras la ducha, era imposible peinarlo y le fastidiaba en sobremanera, así que lo dejó ser y en cambio se concentró en el monóculo que cubría su ojo faltante, conteniendo las sombras, siempre dolía ligeramente, pero ya estaba acostumbrado. Finalmente le dio un último retoque a su corbata y al cuello del abrigo. No estaba mal aquel atuendo, una camisa roja con corbata y tirantes negros, pantalon del mismo color, un chaleco gris, un abrigo largo y negro de fondo rojo, zapatos blancos y negros, siempre brillantes... Pero le faltaba algo, aun no sabia lo que era, pero tendría que dejarlo para otro dia, se le hacía tarde. 


Salió de ese pequeño cuarto suyo directo a la biblioteca, estaban conectados después de todo y Seto no le permitía ir mucho más lejos aún, el porqué no lo sabía. 


La biblioteca se componía de interminables pasillos formados por estantes enormes, repletos de libros del suelo al techo, era un laberinto y era fácil perderse, pero el joven demonio conocía bien ese lugar, era todo lo que conocía después de todo. 

Así pasaban sus días, monos y solitarios, cultivaba su poder y su mente y amargaba su corazón. 


De todas esas infinitas páginas aprendió del mundo, del bien y del mal, de justicia e injusticia, de luz y oscuridad, de héroes y villanos. 

La realidad era que todos esos conceptos, puestos en blanco y negro, eran una falacia, el bien y el mal eran relativos y cambiaban con las eras, las sociedades, los infinitos mundos y dimensiones que componian el Universo. 

Él, hecho de oscuridad y pesadillas, era ciertamente algo malo y se decantaba por esa alineación moral, había muchas formas de ser malvado, algunas le gustaba y otras no. Le había sorprendido descubrir sus propios límites al respecto porque, si lo pensaba, no debería de tenerlos, él no era una persona, él podía trabajar en absolutos en vez de en esa escala de grises en la que se movían los mortales e incluso otros demonios. 


Le gustaba el concepto de la villanía, sonaba como una forma divertida de hacer las cosas, también le gustaban los negocios ¿Quizas habia una forma de combinar los dos? Eso seria interesante, pero primero conquistaria mundos con su fuerza, tentaria las almas de los mortales con promesas de poder, firmaria esos molestos contratos que lo ataban a algun tonto mortal, un par de siglos de eso y seria libre de hacer lo quisiera, lejos de la mirada vigilante del Diablo. 


Pero, por el momento, solo eran él y esa biblioteca. Seto no lo dejaba salir, odiaba a ese hombre, admiraba su poder y su incomparable intelecto, pero detestaba todo lo demás, al mismo tiempo que quería hacerlo sentir orgulloso, demostrarle de lo que era capaz, demostrarle que había creado algo perfecto e irremplazable. 


En esos momentos estaba ocupado leyendo un libro especialmente aburrido y grueso, cuando una voz llamó su atención.


-Luces especialmente amargado hoy, mi niño-. 


Aquel hombre le sonrió y Ragna no le devolvió el gesto, ciertamente se sentía más amargado que de costumbre.


-Lord Bell, no me diga así por favor- suspiró.

-Te dire como quiera- rió y lo despeino con una de sus enormes manos. 


Ragna se dejó, siempre confundido por esas muestras de afecto. Ese hombre, Bell, era el esposo de Seto, un demonio de aspecto extraño que parecía la combinación de un humano y un ave, era muy alto e intimidante, pero en realidad tenía un carácter muy dulce. 

Siempre llamaba a Ragna “Mi niño”, quizás porque su esposo lo había creado, pero al joven demonio le parecía de lo más inapropiado. 


-No soy su hijo, de ninguno de los dos- negó. 

-Yo se que no, pero eres tan joven y Seto te creó con sus propias manos, no lo puedo evitar- dijo con simpleza, encogiéndose de hombros. 


Ragna lo miró, frío e impasible, y regresó a su libro. No entendía a ese demonio, le demostraba afecto y le hablaba con dulzura, no entendía nada de ello. Ragna no sentía nada más que respeto por él ¿Debía de sentir otra cosa? ¿Debía de alegrarse cuando lo consentía? ¿Cómo se suponía que reaccionaría ese corazón suyo? ¿Es que acaso solo era capaz de sentir rencor y pena? Estaba hecho solo para sentir cosas negativas ¿No es así? Esas muestras de afecto no le provocaban nada, pero luego se sentía profundamente solo, irremediablemente miserable en su propia frialdad y amargura. 


¡Oh, quería llorar de nuevo! ¡Odiaba sus emociones! Lo confundian tanto, no eran más que miseria y angustia, se sabía incapaz de ser feliz, de sentir cariño y dicha. Quería enterrar todo eso, sus inseguridades y angustias, quería y necesitaba ser frío y buscar la forma de regocijarse en su propia naturaleza, en su maldad y perversidad. 

Necesitaba eso porque su miseria, su incapacidad de sentir cosas buenas y cálidas, sólo dejaba en evidencia lo obvio, él era una cosa, no era una persona de verdad y su existencia era artificial y futil, podía ser fácilmente reemplazado y carecía de valor, al menos que hiciera algo al respecto. 


Lord Bell miró todas esas emociones desenvolverse, enterrarse y desaparecer en segundos, apenas un cambio en su expresión impasible, un leve apretar de las garras sobre la cubierta del libro. 

Nunca entendería porque su esposo, que era despiadado y compasivo a partes iguales a pesar de ser el Diablo, había creado semejante criatura, tan triste y desdichada, tan capaz de grandes cosas, infinito poder y potencial, pero con un corazón incapaz de sentir nada de lo que hacía a cualquier otro feliz. Era una existencia cruel. 


El tiempo continuó su curso y Ragna creció poderoso y con su corazón lleno de oscuridad y penas, creó una personalidad cruel y en su mente, aun conservando cierta inocencia, comenzaron a gestarse la locura y las pesadillas. 


Ragna era un poderoso usuario de magia con un cuerpo invulnerable, flexible en forma y capacidades, no debía preocuparse sobre la muerte ni nada similar, incluso si lo herían, cosa que había pasado múltiples veces durante su entrenamiento, todo se regeneraba y volvía a su sitio como si nada, estaba listo para salir al mundo y ser libre por fin.

Sin embargo había un par de asuntos que arreglar aun y el Diablo se lo informó con su habitual frialdad. 


-Debes elegir un nombre con el cual hacerte llamar-.

-Lo sé- asintió, preguntándose porqué lo habían llamado a hablar en privado solo para eso- Ya se me ocurrirá algo-.

-Y algo más - el Diablo acomodó los papeles sobre su escritorio, calmo como siempre- No puedes salir al mundo siendo un demonio virgen, es peligroso, así que busca a alguien para solucionarlo-.

-No me gusta que me toquen ¿Que te hace pensar que quiero tener sexo con nadie?-.

-Obedece, Ragna-. 


Ragna lo miró con profundo rencor, Seto sabía cuánto odiaba que lo tocaran, cuánto aborrecía la cercanía de otros ¿Por que tenía que hacer aquello? 


-Sabes que es algo que los mortales pedirán de ti ¿No es así?- Seto lo miró fijo, ojos de cruel azul- Con tu edad y estatus, los contratos que firmes con ellos te harán su ... Propiedad, por decirlo así, tendrás que acostumbrarte-. 

-No quiero...- apretó los puños, clavandose sus propias garras.

-Es algo que será solo por un par de siglos a lo mucho, tu poder crece muy rápido, confío que subirás tu estatus rápidamente- dijo en un tono que dejaba ver que no esperaba nada menos. 

-¿Y con quien esperas que lo haga?- respondo- No soy exactamente popular, lo sabes bien-.

-Te hiciste esa fama tu solo, destripando a todo el que osara acercarse demasiado- suspiró con fastidio- Solo elige algún sucubo y ya- hizo un gesto de desdén- No te dejaré salir al mundo de los mortales hasta que lo hagas-. 

-Te odio ...- le bufó, su voz llena de veneno.

-Odias todo, Ragna, mi terca creación- lo miró severamente- Te cree perfecto y con infinito potencial, pero no soy adepto al nepotismo, seguirás las reglas y probaras tu valor como cualquier otro demonio, es una orden, punto final-.


Lo hizo desaparecer de su oficina con un chasquido y Ragna se encontró de vuelta en su cuarto, como un niño castigado. 


El joven demonio se sabía deseado, era consciente de su belleza y encanto, sabía instintivamente que para él sería fácil seducir y tentar a quien quisiera, pero la idea de ser un objeto de deseo lo repelía, no era que el acto en si no le llamara la atención, pero quería... Quería... No sabía lo que quería, quizás sencillamente no estaba listo para ello aún, pero no tenía otra opción más que obedecer. 


Los súcubos eran criaturas de extrema belleza y era su trabajo satisfacer los deseos carnales de otros demonios y de aquellos humanos que lograran invocarlos. Desde que Seto había llegado al poder el trato que se les daba era mucho mejor, pero al final del día eran simples objetos de deseo y Ragna aprendió de ellos, si iba a ser obligado entonces al menos aprovecharía la experiencia. 

De ellos aprendió el arte de la seducción y a apartar su mente de su cuerpo, podía dejar que su cuerpo disfrutara del momento mientras su mente iba a navegar a otra parte, ajena a todo. 

Aprendio a ver al sexo como una transaccion de beneficios mutuos, no habia verdadera intimidad para él, era algo que se hacia por puro placer y conveniencia. 

Ciertamente le serviría para el futuro, cuando estuviese a merced de los tontos mortales dispuestos a venderle sus almas. Era algo por lo que todos los demonios tenían que pasar, no quedaba más que intentar regocijarse en todo ese hedonismo. Con ello obtenían poder y placer ¿Qué más podía querer un demonio que estaba creciendo? Aun así, el prospecto solo reafirmaba la idea que tenía Ragna sobre sí mismo, él era una cosa para usar sin pensarlo mucho, un beneficio para obtener y nada más. 


Ahora solo quedaba elegir un nombre y sería libre de salir al mundo mortal. 

Los demonios tenían nombres con los que nacían, un secreto escrito en runas, frente al resto del mundo usaban un apodo, era una forma de protección, el nombre de un demonio guardaba poder sobre ellos. 

Ragna no podía decirse.


Ese día, mientras se admiraba en el espejo, siempre tan orgulloso de su apariencia y elegancia, se le cruzó por la cabeza nuevamente que a su habitual atuendo le faltaba algo, se pasó las manos por la cabeza, rozando los cuernos delicados, eran toda una molestia. Durante una pelea eran su punto débil, durante el sexo lo hacían estremecer como loco ¿Quizás era mejor cubrirlos? 

Si, eso era una gran idea. 

Busco entre sus libros, los que había guardado para su colección personal, iban desde libros sobre las Artes Oscuras, hasta catálogos de moda, su naturaleza era en extremo vanidosa, amaba las ropas elegantes y finas. 

Pasó las páginas con cuidado y, en el proceso, miró sus manos, garras afiladas siempre presentes, quizás debía cubrir esas también, no eran precisamente prácticas. 

Hizo aparecer unos guantes negros, con eso bastaba. Siguió pasando las páginas hasta dar con lo que buscaba. 

Un sombrero de copa no sonaba nada mal. 


Se miro al espejo nuevamente y, con un ademan, el sombrero apareció en su cabeza, un alto sombrero de copa negro y listón rojo. 


-¡Ja!...- sonrió, acomodándolo- Black Hat- sonrió ampliamente, salivante de entusiasmo.